May 15 2010
1055 lecturas

Sociedad

Lagos Nilsson / El fútbol, Suráfrica y la no domesticación

No lo puedo asegurar, pero tal vez mi acercamiento al fútbol fue en Caracas —la ciudad que más que ninguna otra procuró aliviar los años azarosos del exilio—, algo accidental desde luego: nunca he visto un partido de fútbol, pero desde entonces trato de comprender a los hinchas y pienso —aunque no los entiendo mucho— que tienen razón. Ésta es una crónica muy personal.

Las banderas imaginarias o de papel, el corcho quemado para dibujarse bigote de pirata, las aguamarinas de mamá convertidas en tesoro y enterradas en el patio, las espadas hechas con tablas de cajones fruteros, algún revólver de fulminante, en fin, los patines para el hielo, el trineo —como los sabañones y las narices coloradas del invierno y las frutillas y calafates del verano— son la memoria que completa mi infancia provinciana. O eso creía.

Hasta que Omar Mouzakis se despachó la taza de café en Il Papagallo de Chacaíto, Caracas, y dijo "El domingo juega Huracán". Habíamos visto recién una película mañanera en esas funciones que las distribuidoras organizan para los críticos de cine, periodistas y amigos; Omar era crítico de cine. Ambos exiliados, solíamos ir por un café luego de la función; por no conocernos todavía, quizá, o porque las mujeres que entonces amábamos nos esperaban con el almuerzo, nunca propusimos cambiar el café por una cerveza.

—El domingo juega Huracán. —Suspiró. Ése preciso domingo era toda la distancia que pueda imaginarse en el Universo.

Entonces recordé un banderín pegado con alfileres en el cuarto de un compañerito de primaria en Magallanes: un triángulo de tela con un globo aerostático cuya canasta era una pelota de fútbol: la insignia de Huracán. Era Magallanes un lugar lejano de todas partes en esos años previos a los DC-6 y los "jets" comerciales; años en que la Argentina era más próxima que Chile, los niños tomaban en Magallanes Toddy y no era extraño que los adultos fumaran Jockey Club argentinos.

Recordé entonces, mientras se enfriaba mi café, que me había gustado ese banderín, sin saber exactamente qué era me había sentido huracanista (el fútbol necesariamente es un deporte esporádico en Magallanes: es difícil un pase cuando el viento a 60 kilómetros por hora se apodera de la pelota…). No había internet en los años del exilio; la base fundamental de datos solía ser la memoria

Lo que dijo Mouzakis no tenía en rigor relación con Huracán; el partido de ese fin de semana no era más que la constatación del ostracismo. Aceptar y a la vez rebelarse contra la ignominia del crimen; a fines de los setentas ya sabíamos de los crímenes. En la imposibilidad de otra cosa uno se rebela como lo señaló Henry Miller cuando su estancia en Italia: "Soy un hombre que mea frecuente y abundantemente", o  intentando la ficción de que regresaríamos al país del que tuvimos que partir.

Omar jamás vio a Huracán ese domingo; tampoco ninguno regresó —cuando regresó— al país del que salió. La vida se hace de hilachas, de retazos, del color que no se olvida.

El exilio: un lugar sin ángeles que hurta desde el vacío lo que se tenía o la ilusión de haberlo tenido y despierta sed. De mujeres, de trago, de olvido, de poder. Los más "preclaros" cedieron a la sed de poder (en Chile se llamó Concertación, y así les fue y les va, ¿en que infierno los pondría Dante?), otros apenas a la gana de morirse.

Huracán, ese banderín pegado con tres chinches en la pared del cuarto de mi vecino y amigo Miguelito Brzovic; Miguel tenía muchos banderines de clubes argentinos: se los traía un tío que viajaba con frecuencia a la Argentina; le traía también chocolates Dolca. ¿Qué será de Miguel?

No volví a ver a Omar sino 12 o 15 años después en Buenos Aires: él había cumplido con el rito del regreso, yo cumplía la segunda parte —o tercera— de mi exilio. Supongo que ninguno de los dos estaba muy cuerdo. Es jodido regresar a un lugar que ya no es aquel del que partiste y es también jodido continuar con la ausencia de un lugar al que, cuando a tu turno regresas, también será distinto; los exilios duelen porque son un largo divorcio que no acabará sino con tu muerte.

Escribirás libros, pintarás pinturas, cantarás canciones, bailarás, le darás la forma que quiere a la madera o parirás formas desde la piedra o el metal, tendrás mujeres (que religiosamente te dejarán), te emborracharás y amanecerás, trabajarás y te enfermarás o no harás nada, comenzarás a enterrar a tus amigos y camaradas, te harás preguntas tontas: recordarás o querrás recordar. Trabajos inútiles.

Entonces aparecen el banderín de Huracán, las películas que comentaste, los cafés… Y aprendes que te queda el fútbol. El fútbol no es una actividad, es un personaje. No es un deporte, es un puente. Los puentes de verdad no unen, abren. No necesitas desnudarla para conocerla, te basta verla dormir. El fútbol es una galaxia. Nunca supiste nada de fútbol —ni lo sabes—, ¿pero quién sabe algo de amor… o de galaxias?

Casanova, que no pudo amar, sabía de amores: el amor era la gota de sangre derramada debajo del ombligo de la que tuvo y dejó. Los místicos, que no saben de amores, pueden amar: su sangre se pierde en el cilicio. Los gobernantes no conocen a sus gobernados, los gobernados a poco pensar, si los dejaran cortarían las cabezas de los traidores (gobernar es traicionar).

El fútbol, lo veo ahora, es la discusión mística y guerrera sobre lo que se quiso ver, lo que se querría ser, sobre lo que no se vio, sobre lo que sucedió y sobre lo que no pudo ocurrir; es el tránsito del ser al querer ser, la constatación de que lo trascendente es un hilo fino ya cortado que consigue volver al huso.

La economía ha domesticado al fútbol, pero no a los futboleros. Viene el mundial de fútbol y la humanidad, que no lo sabe todavía, encuentra refugio y espejo en las barras bravas. Al fin de cuentas en un mundo que se destruye, ¿cuál es el problema?
 

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


3 Comentários - Añadir comentario

Comentarios

  1. omar mouzakis
    17 mayo 2010 3:28

    Querido amigo-hermano:
    Sencillamente, hermoso…

  2. pablo
    17 mayo 2010 22:00

    Que buenas líneas!!! Mis Saludos.

  3. Luigi
    17 mayo 2010 23:45

    Esas bellisimas travesuras literarias que te dejan planchao, maravillado,incredulo…Je
    Buenos Aires te espera intacto, como lo dejaste. Con un bonus track adicional: está lleno de maravillosos cuestionamientos políticos.

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.