La crucial la batalla de Budapest, difícil de ganarla

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El blindaje construido por  Viktor Orbán a lo largo de tres legislaturas dificulta la victoria de la oposición, a pesar de que muchos sondeos le otorgan un margen amplio de victoria en las elecciones del 12 de abril.

El título de este artículo no hace referencia a la batalla que los húngaros libraron en octubre de 1956 contra los tanques soviéticos, sino a las elecciones legislativas que se celebran el próximo  domingo 12 de abril en el país magiar. No cabe duda de que el paralelismo es forzado. Excesivo, incluso. Y no solo porque la esperanza es que no veamos tanques y militares en las calles de Budapest a partir de la mañana del lunes 13. Sin embargo, hay dos elementos que hacen que me decante por este vuelo pindárico.

Por un lado, como en aquel entonces, también hoy los que quieren cambiar las cosas pueden ser comparados conLa URSS invade Hungría. 1956 - YouTube David enfrentándose a Goliat. Hace setenta años, los húngaros contaban con pocas armas para enfrentarse a los soldados y los tanques que envió Moscú para poner en su sitio a Imre Nagy.

Ahora, los críticos con Viktor Orbán deben enfrentarse a un sistema que no es democrático: desde hace una década, por lo menos, Hungría es una autocracia electoral. Eso significa que las elecciones no son justas, las reglas del juego están falseadas, los medios están en manos del Gobierno y la separación de poderes no existe. Ganar contra Orbán es, pues, una misión casi imposible.

Por otro lado, como en octubre de 1956, el desenlace de estos comicios tiene una importancia notable, también fuera de las fronteras del país. Si Orbán tuviese que dejar el poder tras dieciséis años, esto significaría no solo que Hungría podría volver a ser un país democrático –el condicional es obligado, luego veremos por qué–, sino que la extrema derecha global perdería uno de sus principales referentes y centros de operaciones.

Tras la derrota de Giorgia Meloni en el referéndum constitucional italiano y un resultado por debajo de las expectativas de Le Pen en las municipales francesas y de Janez Janša en las legislativas eslovenas, este sería el cuarto paso en falso en menos de un mes de los ultras –el más simbólico, además– y podría marcar un punto de inflexión. El mensaje sería: la ola autoritaria no es imparable y se puede derrotar a la extrema derecha. El miedo cambiaría de bando. En parte ya está sucediendo.

Orbán, en apuros

Orban y Gorgia Meloni

Los sondeos nos dicen que Tisza, la formación liderada por Peter Magyar, podría ganar por goleada. Algunos hablan de una intención de voto del 58% para Tisza contra el 35% para Fidesz, el partido de Orbán. Parecería un camino de rosas. La media de las encuestas otorga una ventaja de diez puntos a Magyar. Aunque deben leerse con precaución, el margen parece amplio, difícilmente recuperable.

Y, de hecho, Orbán está muy nervioso. Adelantó al 21 de marzo la edición húngara de la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), uno de los foros más importantes de la extrema derecha global. Y dos días después, organizó otro acto con Patriotas por Europa (PfE), la formación que fundó en verano de 2024.

En los dos eventos participaron los principales líderes ultras de un lado y otro del Atlántico: de Javier Milei a Eduardo Bolsonaro, de Santiago Abascal a Marine Le Pen, de André Ventura a Geert Wilders, de Mateusz Morawiecki a Alice Weidel, de Matteo Salvini a Herbert Kickl, pasando por representantes del movimiento MAGA. Meloni y Donald Trump grabaron vídeos con mensajes de apoyo. Además, en febrero el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, viajó a Budapest y ahora, el 7 de abril, lo ha hecho el vicepresidente, JD Vance.

Putin no necesita hacer declaraciones: bastan la ayuda en desinformación o la propuesta de la inteligencia rusa de simular un intento de asesinato contra Orbán, como ha informado The Washington Post. En Moscú conocen la importancia de tener un aliado en el corazón de la Unión Europea (UE). Si aún hiciera falta, hemos tenido otra prueba de ello con la publicación de los audios en que el ministro de Exteriores húngaro, Peter Szijjártó, pasaba información confidencial al Kremlin, actuando en la práctica como un topo ruso.

Es decir, toda la extrema derecha mundial, de Washington a Moscú, e incluso miembros de partidos competidores en la UE con PfE, como los Conservadores y Reformistas Europeos de Morawiecki y Meloni o Europa de las Naciones Soberanas de Weidel, entendieron a la primera lo que estaba en juego. Y arroparon al déspota de Budapest. Los dos actos antes mencionados pueden parecer una muestra de fortaleza de Orbán. Sin embargo, son justo lo contrario. El líder de Fidesz se siente en apuros. Como nunca desde 2010, cuando volvió al poder.

Un sistema cleptocrático

Fundado en febrero de 2024, Tisza dio la sorpresa en las elecciones europeas del siguiente mes de junio, rozando el 30% de los votos, frente al 45% de Fidesz, con una participación en aumento de más de 15 puntos. Desde entonces, Magyar, cuya formación se integró en el Partido Popular Europeo, no ha parado de acrecentar sus consensos y, tras varias giras por todo el país, se ha convertido en un adversario con posibilidades reales de desbancar a Orbán.

Qui est, favori aux ...
Péter Magyar,el adversario de Viktor Orbán

A diferencia de los anteriores intentos de las oposiciones –yendo por separado o incluso presentando un solo candidato, como en 2022 con Márki-Zay–,  Tisza es un nuevo partido y Magyar es un insider de Fidesz. Trabajó como diplomático en Bruselas a las órdenes de Orbán y estuvo casado con la exministra de Justicia Judit Varga.

Rompió con Fidesz hace solo dos años. Su discurso, que pone de manifiesto el sistema cleptocrático instaurado por Orbán, es mucho más creíble que el de unas oposiciones desgastadas y vapuleadas. Además, situándose ideológicamente en posiciones conservadoras, puede morder en el electorado de Fidesz.

Asimismo, los húngaros tienen bastantes elementos para estar preocupados. Y no solo por el recorte de libertades y derechos. La economía está prácticamente estancada y el coste de la vida ha aumentado hasta casi alcanzar la media europea: el precio de la vivienda, por ejemplo, se ha casi doblado respecto a 2010. En cambio, los salarios son los terceros más bajos de toda la UE.

Orban
La derecha en EEUU admira a Viktor Orbán y su gobierno en Hungría

Mientras tanto, como en la Rusia de Putin, Orbán ha favorecido la creación de una casta de oligarcas que se ha enriquecido con dinero público, como Lőrinc Mészáros. Exalcalde por Fidesz de un pequeño pueblo de menos de 2.000 habitantes, ahora es el hombre más rico del país. Además de hoteles, empresas de construcción o centrales eléctricas, Mészáros es propietario de un conglomerado de medios de comunicación progubernamentales. En su caso y en otros, los escándalos de corrupción se han convertido en el pan de cada día.

Y precisamente de eso es de lo que habla Magyar. Un sondeo realizado por Gallup en 2025 mostraba que las mayores preocupaciones de los húngaros eran la política, el gobierno y la corrupción (28%), seguidas por la economía (23%), mientras la seguridad se quedaba atrás (12%) y la inmigración (2%) era el penúltimo ítem. La supuesta amenaza representada por las élites globalistas y el “virus woke”, como lo llama Orbán, ni aparecían entre los problemas reales de los húngaros.

Una autocracia informativa

Si el país magiar fuese una democracia liberal, todo apuntaría a que Magyar sería el próximo presidente del gobierno. Sin embargo, la realidad es que Hungría es una autocracia, como confirmó también el Parlamento Europeo en una resolución votada por amplísima mayoría en septiembre de 2022. Hay una serie de elementos que me llevan a ser, como mínimo, escéptico o directamente pesimista.

Por un lado, el control de los medios y la propaganda gubernamental. Alrededor del 90% de los medios de comunicación están en manos del ejecutivo o de testaferros vinculados a Fidesz. De hecho, especialistas como Péter Krekó han definido la de Orbán como una “autocracia informativa”. Durante la campaña electoral de 2022, Márki-Zay tuvo apenas cinco minutos a su disposición en la televisión pública, que es casi la única fuente de información en la Hungría rural.

El presidente del partido opositor Tisza, Peter Magyar, habla durante un acto de campaña en Velence, Hungría, el jueves 12 de marzo de 2026. (Zoltan Mathe/MTI vía AP)Es cierto que Tisza está utilizando las redes sociales para sortear el problema, pero ¿cuánta gente en los pueblos se conecta a Facebook o Instagram para mirar la retransmisión de los mítines de Magyar? En la Hungría rural es donde Orbán arrasa.

Asimismo, Orbán no escatima recursos para lanzar burdas campañas en contra de sus opositores. En el último año, se ha intentado acusar a Magyar de consumir drogas o de violencia contra sus exparejas, también de ser una marioneta de Bruselas, clásico evergreen que Fidesz utiliza desde 2014. Las calles del país están repletas de carteles con las caras de Magyar, Von der Leyen y Zelenski, en los que se acusa al líder de Tisza de querer meter a Hungría en la guerra contra Rusia. No olvidemos que en abril de 2022 pasó lo mismo con Márki-Zay. Y funcionó.

A eso hay que añadir ahora que Orbán lleva meses tensando la cuerda como nunca con Kiev, bloqueando las ayudas europeas acordadas en diciembre, con la excusa de un supuesto sabotaje ucraniano al oleoducto Druzhba que lleva el crudo ruso a Budapest.

Las acusaciones se han ampliado con la ayuda del Gobierno serbio del fiel amigo Aleksander Vucic, otro autócrata que ha avisado de un supuesto intento de sabotaje en la frontera entre Serbia y Hungría al Balkan Stream, que abastece Budapest del gas ruso. Orbán ha acusado sin pruebas a los ucranianos y ha movilizado al ejército para proteger el oleoducto. ¿Cuánto pesará todo esto en la campaña electoral, cuando todavía el 25% de los electores no ha decidido su voto?

La importancia de las reglas del juego

Por otro lado, tras su regreso al poder, Fidesz ha cambiado las reglas del juego. Ya en 2011, gracias a la supermayoría que tenía en el Parlamento, impuso la reducción del número de diputados de 386 a 199, abolió la segunda vuelta e introdujo un sistema de compensación para el ganador. El sistema electoral húngaro en vigor es un sistema mixto pseudomayoritario. Eso significa que 93 escaños se eligen con el sistema proporcional con una barrera del 5%. Los otros 106 escaños se eligen con un sistema mayoritario en colegios uninominales: quien llega primero, gana.

Ahora bien, se introdujo también el llamado voto compensatorio que implica que al partido del candidato que gana en una circunscripción se le acredita el número de votos sobrantes –es decir, los votos por lo que supera al segundo clasificado–, lo que beneficia doblemente al ganador, también en el reparto de los escaños a través del sistema proporcional. En las elecciones de 2014, las primeras celebradas con este nuevo sistema, Fidesz se llevó el 85% de los escaños en los colegios uninominales.Were Hungary’s Municipal Elections the Beginning of the End for Orban ...

Y en total, en las últimas tres elecciones (2014, 2018 y 2022), Fidesz ha obtenido el 67% de los escaños, es decir una mayoría cualificada que le ha permitido modificar la Constitución, con el 44,9%, el 49,3% y el 54,1% de los votos, respectivamente.

Además, hay otros elementos que distorsionan, por utilizar un eufemismo, el voto. En primer lugar, Fidesz ha manipulado constantemente las circunscripciones electorales para imposibilitar una victoria de las oposiciones. El Gobierno dice que es para adaptar el mapa electoral a los cambios demográficos, pero en realidad se trata de la conocida táctica del gerrymandering, puesta en práctica de manera constante por los republicanos en Estados Unidos.

A finales de 2024, por ejemplo, la circunscripción electoral de Budapest ha pasado de elegir 18 a 16 diputados, mientras el condado de Pest ha pasado de 12 a 14. El objetivo es quitarle peso a las grandes y medianas ciudades donde Fidesz es más débil. Alrededor de la mitad del electorado reside en pequeñas ciudades y pueblos donde Orbán suele ganar por goleada. Hablamos de 53 de las 106 circunscripciones existentes.

Un sistema clientelar bien engrasado

El vicepresidente estadounidense JD Vance pide el voto para Orbán en las elecciones en Hungría

En segundo lugar, desde 2012 el Gobierno de Orbán ha concedido la nacionalidad y, consecuentemente, el derecho de voto a cerca de dos millones de húngaros “étnicos” que viven en países fronterizos, principalmente Rumanía; territorios que eran parte del Reino de Hungría en el marco de la monarquía de los Habsburgo hasta 1918. Más de medio millón suele ir a votar y más del 90% lo hace por Fidesz, gracias a inversiones millonarias en favor de estas comunidades, creando a menudo tensiones con el ejecutivo de Bucarest.

Sobre un cuerpo electoral de poco más de ocho millones de personas, de los cuales los votantes suelen ser poco más de cinco millones, el voto de los húngaros “étnicos” significa alrededor del 10%. No es moco de pavo. Asimismo, los húngaros “étnicos” tienen todas las facilidades para emitir su voto –por ejemplo, por correo–, mientras la diáspora húngara en otros países europeos –más de medio millón de personas; principalmente, jóvenes que han emigrado en las últimas dos décadas y que en su mayoría no apoyan a Fidesz– deben votar en las embajadas o consulados.

En tercer lugar, y además de facilitar la creación de partidos fantasma con nombres similares a los de la oposición para confundir a los votantes, en 2021 Fidesz legalizó lo que se ha llamado “turismo electoral”: los electores pueden registrarse para votar en cualquier parte del país, incluso si no residen en esa circunscripción. Esto le permite a Orbán poder mover bolsas de votantes desde los colegios seguros a otros donde la oposición puede ganar. En las elecciones de 2022, se calcula que unas 150.000 personas se acogieron a esta ley.

En cuarto y último lugar, las redes clientelares creadas por Fidesz, sobre todo en la Hungría rural, harían palidecer el sistema de la Restauración en España. Un reciente documental, titulado El precio del voto, fruto de una investigación independiente que duró seis meses, ha puesto negro sobre blanco el sistema clientelar instaurado por Orbán entre promesas de empleo, sobres con 100 ó 120 euros por cada voto emitido, amenazas sobre la custodia de los hijos o las recetas médicas, sin olvidar autobuses para llevar a la gente a votar.

Los posibles escenarios

Elecciones: Hungría, escenario para el liberalismo | RTVETeniendo en cuenta todo esto, Magyar no lo tiene fácil. Según diferentes estudios, Tisza necesitaría ganar por lo menos con seis puntos de ventaja para asegurarse una mayoría parlamentaria. Parecería factible visto lo visto, pero otros sondeos progubernamentales, como los del Instituto Nézőpont, apuntan a que Fidesz ganaría con el 46% y que se haría con 66 de los 106 escaños asignados con el sistema mayoritario, mientras Tisza se quedaría con el 40% y solo 39, respectivamente. Propaganda orbaniana, no cabe duda. Pero un desenlace de este tipo no es descartable.

También cabe hacerse una pregunta: ¿estamos seguros de que, en caso de derrota, Orbán aceptaría y reconocería el resultado? Tenemos los ejemplos de Trump y Bolsonaro, pero también de Maduro y Lukashenko. ¿Es ciencia ficción aventurar que Orbán podría divulgar datos falseados para proclamarse ganador o que sencillamente, aunque los resultados digan lo contrario, se considerara el ganador de las elecciones? Se dirá que, a diferencia de Venezuela o Bielorrusia, Hungría es miembro de la UE y que hay líneas rojas que no se pueden cruzar. Posiblemente sea así, pero Fidesz no solo controla el Ministerio del Interior, sino que la Junta Electoral Central no es un organismo independiente: sus miembros son escogidos a dedo por Orbán.

Dicho todo esto, seamos optimistas y creamos en lo (casi) imposible: hay una altísima participación electoral, el sistema clientelar de Fidesz hace aguas, la desinformación de los medios ya no basta, la Junta Electoral Central no falsea los resultados, Magyar gana y Orbán reconoce su derrota. Habrá que abrir las mejores botellas de cava. Ahora bien, ¿qué márgenes tendría Magyar de revertir el proceso de autocratización de los últimos quince años? Sin una mayoría cualificada, es decir dos tercios, que permita cambios constitucionales, serán muy estrechos.

Inaugurated as President
Tamás Sulyok, el presdiente

El riesgo es que ocurra lo mismo que en Polonia, donde el Ejecutivo de Donald Tusk está teniendo muchas dificultades para revertir reformas a pesar de que la ultraderecha de aquel país no tuvo tiempo para orbanizar completamente el sistema. El presidente de la República, Tamás Sulyok, hombre de Orbán, estará en el cargo hasta 2029 y puede ejercer su derecho de veto. Asimismo, el sistema judicial y los medios de comunicación, controlados por Fidesz, ejercerán una oposición durísima. No hablemos ya de los oligarcas.

En síntesis, desmontar una autocracia es una tarea hercúlea, a menos que no haya una revolución popular o fuertes presiones exteriores, difíciles de concebir en este momento, visto quien manda en Estados Unidos y la incapacidad demostrada por la UE en la última década. Solo cabe confiar en el pueblo húngaro.

*Profesor de Historia Contemporánea en la Universitat Autònoma de Barcelona. Miembro del Consejo de Redacción de CTXT, es autor de ‘Extrema derecha 2.0. Qué es y cómo combatirla’ (Siglo XXI de España, 2021).

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