La guerra de Donald Trump y Benjamín Netanyahu aumenta el riesgo económico para el mundo. Aunque el presidente de EU asegura que la guerra será breve, los economistas contemplan un panorama sombrío para las finanzas globales. Ese es el panorama cada vez más real y sombrío de la guerra en Irán liderada por Estados Unidos e Israel, que ahora entra en su segunda semana.
Quizá sea un conflicto creado por el presidente Donald Trump, pero se está convirtiendo en el nuevo dolor de cabeza económico del mundo, uno que ha hecho que líderes extranjeros se apresuren a buscar maneras de contener las posibles consecuencias, advierte el New York Times.
Muchos analistas descartan que se repita la crisis de 2022 con la invasión rusa de Ucrania, pero el Fondo Monetario Internacional (FMI) pide cautela y prepararse para «lo impensable». Existe un riesgo inflacionario relevante con efectos de arrastre sobre la electricidad, el transporte y la cesta de consumo.
«Mi consejo a los responsables políticos de todo el mundo en este nuevo entorno global: piensen en lo impensable y prepárense para ello». Las palabras de Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), pronunciadas en el marco de la nueva crisis que golpea a la economía mundial tras los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán, suenan a algo más que a una mera advertencia: rezuman incertidumbre, lo peor que le puede suceder a la economía global.
Todos los analistas coinciden en señalar que el escenario económico que se dibuja con el nuevo conflicto desatado en Oriente Medio es «complejo». Algunos incluso lo tildan de «grave». Gonzalo Escribano, investigador principal para Energía y Clima del Real Instituto Elcano español, sostiene que el conflicto ha provocado «un choque de oferta que nos va a costar mucha inflación».
Al centro del pánico está el alza del precio del petróleo que llegó a superar los 100 dólares por barril. Como la energía es crucial para el funcionamiento de la economía mundial, las turbulencias han suscitado temores de un conflicto prolongado que podría ocasionar profundos efectos financieros en todo el mundo, incluso en Estados Unidos, aunque Trump mire para otro lado. Antes había descrito el aumento de los precios de la gasolina como un “precio muy pequeño a pagar” por la seguridad nacional.
Trump, cuando se le preguntó si le preocupaba la subida del precio de la gasolina, dijo a los periodistas: “No. Se trata de una breve incursión en algo que debería haberse hecho desde hace 47 años. Ningún presidente tuvo las agallas de hacerlo”. Pero no descartó el despliegue de soldados en Irán, lo que sería una escalada dramática de los combates.
En respuesta, los líderes del mundo occidental convocaron una reunión de emergencia del G-7 el lunes, en la que los ministros de finanzas consideraron recurrir a sus reservas nacionales de petróleo para aumentar el suministro disponible, aunque decidieron no hacerlo después de que Trump afirmara que la guerra estaba llegando a su fin.
El modo exacto en que la guerra repercutirá en la economía mundial dependerá sobre todo de un factor: su duración. Esto se debe a que el conflicto ha obstruido la navegación en el golfo Pérsico, lo que ha paralizado buena parte parte del petróleo y el gas del mundo por el estrecho de Ormuz. Cuanto más dure el ritmo desacelerado, las consecuencias serán más graves.
«A ello se suma el encarecimiento de los fletes marítimos y los seguros comerciales, especialmente si se ven afectadas rutas estratégicas, lo que incrementa los costes de importación y presiona los precios finales», insiste el profesor de la Universidad Europea de Madrid.
De hecho, el primer impacto ya visible del conflicto es un fuerte repunte de los precios de la energía. Los ciudadanos europeos ya lo están notando en sus bolsillos, sobre todo en el precio de los combustibles. La gasolina y el diésel han subido un 12% en una semana: la gasolina se ha encarecido 15 céntimos de euro por litro y el gasoil, 28 céntimos.También sube la luz: los precios del kilovatio hora (kWh) de electricidad son hasta un 57,6% más elevados que la semana anterior.
La subida de los precios también se va a notar en los alimentos. Las organizaciones agrarias españolas alertaron este lunes de que el aumento de precios de los fertilizantes y del gasóleo, además de los movimientos especulativos que ya se están produciendo en los mercados, se van a trasladar al costo de los alimentos. Los medios de producción agrícola se han encarecido entre un 20% y un 40% y los agricultores están empezando a notar dificultades en el suministro de fertilizantes para el campo.
Los consejos de Georgieva suenan a algo más que a una mera advertencia: rezuman incertidumbre, lo peor que le puede suceder a la economía global. Los analistas coinciden en señalar que el escenario económico que se dibuja con el nuevo conflicto desatado en Oriente Medio es «complejo». Algunos incluso lo tildan de «grave» y señalan que el conflicto ha provocado «un choque de oferta que nos va a costar mucha inflación».
Se suma encarecimiento de los fletes marítimos y los seguros comerciales, especialmente si se ven afectadas rutas estratégicas, lo que incrementa los costes de importación y presiona los precios finales.De hecho, el primer impacto ya visible del conflicto es un fuerte repunte de los precios de la energía. Los ciudadanos europeos ya lo están notando en sus bolsillos, sobre todo en el precio de los combustibles. En España, por ejemplo, la gasolina y el diésel han subido un 12% en una semana: y también sube la luz: los precios del kilovatio hora (kWh) de electricidad son hasta un 57,6% más elevados que la semana anterior.
Las organizaciones agrarias alertaron este lunes de que el aumento de precios de los fertilizantes y del gasóleo, además de los movimientos especulativos que ya se están produciendo en los mercados, se van a trasladar al coste de los alimentos, ya lo suficientemente tensionados en los últimos años. Los medios de producción agrícola se han encarecido entre un 20% y un 40% y los agricultores están empezando a notar dificultades en el suministro de fertilizantes para el campo.
El precio del petróleo superó los 100 dólares por barril, alcanzado su precio más alto desde julio de 2022. El precio del gas también se disparó un 15,5% este lunes y ya acumula una subida del 92% en apenas nueve días de conflicto. Con los precios del petróleo y del gas disparados, las bolsas europeas y asiáticas —las de Estados Unidos han encajado el golpe con más firmeza— se resienten y caen con fuerza, incapaces de reaccionar ante «lo impensable», por usar palabras de Georgieva.
* Socióloga estadounidense, profesora universitaria, colaboradora del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la). Traducción de Maxime Doucrot
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