Juan Antonio Sanz - publico.es
Mientras la guerra se expande del Cáucaso al Índico, EU e Israel quieren abrir un frente con los rebeldes kurdos que sea la mecha de una revuelta generalizada en Irán
Azerbaiyán denunció este jueves el ataque de varios drones iraníes contra el aeropuerto del enclave de Najicheván, en una aparente escalada de la guerra de Irán hacia el Cáucaso. Irán niega la autoría del ataque, de igual forma que rechaza la acusación de que disparó un día antes un misil sobre territorio turco. No lejos de allí, Teherán afirma que grupos separatistas kurdos amenazan con avanzar en Irán desde el Kurdistán iraquí con el apoyo de Estados Unidos e Israel.
Y en el sur de Asia, el hundimiento de un buque de guerra iraní por un submarino estadounidense frente a las costas de Sri Lanka amplía hacia el este el tablero de un conflicto que desborda ya Oriente Medio. Una crisis mundial que, según apuntan todos los indicios, estaba planificada desde tiempo atrás y que se aceleró la semana pasada por la presión de Israel.
El desencadenante fue la llamada telefónica que hizo el 23 de febrero el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, al presidente estadounidense, Donald Trump, sobre la inminente reunión del líder supremo iraní, Alí Jamenei, con su círculo de poder, a una hora y en un lugar de Teherán determinados. Netanyahu aconsejó a Trump golpear rápido y sin piedad, para así descabezar al régimen iraní. Todo ello en medio de las negociaciones entre estadounidenses e iraníes, que esa misma semana se reunían en Ginebra.
Necesidad de adelantar la guerra
La fecha del ataque, en todo caso, supuso un cambio en los planes israelíes, que preveían la ofensiva para mediados de año. Las circunstancias citadas, con la exposición de Jamenei como un objetivo asequible, adelantaron las órdenes. Todo ello sin consultar al Congreso de Estados Unidos, donde en el Pentágono y en el Congreso había muchas voces que dudaban sobre la capacidad para arrancar una guerra muy incierta y que podría incendiar Oriente Medio, como ya está ocurriendo.
Las operaciones en marcha en el Kurdistán iraní por parte de la CIA para azuzar ese levantamiento kurdo-iraní y el comienzo de otra guerra fronteriza al este de Irán, entre Afganistán y Pakistán, también la semana pasada, aconsejaban igualmente acelerar la maquinaria bélica. La zona del Beluchistán iraní linda con 2 los territorios afgano y pakistaní, y en caso preciso puede convertirse en otra dirección de ataque terrestre sobre Irán.
Este miércoles, a fin de tranquilizar a quienes en el Congreso temen que EU se puede haber metido en una guerra sin suficientes medios para ello, el Gobierno de Trump salió al paso de tales aprensiones y dejó claro que esta operación a gran escala ya se estaba fraguando desde hace tiempo, con una duración de no más allá de dos meses. «Puedes decir cuatro semanas, pero podrían ser seis, ocho o tres», aseguró a la prensa el secretario de guerra estadounidense, Pete Hegseth.
EU: nadie dijo que esta guerra tiene que ser justa
Hegseth aseveró que EU está venciendo en esta guerra «de manera contundente, devastadora y sin piedad». Agregó que sus fuerzas aéreas van a pasar pronto a una estrategia de destrucción con el empleo de «bombas de gravedad de precisión guiadas por GPS y láser de 500, 1.000 y 2.000 libras, de las cuales tenemos unas reservas prácticamente ilimitadas». Sobre los efectos que pueda tener semejante ola aniquiladora, Hegseth fue contundente: «Esto nunca se concibió como una guerra justa». La matanza de Minab, el mismo 28 de febrero, donde las bombas israelíes asesinaron a entre 165 y 180 niñas, fue una palpable muestra de esa falta de piedad.
Según el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, Washington tiene «suficientes municiones de precisión para la tarea». Una semana antes, sin embargo, era el propio Caine quien alertaba sobre las mermas de armamento estadounidense al haber abastecido al ejército israelí, en sus campañas de Gaza y el Líbano, y al ucraniano, en su guerra contra Rusia. ¿Desinformación deliberada o huida hacia delante? Los próximos meses se sabrá.
La portavoz de Trump enumeró los objetivos de esta guerra, incluida la presunta intención que tenía Irán de fabricar armas nucleares, algo que nadie ha logrado demostrar. Según Leavitt, se trata, además, de destruir los arsenales iraníes y en concreto su capacidad de fabricación de misiles balísticos, una cuestión que preocupa especialmente a Israel, al alcance de estos proyectiles. Por otra parte, según desarrolló Leavitt, se quiere impedir que las milicias proiraníes que pululan por Oriente Medio sigan teniendo un peso militar en la región.
El Kurdistán como foco de rebelión
No citó entre tales objetivos la propagación de levantamientos, como el que se está preparando en la frontera oeste de Irán con Irak y que sí está incluido en el plan pergeñado por EU e Israel para demoler la república islámica hasta sus tres cimientos. Un plan en el que está implicado el propio Trump. Aunque la Casa Blanca no reconoce que se vaya a armar a las fuerzas kurdo-iraníes, el presidente estadounidense dio abiertamente este jueves su apoyo a una eventual ofensiva de esas milicias en Irán. «Creo que es maravilloso lo que quieren hacer, estaría completamente a favor», afirmó.
Horas antes, Teherán había anunciado el bombardeo con misiles de los cuarteles que dos grupos opositores kurdos iraníes tienen en el Kurdistán iraquí: las milicias Komala y el Partido Democrático Kurdo. Las palabras de Trump eran la bendición de esa operación de ayuda a los kurdos que ya el ataque iraní había confirmado.
Filtraciones de la Casa Blanca citadas por medios como Axios, Reuters y la CNN señalan que la CIA llevaba tiempo preparando esa insurrección desde territorio kurdo con vistas a una crisis como la actual. Los más de diez millones de kurdos iraníes están marginados y sufren un alto grado de represión cultural y lingüística por parte del régimen chií. Son, pues, un polvorín que puede ser incendiado contra Teherán.
Un alto mando kurdo iraní adelantó que en los próximos días podría tener lugar una amplia operación terrestre en el oeste de Irán y las milicias que la acometerían esperaban recibir apoyo de EU e Israel. Esto explicaría por qué los aviones y drones israelíes están acosando desde hace días a las fuerzas iraníes desplegadas junto a la frontera de Irak.
Según el canal estadounidense Axios, que citó fuentes de la Casa Blanca, Trump habló el domingo con dos líderes kurdos iraquíes, Masud Barzani, líder del Partido Democrático del Kurdistán, y Bafel Talabani, cabeza de la Unión Patriótica de Kurdistán, a fin de recabar su apoyo en caso de que se abriera ese frente bélico en el oeste iraní. Ningún paso que quieran dar los kurdos iraníes hacia Irán puede hacerse sin el concurso de los kurdos iraquíes, menos aún si pretenden utilizar el Kurdistán iraquí como cabeza de puente de una ofensiva.

EU tiene un consulado en Erbil, capital del Kurdistán iraquí. En esta ciudad y alrededores hay dos bases militares estadounidenses que participan en la contención del Estado Islámico en Irak y Siria. Erbil es, pues, el punto clave desde donde se puede extender la revuelta en Irán y donde los kurdos iraníes pueden recibir armas.
El plan pergeñado por la CIA y en el que ha intervenido también el Mossad israelí apunta a una distracción guerrillera de suficiente entidad desde el Kurdistán para que más levantamientos pudieran tener lugar en otras partes de Irán con un cierto éxito.
Según explicó a la CNN Alex Plitsas, analista de seguridad nacional y ex alto funcionario del Pentágono, EU «claramente está intentando iniciar» una subversión para derrocar al régimen iraní y es el apoyo a los kurdos el movimiento clave, dadas las afinidades y alianzas de este pueblo con Washington desde los tiempos en que las fuerzas estadounidenses derrocaron al dictador iraquí Sadam Husseín. La idea, según Plitsas, es animar, con el ejemplo kurdo, a que otros levantamientos tengan lugar en todo Irán.
Tampoco se fían los kurdos de los estadounidenses, a quienes recriminan por su mala costumbre de abandonar a aquellos a quienes comienzan a ayudar, como ocurrió en Afganistán, Siria o Libia. La desconfianza es muy aguda entre los kurdos sirios, pues el nuevo Gobierno del presidente y exyihadista Ahmed al Sharaa, aliado de Washington, tras la caída en diciembre de 2024 del dictador Bachar al Assad los expulsó del norte de Siria al llegar al poder.
Una insurrección kurda iraní podría animar a EU a impulsar un levantamiento similar en la otra punta del país, en Baluchistán, donde los baluchis tienen lazos muy estrechos con sus parientes de esta misma etnia en el vecino Pakistán. El Gobierno de Islamabad no vería con buenos ojos una insurrección baluchi en Irán por el altísimo riesgo de que se propagara a Pakistán. La actual guerra con Afganistán podría, además, animar a los talibanes a utilizar esta coyuntura a su favor.

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