La codicia política chilena

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La ciudadanía ejerce su derecho al sufragio ante una cartilla de candidatos definidos por las cúpulas de los partidos políticos o en razón de su capacidad para financiar las onerosas campañas propagandísticas que estas operaciones exigen. Quienes más gastan para convertirse en “representantes del pueblo” son, salvo muy honrosas excepciones, los que resultan con las primeras mayorías y hasta se dan el lujo de “chorrear” votos en favor de sus candidatos adláteres y operadores.

Las cifras entregadas por el Servicio Electoral respecto de los últimos comicios presidenciales y parlamentarios demuestran lo anterior y reconocen, por lo mismo, que el electorado nacional es muy susceptible de ser influido por la publicidad, dentro de las que hay que incluir a las encuestas o sondeos de opinión pública financiados muchas veces por los propios postulantes a La Moneda y el Parlamento. Incluso también es determinante el dinero en las elecciones municipales, donde la supuesta cercanía de los vecinos a los alcaldes y ediles debiera influir más la meritocracia de los mismos.

Muchos se lamentan de la pobre formación cívica de los chilenos donde la obligatoriedad del voto volvió a ser fundamental para nuestras credenciales democráticas, después de años de alta abstención electoral..

De México proviene la sentencia de un viejo dirigente sindical del PRI que aseguraba que un “político pobre es un pobre político”, pronunciada en tiempos en que este partido dominaba la escena institucional a punta de dinero, cohecho y corrupciones. Al grado de que, si llegaba a tener un resultado adverso esta colectividad en los comicios, simplemente se acudía al conteo fraudulento de los sufragios.

Desde hace mucho tiempo que en Chile y muchas naciones supuestamente democráticas es la codicia la que se impone en las decisiones políticas. La historia constata los muy excepcionales triunfos de aquellos que genuinamente tenían vocación de servicio público. Desde nuestra más temprana edad republicana, la alcancía era la caja registradora de los resultados electorales. Por lo mismo es que los candidatos de derecha se imponían con facilidad en los resultados hasta que la izquierda y otras expresiones políticas se propusieron “hacer caja”, como se dice, para imponerse en los escrutinios.

En efecto, ya en la década de los sesenta era corriente que las dirigencias partidarias que buscaban alterar el orden constituido recurrieran al extranjero para recaudar aportes de las colectividades y fundaciones que les eran más afines ideológicamente. Para así hacer frente a los ingentes recursos de los empresarios chilenos que imponían sus intereses en las decisiones gubernamentales y parlamentarias, promoviendo a sus candidatos más abyectos. Incluso hasta hubo después partidos y candidatos que llegaron a golpear las puertas de la propia Casa Blanca y el Departamento de Estado norteamericano advertidos del inminente triunfo de socialistas y comunistas.

Es cosa de recurrir a los archivos desclasificados de Estados Unidos para comprobar lo que el dinero hizo para desestabilizar al gobierno de la Unidad Popular y despertar la codicia de los militares golpistas que llegaron a gobernar de facto por más de diecisiete años.

Ha sido esta voracidad la que ha explicado, también, la constitución de una clase política que ha erigido como virtud democrática la “alternancia en el poder”, práctica que explica que socialdemócratas, socialcristianos, comunistas, frenteamplistas, derechistas y ultra derechistas se estén rotando en el gobierno de la nación.

La corrupción en Chile: desde 1990: Hoy el Caso "Mop Gate" - YouTubeEn un simulacro de elecciones en que se suceden, más allá de las ideologías que dicen profesar, las mismas prácticas corruptas, como que de todos los últimos gobiernos es posible recordar escándalos, como el caso del MOPgate, el del banco PENTA, SQM, Corpesca, Caval, Milicogate, Pacogate, Cascadas y, recientemente el de Pro Cultura o Fundaciones. Así como antes, el caso Riggs evidenció la fortuna reunida ilícitamente por la familia Pinochet.

Corrupciones también muy bulladas como las sucesivas colusiones empresariales y potentes fraudes al fisco que han logrado corromper a la Judicatura, como a muchos ediles y concejales en prácticas de corrupción. Eventos que se investigan por las fiscalías por largos meses sin que terminen condenados los múltiples políticos, militares, jueces y policías involucrados en tales despropósitos. Se cuentan con los dedos de la mano aquellos infractores que han logrado alguna sanción judicial, imponiéndose la impunidad o la prescripción de sus delitos.

A pesar de que la Ley ha logrado prohibir la constante reelección de candidatos, en los últimos comicios pudimos comprobar cómo las argucias de algunos lograron prolongar su participación en el Poder Legislativo a pesar de su avanzada edad y décadas continuadas de ejercicio. Así como dos de nuestros últimos mandatarios volvieron a la Moneda después de ausentarse por solo cuatro años del Gobierno. Tal como ahora, antes de dejar el cargo, algunos ya postulan la reelección de Gabriel Boric después de José Antonio Kast.

Lo más triste de todo es que en todos estos vericuetos políticos, la voracidad no hace distingos entre los jóvenes y los viejos políticos. Entre los que prometían ser incorruptibles y los que cínicamente aseguran servir a la Patria hasta el fin de sus días. Y cuando el pudor los lleva en algunos casos a inhibirse de las competencias, allí está la posibilidad de acceder a un alto cargo internacional o,  en su defecto, convertirse en embajadores para un servicio exterior cada vez más irrelevante desde el momento que la diplomacia se practica por internet o con los sucesivos viajes y cumbres de los gobernantes del mundo.

Millones de recursos para que políticos sin cargo en Chile puedan incrementar sus ingresos en el extranjero, aunque las pensiones vitalicias de los expresidentes y exparlamentarios chilenos están entre las más elevadas del mundo. Un privilegio que varias veces se ha buscado derogar con la oposición transversal de toda la clase política apoltronada en el Parlamento.

A un mes de iniciarse un nuevo gobierno, el Presidente Electo ya es blanco de agudas críticas desde los partidos que lo apoyaron y que ahora lo cuestionan por haber nombrado a demasiados independientes o “no militantes” en sus cargos de confianza. Rompiendo con ello la práctica del cuoteo político, provocando una bataola de recriminaciones y codicias frustradas que seguramente obligarán al nuevo Mandatario a hacer concesiones a los partidos a partir de la designación de subsecretarios y otros altos cargos del Estado.

Con lo que lo más probable es que siga todo igual y los futuros opositores afilen sus estacas desde ya para recuperar el poder. En la evidencia que indica que la esperanza de vida de los políticos es la más alta entre todos los chilenos.

* Periodista y profesor universitario chileno. En el 2005 recibió en premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa.

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