Dic 25 2006
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Pol铆tica

LAS INSTITUCIONES INVISIBLES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Las mayor铆as sociales son una suma que se llama pertenencia. La esencia de las democracias del siglo XXI no es tanto el derecho del voto y a elegir sino la opini贸n que las sociedades tienen de su gobierno.

La verdadera revoluci贸n es la voz moral. El populismo es una asunci贸n de un modo radical para lograr la homogeneidad sobre lo imaginario. La posibilidad de un gobierno omnisciente no cabe en el siglo XXI. Muchos pol铆ticos creen que entienden a la gente cuando ofrecen soluciones concretas a los problemas concretos. El verdadero pol铆tico es el que hace el mundo inteligible para el pueblo, esto es, el que le suministra las herramientas para actuar con eficacia sobre lo ya entendido. El populismo no se combate con populismo. El populismo debe ser combatido con la siembra de la comprensi贸n llevada al grado de un estado de alerta.

La legitimidad electoral y la legitimidad social pueden contrastarse o encontrarse. La manera de encontrar la segunda excede al simple hecho de buscar el voto en una campa帽a electoral plena de promesas, generalmente demag贸gicas. Buscando la segunda suele encontrarse la primera. El planteamiento inteligible que produce efectos previos mejora notablemente la capacidad de escogencia. Las campa帽as electorales son la culminaci贸n de un proceso en donde el individuo manifiesta una preferencia. La masificada propaganda nada podr铆a en modificar una asunci贸n previa ganada en una democracia de cercan铆a generada por los l铆deres verdaderos que en ese proceso electoral buscan la voluntad mayoritaria del pueblo.

No se puede combatir demagogia con demagogia. El proceso de crear lucidez y pertenencia es ajeno a las palabras altisonantes y mentirosas. El proceso de repetici贸n demag贸gica por parte de dos o m谩s adversarios en una contienda por el voto conduce a soliviantar un individualismo feroz que se traduce en apostar a la mayor oferta enga帽osa. El vencedor, naturalmente, ser谩 el que ejerce el poder 鈥搒i el caso es de una reelecci贸n鈥 o, si se ha cumplido con la tarea pedag贸gica, el que ha hecho una obra previa de configuraci贸n de cuerpo sobre el que limita su acci贸n a la campa帽a electoral misma.

En la democracia contempor谩nea se ha perdido el sentido de pertenencia, sustituida por el fervor de la antipol铆tica. Frente a un poder sobre el cual no se tiene control social, en cualquier pa铆s, 鈥揺specialmente de Am茅rica Latina鈥 uno escucha a la poblaci贸n desguarnecida repetir 芦todos son iguales禄. Uno de los dramas de nuestro continente es el abandono de la seriedad pedag贸gica, de la proximidad a los ciudadanos quienes son, en primer lugar seres pensantes, para ser, en segundo plano, s贸lo en segundo plano, electores. En el fondo, cuando hablo de la necesidad de una democracia del siglo XXI, estoy pensando en varias democracias que pueden convivir o enfrentarse. Se debe a que han aparecido las instituciones invisibles, una de las cuales es la confianza y otras que deben reaparecer, como el concepto de ciudadan铆a 鈥搒olo visible a mediano plazo鈥 y de ejercicio diario de la pol铆tica, condenada por los manipuladores de todos los bandos s贸lo a 茅poca electoral. Casi instintivamente se generan los contrapoderes no visibles, pero que van creciendo imperceptiblemente hasta el momento en que hacen erupci贸n sin previo aviso. Son, estos 煤ltimos, una reacci贸n generada contra el virus de la pol铆tica prostituida, de la demagogia y del populismo.

Comenc茅 por decir que mayor铆a electoral no es mayor铆a social por acto autom谩tico. Comenc茅 por decir que legitimidad no es confianza. Hay que aprender que la segunda debe ganarse cada d铆a. Si seguimos con esta plaga de activistas de la pol铆tica, mentirosos y demagogos, se mantendr谩 el punto en que la gente va a preferir a quien menor desconfianza le produce, pues ninguno le produce confianza. As铆 la legitimidad del poder y la legitimidad del ejercicio democr谩tico estar谩n afincadas sobre un barro extremadamente fr谩gil y, lo m谩s grave, la democracia se derrumbar谩 por efecto directo de todos, de los que ejercen el poder y de quienes pretenden sustituirlo, de los demagogos multiplicados, obligando al poder al ejercicio de la fuerza para atender compulsivamente las exigencias sociales.

Terminar谩 as铆 la era de las elecciones y de la libertad, terminar谩 as铆 la democracia, matada en una acci贸n conjunta por quienes no entendieron de la existencia de instituciones invisibles y de la necesidad de hacerle comprender el mundo al pueblo, de hac茅rselo inteligible, de hacerlo producir una acci贸n consecuencial de la posesi贸n de los instrumentos para cambiar el entorno, de los cuales el principal es la conciencia.

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* Escritor.
tlopezmelendez@cantv.net.

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