Ago 5 2013
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Despacito por las piedras

LOS DISIDENTES (gringos)

Casi todos hablan de cómo creían en la retórica oficial de su país, en la misión de Estados Unidos como guardián mundial de la democracia, como faro de esperanza libertador, como ejemplo para la humanidad.

Casi todos recuerdan que por eso se sumaron a las filas de agencias de inteligencia, a las fuerzas armadas, al Departamento de Estado o a la FBI. Y recuerdan cuando, con esa noble dedicación, denunciaron y revelaron algo que parecía abuso, corrupción o violación de los ideales tan repetidos por los representantes y líderes del país, y fueron expulsados de sus mundos y algunos condenados por traidores.

Siete de ellos han sido o est√°n acusados por el gobierno de Barack Obama seg√ļn la Ley de Espionaje y otros por divulgar secretos oficiales v√≠a los medios de comunicaci√≥n, m√°s del doble de los casos que todos los presidentes anteriores combinados. El gobierno afirma que todos estos casos son estrictamente asuntos legales y no pol√≠ticos, y rechaza que los acusados sean denunciantes o disidentes. Afirma que son simples criminales que violaron no s√≥lo las leyes, sino la confianza p√ļblica, en efecto, traidores.

Dos de ellos est√°n en los titulares mundiales de la noticia: el soldado Bradley Manning, cuyo consejo de guerra est√° por determinar su condena penal por varios cargos, incluidos cinco seg√ļn la Ley de Espionaje; el otro, Edward Snowden, a quien se acaba de otorgar asilo pol√≠tico en Rusia, por ahora ha logrado escapar de las autoridades estadunidenses y de cargos por esa misma ley.

Entre los otros cinco denunciantes está Thomas Drake, analista de alto rango de la NSA, quien expresó preocupaciones a sus superiores por violaciones a la privacidad de estadunidenses por parte de la agencia, y más tarde platicó con un reportero sobre abusos y prácticas de mala administración en la NSA. A pesar de que el caso criminal en su contra, de acuerdo con la Ley de Espionaje, se desestimó, sigue en la lista negra, como todos los denunciantes que trabajan en inteligencia o defensa, y con ello su carrera. El ex integrante de la fuerza aérea y analista de la CIA ahora trabaja en una tienda de Apple.

John Kiriakou, ex agente de la CIA, fue condenado a dos a√Īos y medio de c√°rcel por dar a periodistas, incluido uno del New York Times, los nombres de dos ex colegas que hab√≠an empleado t√°cticas de tortura en interrogatorios. Stephen Jin-Woo Kim, contratista del Departamento de Estado, enfrent√≥ cargos por filtrar informaci√≥n al periodista James Rosen, de Fox News (quien despu√©s, se revel√≥, fue espiado por la FBI). Shamai Leibowitz, ex traductor de la FBI, filtr√≥ a un bloguero que promueve la paz entre Israel y Palestina transcripciones de intervenciones telef√≥nicas de la embajada de Israel en Washington sobre esfuerzos para influir en la opini√≥n p√ļblica estadunidens. Jeffrey Sterling, ex agente de la CIA, se declar√≥ no culpable de filtrar informaci√≥n sobre planes estadunidenses de sabotaje de planta nucleares de Ir√°n a James Risen, del New York Times. Risen ha rehusado identificar su fuente, y el gobierno de Obama ha logrado que un tribunal le ordene hacerlo o enfrentar√° la c√°rcel.

Otros denunciantes a lo largo de las √ļltimas d√©cadas han enfrentado graves consecuencias, sobre todo el fin de su carrera, aun en casos donde las acusaciones legales en su contra fueron desestimadas. El m√°s famoso entre ellos, Daniel Ellsberg, quien filtr√≥ los Papeles del Pent√°gono en 1971, afirma que la persecuci√≥n de quien se atreva a revelar secretos oficiales a la opini√≥n p√ļblica es peor con Obama que en tiempos de Richard Nixon.

Aunque las autoridades insisten en que sólo están aplicando la ley, los críticos sospechan que más bien se trata de suprimir las libertades de expresión y de prensa, y sobre todo la disidencia dentro de las filas oficiales.

Muchos recuerdan que esta Ley de Espionaje fue empleada inicialmente como arma pol√≠tica contra disidentes cuando fue promulgada en 1917, cuando Estados Unidos entr√≥ a la Primera Guerra Mundial. Fue usada contra socialistas, anarquistas y pacifistas que se opon√≠an a la guerra, entre ellos el l√≠der y candidato presidencial socialista Eugene Debs (quien pas√≥ cinco a√Īos en la c√°rcel), l√≠deres anarcosindicalistas del gremio IWW, as√≠ como para deportar a Emma Goldman y cientos de extranjeros m√°s que criticaban la pol√≠tica b√©lica en ese tiempo.

Tal vez para algunos en el gobierno lo que más preocupa es que se multipliquen expresiones como éstas, resultado de los secretos revelados:

‚ÄúHe servido en el complejo militar industrial durante 10 a√Īos, primero como soldado en Bagdad, y ahora como contratista de defensa. Cuando ingres√©, cre√≠a en la causa. Era ignorante, ingenuo y estaba enga√Īado. Se ha comprobado que la narrativa profesada por el Estado, de la que hacen eco los medios establecidos, es falsa y criminal. Nos hemos convertido en lo que pensaba que combat√≠amos. Recientes revelaciones de valientes periodistas sobre cr√≠menes de guerra, incluidas las guerras sucias de contrainsurgencia, terrorismo por drones, la suspensi√≥n del proceso debido, tortura, vigilancia masiva‚Ķ han arrojado luz sobre la verdadera naturaleza del gobierno estadunidense… Algunos dir√°n que estoy haciendo algo irresponsable, impr√°ctico e irracional.

Otros dir√°n que estoy loco. He llegado a creer que la verdadera locura es no hacer nada. Mientras estemos sentados en la comodidad, ciegos ante las injusticias del mundo, nada cambiar√°‚Ķ Yo s√≥lo era un soldado, y ahora soy un administrador de bajo rango. Sin embargo, siempre he cre√≠do que si cada soldado arrojara su rifle al suelo, se acabar√≠a la guerra. Por lo tanto, hoy arrojo el m√≠o…‚ÄĚ Esta es la carta de renuncia de Brandon Toy, administrador de un proyecto de veh√≠culos de combate artillados de una divisi√≥n de General Dynamics, una de las principales contratistas del Pent√°gono.

Aquellos que pueden ceder una libertad esencial para obtener un poco de seguridad temporal no merecen ni libertad ni seguridad: Benjamin Franklin.

David Brooks, La Jornada

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