Sep 16 2007
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Opinión

LAS ANTINOMIAS DEL MODELO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Marx se√Īal√≥ en sus teor√≠as la sospecha, que conformaron sus tesis de econom√≠a pol√≠tica, que ¬ęlas ideas de los dominadores tienden a ser las ideas dominantes¬Ľ. Emile Durkheim, propon√≠a la tesis que son los hechos externos al individuo, los que coaccionan, los que mueven la conducta privada, y no a la inversa.

Max Weber, propone una sociolog√≠a comprensiva, es decir que considera los elementos de la psicolog√≠a y la motivaci√≥n individual como malos jueces para una descripci√≥n sociol√≥gica, que sobre ellas no se pueden montar las teor√≠as que conducen el comportamiento social ¬ęcomprensivo¬Ľ de los grandes n√ļmeros. En esto, obviamente, se pone al lado de Durkheim, pues se√Īala que las acciones individuales est√°n motivadas las m√°s de las veces por impulsos o h√°bitos, lo que define una semiconciencia y no una acci√≥n racional.

La vista panor√°mica ‚Äďexterna y por tanto objetiva, es decir libre de juicios de valor‚Äď que los soci√≥logos ten√≠an de los resortes, causas y efectos de las acciones individuales, pueden verse en retrospectiva como una glosa te√≥rica del tratamiento que daban las agencias administradoras al grueso de la sociedad, lo que les permit√≠a postular una estrategia de regulaci√≥n normativa y con fuerte sesgo administrativo.

Estos postulados, que eran verdaderas descripciones de lo observado y no lo deseado por los soci√≥logos modernos, fue planteado como una meta cient√≠fica por los continuadores de la teor√≠a sociol√≥gica, hasta el punto que Paul Lazarsfeld se lamenta de no llegar a√ļn la sociolog√≠a al nivel de predectibilidad y exactitud de las ciencias naturales.

Opuestos a este seguidor, tanto Weber como Durkheim se preocupaban de dos dimensiones que asomaban como riesgos de esta forma de interpretar la sociedad: la implacable erosión de la individualidad (Weber) y las amenazas a la ética de la solidaridad que esta forma de hacer las cosas conlleva (Durkheim).

Para Talcott Parsons, la administraci√≥n de los sistemas sociales a fin de hacerlos plenamente predecibles y regulables, constituye el gran objetivo de la ciencia sociol√≥gica. Dos formas se√Īala Parsons para mantener el equilibrio social: la socializaci√≥n y el control social.

Con el primero la gente se mantiene ¬ęen vereda¬Ľ ‚Äďcomo √©l define‚Äď y con el segundo, la gente es mantenida en vereda. En el primer concepto se recurre a la tesis de dominio cultural (hegemon√≠a) que Gramsci tipifica para los regimenes de Occidente, y en el segundo concepto, el de coacci√≥n normativa (legalidad y exclusi√≥n de la legalidad).

¬ęPor supuesto, cuando digo ‘en vereda’, estoy haciendo alusi√≥n a aquellas acciones que el sistema social t√≠picamente espera y aprueba¬Ľ, se√Īala Parsons.

Los instrumentos ¬ęcient√≠ficos¬Ľ y te√≥ricos empleados por el funcionalismo parsoniano durante el tiempo de la modernidad bautizada como del bienestar fueron: la ciencia conductista, el Estado corporativista, la f√°brica fordista-taylorista y el Pan√≥ptico de Bentham (Michel Focault).

Pero, volviendo a los fundamentos del poder de decisi√≥n social global, la postulaci√≥n de Marx nuevamente se hace presente ¬ŅQui√©nes aprueban lo que es deseable, leg√≠timo y aceptable? ¬ŅLas ideas de quienes dominan, son las dominantes?

Esto no s√≥lo lo se√Īala Marx, sino tambi√©n pensadores que ven la amenaza y el absurdo de esta nueva ciencia. As√≠, Robert Lynd, comentando estudios hechos en EEUU de Norteam√©rica sobre la sociolog√≠a entendida como ciencia del control administrativo de lo humano, derivadas directamente del modelo de Parsons o funcionalismo, se√Īala:

¬ęEstos vol√ļmenes muestran el h√°bil empleo de la ciencia para organizar y controlar a los hombres infundi√©ndoles prop√≥sitos ajenos a su propia voluntad¬Ľ. Y lo comprende como una real amenaza a la libertad y a la democracia.

Por su parte C.Wright Mills expresa sobre este mismo punto:

¬ęDecir que el verdadero objetivo, el objetivo final de la ingenier√≠a humana o de la ciencia social es predecir, significa sustituir lo que deber√≠a ser una elecci√≥n moral razonada por un eslogan tecnocr√°tico¬Ľ.

Pero, justo cuando todas las naves de los administradores sociales se aprestaban a navegar mar adentro hasta los confines de la estructura histórica moderna, les viene encima una ola gigante que arrasa con todo el despliegue teórico e institucional acumulado: es el tsunami (maremoto) de la teoría y práctica de la era postsocial; es decir: el mundo de la cultura postmoderna y de la economía de librecompetencia que reniega de toda administración y de toda obligación para con las entidades que agrupan a los hombres en sociedad.

Emerge la sociedad desvinculada, desobligada; la guetización de los clubes privados; la sociedad en que los lazos de conexión se privatizan y los de las colectividades se adelgazan hasta su desaparición. El Estado, agente central de la programación social, disuelve todas sus instancias dedicadas a normar, planificar y prever, contentándose con el flujo rápido de los sucesos, con las tareas del corto plazo y con la periferia de la acción; con la clausura definitiva del pensamiento y la especulación para consigo misma y aquéllos a quienes acogía en su regazo protector.

Como bien se√Īala Peter Drucker: ¬ęYa no hay salvaci√≥n por la sociedad¬Ľ. Aquello que antes era objeto de administraci√≥n, queda ahora liberado al propio equilibrio. Los poderes que salen gananciosos del sistema global, se las arreglan para dar con estrategias ¬ęlimpias¬Ľ para administrar los problemas que antes demandaban gastos y esfuerzos enormes. La revoluci√≥n administrativa de James Burnham es reemplazada por la revoluci√≥n desregulativa, donde el sistema disciplinario se transforma en sistema de autodisciplina.

Ya no es la empresa la que supervisa a los empleados; son ellos quienes deben demostrar que son √ļtiles a la empresa. Se terminan las afiliaciones permanentes al empleo, a la seguridad social, a la integraci√≥n educativa o profesional. Las capacidades adquiridas son de utilidad temporal, la experiencia es un punto en contra; la novedad, lo sustituto, lo que se suma y lo que se reemplaza, es lo que adquiere preeminencia.

No hay forma de control más eficiente y económico que la inseguridad que ronda en la mente de los controlados.

Se controla por el miedo, por el achicamiento de los espacios, por la marginalidad que ronda como fantasma, como en los pret√©ritos ¬ęej√©rcitos de reserva¬Ľ en el primario capitalismo industrial. Entonces las nuevas relaciones de poder siguen las directrices del mercado, donde la seducci√≥n y el consumo forman parte de las herramientas nuevas de enrolamiento y regulaci√≥n normativas. Claro que estas formas de ¬ęguante blanco¬Ľ con que se llevan los problemas de las clases incorporadas, pero que giran en √≥rbitas perif√©ricas de poder, no son las mismas que se usan para el lumpen de los excluidos, que insisten en rebelarse ruidosamente contra el sistema.

Allí se aplica la coacción, la fuerza y el disciplinamiento integral; pues en esa esfera la fórmula maestra del consumo y la seducción no pueden ser eficaces.

Con todo, los arrestos de pretendida cientificidad de estas metodolog√≠as globalizadas intentan hacer creer que los seducidos por el consumo toman siempre y de manera indefectible decisiones racionales, dando pie s√≥lo a asertivas inversiones y beneficiosas resultantes privadas y p√ļblicas, de tales opciones personales, auxiliadas por una concurrencia impecable de los agentes que pueblan el para√≠so mercantilizado de estas sociedades de transparente y total libre concurrencia.

La resultante va quedando pronto a la vista: exclusión de las mayorías, malestar social, violencia y descomposición de la vida urbana; incremento de la delincuencia organizada a nivel planetario; incremeto de los terrorismos sin fronteras; deterioro del medio ambiente; pérdida de la calidad de vida y calidad del empleo; ingobernabilidad creciente, corrupción de la política; predominio de la economía especulativa; crisis económicas crecientes en el mundo periférico; incremento de la pobreza urbana; guerras étnicas y religiosas; banalización de la vida en los jóvenes, relativización de los valores que sostienen un humanismo básico, etc.

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La cotradicción esencial

Th.W.Adorno, contradiciendo a la metodolog√≠a social de Popper, sostiene que la realidad social no puede ser estudiada seg√ļn los criterios de verdad y falseabilidad de las ciencias naturales; tampoco las teor√≠as de la manipulaci√≥n homeost√°tica de Parsons es viable, puesto que las sociedades son estructuralmente contradictorias, m√≥viles, de consistencia parcial y de incoherencias subyacentes. Para Adorno, la √ļnica metodolog√≠a aceptable y viable es la que incorpora integralmente la realidad social en su complejidad m√≥vil y contradictoria; por tanto ¬ędial√©ctica¬Ľ y no puramente deductiva o inductiva. La metodolog√≠a debe ser af√≠n con el objeto a estudiar y no a la inversa.

Toda vez que intenta la precisi√≥n de otras ciencias, como exig√≠a Paul Lazarsfeld, Adorno da la siguiente respuesta: ¬ęEl tr√°fico cient√≠fico-social se ve permanentemente amenazado de errar, por amor a la claridad y a la exactitud, en aquello que se propone conocer¬Ľ.

Es sobre todo en pa√≠ses cuya estructura social se caracteriza por ser desestructuradas, sesgadas, inmaduras y polares, con fuerte inclinaci√≥n a la dominaci√≥n interna y externa, de institucionalidad fragmentaria o rudimentaria, donde se hace absolutamente inconsistente, adem√°s de inviable, proponer una teor√≠a que se sustenta en la ¬ęhomeostasis¬Ľ, es decir en la mantenci√≥n de los equilibrios instalados como funcionalidad consensuada.

Como se√Īala Wallerstein y tambi√©n Franz Hinkelammert, a la globalizaci√≥n concurren pa√≠ses de primera l√≠nea, los cuales est√°n en capacidad de ¬ęaprovecharse¬Ľ de las oportunidades que dan las aperturas fronterizas y la movilidad de factores financieros y de poder; pero tambi√©n est√°n las naciones que concurren de manera ¬ęresignada¬Ľ a la globalizaci√≥n, y son aquellas de tercera l√≠nea, a las cuales se les impone una forma organizativa y jur√≠dica que viene demostrando ser flagrantemente inconveniente para sus intereses de mediano y largo plazo, donde la resultante social se va delatando, a poco andar, con sus secuelas de desorganizaci√≥n, desintegraci√≥n, marginalidad, precariedad, inseguridad y conflictividad… Todo lo cual encamina a una real ingobernabilidad seg√ļn los par√°metros de administraci√≥n de poder que sostienen desde la ciencia social funcionalista.

Debemos recordar que las tesis funcionalistas sostienen que la sociedad ha alcanzado un equilibrio din√°mico, cuyo estatus debe ser mantenido por las acciones sectoriales, puntuales y localizadas de la intervenci√≥n social programada. Los desencuentros o conflictos ser√°n siempre de fragmentos de la sociedad que ¬ędisfuncionan¬Ľ, a los que se debe aplicar el tratamiento adecuado de seducci√≥n o disciplinamiento, tambi√©n de las ¬ęcorrecciones¬Ľ necesarias para ajustar al sistema en sus aristas o locus ¬ęchirriantes¬Ľ; de esta forma se hace ¬ęentrar en vereda¬Ľ y lograr la ¬ęhomeostasis¬Ľ de todo el sistema…,que es, para estos te√≥ricos, un sistema consensuado y, por tanto, esencialmente arm√≥nico.

En esta fe se sostuvieron las teor√≠as del desarrollismo en Am√©rica Latina, desde Hirshman hasta Myrdal y la etapa inicial del optimismo cepalino. Prontamente, ya por los a√Īos 60 el desarrollismo, enfrentado a sus frustraciones, es enriquecido por las teor√≠as del ¬ęcambio estructural¬Ľ bajo el influjo de Ra√ļl Prebich y las izquierdas, que asoman su rotro confrontacional en la regi√≥n (caso Cuba).

Las teor√≠as de cambio estructural, sostenidas desde la Cepal y las llamadas ¬ęTeor√≠as de la Dependencia¬Ľ, desde el mundo intelectual latinoamericano, son apoyados desde la parte religiosa por los te√≥logos de la liberaci√≥n.

Toda esta visión sociológica, ética, filosófica y económica será barrida del escenario regional por varios y determinantes factores:

1.- La crisis del capitalismo mundial (energ√≠a y tecnolog√≠a) de los a√Īos 70.

2.- La crisis del capitalismo regional (endeudamiento) de los a√Īos 80.

3.- El derrumbe del mundo socialista (sujeto a la lógica del capitalismo mundial en crisis), durante la segunda mitad de los 80 y comienzo de los 90.

4.- El resurgimiento de las teor√≠as ultraliberales, que reemplazan al capitalismo keynesiano y de bienestar, desde mediado de los a√Īos 70.

5.- Las aplicaciones económicas de las recetas de ajuste estructural y reconversión productiva, para el capitalismo caído en crisis severa de acumulación, tanto en el Centro como en la periferia.

6.- Emergencias, producto de estas reconversiones estructurales, de nuevas, agravadas y vigiladas formas de subordinación del capitalismo periférico con respecto a los poderes mundiales.

7.- Nuevo patrón ideológico de la Iglesia Católica a nivel regional y planetario, con la llegada de Juan Pablo II, derivando a una visión verticalista y fundamentalmente disciplinatoria, en torno a la dogmática tradicional y escolástica, conducida por los actores más elitescos y retardatarios, reintroducidos con plenos poderes al interior del Vaticano y en la de su jerarquía mundial.

Surge triunfante, entonces la teor√≠a econ√≥mico-social de los ¬ęequilibrios universales¬Ľ, soportada en el liberalismo econ√≥mico m√°s prescindente y en la teor√≠a de las homeostasis social funcionalista, junto a una √©tica individualista y formalista que encuentra su eco en una fe privatista y vertical, de esencias, pero no de existencias.

Lo que ha demostrado, hasta hoy, la puesta en pr√°ctica de estas teor√≠as que prometen los ¬ęequilibrios autom√°ticos¬Ľ de la ¬ęfuncionalidad sist√©mica¬Ľ en lo econ√≥mico y social, es que la sociedad toda es aquejada por un desequilibrio creciente en todas sus dimensiones, partiendo por las econ√≥micas hasta llegar a las psicol√≥gicas; las diferencias entre naciones y al interior de cada una de ellas; la polarizaci√≥n regionales y sectoriales; las discriminaciones y el abismo de la convivencia cultural, no hacen m√°s que contradecir la ense√Īa ¬ęglobalizada¬Ľ que abonan los te√≥ricos del ¬ęfin de la historia¬Ľ.

Como vemos, estas antinomias teóricas para con la realidad social del capitalismo central, pero más fuertemente con el capitalismo periférico, anuncian la necesidad de cambios de enfoque, de visión, de perspectiva y de estrategias, en las diversas instancias: académicas, intelectuales, religiosas, ideológicas y económicas, puesto que las contradicciones son acumulativas en el tiempo, no se borran ni se diluyen.

Cuando se diagnostican y abordan a tiempo, se pueden adelantar reformas profundas y enérgicas, pero evitando con ello, los cambios cataclismáticos; pero si se dejan avanzar hasta el punto crítico, las reformas incruentas son inviables y sólo se pueden esperar los grandes procesos revolucionarios, entendiendo por ello a los cambios que arrasan con lo existente y afectan todas y cada unas de las instancias que cayeron en descomposición. Lo malo no son las revoluciones en sí, sino los traumas humanos y sociales que pueden acarrear y los costos económicos que necesariamente conllevan los trastornos de magnitudes globales.

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* Doctorado en Economía en el CENDES de la Universidad Central de Venezuela. Autor de varios libros sobre la Economía Latinoamericana.
Vivi√≥ un extra√Īamiento de 15 a√Īos en Caracas; hoy ejerce su profesi√≥n de odont√≥logo (Universidad de Chile) en su pa√≠s.

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