May 19 2008
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Opini贸n

LA CULPA ORIGINAL

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La monstruosidad energ茅tica de la erupci贸n volc谩nica de Chait茅n o del terremoto de Sichuan, volvieron a plantearnos una inquietud que se ha transformado en esencial. 驴Est谩 agotado el planeta y nos lo hace saber con esa iracundia, que para nosotros siempre es drama? Muchos se apresuraron a ver en estas manifestaciones el resultado de lo que ha hecho la Humanidad. El efecto invernadero; la explotaci贸n exagerada de recursos naturales en aras de un sistema econ贸mico que se mantiene s贸lo gracias a un consumismo creciente; la manipulaci贸n grosera de biosistemas que, a veces, ni siquiera entendemos.

Todos temores que reflotan cada vez que una cat谩strofe natural nos golpea. Ocurri贸 igual con el hurac谩n Katrina, con el calor abrasador del verano europeo, con el derretimiento de los glaciares, con los inviernos congelantes del hemisferio Norte o el cambio en las manifestaciones estacionales en nuestra zona.

Casi autom谩ticamente, como una expresi贸n cultural m谩s, miramos hacia la culpa original. El ser humano es el responsable de lo que ocurre. Y tenemos que pagar todos por ello. Es el legado de la civilizaci贸n judeocristiana a la que pertenecemos. Para los cat贸licos s贸lo Mar铆a estuvo preservada de toda mancha. Un tema no menor, que desvel贸 a los te贸logos hasta 1854 cuando, con la bula Ineffabilis, el Papa P铆o IX proclam贸 el dogma de la Inmaculada Concepci贸n.

Y porque la cultura es as铆, un tema religioso, propio de los seguidores de determinada fe y sus dogmas, se col贸 bajo la epidermis civilizatoria. Hoy, el argumento del da帽o al planeta es una de las ideolog铆as que se oponen al sistema neoliberal y su econom铆a de mercado. Lo hace desde la culpa original. Porque al final de cuentas, somos todos culpables hasta por haber superpoblado el planeta.

En los d铆as de la erupci贸n del Chait茅n asist铆 a una conferencia de la Dra. Ruiz. Mientras nos paseaba por la inmensidad del universo, sus explicaciones resonaban a juicios rotundos. Formamos parte de una realidad inconmensurable. Pertenecemos a ella como nuestras c茅lulas al 贸rgano a que dan vida. Somos un elemento m谩s que entrega su energ铆a en un proceso vital que a煤n no comprendemos y que pretendemos orientar para beneficiar intereses humanos. Es el pecado original reproducido a escala monstruosa. Pero por mucho que parezca determinante en la vida del planeta, no tenemos ni la fuerza ni el poder para generar una nueva glaciaci贸n o acabar con este maravilloso hogar que es la Tierra.

Esta sensaci贸n de culpa pareciera enclaustrarnos en una mirada estrecha. Empezando por quienes la propalan directamente. Frente a la miseria, plantean la solidaridad, la responsabilidad social. Pero, a la vez, impulsan como referente omn铆modo el emprendimiento personal, el individualismo. 驴C贸mo se puede ser solidario, si la sociedad tiene como objetivo la estructuraci贸n del individualismo m谩s feroz?

El verdadero problema no parece estar en la destrucci贸n del mundo. La vida de 茅ste se encuentra regida por leyes que a煤n no develamos y que, posiblemente, nunca lleguemos a comprender en su infinita complejidad. Nuestra responsabilidad est谩 en asegurar la felicidad humana.

Hoy, la respuesta frente a los desbordes del individualismo se remite s贸lo a represi贸n. Si el sistema empuja a la competencia sin tregua para mantener un consumismo creciente 驴puede extra帽ar que los que se sienten desplazados delincan para insertarse o crear su propio ghetto?

Son diversas las voces que se levantan para decirnos que no es posible mantener por m谩s de cuatro o cinco d茅cadas un sistema que, como el actual, consume tal cantidad de energ铆a. Wallerstein lo dijo en la d茅cada de los noventas. Y as铆, las alertas se repiten por todo el mundo.

Las manifestaciones de la naturaleza parecen advertirnos que nuestras acciones tendr谩n siempre un significado marginal para el transcurrir de la Tierra y del Universo. Y tambi茅n nos hace sentir que los principales afectados seremos los seres humanos. Nuestras acciones s铆 nos afectan a nosotros. Cuando ejerciendo el libre albedr铆o tomamos decisiones equivocadas, es la Humanidad la que se encuentra expuesta. La fortaleza vital de la naturaleza va por otro carril, aunque pertenecemos a ella como una manifestaci贸n m谩s.

La culpa original no debiera obnubilarnos. La disyuntiva que hoy enfrentamos viene larv谩ndose hace a lo menos ocho mil a帽os. Pareciera estar en nuestras manos crear un futuro. Pero para eso el ser humano tendr谩 que enfrentarse a su tremenda capacidad con su infinita insignificancia.

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* Periodista.
wtapiav@vtr.net.

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