Abr 24 2008
958 lecturas

Cultura

LA VOZ DEL PREMIO CERVANTES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Majestades, Se√Īor Presidente del Gobierno, Se√Īor Ministro de Cultura, Se√Īor Rector de la Universidad de Alcal√° de Henares, autoridades estatales, auton√≥micas, locales y acad√©micas, amigas, amigos, se√Īoras y se√Īores:

Deseo, ante todo, expresar mi agradecimiento al jurado del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, a la alta investidura que lo patrocina y a las instituciones que hacen posible esta honros√≠sima distinci√≥n, la m√°s preciada de la lengua, que hoy se me otorga. Mi gratitud es profunda y desborda lo meramente personal. En el a√Īo 2006 se galardon√≥ con este Premio al gran poeta espa√Īol Antonio Gamoneda y en el 2007 lo recibe tambi√©n un poeta, esta vez de Iberoam√©rica.

Se premia a la poes√≠a entonces, ¬ęque es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa¬Ľ para don Quijote, doncella que, dice Cervantes en ¬ęViaje del Parnaso¬Ľ,

¬ępuede pintar en la mitad del d√≠a

la noche, y en la noche m√°s escura

el alba bella que las perlas cr√≠a…

Es de ingenio tan vivo y admirable

que a veces toca en puntos que suspenden,

por tener no se qu√© de inescrutable¬Ľ.

A la poes√≠a hoy se premia, como fuera premiada ayer y aun antes en este hist√≥rico Paraninfo donde voces muy altas resuenan todav√≠a. Y es algo verdaderamente admirable en estos ¬ęD√ľrftiger Zeite¬Ľ, estos tiempos mezquinos, estos tiempos de penuria, como los calificaba H√∂lderin pregunt√°ndose ¬ęWozu Dichter¬Ľ, para qu√© poetas. ¬ŅQu√© hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un ni√Īo menor de cinco a√Īos muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza? Me pregunto cu√°ntos habr√°n fallecido desde que comenc√© a decir estas palabras. Pero ah√≠ est√° la poes√≠a: de pie contra la muerte.

Safo habl√≥ del bello huerto en el que ¬ęun agua fresca rumorea entre las ramas de los manzanos, todo el lugar sombreado por las rosas y del ramaje tembloroso el sue√Īo descend√≠a¬Ľ, Mallarm√© conoci√≥ la desnudez de los sue√Īos dispersos, Santa Teresa recog√≠a las im√°genes y los fantasmas de los objetos que mueven apetitos, San Juan bebi√≥ el vino de amor que s√≥lo una copa sirve, Cavalcanti vio a la mujer que hac√≠a temblar de claridad el aire, Hildegarda de Bingen llor√≥ las suaves l√°grimas de la compunci√≥n, y tanta belleza cargada de m√°svida causa el temblor de todo el ser. ¬ŅNo ser√° la palabra po√©tica el sue√Īo de otro sue√Īo?

Santa Teresa y San Juan de la Cruz tuvieron para m√≠ un significado muy particular en el exilio al que me conden√≥ la dictadura militar argentina. Su lectura desde otro lugar me reuni√≥ con lo que yo mismo sent√≠a, es decir, la presencia ausente de lo amado, Dios para ellos, el pa√≠s del que fui expulsado para m√≠. Y cu√°nta compa√Ī√≠a de imposible me brindaron. Ese es un destino ¬ęque no es sino morir muchas veces¬Ľ, comprobaba Teresa de Avila. Y yo mor√≠a muchas veces y m√°s con cada noticia de un amigo o compa√Īero asesinado o desaparecido que agrandaba la p√©rdida de lo amado. La dictadura militar argentina desapareci√≥ a 30.000 personas y cabe se√Īalar que la palabra ¬ędesaparecido¬Ľ es una sola, pero encierra cuatro conceptos: el secuestro de ciudadanas y ciudadanos inermes, su tortura, su asesinato y la desaparici√≥n de sus restos en el fuego, en el mar o en suelo ignoto. El Quijote me abr√≠a entonces manantiales de consuelo.

Lo le√≠ por primera vez en mi adolescencia y con placer extremo despu√©s de cruzar, no sin esfuerzo, la barrera de las imposiciones escolares. Me acuciaba una pregunta: ¬Ņc√≥mo habr√° sido el hombre, don Miguel? Conoc√≠a su vida de pobreza y sufrimiento, sus c√°rceles, su cautiverio en Argel, su Lepanto, los intentos fallidos de mejorar su suerte. Pero √©l, ¬Ņqui√©n era? Rele√≠a el autorretrato que traz√≥ en el pr√≥logo de las Novelas Ejemplares: ¬ęEste que veis aqu√≠, de rostro aguile√Īo, de cabello casta√Īo, frente lisa y desembarazada¬Ľ, que nada me dec√≠a, salvo la menci√≥n de sus ¬ęalegres ojos¬Ľ. Comprend√≠ entonces que √©l era en su escritura. Me interno en ella y a√ļn hoy creo a veces escuchar sus carcajadas cuando acostaba al Caballero de la Triste Figura en el papel. S√≥lo quien, desde el dolor, ha escrito con verdadero goce puede dar a sus lectores un gozo semejante. C√≥mico es el rostro de la tragedia cuando se mira a s√≠ misma.

foto
Declaro que, en verdad. quise recorrer ante ustedes, con ustedes, los trabajos de Persiles y Sigismunda, o la locura quebradiza del licenciado Vidriera, o compartir la nueva admiración y la nueva maravilla del coloquio de los perros, o el combate verdaderamente ejemplar entre los poetas malos y los buenos que tiene lugar en Viaje del Parnaso y en el que cualquier buen poeta podía caer herido por un pésimo soneto bien arrojado. Pero tal como la lámpara alimentada a querosén que los campesinos de mi país encienden a la noche y alrededor de la cual se sientan a cenar, cuando hay, y luego a leer, cuando hay y cuando hay ganas, y a la que mosquitos y otros seres alados acuden ciegos de luz y la calor los mata, así yo, encandilado por don Alonso Quijano, no puedo sustraerme a su fulgor.

Muchas plumas hondas y brillantes han explorado los rincones del gran libro. Por eso, parafraseando al autor, declaro sin ironía alguna que, con seguridad, este discurso carece de invención, es menguado de estilo, pobre de conceptos, falto de toda erudición y doctrina. Sólo hablo como lector devoto de Cervantes, pero quién puede describir los territorios del asombro. Con mucha suerte y perspicacia, es posible apenas sentarse a la sombra de lo que siempre calla.

Cervantes se instala en un supuesto pasado de nobleza e hidalgu√≠a para criticar las injusticias de su √©poca, que son las mismas de hoy: la pobreza, la opresi√≥n, la corrupci√≥n arriba y la impotencia abajo, la imposibilidad de mejorar los tiempos de penuria que H√∂lderlin nombr√≥. Se burla de ese intento de cambio y se burla de esa burla porque sabe que jam√°s ser√° posible terminar con la utop√≠a, recortar la capacidad de sue√Īo y de deseo de los seres humanos. Cervantes invent√≥ la primera novela moderna, que contiene y es madre de todas las novedades posteriores, de Kafka a Joyce. Y cuando en pleno siglo XX Michel Foucault encuentra en Raymond Roussel las caracter√≠sticas de la novela moderna, √©stas: ¬ęel espacio, el vac√≠o, la muerte, la transgresi√≥n, la distancia, el delirio, el doble, la locura, el simulacro, la fractura del sujeto¬Ľ, uno se pregunta ¬Ņqu√©? ¬ŅNo existe todo eso, y m√°s, en la escritura de Cervantes?

Su modernidad no se limita a un singular universo literario. La m√°s humana es un espejo en el que podemos a√ļn mirarnos sin deformaciones en este siglo XXI. Dice Don Quijote:

¬ęBien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artiller√≠a a cuyo inventor tengo para m√≠ que en el infierno se le est√° dando el premio de su diab√≥lica invenci√≥n, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que sin saber c√≥mo o por d√≥nde, en la mitad del coraje y br√≠o que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala (disparada de quien quiz√° huy√≥ y se espant√≥ del resplandor que hizo el fuego al disparar la maldita m√°quina) y corta y acaba en un instante los pensamientos y la vida de quien la merec√≠a gozar luengos siglos¬Ľ.

Desde el lugar de presunto caballero andante quejoso de que las armas de fuego hayan sustituido a las espadas, y que una bala lejana torne in√ļtil el combate cuerpo a cuerpo, Don Quijote destaca un hecho que ha modificado por completo la concepci√≥n de la muerte en Occidente: es la aparici√≥n de la muerte a distancia, cada vez m√°s segura para el que mata, cada vez m√°s terrible para el que muere. Pasaron al olvido las ceremonias p√ļblicas y organizadas que presid√≠a el mismo agonizante en su lecho: la despedida de los familiares, los amigos, los vecinos, el dictado del testamento ante los deudos. La muerte hospitalizada llega hoy con un cortejo de silencios y mentiras. Y qu√© decir de los 200.000 civiles de Hiroshima que el coronel Paul Tobbets aniquil√≥ desde la altura apretando un simple bot√≥n. Piloteaba un aparato que bautiz√≥ con el nombre de su madre, arroj√≥ la bomba at√≥mica y despu√©s durmi√≥ tranquilo todas las noches, dijo. Pocos conocen el nombre de las v√≠ctimas cuya vida el coronel hab√≠a segado. La muerte se ha vuelto an√≥nima y hay algo peor: hoy mismo centenares de miles de seres humanos son privados de la muerte propia. As√≠ se da en Iraq.

Creo, sin embargo, como el historiador y fil√≥sofo Juan Carlos Rodr√≠guez, que el Quijote es una gran novela de amor. Del amor imposible. En el amor se da lo que no se tiene y se recibe lo que no se da y ah√≠ est√° la presencia del ser amado nunca visto, el amor a un mundo m√°s humano nunca visto y torpemente entrevisto, el amor a una mujer que no es y a una justicia para todos que no es. Son amores diferentes pero se juntan en un haz de fuego. ¬ŅY acaso no quisimos hacer quijotadas en alguna ocasi√≥n, ayudar a los flacos y menesterosos? ¬ŅLuchando contra molinos de aspas de acero, que ya no de madera? ¬ŅDespanzurrando odres de vino en vez de enfrentar a los due√Īos del dolor ajeno? ¬Ņ¬ĽEn este valle de l√°grimas, en este mal mundo que tenemos -dice Sancho-, donde apenas se halla cosa que est√© sin mezcla de maldad, embuste y bellaquer√≠a¬Ľ?

He celebrado hace dos a√Īos, con ocasi√≥n de la entrega del Premio Reina Sof√≠a de Poes√≠a Iberoamericana, mi llegada a una Espa√Īa que no acepta las aventuras b√©licas y que rompe clausuras sociales que hieren la intimidad de las personas. Hoy celebro nuevamente a una Espa√Īa empe√Īada en rescatar su memoria hist√≥rica, √ļnico camino para construir una conciencia c√≠vica s√≥lida que abra las puertas al futuro. Ya no vivimos en la Grecia del siglo V antes de Cristo en que los ciudadanos eran obligados a olvidar por decreto. Esa clase de olvido es imposible. Bien lo sabemos en nuestro Cono Sur.

Para San Agust√≠n, la memoria es un santuario vasto, sin l√≠mite, en el que se llama a los recuerdos que a uno se le antojan. Pero hay recuerdos que no necesitan ser llamados y siempre est√°n ah√≠ y muestran su rostro sin descanso. Es el rostro de los seres amados que las dictaduras militares desaparecieron. Pesan en el interior de cada familiar, de cada amigo, de cada compa√Īero de trabajo, alimentan preguntas incesantes: ¬Ņc√≥mo murieron? ¬ŅQui√©nes lo mataron? ¬ŅPor qu√©? ¬ŅD√≥nde est√°n sus restos para recuperarlos y darles un lugar de homenaje y de memoria? ¬ŅD√≥nde est√° la verdad, su verdad? La nuestra es la verdad del sufrimiento. La de los asesinos, la cobard√≠a del silencio. As√≠ prolongan la impunidad de sus cr√≠menes y la convierten en impunidad dos veces.

Enterrar a sus muertos es una ley no escrita, dice Ant√≠gona, una ley fija siempre, inmutable, que no es una ley de hoy sino una ley eterna que nadie sabe cu√°ndo comenz√≥ a regir. ¬ę¬°Iba yo a pisotear esas leyes venerables, impuestas por los dioses, ante la antojadiza voluntad de un hombre, fuera el que fuera!¬Ľ, exclama. As√≠ habla de y con los familiares de desaparecidos bajo las dictaduras militares que devastaron nuestros pa√≠ses. Y los hombres no han logrado a√ļn lo que Medea ped√≠a: curar el infortunio con el canto.

Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria. Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Est√°n perfectamente equivocados. Las heridas a√ļn no est√°n cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un c√°ncer sin sosiego. Su √ļnico tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. S√≥lo as√≠ es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y as√≠ como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destituci√≥n del pasado en general, en realidad quieren la destituci√≥n de su pasado en particular.

Pero volviendo a algunos p√°rrafos atr√°s: hay tanto que decir de Cervantes, de este hombre tan fuera del uso de los otros. De sus neologismos, por ejemplo. Salvo √©l, nadie vio a una persona caminar asnalmente. O llevar en la cabeza un baciyelmo. O bachillear. Don Quijote aprueba la creaci√≥n de palabras nuevas, porque ¬ęesto es enriquecer la lengua, sobre quien tienen poder el vulgo y el uso¬Ľ. Hace unos a√Īos ciertos poetas lanzaron una advertencia en tono casi legislativo: no hay que lastimar al lenguaje, como si √©ste fuera r√≠o coagulado, como si los pueblos no vinieran ¬ęlastim√°ndolo¬Ľ desde que empezaron a nombrar. Cuando Lope dice ¬ęsiempre ma√Īana y nunca ma√Īanamos¬Ľ agranda el lenguaje y muestra que el castellano vive, porque s√≥lo no cambian las lenguas que est√°n muertas. La lengua expande el lenguaje para hablar mejor consigo misma.

Esas invenciones laten en las entra√Īas de la lengua y traen balbuceos y brisas de la infancia como memoria de la palabra que de afuera vino, toc√≥ al infante en su cuna y le abri√≥ una herida que nunca ha de cerrar. Esas palabras nuevas, ¬Ņno son acaso una victoria contra los l√≠mites del lenguaje? ¬ŅAcaso el aire no nos sigue hablando? ¬ŅY el mar, la lluvia, no tienen muchas voces? ¬ŅCu√°ntas palabras a√ļn desconocidas guardan en sus silencios? Hay millones de espacios sin nombrar y la poes√≠a trabaja y nombra lo que no tiene nombre todav√≠a.

Esto exige que el poeta despeje en s√≠ caminos que no recorri√≥ antes, que desbroce las malezas de su subjetividad, que no escuche el estr√©pito de la palabra impuesta, que explore los mil rostros que la vivencia abre en la imaginaci√≥n, que encuentre la expresi√≥n que les d√© rostro en la escritura. El internarse en s√≠ mismo del poeta es un atrevimiento que lo expone a la intemperie. Aunque bien dec√≠a Rilke: ¬ę[…] lo que finalmente nos resguarda/es nuestra desprotecci√≥n¬Ľ. Ese atrevimiento conduce al poeta a un m√°s adentro de s√≠ que lo trasciende como ser. Es un trascender hacia s√≠ mismo que se dirige a la verdad del coraz√≥n y a la verdad del mundo. Marina Tsvetaeva, la gran poeta rusa aniquilada por el estalinismo, record√≥ alguna vez que el poeta no vive para escribir. Escribe para vivir.

———————————

Tomado de Anaquel Austral, revista de cultura que dirige la periodista y escritora Virginia Vidal.

http://virginia-vidal.com.

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


A√Īadir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.