Jun 3 2012
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La causa final

Despu茅s de que la teor铆a de la relatividad anula categor铆as f铆sicas como el espacio y el tiempo absolutos, que son el de patr贸n de medida a todos los fen贸menos f铆sicos, y despu茅s de que una nueva generaci贸n de cient铆ficos pone en cuesti贸n la relaci贸n exacta causa efecto, mediante el principio de indeterminaci贸n, parece que hasta los elementos m谩s inconmovibles de la matem谩tica y la f铆sica cl谩sica han perdido valor.| JOS脡 RAM脫N SAN MIGUEL HEVIA.*

 

Por eso sorprende que en la segunda mitad del siglo XX reaparezca y se imponga la noci贸n m谩s extravagante y criticada de la historia de la filosof铆a, concretamente la idea de causa final, que modifica y hasta invierte los principios sobre聽 los que se funda la ciencia.

 

Los hombres del siglo XVII han conseguido, primero de todo controlar y medir a la naturaleza, y en un segundo momento 鈥揼racias al descubrimiento de la noci贸n de fuerza y al correspondiente empleo de las m谩quinas鈥 ponerla a trabajar. Pero a cambio de eso se han visto forzados a limitar su horizonte intelectual pues la ciencia f铆sica construida por ellos utiliza un modelo mec谩nico y explica de
acuerdo con 茅l todos los acontecimientos naturales, por muy complejos que parezcan.

 

Todos los cient铆ficos complementan este modelo con el principio que establece una conexi贸n lineal e irreversible entre los eventos del mundo f铆sico. La causa opera en una sola direcci贸n, y por supuesto es independiente de sus efectos, que 煤nicamente pueden prolongar hacia adelante hasta el infinito la seriaci贸n de todos los fen贸menos futuros. En cambio que un efecto act煤e hacia atr谩s, modificando y controlando el mismo principio que lo ha producido es un pensamiento tan extravagante y contradictorio que nadie le dedica la menor atenci贸n.

 

El m谩s severo cr铆tico del conocimiento cient铆fico, David Hume, exige que las ciencias reales se funden sobre la conexi贸n de causalidad, entendida como una sucesi贸n constante entre dos impresiones. Esta relaci贸n no es desde luego sim茅trica, porque el t茅rmino que hace las veces de causa es anterior al que le acompa帽a constantemente, y produce una convicci贸n creciente en la posterior aparici贸n de ese efecto. En todo caso la prioridad causal es algo tan necesario y evidente en cualquier enunciado sobre el mundo, como la contig眉idad de los fen贸menos y la constancia de su aparici贸n conjunta.

 

Es cierto que en Glasgow 鈥揳 muy pocos kil贸metros de la ciudad donde vive y piensa Hume鈥 su amigo Watt perfecciona la m谩quina de vapor con un aparato, el governor, capaz de controlar la misma velocidad que lo ha puesto en movimiento, pero ni el fil贸sofo ni los cient铆ficos que despu茅s de 茅l y durante m谩s de dos siglos desarrollan la f铆sica alcanzando logros t茅cnicos incre铆bles, son capaces de ver las posibilidades te贸ricas que ofrece ese artificio, aparentemente banal.

 

Mucho m谩s grave es lo que sucede en la misma ciudad de Edimburgo, donde Adam Smith 鈥攓ue mantiene con Hume una amistad profunda y una admiraci贸n mutua鈥 funda una ciencia, la econom铆a pol铆tica, donde demuestra que los desarrollos de la producci贸n act煤an hacia atr谩s, controlando y corrigiendo peri贸dicamente los desajustes del mercado. Esta vez no se trata de un cachirulo insignificante, sino de un sistema cient铆fico entero, desarrollado racionalmente hasta sus 煤ltimas consecuencias y con tanta maestr铆a como belleza. A pesar de todo, nadie cae en la cuenta de 芦la mano invisible禄 que regula el comercio, ni mucho menos generaliza esa idea a otras zonas de la realidad.

 

Habr谩 que esperar al a帽o 1948 para que un cient铆fico americano, Wiener, construya una ciencia nueva no s贸lo por su objeto, sino por el modelo l贸gico y los principios que la conforman. Su propio nombre cibern茅tica hace referencia 鈥搉o a la acci贸n ciega y las leyes de un mecanismo natural鈥 sino a la habilidad de un piloto, que gobierna el nav铆o de acuerdo con la informaci贸n recibida. La obra de Wiener prolonga una aislada memoria publicada por Maxwell en 1868 y generalizando las ideas del gran f铆sico ingl茅s, da paso a la construcci贸n te贸rica de una serie de aparatos que se autorregulan y controlan de acuerdo con una nueva conexi贸n causal.

 

En la f铆sica cl谩sica la acci贸n de la causa sobre su efecto es irreversible y en este preciso sentido se puede decir que los fen贸menos
de la naturaleza siguen un proceso abierto y unidireccional. En cambio seg煤n Wiener es posible un circuito cerrado, donde el efecto react煤e hacia atr谩s, interrumpiendo, controlando y en general modificando su misma causa. Dise帽ar primero la estructura de la acci贸n en c铆rculo y construir los artificios capaces de realizar ese milagro ser谩 la primera tarea de la cibern茅tica.

 

En principio un motor genera, gracias a una determinada cantidad de energ铆a, trasformaciones en la velocidad, temperatura, intensidad de la corriente el茅ctrica o cualquier otra entidad f铆sica. Una calefacci贸n por ejemplo distribuye el calor de forma homog茅nea a lo largo y ancho de un gran edificio de muchas plantas y pisos, siguiendo un proceso en l铆nea recta, del todo semejante a los de la ciencia cl谩sica. Sin embargo, una parte m铆nima, pero en todo caso finita y cuantificable de esta energ铆a, se gasta en la tarea en apariencia insignificante de definir la temperatura sobre un term贸metro incorporado al mecanismo central.

 

El indicador exige una energ铆a de retorno muy d茅bil en comparaci贸n con la corriente de alimentaci贸n directa, pero en cambio proporciona una informaci贸n exacta para modificar cualquier fen贸meno f铆sico. Con los datos proporcionados 鈥揺n este caso por el term贸metro鈥 es posible controlar manualmente el aparato, estabilizando su aporte de calor. Es posible tambi茅n sustituir en un segundo momento la intervenci贸n del hombre, por un mecanismo de control que haga sus veces al poner en conexi贸n el indicador con el mando de regulaci贸n del motor.

 

La nueva ciencia cibern茅tica y su correspondiente tecnolog铆a se basan en dos principios que explican al propio tiempo su 茅xito fulminante y la aplicaci贸n de sus modelos a conocimientos hasta entonces poco menos que malditos. En primer lugar el governor, el termostato o los infinitos artificios que siguen su mismo dise帽o se aprovechan de que el proceso de retroacci贸n 鈥撀籪eedback禄鈥 no agotani mucho menos la cantidad de corriente de alimentaci贸n directa. Esta plusval铆a energ茅tica permite multiplicar la cantidad y calidad del trabajo de la m谩quina, dot谩ndola de un sistema interno de regulaci贸n y poniendo al alcance del hombre objetivos casi inimaginables.

 

Seg煤n el otro principio 鈥揷omplementario del primero鈥 esa informaci贸n que retrocede en c铆rculo hasta el motor inicial del que surge toda la corriente del sistema, tiene ella misma un soporte material y s贸lo es posible a cambio de una disminuci贸n de energ铆a, ciertamente muy peque帽a pero cuantificable. Esta equivalencia entre informaci贸n y energ铆a negativa permite, entre otras cosas,
despejar el misterio de la formaci贸n del orden en el universo en general y en los seres vivos en particular, sin caer en contradicci贸n con los principios m谩s venerables de la f铆sica cl谩sica.

 

El primer artificio de control autom谩tico que llama la atenci贸n de los te贸ricos de la ciencia y de la t茅cnica es el governor o regulador de la m谩quina de vapor de Watt. Es puramente mec谩nico y sirve para estabilizar la velocidad de rotaci贸n en funci贸n de la fuerza centr铆fuga que es su efecto, separando en m谩s o en menos del eje un juego de dos bolas y provocando as铆 el deslizamiento de un manguito y su acci贸n sobre un freno. El termostato, mucho m谩s moderno, gobierna la temperatura en vez de la velocidad y por su car谩cter dom茅stico y el f谩cil entendimiento de sus elementos de indicaci贸n y control, es el mejor modelo de la nueva ingenier铆a. Los reguladores el茅ctricos cumplen la doble e important铆sima tarea de mantener constante uno de los factores de la corriente y de dominar a trav茅s de ella cualquier otro fen贸meno mec谩nico o f铆sico.

 

La cibern茅tica no se aparta de esa idea central de un circuito de retorno o feed back, pero construye mecanismos cada vez m谩s complejos, que imitan artificialmente el fen贸meno de la vida y parecen dotados de finalidad y hasta de inteligencia. Y lo que es quiz谩 m谩s importante, crea un nuevo espacio te贸rico, dentro del cual la biolog铆a puede desarrollarse c贸modamente, sin tropezar con el obst谩culo invencible de una causalidad f铆sica lineal e irreversible. El funcionamiento de un organismo vivo es precisamente el m谩s perfecto modelo de autorregulaci贸n.

La biolog铆a

Las hip贸tesis combinadas de Darwin y de los partidarios del mutacionismo, explican la trasformaci贸n de una especie viviente en otra distinta gracias a un cambio azaroso de su plasma germinal y a la posterior selecci贸n de los productos biol贸gicamente viables de estos errores de imprenta. El evolucionismo, del todo confirmado a trav茅s de descubrimientos y experiencias cada vez m谩s frecuentes,
significa dos cosas aparentemente contradictorias.

 

En primer lugar el universo entero de los vegetales y los animales est谩 sometido durante cientos de miles de a帽os y miles de millones
de procesos reproductivos a una constante trasformaci贸n, y en este sentido se dice que todo es cambio en la biosfera. Pero esa evoluci贸n s贸lo es posible a condici贸n de que la escala entera de estos seres, desde el protozoario hasta el hombre, conserve id茅ntica arquitectura biol贸gica y est茅 compuesta de las mismas veinte piezas fundamentales y del 谩cido nucleico que sirve de imprenta para repetir los caracteres de cada especie. Precisamente esta identidad b谩sica de su objeto hace que la biolog铆a deje de ser una pura clasificaci贸n taxon贸mica de los seres vivos y adquiera el car谩cter de una ciencia unitaria.

 

Lo primero que tiene que hacer esa nueva ciencia es una definici贸n emp铆rica y operacional de sus conceptos clave, empezando por el primero y el m谩s problem谩tico. Efectivamente, la aparici贸n de la vida, su reproducci贸n y trasformaci贸n en formas cada vez m谩sm organizadas, parecen contradecir el segundo principio de la termodin谩mica seg煤n el cual un sistema cerrado 鈥搕al como el universo鈥 s贸lo puede evolucionar en el sentido de una degradaci贸n continua del orden.

Otra vez es Maxwell quien proporciona el primer modelo 鈥搕odav铆a mitol贸gico鈥 de esta entrop铆a negativa para el caso m谩s simple, la separaci贸n amistosa entre dos tipos de mol茅culas, las calientes y las fr铆as. Seg煤n su experimento imaginario un 芦demonio禄, colocado en el orificio de comunicaci贸n de dos recintos llenos de un gas cualquiera, puede por su sola potencia cognitiva discernir y elegir cada mol茅cula individual, dando paso en sentidos opuestos a las de alta y baja energ铆a. El resultado es la aparici贸n del orden m谩s elemental, ya que la temperatura de los dos recintos 鈥搃nicialmente igual鈥 se polariza.

 

Los cient铆ficos posteriores han solucionado esa paradoja, seg煤n la cual el segundo principio se invierte y el desorden inicial desemboca en un estadio m铆nimamente organizado. Efectivamente para conocer el car谩cter de cada mol茅cula y decidir qu茅 camino debe tomar es preciso medir su velocidad. Ahora bien, toda medici贸n, es decir, toda adquisici贸n de informaci贸n 鈥搚 por consiguiente de orden鈥 exige un gasto de energ铆a equivalente, que compensa y cuantifica la entrop铆a negativa del sistema.

 

Los artificios creados por la cibern茅tica son un modelo mec谩nico mucho m谩s perfecto y real del complejo fen贸meno de la vida. En todos ellos el circuito de retorno sirve para controlar el motor que alimenta directamente a un fen贸meno. La informaci贸n necesaria para poner orden en todo el mecanismo 鈥揺l regulador, el termostato鈥 se consigue empleando una cantidad de energ铆a muy inferior a la corriente total, pero suficiente para respetar 鈥搚 utilizar en beneficio propio en el caso de los seres vivos鈥 el segundo principio de
la termodin谩mica.

 

Pero adem谩s la otra propiedad que define al ser vivo frente a las realidades no org谩nicas s贸lo se puede explicar gracias a esta misma
causalidad en circuito cerrado. Es el mecanismo de la reproducci贸n por el cual los individuos de cada especie trasmiten a sus descendientes de forma reiterativa y mon贸tona la estructura que desde siempre ya poseen. Se trata del sistema m谩s perfecto de regulaci贸n y control, porque gracias a 茅l se mantiene una invariancia fundamental en entidades infinitamente m谩s complejas que la velocidad, la temperatura o cualquier otro fen贸meno f铆sico elemental.

 

Ya en el a帽o 1936 el matem谩tico ingl茅s Turing, un pionero de la cibern茅tica, construye unos robots imaginarios, que a partir de la informaci贸n proporcionada por una cinta, pueden transcribirla y construir gracias a ella otras m谩quinas semejantes. Es el primer modelo mec谩nico de la reproducci贸n biol贸gica, pero su funcionamiento s贸lo es idealmente posible a cambio de un consumo de energ铆a, que en un principio pasa desapercibido por su cantidad m铆nima y por la magnitud de la haza帽a conseguida.

 

Despu茅s de la segunda gran guerra y sobre todo a partir de los a帽os 50 una brillante promoci贸n de bi贸logos descubre por fin un mecanismo de imprenta, tan sencillo en esencia como rico en efectos, que explica el car谩cter reiterativo de la vida. Los 谩cidos nucleicos est谩n compuestos por cuatro nucle贸tidos que difieren entre s铆 por la estructura de sus constituyentes, la adenina (A), guanina (G), citosina (C) y timina (T). Cada una de estas bases tiene un 谩rea complementaria de una y s贸lo de una de de las otras tres, y por eso puede 芦conocerla禄 y 芦elegirla禄, formando con ella una asociaci贸n no covalente a cambio de un d茅bil consumo de energ铆a.

 

En consecuencia el ADN est谩 formado por una cadena, no limitada en su longitud, de pares complementarios de nucle贸tidos (A =3D T, C =3D G, G =3D C, T =3D A) La duplicaci贸n de este original en copias iguales sigue un proceso muy sencillo que empieza por la separaci贸n en las fibras que lo componen (A, C, G, T) (T, G, C, A). A su vez cada una de estas series simples est谩 destinada, por la
propia 谩rea de sus componentes, a emparejarse con una nueva serie 煤nica y tambi茅n complementaria, con lo cual se reconstruye por partida doble la mol茅cula madre.

 

La formaci贸n de los veinte amino谩cidos, que componen la arquitectura de cualquier ser vivo es mucho m谩s dif铆cil de explicar, pero en todo caso obedece al principio de equivalencia entre la adquisici贸n de informaci贸n y el consumo de energ铆a, respetando y utilizando al m谩ximo el segundo principio de la termodin谩mica. En presencia de una cadena no limitada de 谩cidos nucleicos, unas enzimas especiales 芦conocen禄 por una parte sucesivas mol茅culas compuestas por tres nucle贸tidos y por otra una cadena de amino谩cidos, cada uno de los cuales se corresponde con un triplete.

 

Esta informaci贸n, responsable al mismo tiempo de la invariancia y de la individualidad de la carga hereditaria, recibe el nombre casi m谩gico de c贸digo gen茅tico. Pero esta presentaci贸n gramatical del mecanismo que organiza los componentes b谩sicos del ser vivo no puede hacer olvidar el soporte material sobre el que est谩 montado. La aparici贸n y la sintaxis de los amino谩cidos s贸lo es posible a cambio de que las enzimas ejerzan sus funciones de conocimiento y de elecci贸n, consumiendo 鈥揳 cambio del orden鈥 energ铆a.

 

La tercera propiedad que distingue a los organismos de los seres inertes es la combinaci贸n funcional de todas sus partes en persecuci贸n de una actividad propia de cada individuo y cada especie. Arist贸teles 鈥搖no de los bi贸logos m谩s grandes de todos los tiempos鈥 es quien rimero se arriesga a utilizar el t茅rmino de 芦causa final禄, para designar una entidad contradictoria, que es al
mismo tiempo principio y t茅rmino del mismo movimiento.

 

La filosof铆a moderna en combinaci贸n con la f铆sica matem谩tica, critica duramente esta noci贸n, pues exige que en todo caso la causa sea prioritaria con relaci贸n a su efecto. Desde entonces la 芦entelequia禄 pasa a ser primero una hip贸tesis sin ninguna base experimental, y despu茅s una quimera, que s贸lo es posible en un mundo m谩gico, bien distinto del que dibujan con rigor creciente las ciencias positivas.

 

El siglo XX desde sus primeros a帽os somete a las m谩s venerables nociones de la f铆sica 鈥揺l espacio, el tiempo, la determinaci贸n causal鈥 a una nueva y sever铆sima condici贸n. S贸lo tendr谩n sentido para la ciencia cuando sea posible definir, al menos imaginariamente, las operaciones que las hacen presentes. La teor铆a de la relatividad y el principio de indeterminaci贸n son las inesperadas consecuencias de esta exigencia. En principio parece que una idea tan err谩tica como la de causa final tendr谩 todav铆a peor fortuna que sus hermanas mayores, y casi con toda seguridad se desvanecer谩 por completo.

 

Es todo lo contrario lo que sucede. Por primera vez y gracias a los ingenios cibern茅ticos se consiguen definir las operaciones por las que un efecto react煤a sobre su propia causa control谩ndola. Este mecanismo de autorregulaci贸n es el modelo mec谩nico de un ser vivo, dotado de una actividad propia, con direcci贸n y ritmo determinados. Lo 煤nico que las leyes f铆sicas exigen es la correspondencia
entre la informaci贸n que controla las m谩quinas o los organismos y la p茅rdida de energ铆a del sistema total.

 

Pero no s贸lo cada uno de los organismos es una combinaci贸n funcional que mantiene una perfecta organizaci贸n entre las piezas componentes y su actividad de conjunto. Toda la biosfera reitera a una escala mucho mayor ese equilibrio, a trav茅s de la acci贸n y reacci贸n mutua de los seres vivos integrados en cada sistema. Los caracteres de la biolog铆a 鈥揷onservaci贸n y multiplicaci贸n del orden,
reproducci贸n de las condiciones de vida del medio, causalidad final, o m谩s exactamente control por retroacci贸n鈥 van a aparecer corregidas y aumentadas en la ecolog铆a.

 

Es una ciencia que, a pesar de su recient铆simo nacimiento ha conseguido fijar un nuevo objeto de estudio, la biosfera, es decir el conjunto org谩nicamente trabado de todos los seres vivos. Por otra parte es due帽a de los nuevos principios del conocimiento y los desarrolla en leyes emp铆ricamente contrastables, que dan raz贸n del funcionamiento del mundo entero de la vida y de cada uno de los variados subsistemas que lo forman. Por supuesto que la ecolog铆a es un saber cient铆fico, y se distingue netamente del ecologismo, que hace referencia a una determinada forma de comportarse ante la naturaleza.

 

La ecolog铆a

 

Los componentes primarios de la biosfera son desde luego las plantas verdes, mediante una pantalla de captaci贸n de la luz solar – el cloroplasto cuyas unidades son asimilables a un elemento semiconductor, capaz de trasladar electrones desde un compuesto que se oxida a otro que se reduce. El modelo m谩s simple de este proceso electroqu铆mico es la formaci贸n de az煤cares a partir de la descomposici贸n del agua y de la liberaci贸n del ox铆geno en el gas carb贸nico. Pero la producci贸n de la vida est谩 desde el primer momento rigurosamente controlada por la misma estructura de esta f谩brica inicial.

 

Los numerosos talleres en que se divide el cloroplasto, se componen de aproximadamente trescientas mol茅culas de clorofila, dispuestas en forma de antena alrededor de un 煤nico elemento de conversi贸n. Este excepcional protagonista de la funci贸n de fotos铆ntesis s贸lo puede usar una parte de la energ铆a luminosa, justamente la m铆nima para asegurar los fundamentos de la biosfera, evitando la tentaci贸n de una superproducci贸n sin l铆mite final. Cada unidad de producci贸n se puede asimilar, seg煤n esto, a un embudo o una copa que admite 煤nicamente una cantidad de l铆quido proporcional a su di谩metro, y deja que rebose y se pierda el resto.

 

La vegetaci贸n terrestre desarrolla tambi茅n este doble y complementario proceso de crecimiento y control, siguiendo un eje vertical
definido por la luz y la gravedad. Las ramas superiores del 谩rbol reciben directamente el sol, hacen sombra a todas las dem谩s y entran as铆 en ventajosa competencia con ellas. En consecuencia la planta, siempre en busca de luz, asciende, al mismo tiempo que se alimenta de los productos qu铆micos y del agua de la tierra mediante un sistema de fontaner铆a hecho de troncos macizos y de ra铆ces
extendidas. Este proceso tiende a autocontrolarse y es un ejemplo concreto y muy simple del principio de la acci贸n mutua del efecto y la causa. Efectivamente, a medida que aumenta la altura del 谩rbol, el trasporte de alimento desde su base se alarga y se hace m谩s lento hasta quedar en el m铆nimo indispensable para mantener intacto su ciclo vital.

 

Los productores secundarios de vida est谩n integrados en un ecosistema y una red tr贸fica infinitamente m谩s complicada, que empieza con los animales vegetarianos, sigue con los que se alimentan de una bot铆n herb铆voro, y se prolonga ad infinitum con los cazadores de otros carn铆voros. El esquema central, que por cierto proporciona un nuevo modelo de autocontrol por feed back est谩 formado por la
pareja depredador-presa. Pero la relaci贸n entre el par谩sito o el simbionte y el animal que los hospeda de manera m谩s o menos gratuita y conflictiva es semejante y en cierta forma isomorfa a este proceso ecol贸gico fundamental.

 

En principio la pareja depredador-presa se comporta como un oscilador, que reitera su movimiento entre dos extremos, actuando alternativamente en una doble direcci贸n, gracias a un mecanismo de acci贸n mutua. En un territorio bien delimitado, la especie que hace las veces de presa se reproduce, adelant谩ndose a la de sus posibles cazadores y alcanzando un n煤mero m谩ximo. Cuando a su vez aumenta la poblaci贸n de los depredadores hasta ser excesiva, primero frenan y despu茅s hacen decrecer hasta un m铆nimo a sus v铆ctimas.

 

En un tercer tiempo la falta de alimento react煤a en circuito sobre la especie que tiene la iniciativa controlando y limitando su n煤mero. De esta forma la presa puede otra vez recomponer y maximizar su poblaci贸n, recomenzando el proceso y repiti茅ndolo indefinidamente.

 

Este esquema se complica con la aparici贸n de animales que viven alrededor del drama central, y que necesariamente siguen su doble y alternativa oscilaci贸n. Las especies carro帽eras cumplen con su oficio ecol贸gico de empleados de la limpieza, aprovechando de paso los residuos de la presa no consumidos 铆ntegramente. Lo mismo hacen los copr贸fagos con los excrementos, es decir con la parte del alimento no asimilada por el depredador. En cuanto a los par谩sitos y los simbiontes, se hospedan en el interior del organismo y comen a costa de 茅l, unas veces gratuitamente, otras a cambio de un servicio de restaurante. Todo esta econom铆a de servicios est谩 montada sobre los ciclos alternantes y autorregulados de la producci贸n secundaria.

 

En consecuencia los seres vivos no est谩n aislados, sino que forman parte de un ecosistema, que integra a los m谩s variados elementos, vegetales o animales, y mantiene su equilibrio gracias a la acci贸n y reacci贸n mutua de todos ellos. Esta organizaci贸n jer谩rquica es en cierta forma isomorfa con la estructura de una sociedad humana, donde los agentes econ贸micos se distribuyen seg煤n relaciones regulares de producci贸n y n煤mero. Apurando la comparaci贸n se puede decir que los distintos oficios de la econom铆a tienen su correspondencia en una noci贸n central de la nueva ciencia, el nicho ecol贸gico.

 

Cuando dos especies hacen oposiciones para ejercer un mismo oficio, es seguro que por el propio sistema de competencia natural una de ellas est谩 llamada a desaparecer. En consecuencia un ecosistema se organiza de tal forma que al final hay una rigurosa correspondencia entre el conjunto de plazas libres y el de equipos candidatos. Esta selecci贸n da el premio a los mejores, y en tal
sentido favorece la evoluci贸n, pero al mismo tiempo mantiene intacta la red de relaciones entre todos los elementos que constituyen cada estructura.

 

Por supuesto que la lucha por la vida es mucho mayor entre los individuos de una misma especie que est谩n en casi igualdad de condiciones, pero tambi茅n en este caso existe por debajo de esa competencia una mutua alianza entre toda la poblaci贸n. Cualquiera que sea el vencedor, est谩 comprometido a trasmitir a sus descendientes la herencia com煤n, asegurando de esta forma su supervivencia. De uno u otra forma la biosfera funciona gracias a todos estos variados sistemas de autocontrol y de relaci贸n entre las poblaciones de seres vivos.

 

Historia y escatolog铆a

 

La misma noci贸n de causa final obliga a revisar un conocimiento, que parec铆a destinado al olvido desde el final de la Edad Media y sobre todo desde la ilustraci贸n. Los te贸logos protestantes alemanes, sobre todo Rudolf Bultman, siguen los pasos de Heidegger cuando considera la muerte como el horizonte irrebasable de la existencia. No se trata de que la muerte tenga la forma de ser de un hecho f铆sico, ni de un acontecimiento al que asisto de buena o mala gana, ni siquiera de un pu帽ado de alternativas, entre las que forzosamente hay que elegir una marginando todas las dem谩s. Y como de ninguna forma se puede estar presente a ella, siempre es una realidad insuperable o si se quiere un futuro absoluto.

 

As铆 que para Bultman la muerte no es un m谩s all谩 de la vida, con todas las complicaciones que esto conlleva. Sucede m谩s bien todo lo contrario, porque la vivencia de este 煤ltimo horizonte act煤a hacia atr谩s, en forma de causa final, sobre cada uno de los momentos de nuestro tiempo, suprimiendo su car谩cter de hecho consumado y afect谩ndole de una forma de ser puramente posible. Es evidente que聽 cuando la existencia hace frente a ese plazo final, deja de ser algo terminado y se trasforma en una interminable espera, o usando un lenguaje m谩s llano en un 芦m谩s ac谩禄 de la muerte, que es as铆 la causa final de la existencia entera y de cada uno de sus momentos.

Fuente: N贸dulo.org.

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