Nov 13 2005
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Cultura

LIGERO DE EQUIPAJE

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Sentado en mi escritorio mir√≥ hacia atr√°s y veo cinco ni√Īos, una mujer. En mi mano, una peque√Īa maleta, un disco de la Violeta chilensis, Veinte poemas de amor y una canci√≥n desesperada de Neruda, una Biblia, versi√≥n revisada Reina Valera¬†firmada por el Se√Īor Cardenal Ra√ļl Silva Henr√≠quez. Un pasaje de ida sin retorno y un pasaporte con la leyenda en todas sus p√°ginas: ¬ęV√°lido s√≥lo para salir del pa√≠s¬Ľ.

Sumado a todo este inventario ni un solo centavo en el bolsillo y una deuda cercana a tres mil d√≥lares que me prest√≥ el gobierno canadiense¬† con bajo inter√©s pagadero en cuotas cuando comenzara a trabajar. Este era uno de esos : ¬ęgorditos y rotazantes¬Ľ de los que hablaba la dama de las capas y sombreros rid√≠culos Luc√≠a Iriat de Pinochet.

11 de Noviembre, Día del Recuerdo en Canadá. Día que recuerda a sus muertos durante la primera y segunda guerra mundial, cuyos cuerpos quedaron en los campos de batalla en Europa adornada con millones de flores de amapolas. Una roja amapola, llevan todos, fijadas en la solapa.

11 de Noviembre, de l975 a las 20:30 horas, con menos 9 grados de temperatura aterrizaba en una obscura noche de oto√Īo en el aeropuerto internacional de Edmonton, Alberta. Un pa√≠s con costumbres y cultura desconocidos, sin saber donde ir√≠a a vivir, trabajar y cuidar a la prole. Nos recibi√≥ migraciones en el aeropuerto. Nos extendi√≥ un boleto para el Motel ¬ęNorth Star¬Ľ (Estrella del Norte). Qu√© simb√≥lico cuando vengo de un pa√≠s con su hermosa estrella del sur que ilumina la cruz. Una orden para desayuno en un restaurant de Kingsway.

fotoDía del Recuerdo, talvez para que nunca me olvidara de los que quedaron atrás. De los que no tuvieron el privilegio desobrevivir en una guerra que no existió. Si, conmigo viajan Mario Silva y los 19 que cayeron en la Quebrada del Way al sur de Antogasta un 19 de Octubre.

Commigo viajaba la figura de uno de los mejores economistas del continente Haroldo Cabrera con quien había estado conversando menos de un mes atrás sobre los proyectos mineros del Gobierno del Presidente Allende tanto en Tarapacá como asi mismo en Atacama. Hablamos de lo que significaba ese tremendo potencial económico para el desarrollo del país. Venía llegando desde los grandes depósito de San José de Tuina y traía el hielo en mi cuerpo de los minerales del Abra (Veta María) hoy en manos extranjeras.

Tambi√©n formaba parte de esa compa√Īia tr√°gica la presencia del Doctor Tognola. De los cuatro amigos que un 23 de Octubre, a las 17:00 horas sacaron desde la c√°rcel de Tocopilla por el mayor Astete, el fiscal Salazar, el tristemente recordado teniente Alex Cant√≠n que anda libre y sobrese√≠do porque tal vez el Juez Guzm√°n no comprendi√≥ la dimensi√≥n de su sadismo sin l√≠mites ‚Äďde quien a√ļn llevo marcas en mi cuerpo‚Äď.

Esa tarde partieron para siempre el doctor Vicente Zepeda, Carlos Brewer, profesor de Ciencias, Carlos Gallegos, profesor primario y Breno Cuevas, profesor de m√ļsica que nos manten√≠a el √°nimo en alto cantando trozos de la √≥pera Aida.

Al amanecer, con un estruendo irracional de metralla, el aullido lastimero de los perros y una fuerte ola que despert√≥ a todo el peque√Īo puerto de Tocopilla, partieron para siempre esos compa√Īeros cuyas √ļnicas armas eran los sue√Īos por un cambio profundo en las estructuras de nuestro pa√≠s para que hubiera mejores condiciones de trabajo par! a todos los chilenos, mejores condiciones de vida para la mujer de nuestra patria, para que los j√≥venes pudieran so√Īar y construir un futuro luminoso.

Hoy esos se√Īores de la muerte, due√Īo de los ca√Īones, tienen propiedades, se han hecho due√Īos del patrimonio de Chile y nosotros solamente tenemos un luto permanente, una nostalgia infinita y un recuerdo que nubla de l√°grimas nuestros ojos.

Conmigo viajaba la figura de los 13 compa√Īeros asesinados por la Caravana de Arellano Stark en la cuesta Cardones al Sur de Copiap√≥, un mes atr√°s est√°bamos analizando la situaci√≥n de los mineros, de los pirquineros, las cooperativas mineras en el ¬ęCongreso Nacional Minero¬Ľ realizado en la Escuela de Minas de Copiap√≥.

Commigo, mi equipaje ligero, llevaba adem√°s la carga mas preciosa de la historia de Chile, el recuerdo de mis compa√Īeros. Soy parte de la historia de dos provincias que vive lejos de la patria, que no pudo regresar porque todas las energ√≠as ‚Äďolvidandome de mi mujer, mis hijos‚Äď las entregu√© de lleno a luchar por la libertad de la patria con esa profunda convicci√≥n Bolivariana de la unidad continental de todos los pueblos de nuestro continente.

No perfeccion√© mis estudios porque la causa estaba primero. No asum√≠ la nacionalidad de este pa√≠s porque pensaba que mi estad√≠a ser√≠a corta. Hasta hoy soy una figura gitana, s√≥lo que no vivo en carpas y cuando viajo a Chile, a ese trozo de tierra que tanto quiero, que tanto a√Īoro, me tratan como extranjero, como alguien que no tuvo las suficientes agallas para quedarse.

Si quisieran ellos tener un gramo de dolor por los cuales he pasado tal vez no hablar√≠an de esa manera. No son los golpes ni las humillaciones a las que fu√≠ sometido en el dolor de lo que le hicieron a otros de mis compatriotas amparados en la obscuridad de la noche, en el desierto, cort√°ndoles sus extremidades, sac√°ndoles los ojos con un corvo de combate, quebr√°ndoles sus huesos. Solos, desarmados, amarrados, encapuchados donde el desierto se trag√≥ sus llantos, sus gritos desesperados, donde Dios se hizo sordo, donde lo mejor de la humanidad como¬† Cristo, estaba muriendo por el futuro de una patria transfigurada. Por ese pa√≠s donde a√ļn no ¬ęse abren las grandes alamedas¬Ľ.

D√≠a del Recuerdo, llevo dos amapolas en mi solapa, una por los ca√≠dos en la guerra y otra por mis compa√Īeros que se los trag√≥ las sombras de la noche.

Eso es parte del equipaje ‚Äďque todav√≠a conservo‚Äď con el que llegu√© a este pa√≠s.

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* Director de Chileno de Corazón, que se publica en Canadá.

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