Nov 16 2023
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Economía

Lo prescindible

Apertura de un pliego de propuestas sobre cuándo, cuánto y cómo desprenderse de lo prescindible.

CAP√ćTULO 1. LA PUESTA EN ESCENA

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San Jer√≥nimo, hombre rico de Panonia, que abandon√≥ riquezas y honores y se fue a Bel√©n a meditar sobre los peligros del mundo. ‚ÄúY cuando llegue el d√≠a del √ļltimo viaje y est√© a partir la nave que nunca ha de tornar me encontrar√©is a bordo ligero de equipaje casi desnudo, como los hijos de la mar‚ÄĚ Antonio Machado/ √öltimo cuarteto de ‚ÄúRetrato‚ÄĚ

Cuando se da una crisis sostenida en el tiempo, generalizada y lo suficientemente profunda, se tiende siempre a buscar a los culpables y a buscar las razones de la misma a posteriori. La crisis econ√≥mica y financiera mundial, a la que los expertos y todos los medios de difusi√≥n occidentales ponen fecha de arranque hacia el a√Īo 2007, ya tiene m√°s de seis a√Īos de antig√ľedad. Ha afectado y est√° afectando principalmente a algunos de los pa√≠ses desarrollados, los m√°s d√©biles de entre los poderosos, aunque √©stos √ļltimos tambi√©n empiezan a sentir el p√°lpito de la misma. Si lo que estos pa√≠ses avanzados consideran es una profunda crisis, el resto del mundo ya lleva d√©cadas experimentando este tipo de crisis en sus respectivos pa√≠ses. Pero los ciudadanos europeos m√°s afectados, por ejemplo, suelen tomar conciencia de la existencia del problema s√≥lo cuando les afecta a ellos.

Una de las habilidades del sistema capitalista, consiste en fragmentar a los ciudadanos y a encasillarlos por sectores, por oficios, por sexo, por edad o hasta por creencia religiosa. Conviene a su supervivencia, pues estos grupos tienden a analizar sus propios problemas y a ignorar que la existencia de una crisis puede que vaya m√°s all√° de su gremio, su edad, su religi√≥n, su coyuntura, su sexo, su provincia, su autonom√≠a o su pa√≠s y que puede que no sea culpa del ¬ęotro¬Ľ que no deja de ser nuestro hermano, aunque as√≠ nos lo hagan ver.

Se observa cada vez con m√°s frecuencia la fea costumbre de achacar los males propios a los ¬ęotros¬Ľ, a los dem√°s, a los vecinos a grupos ajenos o que se hacen ver como ajenos. El capitalismo tiene una gran experiencia en fragmentar, separar y luego enfrentar grupos humanos entre s√≠, para desviar de √©l los problemas que genera su pervertido e insostenible sistema.

En estos √ļltimos a√Īos he venido asistiendo a lo que considero una vergonzosa cascada de acusaciones gratuitas contra nuestros propios vecinos, hermanos, compa√Īeros, o de infortunio y de viaje en esta crisis. Por ejemplo, los que no son funcionarios, cargan sobre ellos (incluso teniendo parientes, vecinos, amigos, etc. que lo son), y los se√Īalan como par√°sitos que chupan del presupuesto general, mientras gozan de privilegios inmerecidos. No importa a casi nadie saber qu√© ser√° de las vidas de esos funcionarios si terminan de ser expulsados de sus puestos y se quedan en la calle. Hay especialistas en se√Īalar la paja en el ojo del funcionario vago e ignorar, quiz√°, vigas en el propio ojo o minimizar o despreciar los trabajos honestos y necesarios de muchos otros funcionarios. Que se busquen la vida en algo ¬ęproductivo¬Ľ, dice la mayor√≠a de los que consideran que sobran quiz√° dos de tres millones de ellos. El capitalismo se frota las manos de placer con estos enfrentamientos simplistas y fratricidas entre los propios ciudadanos.

Los directivos de la banca, por ejemplo, comienzan a descubrir, de repente, que les sobran empleados y sucursales y vomitan decenas de miles de ellos a la calle, con mejor o peor arreglo. Ya no son necesarias, al parecer, sucursales bancarias en cada esquina privilegiada de nuestro país.

¬ŅY qu√© decir de los ancianos? Pues que sobran tambi√©n. Que son muchos y cobran m√°s ya que la mayor√≠a de los j√≥venes empleados. No parece importar si esos ancianos est√°n manteniendo a muchas de sus familias, hijos o nietos, tocados por el desastre que nadie quiere pensar que quiz√° sea estructural y que exigir√≠a otra forma de tratamiento que echar la culpa al abuelo o abuela, que no dejan de ser carne de nuestra carne y nuestra propia familia. Simplemente, no son ¬ęproductivos¬Ľ, no son necesarios en esta sociedad utilitarista. Algunos proponen, despu√©s de a√Īos empujando a las mujeres a salir de sus hogares y de los cuidados tradicionales a los miembros de sus familias, para volcarlas y crear mano de obra excedente que baje los precios de la mano de obra en f√°bricas y talleres, que ahora deber√≠an volver a sus cocinas. El capitalismo da palmas con las orejas viendo como nietos cargan contra abuelos, abuelas, hombres contra mujeres y mujeres contra hombres, empleados p√ļblicos contra privados y privados contra p√ļblicos. Como los desesperados exigen que el que todav√≠a alberga alg√ļn beneficio laboral o social, deber√≠a desprenderse de √©l para dejar ese recurso para los dem√°s.

As√≠, las voces de muchos alienados y asustadizos ciudadanos, claman sobre los parados y lo mucho que consumen, sin caer en la cuenta de que se trata de su misma especie, de su cu√Īado, vecino, amigo, etc. Los medios apesebrados del capital se ensa√Īan y se recrean contando casos de fraudes (que sin duda los hay) y abusos de algunos parados, de forma que al final lo que suele pedir el futuro candidato al paro que hoy cree que nunca le va a tocar a √©l, es que limiten, disminuyan o eliminen subsidios, paros y dem√°s. Otros que sobran, mientras el capital sigue acumulando riqueza. Enfermos cr√≥nicos, desahuciados, todos sobran; todos cargan al sistema y los que todav√≠a no han sido excretados por √©l, claman que hay que reducir, prescindir del acceso de estas personas a los bienes y servicios que justo antes de la crisis, todos consideraban logros sociales irrenunciables y sin vuelta atr√°s.

En este curioso y alienado comportamiento, he observado con una frecuencia terrible, que al ciudadano alienado le parece que los dem√°s sobran, pero casi nunca piensa que quiz√° el que sobre es √©l o que quiz√° lo que sobre y haya que eliminar es un modo de vida derrochador, generador de cosas superfluas, que adem√°s son generalmente da√Īinas para el medio natural.

Todos van sobrando, menos yo, claro est√°. Todos (o muchos) hacen trabajos in√ļtiles, costosos, innecesarios en √©poca de crisis (menos nosotros, que siempre somos muy √ļtiles).

En época de crisis profunda, que algunos creemos es estructural y no coyuntural y que indudablemente exigirá ajustes graduales a la baja y a lo largo del tiempo, esto obliga a reflexionar sobre lo que es prescindible para el ser humano y lo que resulta verdaderamente imprescindible.

El planeta da signos de agotamiento y los hombres se dividen entre los pocos que dan muestras de miedo y los muchos que no quieren saber nada. Los ladrillos del sistema y sus entramados financieros, otrora gloria del artesonado capitalista empiezan a desmoronarse. Es un s√°lvese quien pueda.

Si de algo hablaré en este documento, es de lo poco que han servido antiguas experiencias sobre hechos similares, y la inmensa capacidad que el ser humano tiene para tropezar innumerables veces en la misma piedra.

Pero de lo que tratar√© en diferentes cap√≠tulos es de analizar qu√© funciones sociales, qu√© trabajos, que producciones de bienes o prestaciones de servicios son realmente imprescindibles en cada estadio de consumo, en funci√≥n del modelo de sociedad que se pretende. Es una forma, un intento de desenmascarar sobre todo a los autosuficientes, a los arrogantes, a los que tienen miedo a los ¬ęotros¬Ľ y son tan incapaces de enfrentarse al modelo que los consume como osados con el d√©bil que tienen al lado. Descubriremos no s√≥lo lo que sobran y molestan los dem√°s y sus ineficiencias e inutilidades, sino tambi√©n y sobre todo, lo que a cada uno de nosotros nos sobra, poco o mucho. De qu√© bagaje de consumo innecesario nos podemos o nos tendremos que desprender todos en el camino descendente del agotamiento de los recursos, con el objetivo sencillo y primordial, justo, equitativo y fraterno para que todos podamos ir manteniendo una vida m√≠nimamente digna (que es aquella que cubre los derechos o necesidades m√°s b√°sicas) y no tanto que unos pocos insistamos en mantenernos en nuestro nivel, aunque sea excesivo y oneroso, no importa las legiones de excluidos crecientes que vayamos desalojando de nuestra √ļnica y com√ļn nave Tierra por el camino de la vida.

Para ello, desarrollaré en el primer capítulo lo que considero son los mínimos vitales verdaderamente imprescindibles para los seres humanos, que son los más fáciles de evaluar y que para su obtención o satisfacción necesitan a su vez muy pocos medios y muy poca energía. Serían básicamente la alimentación en el nivel de las 2.900 kilocalorías diarias y acceso a un mínimo de agua potable, el vestido (y hace falta muy poco; quizá algo más en países de clima severo), un cobijo mínimo, para protegerse del medio, que será más costoso cuanto más hostil sea el medio, pero que no exige necesariamente 150 metros cuadrados por pareja o familia. Una sanidad mínima que trate los principales problemas de salud, pero no necesariamente el derecho a escáneres tridimensionales. Educación, que no tiene por qué ser universitaria. Y poco más.

Sirva como arranque una primera referencia a la torre de Babel de la Biblia, con el famoso cuadro de Pieter Brueghel el Viejo, s√≠mbolo de como se disuelve la arrogancia humana apoyada en su creencia en que la tecnolog√≠a todo lo podr√°. Sue√Īo desbaratado finalmente por la propia complejidad e insostenibilidad que los hombres se dieron a s√≠ mismos. No hay mejor forma de explicar que el aumento creciente de complejidad conduce a la confusi√≥n de las lenguas.

En estos momentos de tribulación, San Ignacio de Loyola aconsejaría a los miembros de su congregación no hacer mudanza.

No voy a sugerir tal, sino m√°s bien proponer un periodo de reflexi√≥n y meditaci√≥n sobre aspectos claves de la vida humana. Posibles formas de enfrentar los pr√≥ximos y temibles acontecimientos en el devenir humano. Momentos de b√ļsqueda de la serenidad, la simplicidad, el raciocinio.

Arrancar√© con una reflexi√≥n antropol√≥gica, termodin√°mica y hasta religiosa sobre las cl√°sicas esencias: de d√≥nde venimos y quienes somos, Si consigo centrar estas dos cuestiones fundamentales, entrar√© en la tercera y no menos importante, como colof√≥n, que es la de plantearse ad√≥nde vamos, sin pretender en absoluto sentar c√°tedra ni hacer en modo alguno de gu√≠a espiritual ni predicador, de los que, como ya San Juan nos previene en su Apocalipsis, aparecer√°n como setas en oto√Īo benigno, en tales momentos de tribulaci√≥n.

UNA EVOLUCI√ďN EXPONENCIAL
Homo sapiens sapiens

El metabolismo del ser humano exige entre 2.800 y 3.200 kilocalorías para sobrevivir. Los toma de los alimentos que ingiere y del sol y esa misma energía la expulsa en forma de heces, trabajo físico o esfuerzo muscular, que provoca la radiación de calor al medio. Así lo exige el equilibrio termodinámico.

Si ponemos esto en vatios equivalentes, son unos 2.400 vatiosxhora por día. Un ser humano vivo, en promedio, es como tener una bombilla de 100 vatios encendida permanentemente.

El mono desnudo es incontestablemente sostenible y ha sido evidentemente perdurable como especie. Y se mantuvo como tal muy estable en el n√ļmero total de individuos, de muy pocos millones, que poblaron el planeta entre dos y tres millones de a√Īos.

En este estadio, el hombre permaneció desde que se le considera como tal en el proceso de la evolución, durante todo ese largo periodo de tiempo, sin producir cambios visibles en el medio natural, demostrando de paso su gran capacidad de supervivencia. Esa puede ser perfectamente una descripción bíblica del Paraíso Terrenal, en el que la Naturaleza proveía y el ser humana vivía sobre ella, pasaba sin tocarla ni mancharla.

El fuego

Prometeo rob√≥ el fuego a los dioses hace unos 300 √≥ 500.000 a√Īos, al decir de los antrop√≥logos y los hombres accedieron y aprovecharon por primera vez sistemas energ√©ticos externos y diferentes de los del funcionamiento de su propio organismo. Los antrop√≥logos tasaron esta primera apropiaci√≥n extra de energ√≠a en unos 50-80 vatios por persona, adicionales a los 100 vatios de potencia promedio de su propio metabolismo.

El primer castigo que impusieron los dioses a los seres humanos hizo que se les cayese el pelo, en el doble sentido de la palabra. Esto en el sentido antropol√≥gico. En el sentido m√≠tico, los griegos dicen que Zeus castig√≥ este atrevimiento encadenando a Prometeo a una roca, donde un √°guila le com√≠a constantemente las entra√Īas. El mito b√≠blico nos dec√≠a que √©ste salto se pagaba con la expulsi√≥n del para√≠so.

Pero la imagen más poderosa de este castigo al atrevimiento humano es la que Dios inflige al hombre (en realidad se inflige el hombre a sí mismo) al verse obligado, por primera vez, a ganar el pan con el sudor de la frente. He aquí una buena representación del falso mito del progreso humano.

El hombre ya estaba empero cegado con su nuevo y flamante poder, que le permit√≠a conquistar latitudes m√°s septentrionales y fr√≠as, con el fuego como compa√Īero de viaje. As√≠ permaneci√≥ este medio mill√≥n de a√Īos, tambi√©n aparentemente sin da√Īar excesiva o de forma apreciable el medio. Pero esta mayor capacidad de apropiaci√≥n de recursos energ√©ticos permiti√≥ aumentar su poblaci√≥n a varias decenas de millones de ejemplares.

La agricultura y la ganadería

El siguiente salto cualitativo en la apropiaci√≥n de los recursos energ√©ticos exosom√°ticos, se produce apenas hace entre 8 y 10.000 a√Īos, cuando el ser humano sistematiza el cultivo de plantas, dando comienzo a la agricultura y casi al mismo tiempo, domestica los animales. La valoraci√≥n que hacen los antrop√≥logos de esta nueva dieta energ√©tica, convierte al agricultor primitivo en una m√°quina de unos 300 vatios de potencia promedio equivalente. Esta habilidad para exprimir mejor los recursos naturales, de apropiarse de ellos con mayor fruici√≥n e intensidad, tambi√©n consigue multiplicar su poblaci√≥n alrededor del centenar de millones de individuos, a cambio de empezar a modificar ya de forma ligeramente apreciable algunos entornos limitados y colonizar m√°s territorios.

Este proceso ve progresos en la capacidad de construir artefactos mecánicos cada vez más perfeccionados. La selección de especies animales y vegetales de mayor rendimiento; el perfeccionamiento de los navíos que permite acceder a continentes lejanos, la invención de la pólvora, las armas de fuego y la potenciación de la esclavitud o la intensificación del uso de metales y aleaciones diversas, permite saltar y colocar a ciertas sociedades europeas, en el nivel de los 500 vatios de potencia promedio por persona, en las culturas dominantes, hacia el comienzo de la era moderna; estadio de apropiación de recursos que coincide con la llegada a América de los europeos.

La especie salta hasta varios cientos de millones de ejemplares, coloniza gran parte del globo terráqueo (Non Plus Ultra!), dibuja monocultivos en grandes superficies y se ve capaz de transportar determinados bienes a miles de kilómetros, aunque sea a vela. El hombre agrícola avanzado ya consume como cinco monos desnudos.

 

La era de los motores y los robots

Y en estas llega James Watt e inventa la m√°quina de vapor que se mueve con le√Īa o carb√≥n.

Se produce, literalmente, una explosión en el consumo de energía y de apropiación de los recursos. El expolio de los recursos naturales es de tal calibre, que lo que da de sí la biosfera, ese maravilloso manto fértil bidimensional de la superficie de la tierra, no alcanza para saciar el hambre energética de las máquinas que creímos al servicio del hombre. Inglaterra ve cómo sus bosques desaparecen como por encanto y varios países europeos abren enormes calveros en los suyos.

El hombre redescubre la tercera dimensión perforando la corteza terrestre a cada vez más considerable profundidad. Se lanza a extraer de la litosfera, de las profundidades de la tierra, lo que la biosfera ya le empieza a negar en superficie. Comienza con el carbón, que empareja muy bien con las máquinas de vapor.

La Alemania de finales del siglo XIX y principios del XX, avanzada de la mecanización en el siglo de las luces, llega a alcanzar la enorme cifra de los 3.000 vatios per capita. Ese es el nivel aproximado promedio del consumo mundial de energía en esta primera década del siglo XXI.

Cada homo industrialis ya consume como treinta homo sapiens. Su habilidad en la apropiación de recursos energéticos con los que transformar el medio, le permite alcanzar el umbral de los mil millones de habitantes en el globo, a comienzos del siglo XX.

Los combustibles líquidos. El petróleo y sus derivados

Muy poco despu√©s Otto y Diesel inventan los motores de explosi√≥n, que se mueven quemando combustibles l√≠quidos. La producci√≥n en cadena; la cadena de montaje es el pen√ļltimo impulso a la capacidad de transformar la naturaleza en provecho propio.¬†El petr√≥leo, el aceite de piedra -petro-√≥leo-, tambi√©n extra√≠do de la tercera dimensi√≥n que es la litosfera, dada su enorme versatilidad, facilidad de almacenamiento y transporte, utilidad diversa mediante el refino, y alto potencial energ√©tico (relaci√≥n energ√≠a por unidad de volumen), se convierte en el combustible ideal y a mediados del siglo XX termina definitivamente sobrepasando al carb√≥n como rey del aporte de energ√≠a primaria, dominando muy especialmente el √°rea del transporte de grandes pesos y vol√ļmenes a grandes distancias.

La Humanidad, que se hab√≠a mantenido bastante estable durante dos o tres millones de a√Īos, se dispara a los 4 y 5.000 millones de individuos. En este estadio civilizatorio de¬†homo industrialis¬†avanzado, los pa√≠ses avanzados llegan a los 6.000 vatios per capita.

El ser humano de la era industrial consume, pues, como sesenta esclavos puestos a su disposición; como sesenta homo sapiens.

Debiéramos preguntarnos si el progreso, tal y como lo hemos medido hasta ahora, fundamental y precisamente por los saltos tecnológicos, no ha sido más bien producto de hacer virtud de la necesidad que surgía de los progresivos agotamientos del entorno que iba dominando.

Como cabe hacerse la pregunta de si la esclavitud, como se conocía tradicionalmente, no se habrá abolido, más que por la elevación del nivel de conciencia y la bondad de los opresores y dominadores, por su cada vez menor necesidad de secuestrar energía exosomática, una vez que las máquinas rendían aparentemente más que los esclavos.

Guerras por los recursos energéticos. Beans, Bullets and Oil

El siglo XX ve las primeras guerras globales por los recursos y principalmente los energ√©ticos. No es s√≥lo la decisi√≥n de Churchill de pasar la flota brit√°nica del carb√≥n al petr√≥leo lo que le da una ventaja guerrera decisiva al imperio brit√°nico. Un general estadounidense se√Īalaba muy gr√°ficamente tambi√©n la variaci√≥n de prioridades de su ej√©rcito entre la primera y segunda guerra mundial: pasaron de ser ¬ębeans, bullets and oil¬Ľ (jud√≠as, balas y petr√≥leo) en la primera, a ser ¬ęoil, beans and bullets¬Ľ (petr√≥leo, jud√≠as y balas) en la segunda.

BATTLEZONE | Beans, Bullets and Black Oil | US Navy Documentary | S21 | Henry Fonda - YouTubeA lo que se podr√≠a a√Īadir, que en la tercera, las prioridades ser√°n ¬ęoil, oil and oil¬Ľ. La cuarta, ya lo dijo Einstein, que se tem√≠a c√≥mo ser√≠a la tercera, se librar√≠a con piedras.

Pero es que los objetivos tambi√©n se centran, cada vez m√°s, en los lugares donde se encuentran los grandes yacimientos de petr√≥leo. Desde la obsesi√≥n de Hitler y Stalin por controlar los yacimientos del Caspio, o las fieras luchas entre Rommel y Montgomery por los pozos del norte de √Āfrica, pasando por el bloqueo del suministro del petr√≥leo que extra√≠a Jap√≥n del archipi√©lago indonesio, que dispar√≥ el ataque posterior a Pearl Harbour, hasta las √ļltimas guerras del golfo P√©rsico (almac√©n del 70% de las reservas restantes del planeta) o del C√°ucaso.

La electricidad, nuevo salto cualitativo

Al petr√≥leo le sigue y acompa√Īa, con verdadero ritmo fren√©tico, la explotaci√≥n intensiva del gas natural y del uranio, √©ste √ļltimo, por primera vez, un combustible no f√≥sil ni de biomasa, que viene precedido por la construcci√≥n de saltos hidroel√©ctricos. La electricidad dota de gran poder de concentraci√≥n humana a las ciudades que no hubieran podido alcanzar ese grado de concentraci√≥n, sin el aporte de gigantescas cantidades de energ√≠a muy elaborada, que deja la suciedad que genera en el exterior y llega ‚Äúlimpia‚ÄĚ al entorno urbano. El hombre tecnol√≥gico ha acabado el siglo XX con 6.700 millones de seres poblando el planeta y por primera vez en la historia, con m√°s poblaci√≥n en grandes ciudades que en el mundo rural. Y adem√°s, tenemos que transportar nuestros crecientes residuos tambi√©n a distancias cada vez mayores para que las ciudades puedan seguir siendo transitadas, con sistemas que enajenan la capacidad del individuo de reutilizar los bienes que consume.

El homo tecnologicus exige 120 esclavos a su disposición

La sociedad tecnol√≥gica es la cumbre del paroxismo consumista, con los ciudadanos de sus culturas dominantes consumiendo como m√°quinas de 12.000 vatios de potencia promedio por persona. Un hombre que lleva 120 bombillas de 100 vatios cada una encendidas permanentemente. Los orgullosos ciudadanos de la cultura tecnol√≥gica, apenas un pu√Īado de pa√≠ses privilegiados hoy (Canad√°, EU y pocos pa√≠ses europeos) consume cada uno de ellos, en promedio, unas 120 veces lo que su antecesor primero, el mono desnudo con que el que comenc√© este cuento.

Una situación insostenible, que no impide que la cultura dominante siga imponiendo la paradoja de que más tecnología puede reducir el consumo con mejora de la eficiencia, algo que los hechos distan mucho de confirmar a nivel global y en todo el proceso de evolución humana.

Las consecuencias: Bosques, ríos cultivos, agua, residuos, gases…

En el √ļltimo siglo, hemos multiplicado la poblaci√≥n humana y el consumo de energ√≠a por seis. En los √ļltimos cinco siglos, hemos acabado con¬†la mitad de los bosques del planeta, que desaparecen a un ritmo neto de, al menos, el 1% anual.

Hemos envenenado y obstruido los grandes r√≠os del planeta, que transcurren casi biol√≥gicamente muertos, o lo que es peor, con especies que se recomienda no comer. Hemos canalizado y secado muchos de los r√≠os medianos y peque√Īos; estamos agotando los acu√≠feros subterr√°neos a ritmos muy superiores a los de reposici√≥n.¬†Para satisfacer nuestras necesidades agr√≠colas, ganaderas, residenciales e industriales, consumimos 5.000 Km3 de agua dulce de los 9.000 Km3 que existen en el planeta, accesibles al ser humano.

Hemos ocupado el 10% de la superficie de todos los continentes para cultivos agrícolas, para alimentación humana y animal. Salinizamos y agotamos la capa fértil de la tierra, sin darle descanso y esquivamos este expolio arrojando millones de toneladas de productos fertilizantes de síntesis y pesticidas de todo tipo, para mantener y aumentar las producciones, que se ven como negocio, más que como necesidad.

Agotamos las pesquerías fluviales y marinas y reducimos la biodiversidad con monocultivos y arrasando áreas vírgenes.

Hemos envenenado y seguimos envenenando el agua del mar, arrojando toda suerte de residuos.

Adem√°s, lanzamos unos 30.000 millones de toneladas de CO2 a la atm√≥sfera cada a√Īo, que parece ser la √ļnica cosa que hoy preocupa a muchos, pero adem√°s, tambi√©n enormes cantidades de metano, que es 21 veces m√°s potente como gas de efecto invernadero que el CO2. Y emitimos tambi√©n millones de toneladas de gases en forma de √≥xidos nitrosos y n√≠tricos y anh√≠dridos sulfurosos, que provocan lluvias √°cidas. Emitimos gases cloro-fluor-carbonados y al quemar nuestros propios y cada vez m√°s voluminosos residuos emitimos los muy venenosos furanos y las tremendas dioxinas.

Comemos petróleo

Seis de cada siete calorías que ingieren los europeos provienen de los combustibles fósiles y solo una de la fotosíntesis que provoca la luz solar. Y 9 de cada diez calorías son de origen fósil para los norteamericanos. Así, Dale Allen Pfeiffer puede decir con toda propiedad que comemos petróleo. Sin este combustible, la producción alimentaria caería en picado, al menos en las dramáticas proporciones ya indicadas.

De entre las culturas que aspiran a vivir en armonía con la naturaleza y las que aspiran a dominarla, la urbana, industrial y masificada ha terminado prevaleciendo.

Parad√≥jicamente, nada m√°s triunfar sobre ella, ahora, aspira a volver a vivir ‚Äúecol√≥gicamente‚ÄĚ o de forma ‚Äúsostenible‚ÄĚ, pero eso si, manteniendo o aumentando los ritmos de explotaci√≥n actuales, aunque con la contradicci√≥n de que quiere hacerlo solo tomando esta ingente cantidad de energ√≠a de la biosfera en la cantidad y al ritmo que la √©sta la produce.

12.000 millones de toneladas equivalentes de petr√≥leo (Tpe’s)

Difícil tarea. Porque hoy consumimos un 80% de la energía primaria de fuentes no renovables y de la tercera dimensión; de las profundidades terrestres, de la litosfera. Y apenas un 20% de la corteza terrestre, de la biosfera. Y a pesar de ser sólo un 20% lo que tomamos del manto terrestre, ya estamos provocando un agotamiento de los recursos que convierte a los renovables, como los bosques y determinados flujos de agua en cursos fluviales en no renovables.Qué es el consumo energético y por qué es importante? | Repsol

Porque nos apropiamos de la energía a una velocidad 400 veces mayor que la que entrega la biosfera y podemos razonablemente adquirir con carácter renovable. En cuanto a los fósiles, la actual velocidad de extracción de los mismos es un millón de veces más rápida que la que la Naturaleza tardó en formarlos en sus intestinos, los pliegues tectónicos de la Tierra.

Decía que el promedio mundial de consumo energético en varias naciones privilegiadas y grupos dirigentes de los demás países ha alcanzado los 12.000 vatios per capita de potencia promedio en consumo de energía.

El promedio mundial, sin embargo, anda por los 2.700 vatios de potencia promedio por persona. Como si cada habitante de este poblado mundo llevase colgados a las espaldas cerca de 3 radiadores eléctricos de mil vatios cada uno. O se comportase cada uno como 27 monos desnudos.

Principio de Pareto o de distribución desigual (originado por el intercambio desigual).

El 20% de los habitantes de los pa√≠ses llamados generalmente desarrollados, consumen el 80% de la energ√≠a y consecuentemente de los recursos, mientras el resto del 80% de la Humanidad se tiene que conformar con el 20% de los recursos restantes. Hay dos formas de describir este expolio o despojo: uno se llama el principio de Pareto, que responde a este esquema de distribuci√≥n injusta del 80/20 y 20/80. El otro es la notaci√≥n marxista del intercambio desigual de bienes, que el desarrollo y perfeccionamiento del comercio mundial y la agilizaci√≥n que ha promovido el potente y predominante mundo financiero han convertido el juego en multitud de intercambios desiguales en cadena; en referencia, por ejemplo, a pa√≠ses como Espa√Īa y similares, expoliados por pa√≠ses m√°s avanzados y al mismo tiempo con capacidad suficiente como para explotar a otros tantos por su cuenta y en competencia con los primeros.

Es curioso que estando en esa proporci√≥n tan abrumadora del 70-80/30-20 y 20-30/80-70, como se observa en el dram√°tico gr√°fico anterior, el objetivo m√°s ambicioso de los pa√≠ses enriquecidos a costa de los recursos naturales de todos los dem√°s, sea el de donar el 0,7% de sus propios presupuestos, que ni siquiera se llega a alcanzar, pero que al parecer dejar√≠a la conciencias bien tranquila a muchas ONG‚Äôs cuyo lema parece reducirse a ‚Äúmenos es nada‚ÄĚ. Y no, no es el 0,7%. Es el 70% lo que deber√≠amos entregar o mejor a√ļn, dejar de expoliar al resto del planeta, si queremos dar un buen ejemplo a seguir y ser verdaderamente consecuentes, ‚Äúsostenibles‚ÄĚ y ecol√≥gicos‚ÄĚ.

Los flujos, en una sola dirección

Oscar Carpintero, en su magn√≠fico libro analizando el metabolismo de la econom√≠a espa√Īola en el periodo 1950-2000, observa que Espa√Īa adquiere cuatro veces m√°s bienes materiales del exterior de los que exporta.

Lo mismo sucede con todos los países desarrollados y tecnológica y financieramente poderosos: el análisis de su puro funcionamiento metabólico dice a las claras que se están apropiando de muchas más materias primas de las que ofrecen en sus intercambios. Paradójicamente, son estos países los principales acreedores del mundo, de forma tal que se produce el milagro del expolio del intercambio desigual e injusto, pero bien razonado: fluyen los recursos naturales a los sumideros energéticos del planeta y fluyen también, como por ensalmo, los flujos financieros en la misma dirección y no en la contraria. Ha variado que ahora ya no es necesario realizar expediciones al golfo de Guinea a por esclavos, cuyos flujos humanos, como no podía ser de otra forma, también se mueven en la misma dirección. Aunque ahora los esclavos ya no huyen como de la peste de los bajeles negreros que aparecen en el horizonte marino, sino que son ellos los que pagan a los negreros el viaje en patera a ninguna parte y por adelantado.

Fe ciega en la tecnología

Lo sorprendente es que a la vista del gráfico anterior sigamos creyendo que más tecnología y más actividad económica conducirá a menos consumo de energía o a menos emisiones de gases de efecto invernadero y demás emisiones contaminantes.
No se sabe bien por qué el hombre moderno tiene una fe tan ciega en la tecnología para sacarle del atolladero en que se ha colocado a sí mismo. Porque es precisamente el uso cada vez más intensivo de la ciencia y la técnica, ahora derivada en tecnología, lo que le ha hecho pasar de estar totalmente integrado en la naturaleza mientras fue mono desnudo y a consumir solo la energía que le servía como alimento, a que el alimento directo sea apenas el 5% de su dieta energética y dedicar un 30% a la economía doméstica, un 40% a la industria y la agricultura y el 25% restante al transporte.

Convendr√° recordar aqu√≠ la famosa frase de Einstein que no me cansar√© de repetir: ‚ÄúNo se puede resolver un problema utilizando la misma l√≥gica que lo cre√≥‚ÄĚ M√°s claro, agua, aunque sigamos d√°ndonos de cabezazos contra la pared.

Lo sorprendente es que todav√≠a nos creamos que con este modelo que nos hemos dado, todav√≠a podemos evitar el calentamiento global, con desenchufar el cargador del m√≥vil por las noches, comprarnos un coche h√≠brido y algunos ajustes cosm√©tico-energ√©ticos m√°s, siguiendo las ense√Īanzas del profeta Al Gore. Y no es con cataplasmas como se resuelve este dilema.

Esto, a decir verdad, solo se resuelve con una enmienda a la totalidad del sistema, con un cambio del modelo de la forma de vida, pero de raíz. Si será posible o no, será sometido a debate más adelante.

100.000 millones de Tm. de materia

Tomamos la energ√≠a como si fuese un bien de consumo m√°s, tambi√©n sujeto a las reglas del mercado. Pero la energ√≠a no es un simple bien de consumo m√°s; es el requisito previo para poder realizar el trabajo que pone todos los dem√°s bienes a nuestra disposici√≥n. Incluso la energ√≠a exige energ√≠a para poder ser puesta a disposici√≥n. Los seres humanos extraen, procesan y transforman 12.000 millones de toneladas equivalentes de petr√≥leo cada a√Īo, en diversas formas y de distintas fuentes.

Pues bien, todo ese flujo ingente de energ√≠a, de materia f√≠sica combustible (y no otra cosa et√©rea o una entelequia financiera) es el que nos permite extraer, procesar, transformar, transportar, movilizar usar y consumir y hasta desechar unos 100.000 millones de toneladas de materia prima cada a√Īo. El gran logro y la gran tragedia de la humanidad es precisamente esta asombrosa capacidad de maniobra sobre la naturaleza. Nada menos que 15 toneladas de materia movilizada cada a√Īo, por cada uno de los much√≠simos habitantes del planeta, de los que dos toneladas son la propia energ√≠a que luego hace posible este milagro, que no se sabe si es m√°s bien un regalo envenenado; otra venganza m√°s de los dioses, esta vez diferida, sobre los descendientes de Prometeo.

Una bomba de relojería: I = T*R*P

El impacto del hombre y su actividad sobre el medio se guía por una ecuación que es I = T*R*P, en el que I es el impacto que provoca sobre el medio, T es el estadio técnico o tecnológico del que se dota para transformar la naturaleza y apropiarse de bienes: R es el grado de riqueza, bienestar o desarrollo en que se encuentra y P es la población sobre ese medio. Todas ellas interaccionan entre sí. Y es esa interacción la que nos ha llevado en tan sólo un siglo de mil a seis mil millones de habitantes y que cada uno de ellos haya pasado además a consumir como veintidós monos desnudos. Este nivel de consumo, individual y colectivo, es lo que es verdaderamente insostenible y está claro que más tecnología no va a lograr sino dispararlo.

Pero en este desaguisado de proporciones descomunales no podemos cargar las responsabilidades de forma igualmente estadística sobre todos. El consumo de bienes y la apropiación de los recursos naturales, siendo la energía la conditio sine qua non para ello, se lleva a cabo de forma muy desigual y muy injusta. Como se ha visto, unos cardan la lana y otros se llevan la fama.Cómo el fin del petróleo cambiará la geopolítica mundial

El cenit de una producción como concepto

En esta situación grave de depredación de los recursos per capita y totales, surge una nueva complicación. El petróleo llega al cenit de su producción mundial y el gas natural le va a seguir con bastante rapidez.

El petr√≥leo se encuentra impregnando rocas, m√°s o menos porosas, en el subsuelo. Su extracci√≥n se realiza perforando la corteza terrestre. Seg√ļn sea el yacimiento, el l√≠quido sale m√°s o menos f√°cilmente por su propia presi√≥n interna. Cuando se descubre un yacimiento, los ge√≥logos realizan un mapa del mismo con m√°s perforaciones hasta que delimitan su extensi√≥n, profundidad, presi√≥n y calidad. Al principio, el volumen de extracci√≥n va aumentando con m√°s perforaciones que hagan rentables los sistemas de transporte del mismo (ferrocarriles con cisternas u oleoductos, etc.).

A medida que se extrae el petróleo, la presión del yacimiento, siempre de dimensiones limitadas, suele disminuir y con ella, el flujo o ritmo de extracción del mismo. Y finalmente, el flujo comienza a disminuir, aunque a veces la presión se fuerza con inyección de líquidos (p.e. agua de mar) o gases (CO2, nitrógeno, etc.). Este ritmo de extracción, de explotación o consumo, por parte de la sociedad, tiene una forma de campana, llamada curva de Hubbert, en honor al geólogo estadounidense de Shell, Marion King Hubbert, que fue el primero en sistematizar este comportamiento, estudiando los grandes y medianos yacimientos estadounidenses. Es una curva gaussiana o sigmoide, parecida al perfil de una campana: el rimo de extracción sube primero y llega a un punto en que el aumento reduce su ritmo y llega a un pico o meseta, que a veces puede ser doble, para luego declinar, irreversiblemente, hasta que el yacimiento se agota totalmente.

Ecolog√≠a Cuentas Claras: Caricatura 7: El fin del Petr√≥leoHubbert predijo en los a√Īos 50, cuando EU nadaba en petr√≥leo, que al ritmo de explotaci√≥n y con las reservas conocidas, conociendo el comportamiento de cientos de pozos y decenas de yacimientos, ya en pronunciado declive, su pa√≠s llegar√≠a al cenit en 1970 y el mundo lo har√≠a en el a√Īo 2000. Hubert fue ridiculizado durante casi dos d√©cadas, hasta que en 1971, los EU llegaron efectivamente a su cenit, para luego entrar en el terrible declive en que hoy se encuentra. Pas√≥ de ser el primer productor, consumidor y exportador del mundo, precisamente en la cima de su producci√≥n, en 1970, a ser el mayor importador de petr√≥leo del mundo y a necesitar importar cerca del 70% del petr√≥leo que hoy consume, a pesar de haber descubierto grandes yacimientos en Alaska y en el golfo de M√©xico, con posterioridad a su cenit de producci√≥n. El cenit, observan los ge√≥logos, se suele producir aproximadamente cuando la mitad del recurso extra√≠ble ha sido explotado.

Hubbert predijo tambi√©n, con los datos de las reservas probadas que ten√≠a en los a√Īos 50, que el mundo entero llegar√≠a a su cenit de la producci√≥n hacia el a√Īo 2000. Aunque desde los a√Īos 70 se han descubierto muchos grandes y miles de medianos y peque√Īos yacimientos, Colin Campbell y Jean Laherrere, dos importantes ge√≥logos, publicaron sus conclusiones con bases de datos mucho m√°s completas y actualizadas: el mundo llegar√≠a a su cenit hacia el 2008-2010. Se basaban en los c√°lculos de m√°s de un centenar de pa√≠ses productores, de los que ya m√°s de 50 se encontraban en declive, y centenares de yacimientos y miles de pozos ya agotados. Su trabajo, publicado en 1998 en la revista Scientific American, tuvo el efecto de una gran sacudida mundial y supuso la reivindicaci√≥n total de la memoria de Hubbert a nivel mundial. Estos ge√≥logos crearon ASPO, la Asociaci√≥n para el Estudio del Cenit del Petr√≥leo y el Gas, que ahora tiene m√°s de treinta y cinco asociaciones nacionales, todas ellas sin √°nimo de lucro y que en Espa√Īa representamos desde la Asociaci√≥n para el Estudio de los Recursos Energ√©ticos.

Kenneth Deffeyes, profesor em√©rito de la Universidad de Princeton y disc√≠pulo de Hubbert, dijo en una reuni√≥n de ASPO en 2005, que el mundo hab√≠a llegado al cenit de la producci√≥n de petr√≥leo el d√≠a de Acci√≥n de Gracias a las 15.00 horas. Muchos tomaron a broma la predicci√≥n desde luego ir√≥nica, si bien se ha observado que en 2005 se produjo efectivamente el punto m√°ximo de la producci√≥n mundial de petr√≥leo que los ge√≥logos definen como ‚Äúconvencional regular‚ÄĚ. La producci√≥n total ha seguido subiendo hasta los 86 millones de barriles diarios, a base de compensar la ca√≠da de la producci√≥n de petr√≥leo regular convencional con el aumento de lo que se denomina petr√≥leo no convencional (el polar, de aguas profundas, el de esquistos bituminosos o arenas asf√°lticas o los l√≠quidos combustibles que se extraen del gas), de forma que √©ste supone ya m√°s del 20% del total de la producci√≥n mundial.

La levadura, los genes y el crecimiento exponencial

En este punto, cabe preguntarse por qu√© los EU, salvo Hubbert, con toda su ciencia y t√©cnica y poder anal√≠tico y financiero no pudieron prever y menos a√ļn, anticipar, su llegada al cenit y posterior declive. O tambi√©n por qu√© precisamente cuando el mundo est√° llegando al cenit de la producci√≥n, al mundo entero no parece importarle nada.
Un posible razonamiento puede quizás observarse en una tinaja de mosto, lista para convertirse en vino. El proceso se realiza mediante la multiplicación de los hongos de la levadura, que crece bien en un medio alimenticio de este tipo.

Pongamos esta premisa simplificada: el mosto tardar√° aproximadamente tres semanas en que la levadura que lo fermenta, transforme totalmente el nutriente de los az√ļcares en alcohol et√≠lico.

Pues bien. Supongamos que los hongos duplican su poblaci√≥n cada hora. La pregunta es ¬Ņcu√°nto tiempo tardar√≠an en llegar a consumir la mitad de los az√ļcares de la tinaja? O dicho de otra forma ¬Ņcu√°nto tiempo queda para terminar de convertir la mitad de una tinaja en alcohol, cuando ya la otra mitad del mosto se ha transformado?

La respuesta simplificada es que este nivel se alcanzar√≠a en la √ļltima hora de las tres semanas de fermentaci√≥n.

La mayor carencia de la raza humana

Albert Bartlett, un profesor de la Universidad de Colorado dice, y no sin cierta raz√≥n, que ‚ÄúLa mayor carencia de la raza humana es su incapacidad para entender la funci√≥n exponencial¬Ľ.

Al igual que la levadura sobre el mosto, los humanos hemos actuado sobre el medio natural. Estamos a las 11 de la noche del √ļltimo d√≠a de una vida de tres semanas, en que dispondremos de recursos energ√©ticos suficientes para vivir. Nunca hab√≠amos sido tantos comiendo tanto. Y celebramos que todav√≠a nos queda media tinaja entera de mosto por digerir. Pero al no poder asimilar el significado de la funci√≥n exponencial, tendemos a creer que nos queda la mitad del tiempo para actuar y corregir el rumbo. Vivimos y actuamos seg√ļn el famoso ‚ÄúDios proveer√°‚ÄĚ.

150 millones de a√Īos de formaci√≥n, consumidos en 150 a√Īos

Con el petr√≥leo, con el gas o con cualquier recurso finito y sujeto al agotamiento, pasa igual que con el mosto. Estos combustibles f√≥siles tardaron varias decenas de millones de a√Īos en formarse, y hemos tardado, desde que empezamos a utilizarlos unos 150-200 a√Īos en llegar a consumir la mitad de los que est√°n disponibles, principalmente el petr√≥leo y el gas.

Pero al ritmo de multiplicaci√≥n de los hongos de nuestro comportamiento pretendidamente humano, la otra mitad desaparecer√° en apenas medio siglo m√°s. Y si no lo hace en la √ļltima media hora, es porque ni los hongos ni los humanos siguen una exponencial perfecta. Pasan por las mismas fases de demora inicial, en que las levaduras se aclimatan a las condiciones del mosto; luego, una fase de crecimiento, efectivamente exponencial, para seguir con una fase estacionaria, obligada por la enorme poblaci√≥n de levaduras, que hace mantenerse la transformaci√≥n a velocidad y temperatura m√°s o menos constante y finalmente entrar en una fase de velocidad de fermentaci√≥n declinante e irreversible, en la que las levaduras comienzan a morir por falta de nutriente.

Casi especular con la curva de Hubbert para la explotación de los recursos fósiles. Dejo algunas preguntas para el debate, más filosóficas que energéticas:

¬ŅVerdaderamente tenemos libre albedr√≠o o estamos tan predeterminados en nuestro accionar como los hongos de la levadura? ¬ŅTendr√° raz√≥n Richard Dawkins, al creer que nos comportamos como un simple gen ego√≠sta? ¬ŅHay forma de frenar voluntaria, consciente y colectivamente un modo de consumo tan exponencial como insostenible? ¬ŅDe qu√© nos sirve que nos cuenten el pecado de Prometeo, si nosotros seguimos justificando y ensalzando el robo que nos dio el primer acceso a la ciencia, y a su hija bastarda, la t√©cnica y luego a su nieta bastarda, la tecnolog√≠a? ¬ŅDe qu√© nos sirve, que nos digan que no deber√≠amos jugar a ser como dioses comiendo manzanas prohibidas, porque Jehov√° puede expulsarnos del para√≠so de cazadores recolectores y enviarnos a ganar el pan con el sudor de nuestra frente de agricultores y ganaderos, o peor a√ļn, con el gran sudor de la prominente frente de seres industriales y tecnol√≥gicos?

¬ŅPor qu√© sigue vigente el mandato Abrah√°mico del ‚Äúcreced y multiplicaos‚ÄĚ, posiblemente razonable cuando los individuos eran pocos y la naturaleza mucha y hostil, si ahora el hostil es el hombre y la naturaleza dominada est√° rodilla en tierra?

Las finanzas mundiales, heraldo del agotamiento de los bienes físicos

El interés bancario, no es otra cosa que la potenciación mediante el dinero, de los modos de reproducción exponencial de todo ser vivo, al que la naturaleza limita con una biosfera de soporte de dos dimensiones, porque obliga al tomador de un préstamo a devolver el principal y además los intereses, en un determinado tiempo.

El pr√©stamos con inter√©s fomenta a la en√©sima potencia esta caracter√≠stica. ¬ŅPara qu√© la iglesia cristiana y luego la musulmana condenaron la pr√°ctica del pr√©stamo con inter√©s si terminan finalmente abjurando del pecunia pecuniam parere non potest (el dinero no puede parir dinero) de Santo Tom√°s y hasta mutan la oraci√≥n bimilenaria del Padrenuestro de ‚Äúperdona nuestros pecados, as√≠ como nosotros perdonamos a nuestros deudores‚ÄĚ a ‚Äúperdona nuestras ofensas, as√≠ como nosotros perdonamos a los que nos ofenden‚ÄĚ? ¬ŅPor qu√© los seres humanos son incapaces hoy de concebir una sociedad sin intereses bancarios, que obligan a devolver m√°s de lo tomado y por tanto a acelerar la transformaci√≥n de la naturaleza sin l√≠mites?

Llegan tiempos de prueba. Habr√° que recordar a los creyentes el Evangelio seg√ļn San Mateo. En Mateo, 19, 16-22 se dice: Luego se le acerc√≥ un hombre y le pregunt√≥: ¬ęMaestro, ¬Ņqu√© obras buenas debo hacer para conseguir la Vida eterna? Jes√ļs le dijo: ¬ę¬ŅC√≥mo me preguntas acerca de lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Si quieres entrar en la Vida eterna, cumple los Mandamientos¬Ľ¬Ľ¬ŅCu√°les?¬Ľ, pregunt√≥ el hombre. Jes√ļs le respondi√≥: ¬ęNo matar√°s, no cometer√°s adulterio, no robar√°s, no dar√°s falso testimonio, honrar√°s a tu padre y a tu madre, y amar√°s a tu pr√≥jimo como a ti mismo¬Ľ. El joven dijo: ¬ęTodo esto lo he cumplido: ¬Ņqu√© me queda por hacer?¬Ľ ¬ęSi quieres ser perfecto, le dijo Jes√ļs, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres: as√≠ tendr√°s un tesoro en el cielo. Despu√©s, ven y s√≠gueme¬Ľ Al o√≠r estas palabras, el joven se retir√≥ entristecido, porque pose√≠a muchos bienes.

Hoy somos todos inmensamente ricos en disponibilidad de energía y no basta con cumplir los mandamientos de Al Gore y desenchufar el cargador del móvil por las noches o comprar un coche híbrido o reciclar las basuras. Hay que entregar la riqueza energética para ser perfecto, pero mucho me temo, que la inmensa mayoría de nosotros nos alejaríamos entristecidos si llegamos a ser sometidos a esta prueba y antes que abandonar voluntariamente nuestro consumista modo de vida, podría pasar un camello por el ojo de una aguja. la Naturaleza tendrá entonces que hacerse cargo.

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