Feb 1 2023
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Cultura

La estrategia del olvido

Desde finales del a√Īo 2022, se hizo recurrente en los medios estadounidenses hacer una lista de todas las mentiras que el representante republicano por Nueva York, George Santos, hab√≠a puesto en su curr√≠culum y hab√≠a repetido en cada ocasi√≥n que tuvo oportunidad. Sin embargo, la fr√°gil memoria popular no registra, o echa al olvido, que √©sta ha sido una pr√°ctica bastante com√ļn, aunque pocas veces tan caricaturesca como la de Santos. Como todos saben, una de las formas m√°s comunes es mentir ocultando una parte de la verdad. Una parte tan importante que merece ser ocultada o, en el mejor de los casos, reprimida.

En la publicidad pol√≠tica del estado de Florida, por ejemplo, abundan los candidatos posando con sus hijitos y afirmando que su padre ‚Äúescap√≥ del r√©gimen comunista de Cuba buscando la libertad de este Gran Pa√≠s‚ÄĚ. S√≥lo esta frase oculta m√°s de un siglo de intervenciones, dictaduras, racismo, cr√≠menes de lesa humanidad, mafia, prostituci√≥n, embrutecimiento y bloqueos hambreadores de una vieja pol√≠tica imperial que no s√≥lo controla los recursos ajenos, sino tambi√©n las narrativas dominantes, es decir, el pensamiento y las emociones de sus m√°s fieles servidores. Lo cual no es ninguna novedad, con diferentes grados de brutalidad, desde hace milenios.

Ninguno dice quiénes fueron sus padres, cómo se llamaban esos héroes que escaparon buscando la libertad. No lo dicen ni suelen aparecer en sus biografías o entrevistas. Muchos de ellos fueron detalladamente descriptos por la misma CIA para la cual trabajaban como mercenarios, como colaboradores de la dictadura de Batista y calificados por el FBI, sin eufemismos, como terroristas.

Seg√ļn grupos estadounidenses desde diferentes universidades o grupos independientes no afiliados al gobierno ni a corporaciones con fines de lucro, como el Center for Justice and Accountability, cientos de criminales del Caribe, de Am√©rica Central y de Am√©rica del Sur lavaron su pasado de genocidios, estafas y tr√°fico de drogas, y hoy son respetables hombres de negocios viviendo libres en Estados Unidos. No s√≥lo cambiaron uniformes militares y sus abanicos olig√°rquicos por traje y calzas, sino tambi√©n adaptaron sus viejos discursos de clase dirigente latinoamericana por eso de ‚Äúhuimos del comunismo buscando la libertad‚ÄĚ, y ahora este pa√≠s es nuestro. Quienes no est√©n de acuerdo, pueden irse a otro (es decir, el viejo complejo del hacendado due√Īo de tierras y vidas humanas). Nadie pregunta qui√©nes son de verdad esos amables viejitos. Ni sus propios hijos.

Mientras ellos presumen de la libertad (y la vida) que le quitaron a sus hermanos en pa√≠ses acosados, en Florida los profesores de secundarias han comenzado a rodear sus bibliotecas con la cintas amarillas que usa la polic√≠a para cerrar las √°reas donde se cometi√≥ un asesinato. La cultura ya no es un campo de batalla sino la escena del crimen. En algunos casos, antes de ser removidas, las bibliotecas son cubiertas con cartones para evitar que alg√ļn joven estudiante acceda a alg√ļn libro prohibido por la nueva inquisici√≥n estatal liderada por el gobernador y serio candidato a la presidencia de este pa√≠s en 2024.

Censurado: El club de los libros prohibidos en Estados Unidos - La TerceraUna larga lista de libros ha sido prohibida en varios estados. Peor a√ļn, se ejerce la autocensura apostando al miedo de aquellos que podr√≠an ser sancionados o podr√≠an perder sus trabajos si alguien descubriese que en su biblioteca de clase hubiese algo fuera del nuevo marco de la ley aprobada por una horda de representantes que es incapaz de mantener un debate m√≠nimo sobre la historia de su propio pa√≠s.

Como esto es un nuevo r√©cord del absurdo, algunos recurren al inocente argumento de que las nuevas leyes pretenden proteger a los j√≥venes de la pornograf√≠a. Si se refieren a la historia de la esclavitud, a las violaciones sistem√°ticas de los amos blancos a sus j√≥venes esclavas antes de linchar a alg√ļn hombre de su familia; si se refieren al racismo o al robo continuado de la clase trabajadora (esa que tiene miedo de llamarse ‚Äúclase trabajadora‚ÄĚ como los esclavos evitaban llamarse a s√≠ mismos esclavos), pues s√≠, es muy pornogr√°fico. Pero el argumento se desmorona s√≥lo con mirarlo. Por algo no se ha prohibido el uso de celulares, que es de donde los ni√Īos consumen pornograf√≠a comercial (negros sobre blancas) en las escuelas, sino que la prohibici√≥n ha reca√≠do en la ense√Īanza de cualquier cosa referida al racismo (la palabra imperialismo no ha llegado ni al horizonte de los Torquemada).

Es decir, se ha prohibido por ley cualquier aspecto central y constitutivo de la historia de este pa√≠s, ‚Äúpara no herir la sensibilidad de los j√≥venes blancos‚ÄĚ y ‚Äúproteger la libertad de sus padres‚ÄĚ a que se les ense√Īe el dogma de la casa (que, se asume, es la historia oficial y patri√≥tica del gobernador), no la historia real.

Las bibliotecas siempre fueron peligrosas y han sido siempre las primeras v√≠ctimas de los fan√°ticos iluminados, desde la antig√ľedad hasta la censura estalinista, la quema de libros en la Alemania nazi y la m√ļltiples y diversas dictaduras fascistas de √Āfrica y Am√©rica Latina, sat√©lites de los imperios privados y estatales del Norte. En esta etapa, el fascismo presume de ser el campe√≥n de la libertad. ¬ŅQu√© podemos esperar de los medios comerciales, principales instrumentos del poder censor que repite hasta la intoxicaci√≥n la palabra libertad?La escuelas de EE.UU. prohibieron m√°s de 1,600 libros durante el curso escolar 2021-22, seg√ļn un informe

La historia oficial est√° construida m√°s de olvidos que de memoria, y quienes usan estos mitos sociales, siempre m√°s poderosos que la realidad, apuestan por lo seguro en el mercado electoral. Por eso suelen ser exitosos y, en la cultura consumista, si uno es rico y exitoso es tambi√©n due√Īo de la verdad.

A ese absurdo totalitario, como en muchos otros pa√≠ses, llaman patriotismo. Este fanatismo no es muy diferente al que cre√≥ el mito del Destino manifiesto en el siglo XIX. Como es natural y necesario, ahora el mito cambi√≥ de vestimenta, de maquillaje y alg√ļn que otro adjetivo.

El crimen siempre paga. La censura por ley. El olvido por complicidad. La omisi√≥n por conveniencia. El insulto por mediocridad. La sumisi√≥n por cobard√≠a. Todas esas miserias humanas tarde o temprano tienen su recompensa. Recompensa contante y sonante, como las treinta monedas de plata de Judas. De otra forma, si el mundo fuese diferente, los cr√≠ticos del poder ser√≠an ‚Äúricos y exitosos‚ÄĚ y los mercenarios ser√≠an ‚Äúpobres y fracasados‚Äēdangerous bitter losers!‚ÄĚ

 

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