Feb 5 2023
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Opini贸n

La democracia secuestrada

No debiera constituir sorpresa alguna que varios medidores mundiales sobre opini贸n p煤blica coincidan en la decepci贸n de millones de ciudadanos respecto de la democracia y su posibilidad de servir realmente a los intereses de sus naciones. Los pol铆ticos y partidos llamados a administrar los gobiernos hoy est谩n en tela de juicio cuando se aprecia que el聽 principal objetivo de estos es arribar o mantenerse en el poder m谩s que cumplir con la voluntad soberana del pueblo.

A los ciudadanos les es cada vez m谩s indiferente o irritante el comportamiento de quienes debieran ser sus l铆deres y conductores. Tanto en Europa como en los Estados Unidos la avidez de聽 dirigentes y colectividades marca el auge y ca铆da de las m煤ltiples esperanzas electorales. Especialmente, cuando los perfiles ideol贸gicos de las colectividades se desdibujan en el pragmatismo y, de alguna manera, se rinden a la idea de que todo va a seguir igual tanto en la econom铆a como en las perspectivas de desarrollo de sus poblaciones. Tal es as铆 que ya da lo mismo elegir a republicanos o dem贸cratas, a conservadores o socialdem贸cratas, cuando el triunfo en las urnas de partidos progresistas, como ocurriera en Grecia, lleva posteriormente a los elegidos a repetir las mismas conductas de quienes los antecedieron en sus cargos. Es decir, postrarse nuevamente a las indicaciones del Banco Mundial y los pa铆ses hegem贸nicos.

Ya se vio antes c贸mo los archirrivales partidos pol铆ticos alemanes consolidaron un acuerdo para gobernar al pa铆s y repartirse los cargos de la administraci贸n p煤blica. Incluso, ahora, el arribo de una neofascista en Francia lo m谩s probable es que la haga comportarse de la misma manera que sus antecesores. Es decir, que todo lo deje muy parecido a lo que encontr贸.

En Am茅rica Latina est谩 por verse que el gobierno de Petro, en Colombia, o de Lula, en Brasil, vaya a representar un cambio de rumbo real en el modelo econ贸mico y social que rige al Continente. Y no suceda lo que pas贸 en Argentina de Macri a Fern谩ndez en que solo se ha acrecentado la crisis, la desigualdad social, la corrupci贸n y la misma desesperanza popular. Ya vemos c贸mo en Chile poco a poco las promesas de los partidos de izquierda que eligieron a Gabriel Boric empiezan a tropezar tambi茅n con la realidad, el poder y los dict谩menes de quienes siguen sinti茅ndose los due帽os del pa铆s, por m谩s que antes el triunfo de la Concertaci贸n y ahora de esa infinidad de expresiones vanguardistas les haya causado escozor.

Una vez en La Moneda, el nuevo mandatario nombra como ministro de Hacienda a quien le daba plenas garant铆as al mundo empresarial y a los pol铆ticos de derecha que valoran en 茅l su 鈥減onderaci贸n鈥, 鈥減rudencia鈥 y otros atributos que garantizan la continuidad del orden heredado de la Dictadura Militar, como de sus sucesores en La Moneda; sistema que hasta se prometi贸 pulverizar en la contienda electoral.

Aunque se habla de que tendremos reformas previsional y tributaria, todos los d铆as se nos viene advirtiendo que 茅stas solo podr谩n avanzar en la 鈥渕edida de lo posible鈥, que tendr谩n s铆 o s铆 que ser negociadas con un parlamento de mayor铆a opositora y con ese conjunto de gremios patronales que manejan los m谩s poderosos medios de comunicaci贸n que influyen muy determinantemente en un electorado de pobre formaci贸n c铆vica y nivel educacional. Tanto as铆 que el propio proceso constituyente culmin贸 con una inmensa desaprobaci贸n ciudadana que, como se sabe, prefiri贸 pasarle la cuenta a los primeros meses del nuevo gobierno, a sus innegables desprolijidades y a su incapacidad de frenar la acci贸n de la delincuencia desenfrenada, tema que hoy, sin duda, contin煤a representando lo que m谩s preocupa a los chilenos. Ciertamente por sobre la inflaci贸n, el aumento del desempleo y el grave deterioro del poder adquisitivo de la poblaci贸n.

Es evidente que luego del fracaso por dotarnos de una nueva Constituci贸n, lo que tenemos hoy es la colusi贸n de todos los partidos de derecha, centro e izquierda concertados en el Parlamento por un nuevo intento de reforma constitucional que esta vez estar谩 estrictamente acotado en sus m谩rgenes o 鈥渂ordes鈥 de acci贸n, puesto que le reservar谩 a tres instancias superiores nominadas a dedo por las c煤pulas pol铆ticas la aceptaci贸n y redacci贸n definitiva de la 鈥渂uena鈥漜arta magna que tanto se proclama. Ello significa que el texto que se evacue de la nueva convenci贸n constituyente 鈥渆legida por el pueblo鈥 podr谩 ser enmendado parcial o fundamentalmente por los representantes de los legisladores聽 pr谩cticamente de todo el espectro pol铆tico que ocupan esca帽os en el Congreso Nacional. En los que destacan personas de linaje social y supuesta experticia profesional que en nada pr谩cticamente representan al grueso del electorado nacional.

Ciertamente, se trata de una defecci贸n democr谩tica escandalosa que, a pesar de todo, pudiera nuevamente abortarse en el llamado 鈥減lebiscito de salida鈥 que se le reserva finalmente a los ciudadanos y donde podr谩n decir solo si o no al texto que resulte de todos los filtros ya se帽alados聽 para resguardar el sistema institucional vigente, normado por la Constituci贸n Guzm谩n, Pinochet, Lagos. Una聽 Carta Magna que, en definitiva, termin贸 encantando al conjunto de la clase pol铆tica, aunque en las contiendas electorales sea c铆nicamente imputada como la principal responsable de los pesares nacionales.

Pero, a punto de tomar vacaciones, la clase pol铆tica est谩 euf贸rica y se apresta a enfrentar un nuevo proceso electoral para elegir a los nuevos constituyentes en un proceso de nominaci贸n de candidatos que solo le ata帽e ahora a los partidos y para nada a los referentes sociales. Tanto as铆 que en esta oportunidad solo se aceptar谩n a candidatos independientes que sean nominados por los partidos. Aunque la paridad, al menos, volver谩 a ser respetada, de tal manera que lo que resulte como convenci贸n constitucional tendr谩 el mismo n煤mero de hombres y mujeres. La 煤nica decisi贸n que podr铆amos se帽alar como democr谩tica, adem谩s el voto ciudadano obligatorio, que se ha instaurado desde los 煤ltimos comicios. Lo que ciertamente inquieta a los partidos y a sus 鈥渙peradores聽 electorales鈥 por lo complejo que resulta prever los resultados electorales con tantos sufragantes. Millones de los cuales nunca hab铆an votado.

Aunque todo est谩 ahora bien normado y acotado por una democracia verdaderamente secuestrada, es poco previsible que en este nuevo a帽o la popularidad del gobierno de Boric vaya a remontar de sus alica铆das cifras, cuando el nuevo Presidente viene desahuciando tanto sus promesas y se encuentra empe帽ado en hacer todo por consenso con la oposici贸n y los poderes f谩cticos. Incluso a remover a ministras y otras personas de su confianza, presionado por los medios informativos y una derecha que se taima y abandona las instancia de di谩logo con el Ejecutivo.

Es previsible que este deterioro de imagen lleve de nuevo a la ciudadan铆a a rechazar la nueva Carta B谩sica, cuando se asume que el ordenamiento institucional es poco lo que le interesa a millones de electores que ven en estos comicios la posibilidad de protestar m谩s bien contra el desempe帽o del Gobierno y del Parlamento, las dos instituciones que encabezan los sondeos populares de descr茅dito.

* Periodista y profesor universitario chileno de vasta trayectoria. Premio nacional de Periodismo y, Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federaci贸n Mundial de la Prensa.

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