Nov 15 2022
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Cultura

La saramagia en M茅xico

En la Ciudad de M茅xico se gest贸 lo que hoy se conoce como saramagia, es decir, el poder que tuvo Jos茅 Saramago para inspirar y sembrar ideas humanistas en quienes tuvieron oportunidad de escucharlo defender sus convicciones. En este pa铆s, el escritor lusitano vivi贸 intensos momentos de comuni贸n con sus lectores, al grado que sol铆a contar a sus allegados que las claves de su vida, para describirlas a detalle en una biograf铆a, tendr铆an que ser cuando recibi贸 el premio Nobel de Literatura en 1998, y las muestras de fervor que su p煤blico mexicano le obsequi贸 siempre.

Con el galard贸n de la Academia Sueca bajo el brazo, Saramago visit贸 la capital del pa铆s a finales de 1999 para encontrarse con sus seguidores, quienes mor铆an de ganas por felicitarlo y confirmarle la admiraci贸n que se gest贸 desde la publicaci贸n de El Evangelio seg煤n Jesucristo en 1991, hito editorial que se sum贸 a las simpat铆as rebeldes que el autor cosech贸 cuando se solidariz贸 con el movimiento zapatista de Chiapas.La Jornada: La ausencia de Saramago causa dolor y luto en el 谩mbito cultural del pa铆s

El periplo arranc贸 un soleado mi茅rcoles primero de diciembre, en Tlalpan, ante la comunidad estudiantil y acad茅mica del Instituto Tecnol贸gico y de Estudios Superiores de Monterrey, que invit贸 al autor como parte de las actividades de la c谩tedra Alfonso Reyes. En un auditorio lleno de j贸venes, un par de preguntas bastaron para desencadenar en el narrador un manantial de par谩bolas que desarmaron la solemnidad y rimbombancia con que se pretendi贸 guiar aquel encuentro. La sencillez y profundidad de las respuestas de Saramago contrastaron con la petulancia de las primeras preguntas, y el resultado final fue que los presentes se convirtieron, sin apenas notarlo, en ni帽os sentados en las rodillas del abuelo sabio, aprendiendo que las cosas esenciales de la vida est谩n alejadas del oropel.

Reconoci贸 ante los chavos del Tec que no hab铆a nacido para ser escritor, mucho menos para que le otorgaran un Nobel, aunque es un reconocimiento que ya tengo; pero 驴qui茅n nace para ser esto o aquello? Lo cierto es que hay millones que nacen para la nada; de alguna forma, nac铆 para la nada, en un pueblo de gente analfabeta. Si mis padres no hubieran decidido irse a Lisboa para intentar vivir un poco mejor, quiz谩 seguir铆a en mi pueblo, Azinhaga.

Con naturalidad, Saramago habl贸 del dolor un poquito tonto que le causaba pensar que no cumpli贸 el sue帽o de su vida: ir a la universidad, pero enseguida revir贸: las cosas son como son y no vale la pena llorar sobre la leche derramada.

La Jornada: En dos ocasiones, el autor de Ca铆n trajo su saramagia al pa铆sCont贸 que realiz贸 su formaci贸n en bibliotecas p煤blicas y, sobre todo, nutri茅ndose de las experiencias de sus abuelos, 鈥減ero no quiero hacer ninguna demagogia. Ser铆a f谩cil decirles: 鈥榤iren, yo que tuve un origen tan humilde aqu铆 estoy con la gloria, la fama y el triunfo鈥. No. Lo importante es que de una manera sensible podamos comunicarnos unos con otros por medio de la palabra, una palabra directa, franca, honrada, clara, que no se disfraza.

Nadie, pero nadie, tiene el derecho de ser ir贸nico con otra persona porque eso es considerarse superior a otro. La iron铆a es necesaria y hasta vital cuando va dirigida a las instituciones, al poder, a la prepotencia. Pero en una vinculaci贸n personal ser铆a como una relaci贸n entre colonizador y colonizado.

Al terminar la conversaci贸n con la comunidad del Tec, Saramago firm贸 durante casi una hora cientos de libros de su autor铆a. Ofreci贸 su sonrisa, su paciencia, un apret贸n de manos y, para los menos t铆midos que se lo solicitaron, abrazos y besos que provocaron l谩grimas en el lector y emoci贸n en el escritor. Gracias por estar en M茅xico, lo queremos, le dijo con mucho respeto una mujer mayor mientras le acariciaba el brazo; mira cu谩nto costaba tu libro antes del Nobel, con m谩s confianza le expres贸 un muchacho, que La Jornada: En dos ocasiones, el autor de Ca铆n trajo su saramagia al pa铆sabri贸 mucho los ojos para no olvidar el rostro de aquel abuelo narrador de historias y luego se alej贸 abrazando la novela, sonriendo, paladeando aquellos minutos, para alg煤n d铆a contar la an茅cdota al nieto sentado en sus rodillas.

La gira continu贸 con una visita a las instalaciones del diario La Jornada. Mientras llegaba al peri贸dico, en el auto Saramago escuch贸 atento las noticias vespertinas que transmit铆a la radio del veh铆culo. La nota del d铆a era el hallazgo de una narcofosa en Chihuahua, con el apoyo de la FBI. Ante esto el maestro afirm贸: 鈥溌u茅 absurdo cuando mencionan las narcofosas, los narcolaboratorios, los narconegocios! No me gusta que para simplificar a todo le ponen el prefijo narco鈥.

*Fragmento del libro Saramagia: Testimonios y recuerdos sobre Jos茅 Saramago en su paso por M茅xico, coordinado por Alma Delia Miranda. Editorial Grano de Sal

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