Dic 9 2022
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Política

La visionaria advertencia de Allende

Fue hace cincuenta a√Īos, aquel 4 de diciembre, cuando Salvador Allende logr√≥ en Naciones Unidas lo que para muchos en el mundo hasta hoy es un hecho in√©dito: la Asamblea General, sin un asiento vac√≠o, se puso de pie para aplaudir por largo rato al presidente de Chile, tras la profundidad de su discurso.

Esa ovación no fue sólo un respaldo a su apuesta de buscar cambios profundos para Chile por la vía democrática, sino también de haber abierto de par en par las ventanas hacia un fenómeno que veía venir con dramatismo: el poder de grandes corporaciones por encima de los Estados y las fronteras, un poder en expansión por encima de reglas y normas.

Entonces dijo Allende: ‚ÄúEstamos ante un verdadero conflicto frontal entre las grandes corporaciones y los Estados. √Čstos aparecen interferidos en sus decisiones fundamentales -pol√≠ticas, econ√≥micas y militares- por organizaciones globales que no dependen de ning√ļn Estado y que en la suma de sus actividades no responden ni est√°n fiscalizadas por ning√ļn Parlamento, por ninguna instituci√≥n representativa del inter√©s colectivo. En una palabra, es toda la estructura pol√≠tica del mundo la que est√° siendo socavada‚ÄĚ.

Por cierto, sus palabras tenían el fundamento de las acciones que tanto la International Telegraph and Telephone Company y la Kennecott Copper Corporation emprendían a nivel nacional e internacional para hacer abortar el proyecto político encabezado por Allende. Y en ello no estaba sólo el rechazo a la nacionalización del cobre que, por unanimidad, se había aprobado en el Parlamento de Chile, sino como trasfondo se buscaba impedir que se extendiera a otra parte del mundo, especialmente a Europa, el experimento de Chile: llegar al socialismo por la vía democrática. Era la obsesión de Kissinger.

Allende, con mirada de alcance internacional y de futuro, remarc√≥ que ese era un desaf√≠o tambi√©n para los pa√≠ses desarrollados, incluido Estados Unidos: ‚ÄúPero las grandes empresas transnacionales no s√≥lo atentan contra los intereses genuinos de los pa√≠ses en desarrollo, sino que su acci√≥n avasalladora e incontrolada se da tambi√©n en los pa√≠ses industrializados donde se asientan. Ello ha sido denunciado en los √ļltimos tiempos en Europa y Estados Unidos, lo que ha originado una investigaci√≥n en el propio Senado norteamericano. Ante este peligro, los pueblos desarrollados no est√°n m√°s seguros que los subdesarrollados.‚ÄĚ

Aquella visi√≥n pol√≠tica de Allende llev√≥ al Consejo Econ√≥mico y Social de las Naciones Unidas, a ra√≠z de la denuncia presentada por Chile, a aprobar por unanimidad la convocatoria de un grupo de personalidades mundiales para estudiar la funci√≥n y los efectos de las corporaciones transnacionales en el proceso de desarrollo y sus repercusiones en las relaciones internacionales. M√°s all√° del golpe que derroc√≥ a Allende e instaur√≥ una dictadura en Chile, aquella comisi√≥n sigui√≥ su tarea y dos a√Īos despu√©s -con el ex embajador Juan Somav√≠a como Relator- entreg√≥ sus conclusiones. Se cre√≥ el Centro de Empresas Transnacionales para entender y dar cauce a esas corporaciones en el devenir econ√≥mico mundial. Pero llegaron Reagan y Thatcher buscando eliminar todo lo que fuera obst√°culos a una econom√≠a global sin reglas ni fronteras: en 1992 se termin√≥ con aquel centro en Naciones Unidas.

Nadie puede negar que los avances en innovación y el paso de la Era Industrial a la Era Digital, ahora en pleno despegue, tiene como fundamento los grandes aportes en I+D de muchas de esas corporaciones. Pero el tema se torna crítico cuando tras esos grandes avances aparecen sus ganancias apabullantes instaladas en un sistema financiero global, capaz de sobrepasar las normas y legislaciones a nivel nacional e internacional. Y con ello la constatación elocuente de como las corporaciones transnacionales -en muchos casos sus líderes- se convierten en determinantes de poder. Una realidad que incluso en el Foro de Davos ha estado presente porque frente a ese fenómeno persisten más las preguntas que las respuestas.

Como lo se√Īal√≥ la ONG Global Justice Now del Reino Unido en un informe de septiembre 2016, si la cadena norteamericana de grandes almacenes Walmart fuera un Estado, ocupar√≠a el 10¬ļ puesto, por detr√°s de EU, China, Alemania, Jap√≥n, Francia, Reino Unido, Italia, Brasil y Canad√°. En total, 69 de las 100 principales entidades econ√≥micas mundiales son empresas, no pa√≠ses. Las 25 corporaciones que m√°s facturan superan el PIB de numerosos pa√≠ses.

Nick Dearden, director de Global Justice Now, dijo en esa ocasi√≥n: ‚ÄúLa gran riqueza y el poder de las corporaciones est√° en el centro de muchos de los problemas del mundo, como la desigualdad y el cambio clim√°tico. El af√°n de obtener ganancias a corto plazo hoy parece triunfar sobre los derechos humanos b√°sicos de millones de personas en el planeta. Estas cifras muestran que el problema est√° empeorando‚ÄĚ.

Un reportaje de El Pa√≠s de Espa√Īa hace cuatro a√Īos atr√°s, se√Īal√≥ que resultar√≠a ingenuo creer que esas grandes corporaciones no influyen en las decisiones pol√≠ticas, en la gestaci√≥n de las leyes y en el d√≠a a d√≠a de los ciudadanos por todo el mundo. Y junto con ello, se planteaba esta pregunta: ¬ŅC√≥mo se articula hoy ese poder? Citando diversos estudios, concluye que los dominios de poder van cambiando, teniendo como centro lo que algunos llaman ‚Äúel petr√≥leo del siglo XXI‚ÄĚ: los datos.

El manejo del poder cibern√©tico y de los datos se mueve en las sombras y a√ļn desde el √°mbito multilateral (como Naciones Unidas) no se logra saber hasta d√≥nde llega ya su alcance. Hay algunas evidencias, como las debatidas en el Congreso de Estados Unidos donde Mark Zuckerberg, fundador y director de Facebook, debi√≥ llegar a explicar las pol√≠ticas de su compa√Ī√≠a.

Pero est√°n tambi√©n las presiones sustentadas en el poder tecnol√≥gico, como las que la Uni√≥n Europea ha debido enfrentar con Google, aplicando una multa tras otra. Hace un par de meses la Comisi√≥n Europea mult√≥ a Google por obligar a los fabricantes de dispositivos Android a instalar el buscador Google Search y el navegador Google Chrome a cambio de cederles la licencia de la Play Store, la tienda de aplicaciones m√≥viles de la compa√Ī√≠a. Y eso unido a otras presiones consideradas abusos de poder por las autoridades de Europa.

Y tal vez el paradigma de las preocupaciones que el poder transnacional de las corporaciones ha engendrado sea el accionar de Elon Musk.¬† Muchas empresas que pueden definir y dise√Īar el futuro del mundo est√°n bajo su direcci√≥n. Al colocarlo recientemente en la portada de la revista Time como la personalidad del a√Īo, Edward Felsenthal, editor en jefe de la revista, se√Īal√≥: ¬ęLa persona del a√Īo es un signo de influencia. Hay pocas personas que hayan tenido tanta influencia como Elon Musk, tanto dentro como fuera de la tierra.

Musk surgi√≥ no solo como la persona m√°s rica del mundo, sino tambi√©n como una persona que trajo grandes cambios a las sociedades. La persona m√°s rica del mundo no tiene casa propia y recientemente ha estado vendiendo su herencia. Lleva sat√©lites al espacio. Conduce su propio coche, que no utiliza gasolina y casi no necesita conductor. Con un chasquido de dedos, cambia la direcci√≥n de los mercados¬Ľ.

Hace 50 a√Īos Allende advirti√≥ con perspectiva hist√≥rica el peligro que se estaba engendrando con esas corporaciones m√°s poderosas que muchos Estados. La realidad contempor√°nea ratifica y sobrepasa la dimensi√≥n de su advertencia: a√ļn est√° pendiente reordenar el mundo, reubicando a las corporaciones transnacionales en el √°mbito de poder productivo y de innovaci√≥n que les corresponde, pero no m√°s all√°. No all√≠ donde la Ciudadan√≠a y la Pol√≠tica les cabe tener la prioridad para construir el futuro.

*Asesor de Prensa Internacional en RR.EE. durante el gobierno de Allende. Ex embajador de Chile en la R.P. China e en Nueva Zelanda.  Asesor Internacional Presidente Ricardo Lagos (2000 a 2006). Académico de la Universidad André Bello.

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