Dic 19 2021
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PolíticaSociedad

La migración, sin solución, un negocio para las bandas del crimen

 

País de tránsito y destino, México resiente la intensificación de la movilidad de los migrantes, en un entorno en el que 70 por ciento de ellos utilizan “polleros” ligados al crimen organizado para intentar llegar a Estados Unidos. El reclamo generalizado es que el combate al tráfico de personas no puede ser sino el primer paso de un plan integral de tratamiento de la migración que hoy aqueja a 15 millones de personas.

Esta confluencia de las necesidades de quienes huyen de la violencia, la miseria y la falta de oportunidades con el afán de lucro de grupos criminales de alcances trasnacionales remarca la urgencia de poner en marcha un abordaje integral de la problemática migratoria. La situación actual no sólo pone en riesgo la integridad y la vida de cientos de miles de personas, sino que fortalece a elementos delictivos que amenazan al conjunto de las sociedades.

Sin dudas, la región norte de América y en especial la frontera entre México y Estados Unidos es la de mayor incremento de movilidad irregular de personas, o sea el mayor corredor de migrantes, que pasó de siete a 15 millones de personas en los últimos tres lustros, según la Organización Internacional de Migraciones, que subraya que el cruce México-Estados Unidos es el corredor más grande del mundo.

En la región, y sobre todo en el triángulo norte centroamericano (Honduras, El Salvador, Guatemala) y en Haití  hay una confluencia de factores que han detonado este fenómeno, como el incremento de la pobreza y el desempleo, recrudecimiento de la violencia favorecida por las bandas delincuenciales; inestabilidad política en la región (sobre todo en Haití), y mayores restricciones en otros países como Chile y Brasil para aceptar migrantes.

Según el Programa de Alimentos de la ONU, en Centroamérica el impacto económico de la pandemia provocó que las personas en riesgo de hambruna pasaran de dos a ocho millones.

La violencia de las pandillas que se registra en El Salvador y Honduras, en especial las bandas conocidas como “maras”, que agrupan a más de 50 mil integrantes, representa otro elemento que acelera la expulsión de personas, ya que asola a las comunidades, catalizando la salida por extorsión o evitar el reclutamiento forzado. Sólo este año, el se han registrado 651 muertes de migrantes que  trataban de cruzar la frontera entre México y Estados Unidos, la cifra más alta en seis años.

En respuesta al accidente que cobró la vida de 55 migrantes y dejó más de un centenar de heridos, México, Guatemala, Estados Unidos, República Dominicana, Ecuador y Honduras afirmaron que no permitirán la impunidad de los traficantes de personas involucrados, y anunciaron la creación de un grupo internacional de acción inmediata cuyo objetivo será investigar, identificar, aprehender y presentar ante la justicia a sus integrantes y mandos.

Nuevas formas, más explotación

FotoDe acuerdo con Crisis Group, lo que ha visibilizado más la migración en esta región es un cambio en las formas, porque desde hace tres años se ha desatado la modalidad de la migración en caravana con la idea que tienen de que con esta modalidad son más complicadas la detención y deportación.

México, sin dejar de ser uno de los principales países expulsores de migrantes, ha experimentado una marcada transformación al convertirse, de manera primordial y cada día más acusada, en territorio de tránsito e incluso de destino. Entre 2015 y 2020 migraron 802 mil 807 mexicanos, una cifra importante pero que representa una disminución de 309 mil emigrantes con respecto al periodo 2005-2010, y menos de la mitad de quienes salieron entre 1995 y 2000.

En contraste, se han disparado los ingresos de personas que buscan atravesar el territorio mexicano para llegar a Estados Unidos o que desean instalarse en nuestro país: si en 2019 se registraron 70 mil 422 solicitudes de asilo, sólo de enero a octubre de este año la cifra se elevó hasta 108 mil 195 peticiones, y el flujo no da señal alguna de cesar.

Las repercusiones económicas de la migración son multimillonarias. Según el Banco Mundial, la transferencia de remesas en el mundo pasó de 128 mil millones de dólares en 2000 a 702 mil millones de dólares al cierre de 2020. En paralelo, una vertiente forzada de la migración, el tráfico de personas, arroja ganancias anuales de 150 mil millones de dólares, según la Organización Internacional del Trabajo.

El 64 por ciento de los migrantes que ingresan por la frontera sur mexicana y utilizan polleros  -persona que lleva a los migrantes o «pollos» avanzando en fila detrás de él, al internarse clandestinamente por los senderos que los conducirán a Estados Unidos- optan  para cruzar la ruta del Golfo (Veracruz-Tamaulipas), aun a pesar de que son de las regiones con mayores reportes de violencia en el país. El costo promedio actual por cruzar una persona, es de cinco mil 400 dólares.

El Centro de Estudios Migratorios (CEM), de la Secretaría de Gobernación mexicana  identificó seis modalidades de pago dependiendo del lugar donde la persona migrante acordó realizarlo. Esto incluye pagos fraccionados en al menos dos lugares a lo largo del trayecto. También se identificó la realización de pagos completos, ya sea en su país de origen, en México o en Estados Unidos.

La Unidad de Inteligencia Financiera del CEM da seguimiento a depósitos homogéneos (tres mil 500 dólares) en cuentas como parte de la estrategia para investigar la operación de las bandas del crimen organizado. Las redes de tráfico se han modernizado y sofisticado, pues se ha dado un mayor traslape con las redes de narcotráfico y de trata de personas. Esto ha llevado a la desaparición del pollero amigo, que ahora es más bien percibido como una figura riesgosa, potencialmente violenta y que expone a las personas migrantes a otros delitos, señala el CEM.

Hoy una conjunción de factores detonaron un repunte de la migración: el impasse que se registró por la pandemia, el impacto social que tuvo en el triángulo norte de Centroamérica y una modificación en el discurso migratorio del gobierno de Joe Biden en EU, quizá menos agresivo que el de Donald Trump, pero lo cierto es que la legislación se mantiene muy restrictiva, sin eliminar el título 42, que permite deportar a la gente automáticamente.

Para las autoridades se hace necesario detectar, neutralizar y sancionar a las organizaciones criminales que lucran con las necesidades de los migrantes y que no experimentan ningún escrúpulo en hacinar a casi dos centenares de seres humanos en un contenedor de carga, con todos los riesgos que ello implica y que derivan en tragedias como la que conmocionó a la región esta semana.

Pero no se trata solo de condenar la acción de las redes internacionales de tráfico de personas y reducir la problemática a ese fenómeno delictivo, pues detrás de dichas redes hay centenares de miles de personas que buscan desesperadamente llegar a Estados Unidos, y que no dejarán de recurrir a los polleros mientras no se les abra una vía legal para ingresar a esa nación, o se transformen las condiciones que las orillan a huir de sus lugares de origen.

Resulta evidente que el combate al tráfico de personas no puede ser sino el primer paso de un plan integral de tratamiento de la migración, donde es imprescindible una definición seria por parte del gobierno de Joe Biden para atacar las causas del fenómeno migratorio (en especial sus medidas económicas y políticas en la región, imponiendo un modelo multiplicador del hambre y la miseria), más allá del paradigma de la contención, para evitar la repetición de tragedias.

* Antropólogo y economista mexicano, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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