Nov 20 2007
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Econom铆a

LA DEMOCRACIA POSIBLE

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

En los 煤ltimos d铆as, la democracia chilena ha estado sometida a tensiones. Desde la educaci贸n hasta el sistema de locomoci贸n Transantiago han pasado por el estrecho ojo de la aguja del Parlamento. El proceso ha sido m谩s bien traum谩tico.

Respecto de la educaci贸n, se habla de un acuerdo hist贸rico, que dar铆a pie a la tercera gran reforma educacional chilena. Es posible que as铆 sea. Pero lo visto hasta ahora es s贸lo una vuelta m谩s en el engranaje de la democracia de los acuerdos. O sea, consenso en t茅rminos generales, pero manteniendo inc贸gnitas de fondo.

Se dice que la educaci贸n dar谩 oportunidades iguales para todos. El lucro persiste y, con 茅l, la desigualdad que queda de manifiesto en una subvenci贸n estatal de $30.000 por escolar, mientras en la educaci贸n particular cada educando cuesta entre $150.000 y $200.000.

Respecto de la locomoci贸n, los US$ 145 millones que ped铆a el Gobierno para el Transantiago en el Presupuesto 2008, quedaron transformados en $1.000. Fue la decisi贸n caricaturesca que aprobaron en la C谩mara los diputados opositores m谩s cinco democratacristianos: Jaime Mulet, Alejandra Sep煤lveda, Eduardo D铆az, Carlos Olivares y Gabriel Ascencio.

Esta 煤ltima 鈥渏ugarreta鈥 parlamentaria da la dimensi贸n de lo que consideran es su actividad algunos pol铆ticos chilenos. Y la importancia que en ella tienen los problemas de la gente. Es, posiblemente, la imagen de lo que el ex presidente Patricio Aylwin llamar铆a Democracia en la medida de lo posible.

La democracia est谩 constantemente dando prueba de suficiencia. En el hecho de que sea perfectible se encuentra su mayor fortaleza. Pero no se trata de un elemento eternamente resiliente. Cuando sus operadores esenciales son renuentes al cambio y no se adecuan a los anhelos de la gente, la elasticidad se termina. Vienen los grandes quiebres.

Hist贸ricamente, los responsables de tales crisis son las c煤pulas que manejan el poder.

Hoy, la democracia se encuentra en entredicho en Am茅rica Latina. En el 2007, s贸lo el 54% cree que puede resolver sus problemas. Y eso abre las puertas a grandes interrogantes, ya que el apoyo va en bajada. Los especialistas de Latinobar贸metro consideran que esto es el resultado de una mezcla de bonanza econ贸mica y mala distribuci贸n de la riqueza. Pero eso no basta para explicar lo que est谩 ocurriendo.

Tal vez el resto que aclara esta realidad lo aporta la expedici贸n de la clase pol铆tica. El respaldo a los partidos se encuentra bajo en Am茅rica Latina, con un 37%. Y entre los chilenos apenas llega al 20%.

Esta es una situaci贸n que no puede dejar de preocupar a quienes manejan la maquinaria pol铆tica.

En los 煤ltimos d铆as ha retomado fuerza la idea de que la soluci贸n est谩 en la democracia de los consensos. Joaqu铆n Lav铆n, l铆der de la conservadora Uni贸n Dem贸crata Independiente (UDI), es quien ha sacado mejores dividendos al practicar un acercamiento con el gobierno. Pero su apertura no ha dejado de crear diferencias en la propia UDI y un rechazo abierto y personal en Renovaci贸n Nacional, sus socios en la oposici贸n derechista chilena.

De cualquier manera, la idea de la colaboraci贸n con los adversarios parece ser el descubrimiento chileno de cara a las elecciones presidenciales de 2009. Incluso, el diario El Mercurio destaca una supuesta coincidencia entre los presidentes de las federaciones de estudiantes de las Universidades de Chile y Cat贸lica. Ambos se declaran independientes, pero uno es admirador del presidente franc茅s Nicol谩s Sarkozy y el otro de Salvador Allende.

Como un elemento adicional, uno de los referentes de la Concertaci贸n, el democratacristiano Edgardo Boeninger, parece haber descubierto que lo m谩s conveniente en democracia es una alternancia no traum谩tica. Ese es el alma del sistema El pueblo debe estar en condiciones de decidir entre las alternativas que se le presentan. Boeninger no ha descubierto nada extraordinario. Pero s铆 ha ayudado a crear esta sensaci贸n de democracia en la medida de lo posible que genera im谩genes distorsionadas.

Por la v铆a de la democracia de los consensos, llegamos r谩pidamente al Gran Hermano de la novela 1984, de George Orwell.

Las decisiones se toman en las alturas del poder. Los ciudadanos s贸lo participan en elecciones que, en definitiva, no determinan nada. No hay diferencias en los programas. Y si las hay, se eliminan a trav茅s de los acuerdos entre dirigencias pol铆ticas.

Edgardo Boeninger advierte que algo no se puede cambiar si se quiere mantener la Concertaci贸n: el sistema econ贸mico. Cualquier variaci贸n que lo haga m谩s sensible a las demandas de los sectores menos protegidos o que entregue un poder no subsidiario al Estado, podr铆a significar una hecatombe pol铆tica.

Miradas as铆 las cosas, el espacio para los cambios pr谩cticamente no existe. Eso explicar铆a que, pese al 茅xito de la econom铆a nacional, Chile sea uno de los pa铆ses que peor reparte la riqueza en el mundo. Porque subsiste la sospecha, fundada en abundantes argumentos, de que siempre que se requiere un acuerdo con quienes manejan el poder econ贸mico, son 茅stos los que imponen las condiciones.

Los arquitectos de la democracia posible exhiben una contradicci贸n monstruosa. Escamotean el poder a los verdaderos propietarios del sistema: los ciudadanos.

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* Periodista.

wtapiav@vtr.net.

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