La serenidad cubana ante la prepotencia trumpiana

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El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, dijo que su gobierno está dispuesto a un diálogo con Estados Unidos sobre cualquiera de los temas que se quiera debatir o dialogar, con la única condición de que las pláticas se lleven a cabo “sin presiones, en una posición de iguales, de respeto a nuestra soberanía, a nuestra independencia, a nuestra autodeterminación”.
Palabras casi idénticas fueron usadas por su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, quien se declaró listo para hablar con Donald Trump bajo el entendido de que “no hay ningún tema prohibido que no se pueda debatir; lo único que no discuto es la soberanía de mi país, esa es sagrada”.Lula se encontra com presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel | CNN Brasil

 

Díaz-Canel Bermúdez, al explicar las proyecciones de gobierno, las maneras en que se está trabajando para salir de la situación en el menor tiempo posible y, sobre todo, la disposición, la voluntad y el empeño con el que se está trabajando, aseguró que su gobierno conoce las preocupaciones de la población, y también “las intensas campañas mediáticas de calumnia, odio y guerra psicológica que se tratan de imponer”.

“Hemos tenido que hacer un grupo de valoraciones en el Buró Político, el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, en el Consejo de Defensa Nacional y ahora acabamos de tener un encuentro en el Consejo de Ministros para actualizar el plan a ejecutar a partir de las directivas de gobierno para enfrentar un desabastecimiento agudo de combustible”, explicó el mandatario.

Ante la interrogante sobre la “retórica de colapso” que ha comenzado a fortalecerse desde el gobierno de Estados Unidos, Díaz-Canel explicó que está muy relacionada con la teoría del “estado fallido” y un grupo de construcciones con las que el gobierno de Washington ha tratado de caracterizar la situación cubana. Señaló que esta teoría del colapso está asociada a ese empeño del gobierno de los EU para derrocar a la Revolución cubana. “Hay dos direcciones fundamentales, la asfixia económica que data desde los años 60 con el Memorando Lester Mallory y la agresión militar”.

Miembros de la Brigada capturados en Playa Girón.
Fracaso de la invasión en 1961 por Playa Girón (Bahía Cochinos)

Díaz-Canel, señaló que la asfixia económica está sintetizada en una de las declaraciones del presidente de los Estados Unidos cuando dijo que habían aplicado contra Cuba todas las presiones posibles. “Reconoció entonces que no hay Estado fallido, sino uno que ha tenido que enfrentar con mucha resistencia las máximas presiones de la principal potencia del mundo; una potencia que además tiene basamento imperial y un propósito hegemónico de dominación”.

La segunda dirección es la agresión militar, cuando Trump aseguró en su discurso que no quedaba otra opción que no fuera “ocupar el lugar y arrasar”.

“Tenemos presente esa teoría de asfixia económica en los 67 años de Revolución, con el surgimiento del bloqueo. Todas las generaciones de cubanos desde los primeros años de la Revolución hasta las más actuales vivimos bloqueados y nacimos bajo los signos de esa aflicción económica. Siempre hemos tenido carencias y dificultades complejas. Hemos tenido que funcionar en medio de vicisitudes, de imposiciones y de presiones que no se le imponen a nadie en el mundo, y mucho menos de una manera tan prolongada”, explicó.

Maleconazos: pueblo alerta

Díaz-Canel dijo que el colapso está en la filosofía imperial, pero no en la mentalidad de los cubanos: “El colapso no se puede asociar solo a las presiones y a las intenciones de un gobierno imperial. En nuestra visión está el concepto de la resistencia, de la resistencia creativa que tiene que ver con la defensa de las ideas en las que creemos, de las convicciones, de la victoria. No soy idealista. Sé que vamos a vivir tiempos difíciles, lo hemos hecho antes, pero los vamos a superar entre todos, con resistencia creativa, con el esfuerzo y con el talento de la mayoría de cubanas y cubanos”.

Estos posicionamientos se produjeron sólo dos días después de que el mandatario de Colombia, Gustavo Petro, sostuviera un encuentro con Trump en la Casa Blanca, al término del cual el republicano declaró que se entendieron muy bien y tuvieron una reunión cordial.

Presidente Gustavo Petro y Delcy Rodríguez vicepresidenta de Venezuela
Gustavo Petro y Delcy Rodríguez

El simple hecho de que se llevara a cabo la conversación, aunado al marcado cambio de tono del magnate –quien sin prueba alguna había acusado a Petro de ser narcotraficante–, dieron al colombiano una sonada victoria política interna al desarmar a todo el espectro de la derecha local: como algunos de sus pares mexicanos, los reaccionarios de Colombia apelan a una intervención estadunidense y miden el éxito basados en la cercanía con Washington.

 

En este marco, cabe recordar que incluso la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha optado por pasar por alto las graves agresiones de Trump –empezando por el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa– a fin de distender las relaciones con la superpotencia y aliviar, en la medida de lo posible, la asfixia económica criminal que padece su país a manos de Washington. Recibió en el Palacio de Miraflores a la encargada de negocios de EU en Caracas y designó a un representante diplomático para resolver las diferencias bilaterales mediante el diálogo, sin que ello signifique ignorar la amenaza que pende sobre la nación caribeña.

Los países latinoamericanos debieron encarar el regreso al poder de un trumpismo mucho más violento, mas imperialista, y sujeto a muchos menores controles políticos e institucionales junto a la inevitabilidad de coexistir y sobrevivir, esforzándose por mantener abiertos los canales de comunicación, el diálogo, con un gobierno prepotente que no es amigo ni aliado, y tiene la prepotencia se ser la mayor potencia económica y militar del mundo. Un diálogo que se hace posible si no se claudica de lo irrenunciable:  la soberanía y la autodeterminación.

 

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