La trinidad de lo inadmisible: Irresponsabilidad, incompetencia e incapacidad del sistema dominante

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Lo inadmisible

Los grupos sociales dominantes siguen depredando y destruyendo la vida de la Tierra y excluyendo los derechos a la vida de todos los habitantes de la Tierra en nombre de sus intereses y su dominación. Afirman que su dominación y sus efectos devastadores e inaceptables están justificados por sus capacidades científicas y tecnológicas (conocimientos, habilidades, etc.) adquiridas desde el siglo pasado. Éstas habrían liberado a los humanos de las limitaciones temporales y espaciales que, según ellos, bloqueaban la creatividad y la acción humanas. En realidad, la única lógica que les guía es su propia vida y supervivencia, su poder y su enriquecimiento.

Lo inadmisible es el resultado de una triple «acción» por parte de los dominantes:PatriaProductiva: Entrevista al politólogo español Juan Carlos Monedero Los medios de comunicación dominantes son armas de desinformación masiva

– Irresponsabilidad

– Incompetencia

– Incapacidad

Irresponsabilidad

Ya en los años 70, los dominantes lo sabían. Los recursos del planeta iban a agotarse si el crecimiento económico continuaba al ritmo y de la forma imperantes.  Entonces se les advirtió que la devastación causada por el impacto negativo del crecimiento económico en el clima y el medio ambiente mundial y la biodiversidad se convertiría en el principal problema para la vida en la Tierra.

No se hizo nada. Negaron y rechazaron la evidencia, el conocimiento. Hoy, la Tierra arde por todas partes, los casquetes polares y los glaciares de las montañas desaparecen, el nivel del mar ha aumenatodo más de un metro, el agua apta para el uso humano es cada vez más escasa. La biodiversidad se está reduciendo a gran velocidad. ¡Pero, los dominantes no están deteniendo la destrucción de la vida del planeta porque el PIL global sigue creciendo!

El 23 de julio 2021, el G20 no logró ponerse de acuerdo sobre el principio de limitar el aumento de la temperatura media de la atmósfera terrestre a 1,5 grados para 2050. Son irresponsables.

La misma conclusión se aplica al tema de las guerras. Los dominantes saben que las guerras no solucionan ningún conflicto, sino que aumentan los motivos de los conflictos en todo el mundo (casos recientes de manual: Afganistán, Irak, Siria, Sudán, Líbano, Yemen, Ucrania…). Saben que gastar 2 millones de millones de dólares en armamento en uno año es criminal porque aumenta la inseguridad del mundo… Los poderosos de EU saben que sus mil bases militares en el extranjero no son un factor de paz, sino un instrumento de dominación a su servicio. Lo mismo ocurre con la OTAN. A los grupos económicos mundiales dominantes no les importa esto porque el negocio militar es la tercera fuente principal de creación de «riqueza» para los ricos, después de la informática y la industria farmacéutica.

Los dominantes sólo se consideran responsables de sus propios intereses, poder y supervivencia. En la India fueron capaces de construir el primer portaaviones de propulsión nuclear en 2017 con un coste de más de 1.700 millones de dólares y un mantenimiento anual de 1.000 millones de dólares, ¡pero no estuvieron dispuestos a gastar unos cientos de miles de dólares para evitar la muerte de cientos de miles de personas en 2020-21 por Covid-19 por falta de oxígeno!

La realidad es que los  dominantes occidentales se ufanan del monopolio tecno-económico y el liderazgo político-científico de la respuesta «global» basada en el compromiso de que «nadie se quedará atrás». Sin embargo, menos de dos años después del inicio del contagio, más del 60% de la población de los llamados países «desarrollados» (ricos) del mundo se ha vacunado mientras que sólo entre el 1 y el 3% de la población de los llamados países de bajos ingresos se ha vacunado. Para miles de millones de personas en todo el mundo, la vacunación no alcanzará el nivel mínimo de inmunidad de rebaño hasta 2024, mientras que los beneficios reconocidos de las grandes empresas multinacionales estadounidenses y occidentales ya han superado los 50.000 millones.

Es sabido que mientras las empresas privadas occidentales posean las patentes (propiedad privada exclusiva con fines de lucro) de las vacunas, no habrá justicia sanitaria mundial ni seguridad sanitaria mundial para todos. Las desigualdades en el derecho a la salud entre ricos y pobres  se harán más dramáticas. Y la dependencia de miles de millones de personas de la ciencia y la tecnología de los dominantes y su «ayuda» no hará más que aumentar el ridículo de la situación.

Por último, desde principios de los años setenta, las potencias dominantes declararon, a través de su principal institución financiera –el Banco Mundial- que su objetivo social prioritario era reducir a cero, de aquí al año 2000, el número de personas que viven con menos de un dólar al día (el llamado umbral de pobreza extrema). En ese momento, la cifra rondaba los mil millones de personas. Hoy el umbral es de 1,90 dólares. El propio Banco Mundial reconoce que será difícil reducir a cero los casi mil millones de personas que aún viven en la pobreza extrema para 2030. Esta cifra también es «relativamente baja» porque tiene en cuenta los datos oficiales de China (que afirma que ya no hay mas pobres en el país) y de India (que informa de una reducción de varios cientos de millones de pobres extremos).

Más allá de las cifras, es irresponsable darse por satisfechos con la reducción de la pobreza extrema cuando el mayor hecho de los últimos 20 años es el aumento de la pobreza relativa y la desigualdad de ingresos: un puñado de multimillonarios (8 para ser precisos) tienen la misma riqueza monetaria que la mitad de la población más pobre del mundo (es decir, 3.600 millones de personas); el 1% de la población mundial posee y controla el 90% de la riqueza mundial.

Está claro: el sistema dominante se considera irresponsable de la vida y de la seguridad vital de todos los habitantes de la Tierra. Por tanto, actúa de forma ilegal, despreciando la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (aunque no sean muy vinculantes).

Incompetencia

Una de las razones estructurales de la irresponsabilidad de las clases dominantes es su visión de la vida y del mundo, esencialmente mercantil, productiva, tecnocientífica, supeditada a la eficiencia, conquistadora, elitista y violenta… Esto les ha llevado a concepciones y prácticas instrumentales del conocimiento pertenecientes al mundo de la tekne y del hacer útil.

INCOMPETENCIA? – CámbiateLos dominantes han atribuido al conocimiento finalidades y valores ligados, por un lado, a la utilidad en relación con las necesidades existenciales materiales y económicas de los grupos sociales solventes y, por otro, al poder en relación con los principios de supervivencia y libertad política y social en un mundo visto como un inmenso campo abierto de tensiones y conflictos.

En este mundo, el mal tiene prioridad sobre el bien. De ahí un conocimiento que se orienta hacia el exterior según la lógica de las relaciones de competencia (piénsese en la gran influencia que ejerce la meritocracia y, por tanto, la desigualdad entre los seres humanos, los grupos sociales y los pueblos) y de la rivalidad (piénsese en la ideología omnipresente de la competitividad que las potencias dominantes han convertido en su evangelio desde los años 70).

Véase nuestro Grupo de Lisboa, Límites a la competitividaddotorial Sudamericana, Buenos Aires, 1996.

Los dominantes tienen como objetivo la producción, el uso y la difusión de conocimientos y habilidades útiles y generadores de poder para sus actividades privadas, su posición y control de los mercados, el crecimiento de su ROI (Return On Investment). No pretenden ser competentes para salvaguardar y promover el derecho a la salud para todos. La obstinada (hipócrita e intolerable) negativa de las empresas estadounidenses y europeas a suprimir las patentes sobre la vida expresa, de forma coherente con su concepción de la vida, el valor que le dan al conocimiento. Las competencias que necesitan no son las deseadas por más de 100 Estados, miles de científicos, premios Nobel, organizaciones de gran influencia ética como la Iglesia católica del Papa Francisco, miles de asociaciones y movimientos de la sociedad civil de todo el mundo…

Con el apoyo cómplice de los poderes políticos de sus países, las empresas titulares de las patentes quieren, ante todo, defenderse de las empresas competidoras en los mercados. En segundo lugar, mantener su poder en términos de capitalización bursátil gracias a los generosos dividendos que les garantiza su monopolio económico del conocimiento. Para ellos, el conocimiento no puede ser abierto, compartido, difundido. Perderían sus beneficios y su poder.

Los dominantes se oponen a la creación de un patrimonio público mundial de conocimientos. No tienen ningún interés en desarrollar las habilidades para contribuir a la construcción de sistemas sociales pacíficos, no violentos, justos, que promuevan los derechos y valores universales como el respeto a los demás, la amistad, la gratuidad, el compartir… Envían a los jóvenes a las escuelas de gestión y administración, a las escuelas de negocios, donde aprenden las habilidades para conquistar mercados, eliminar a los competidores, maximizar el retorno de la inversión a corto plazo, hacer que otros cubran las externalidades negativas de sus actividades, aumentar el poder de las armas.

En los últimos años, se han centrado en invertir en inteligencia artificial, especialmente en el campo de la visión robótica, porque su objetivo es lograr rápidamente la producción de soldados robot. Como toda la I+D militar, se trata de un caso paradigmático de inversión del valor del conocimiento.

En principio, el conocimiento es el espíritu de la vida, el bien común universal. Las religiones han equiparado a Dios con el conocimiento y al conocimiento con la sabiduría, la «verdad», en permanente evolución. El conocimiento es la riqueza espiritual, inmaterial en todos los ámbitos de la creatividad individual y colectiva. Une la vida en la variedad, la pluralidad y la diferenciación. Es acumulativo.

Sin embargo, cuanto más se apropia la industria de la vida y de la IA del conocimiento para beneficio privado, más se confunde el conocimiento con la «ciencia», especialmente la ciencia «exacta», y la tecnología, y se reduce a ella. La ciencia útil y poderosa -la tecnociencia- se ha apoderado así de la sociedad y la política, hasta someterlas a sus lógicas de división, lucha, exclusión y depredación.

Desde el año 2000, la política científica y de I+D de Estados Unidos ha estado estrictamente dictada por el imperativo de restablecer el liderazgo tecnológico mundial de Estados Unidos con la coartada de la «seguridad nacional». Por parte de la UE, la prioridad que une a los 27 países de la UE se da a los programas de investigación que son útiles para aumentar la eficiencia y eficacia del sistema energético, informático y económico de Europa y su competitividad global.

Según la visión dominante, la política de educación e innovación se centra estrictamente en el objetivo de formar «recursos» humanos y tecnológicos que adquieran los conocimientos y habilidades que las empresas «locales» necesitan para ganar las guerras competitivas en los mercados mundiales. Es raro leer que los objetivos prioritarios de la educación y la innovación son fomentar la capacidad de nuestras sociedades para concretar los derechos universales hic et nunc, la responsabilidad colectiva para el bienestar colectivo, la seguridad de la humanidad, la fraternidad.

Nuestros dirigentes están bastante contentos con su incompetencia en materia de justicia, igualdad, paz, otro tipo de desarrollo, otro tipo de agricultura, otro tipo de sanidad (pensemos también en los PFAS…), otro tipo de educación… Por el contrario, sólo patrocinan, promueven y financian competencias destinadas a favorecer lo que los partidos dominantes llaman «transiciones» (energéticas, medioambientales, económicas, etc.), es decir, una forma astuta y elegante de seguir desarrollando y potenciando las mismas competencias que han originado las crisis y desastres en curso.

Incapacidad  

La incapacidad de los dominantes para resolver los problemas que han creado es evidente. Pero no pueden admitirlo. Así que lo ocultan refiriéndose a la naturaleza humana y egoísta como fuente principal de las dificultades -¡oh ironía!- individuales, la naturaleza humana egoísta, el aumento de la población mundial y la gravedad y excepcionalidad del «cambio climático». Argumentos que, por separado y en conjunto, no se sostienen. Este último, por ejemplo, pretende olvidarse de considerar que el cambio climático no es un fenómeno endógeno «natural», sino el resultado evidente de la acción humana, como demuestra el último informe del IPCC sobre el clima y la energía del 6 de agosto.33 organizaciones denuncian la incapacidad de los gobiernos contra las injusticias

Las clases dirigentes son incapaces, porque no tienen las competencias necesarias, y son irresponsables (en el sentido definido anteriormente), porque no se han dotado de los principios, las reglas, las instituciones y los medios para poder hacerlo, ni científica ni tecnológicamente, ni económica y financieramente, ni políticamente. Y no lo harán en los próximos años. El bloqueo es total, estructural.

Si podemos hablar de traición de la clase política, es precisamente en este sentido: la ausencia de voluntad política para invertir las tendencias debido a la abdicación de la política de desempeñar su papel fundamental de defender y promover el interés general y el bien común global.

Su sumisión a los poderes económicos y militares privados  fue deliberada y elegida, lo que hace que su incapacidad sea aún más inaceptable y condenable.  En 1990, el Tribunal Supremo de Estados Unidos legalizó, por primera vez en la historia, la patentabilidad de organismos vivos por parte de sujetos privados y con ánimo de lucro. La Unión Europea siguió en 1998 con una directiva en la misma línea, argumentando no con motivos científicos y humanos/sociales, sino con motivos comerciales y económicos.

Según el informe presentado por las cinco academias científicas europeas, la no patentabilidad por parte de la UE habría llevado en pocas décadas a la desaparición de la independencia/autonomía de las industrias alimentarias, químicas y farmacéuticas europeas en beneficio de las industrias estadounidenses.

Industria Alimentaria qué es, Agroindustria de los AlimentosDe hecho, la verdadera pérdida de independencia y autonomía de Europa, pero también de Estados Unidos (y de los Estados de todo el mundo), ha sido la de los poderes públicos y, por tanto, la de los ciudadanos y pueblos, que han quedado subyugados a las grandes corporaciones privadas globales. En este contexto, la mercantilización y privatización del conocimiento, promovida por los poderes públicos, ha destruido la capacidad de la política/del Estado para actuar de acuerdo con sus prerrogativas, misiones y obligaciones.

¿Qué se puede hacer? Para otra agenda global: repensar el conocimiento, el espíritu de la vida, el bien común universal.

En primer lugar, corresponde a los ciudadanos organizados responder a la pregunta. Los grupos sociales y los pueblos excluidos, empobrecidos y dominados deben intentar responder. Es hora de que el «Sur del mundo»  emprenda el camino de la resistencia, la revuelta y la audacia en común. Del mismo modo, es el momento en que las asociaciones y los movimientos «progresistas» y alternativos del «Norte mundial» trabajen por la recuperación y la reinvención de la autonomía cultural, es decir, la capacidad de los ciudadanos, de los pueblos y de la Humanidad de elaborar las narraciones del mundo y de la vida libres de la satelización de los relatos de los dominantes.

Ya he abordado este problema en mis libros Por una nueva narrativa del mundo (2007) y En nombre de la humanidad (2015).

El conocimiento es el campo donde este proceso de liberación puede y debe, en mi opinión, manifestarse y desarrollarse principalmente.

Un primer paso sería continuar la lucha por la abolición de las patentes sobre la vida y la IA sobre una base más global y con una determinación más fuerte y sólida. La conferencia ministerial del G2O sobre salud es una oportunidad. No se trata de pedir a los Estados miembros del G2O que supriman las patentes, sino de invitar a la sociedad civil mundial (Viernes de Huelga por el Futuro, Amnistía Internacional, Oxfam, Vía Campesina…), a los movimientos alternativos de la nebulosa del Foro Social Mundial y a los países del «Sur global» a luchar por romper el monopolio privado del conocimiento mediante la supresión de las patentes.

Se trata de sacar el debate sobre las patentes del estrecho e inadecuado ámbito del comercio internacional (OMC). Las patentes conciernen a la propiedad intelectual, a todos los ámbitos de la vida y al gobierno del futuro de la vida.

Hay que llevar la revuelta, directamente y sin desvíos, al corazón del poder y a los fundamentos del sistema dominante, la propiedad privada del conocimiento a escala mundial.

El trabajo de construcción de Otra agenda pasa por rechazar las patentes en nombre de una ética liberada de intereses, de una cultura impulsada por la fuerza de los valores universales (libertad, justicia, igualdad, fraternidad) y no por el valor del poder y la dominación.

No se trata de quedarse en la perspectiva de una crítica  de una parte del mundo del conocimiento -la ciencia y la tecnología representan, y a menudo mal, sólo una parte del conocimiento-  a partir de sus usos y sus efectos. Tampoco se trata de idear cómo obligar a las empresas privadas y a las autoridades públicas a practicar una mayor y más transparente «responsabilidad social» y «responsabilidad medioambiental». La historia de los últimos 30 años demuestra que, por desgracia, es una causa sin resultados positivos.

Debemos partir de la comprensión de la crisis del conocimiento que sustenta nuestras economías y sociedades dominantes, especialmente su agenda política, económica y social. Debemos trabajar para repensar lo que es y debe ser el conocimiento en la era de la mundialización de la condición humana y del Antropoceno. Una contribución es de Debbie Kasper, Beyond the Knowledge Crisis, Springer Nature, 2021.

El conocimiento no puede seguir siendo principalmente un conjunto de nociones teóricas y técnicas centradas en los medios y su dominio, como la capitalización bursátil de los laboratorios universitarios.  Es necesario trabajar en la construcción de imaginarios y deseos a nivel del sentido de la vida, las sociedades, el poder, la justicia y la convivencia.

A las nuevas generaciones les espera una considerable tarea de reconceptualización del conocimiento. Para ello, el único camino posible para la humanidad es liberar el futuro de la vida de la sumisión al sistema dominante.

 

*Profesor emérito de la Universidad Católica de Lovaina (B), presidente del Ágora de los Habitantes de la Tierra . Durante 15 años, entre 1979 y 1994, dirigió el programa de investigación Forecasting and Assessment in Science and Technology (FAST) en la Comisión Europea de la Comunidad Europea en Bruselas.

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