Oct 6 2007
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Cultura

LOS QUE NO DEBEN SER OLVIDADOS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Se ha dicho que para la ling√ľ√≠stica peruana Torero ha sido lo que fue Julio C√©sar Tello para la arqueolog√≠a, sin embargo Alfredo Torero sufri√≥ persecuci√≥n y tortura en el gobierno de Fujimori y, tras salvarse milagrosamente de tres intentos de asesinato, se encontr√≥ en calidad de asilado pol√≠tico en Holanda.

Torero opt√≥ al Doctorat d’√©tat de La Sorbona donde obtuvo el Doctorado en Ling√ľ√≠stica en 1965 y deb√≠a presentar este importante texto traducido al franc√©s antes de setiembre del 2004, fecha en que dicho t√≠tulo acad√©mico se otorgar√≠a por √ļltima vez.

A consecuencia de las torturas sufridas (la polic√≠a le vend√≥ los ojos con piedras durante 15 d√≠as da√Ī√°ndole irremediablemente las m√°culas de los ojos) Alfredo Torero perdi√≥ r√°pidamente la vista y se encontr√≥ impedido de efectuar √©l mismo la traducci√≥n de este tratado.

La alternativa era encargar la traducci√≥n a un profesional pero lamentablemente la pensi√≥n que recib√≠a como refugiado pol√≠tico era insuficiente para cubrir siquiera una m√≠nima parte del costo de la traducci√≥n. En ese sentido sus exalumnos sanmarquinos, radicados por azares del destino en Europa, nos movilizamos y procuramos obtener traductores voluntarios para este empe√Īo.

Acudimos a universidades, institutos tecnológicos, centros de formación de traductores e intérpretes, incluso nos dirigimos a la propia Sorbona, pero a pesar del interés profesional y humano que suscitó el caso no logramos encontrar a un alumno que pudiera traducir el libro como tesis para graduarse.

El mensaje colocado en varias páginas de traductores en Internet tuvo recibimiento solidario pero, como siempre ocurre en Europa, fue difícil articular las fechas de entrega con la disponibilidad de los colegas europeos que se ofrecían a traducir máximo 10 páginas cada uno.

El texto en espa√Īol es sumamente interesante y est√° escrito en un castellano hermoso, pero contiene l√≥gicamente terminolog√≠a t√©cnica y especializada. El doctor Torero reconociendo esta dificultad se ofreci√≥ a estar disponible permanentemente para consultas de parte del traductor.

Tras m√°s de 10 meses de intentos infructuosos, miles de llamadas telef√≥nicas, mensajes electr√≥nicos y contactos personales, encontramos la luz al final del t√ļnel; la respuesta nos lleg√≥ de donde debimos buscarla en primer lugar: el Per√ļ.

Con la solidaridad que caracteriza a los peruanos se pod√≠a formar un ¬ępool¬Ľ de traductoras dispuestas a asumir esta tarea que ser√≠a revisada por una reconocida traductora francesa, con la asesor√≠a t√©cnica de Alfredo Torero. Cuando le comunicamos a Alfredo esta posibilidad su reacci√≥n fue previsible, con l√°grimas en los ojos manifest√≥ su emoci√≥n por esta respuesta, pero de ninguna manera aceptar√≠a tama√Īo sacrificio.

No había imaginado el costo total de la traducción de su obra, pues esperaba traducirla él mismo. La ceguera se lo impedía, pero consecuente con su honestidad y sus principios de izquierda él nunca tomaría el trabajo de un semejante sin darle el justo pago.

foto

La traducci√≥n no pudo hacerse, el asidero intelectual que pudo haberlo mantenido interesado y alerta no se dio y Alfredo sumido en la tristeza del invierno y en la humedad de la primavera no encontr√≥ el istmo que lo mantuviera unido a su amado Per√ļ. Muy pocos meses despu√©s empez√≥ a sentirse enfermo y el malestar deriv√≥ en un c√°ncer que acab√≥ con su vida en pocos meses.

Cuando lo visit√°bamos en √Āmsterdam en su casita de refugiado, en un barrio para personas de la tercera edad, ya empezaba a mostrar los s√≠ntomas de abandono. La casita luc√≠a lo que rode√≥ a Alfredo en el destierro: la calefacci√≥n donada e instalada por una exalumna sanmarquina peruana residente en Londres, el tapiz√≥n que lo aislara del fr√≠o holand√©s, comprado e instalado por amigos peruanos residentes en Alemania; el tesoro m√°s caro a su coraz√≥n: el mapa del Per√ļ que alg√ļn profesor peruano visitante colgara en su franciscana salita y un bander√≠n de la UNMSM que alg√ļn colega sanmarquino le llevara para alegrarlo… Hab√≠a tambi√©n un afiche con los peces del Pac√≠fico que Alfredo usaba como ejercicio para sus ojos, procurando encontrar los elementos comunes en sus aletas, colorido, nombre latino, etc.

Sus amados libros ocupaban un estante cerca de su mesa de trabajo, desde tratados ling√ľ√≠sticos hasta filosof√≠a y poemas de Vallejo cuyo humor admiraba. Fue su voluntad donarlos a la Biblioteca de San Marcos.

Los holandeses fueron acogedores y amables con Alfredo; recuerdo dos de sus an√©cdotas. La primera ocurri√≥ cuando √©l lleg√≥ a √Āmsterdam una fr√≠a y lluviosa tarde de invierno, cuando a las 4 de la tarde ya era de noche. Hab√≠a salido de Lima con su chompita de alpaca, pantal√≥n drill, calzaba mocasines y ten√≠a una maleta por todo equipaje. √Āmsterdam lo esperaba con dos grados y con una lluvia interminable y copiosa. Aterido sal√≠a de la estaci√≥n central, cuando una elegante pareja, adecuadamente vestida con largos abrigos y grandes paraguas, se le acerc√≥. El caballero sin decirle una palabra, le entreg√≥ su gran paraguas, le sonri√≥ y se alej√≥ r√°pidamente con su pareja.

Conforme avanzaba su ceguera Alfredo evitaba salir a caminar pues no distinguía el borde de la vereda. Más de una vez se cayó en la calle y nunca faltó la mujer o el hombre que corriera a auxiliarlo, poniéndole una almohada bajo la cabeza, cubriéndolo con una manta y llamando a una ambulancia. Una vez llegada la ambulancia partían con él hasta el hospital para asegurarse de que recibiera la atención necesaria.

Alfredo dec√≠a que para conservar la cordura, el exiliado alejado de la patria amada deb√≠a forjarse una segunda familia en el pa√≠s que lo acoge. Y as√≠ lo hizo. Roberto Cedr√©s, asilado uruguayo fue un amigo entra√Īable para Alfredo. Con su dominio del holand√©s y de la cultura de este pa√≠s lo gui√≥, lo orient√≥ y lo acompa√Ī√≥ como un verdadero hermano en sus momentos de agon√≠a en √Āmsterdam; es m√°s, logr√≥ que el gobierno de Holanda lo enviara a Espa√Īa donde resid√≠a Mosita, hermana menor de Alfredo y amigos m√©dicos peruanos que estar√≠an a su inmediata disposici√≥n. Fue as√≠ que Alfredo falleci√≥ en Espa√Īa, pa√≠s que le hab√≠a negado el asilo pol√≠tico cuando √©l tuvo que salir del Per√ļ.

Alfredo fue asesor de tesis de varias personas y Mafi, ling√ľista chilena, tom√≥ turnos con Roberto para visitarlo diariamente en el hospital. Otros que viv√≠amos m√°s lejos lo llam√°bamos por tel√©fono todos los d√≠as pues poco a poco formamos la segunda familia que Alfredo necesitaba cerca suyo.

Su partida a Espa√Īa fue r√°pida y triste, algunos pudimos despedirnos personalmente de Alfredo y agradecerle su dedicaci√≥n, su honestidad, sus luchas, su entrega constante a sus ideales, sus aportes profesionales y su solvencia moral. Un hombre honesto en el Per√ļ es una rara flor, una joya.

Lo que más lamentamos fue saber que habiendo gente de izquierda en el gobierno de Toledo no se le aceptaran sus innumerables pedidos de reconsideración ni se le brindara la oportunidad de regresar a su patria, abrazar a los suyos y respirar su mar de Huacho.

Hecho extra√Īo en un pa√≠s donde s√≠ que le fueron condonados m√°s de 100 juicios a un criminal comprobado como Alan Garc√≠a y donde seguramente otros tantos le ser√°n perdonados a Alberto Fujimori y a Vladimiro Montesinos.

Nadie le dio a Torero la oportunidad de regresar al Per√ļ y explicar su versi√≥n de los hechos que hicieron que su caso fuera incluido, por √≥rdenes de Fujimori, en el mismo expediente que el de Abimael Guzm√°n. Alfredo Torero era una ¬ępapa caliente¬Ľ para los pol√≠ticos de todas las tiendas, especialmente las de izquierda.

Roberto Cedr√©s le brind√≥ a Torero la oportunidad que todos los pol√≠ticos peruanos le negaron, Alfredo narra en un v√≠deo su versi√≥n de la historia del Per√ļ. Habla de su vida personal; de su relaci√≥n con su padre; de su amor por el quechua, de su amistad con Jos√© Mar√≠a Arg√ľedas. Refiere la lucha contra los apristas en el colegio Alfonso Ugarte, en la casona de San Marcos, en los sindicatos, en las organizaciones populares.

Describe la forja del ARI y los entretelones de las luchas intestinas que frustraron la gran ilusi√≥n de los peruanos en los a√Īos 80. Alfredo deja un testimonio contra la amnesia hist√≥rica, se despide de su pueblo, de sus colegas, de sus familiares y amigos y espera que alguien tome su posta… documento valios√≠simo que Roberto Cedr√©s deseaba presentar en San Marcos el 18 de junio de 2005, tal como se lo prometi√≥ a Alfredo para que quedara al alcance del pueblo peruano en todos los sectores.

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* Traductora e Intérprete, integra el Consejo Directivo
de la Cámara de Traductores, Intérpretes y Filólogos de Bélgica.

yoli_sala@hotmail.com.

addenda
HOMENAJE AL LUCHADOR

El pasado 10 de Setiembre Alfredo Torero Fern√°ndez de C√≥rdova habr√≠a cumplido 77 a√Īos de edad.
Hoy podemos se√Īalar que su recuerdo contin√ļa bregando junto a nosotros por construir la nueva sociedad a la que dedic√≥ su vida misma.

Tenemos el mejor concepto de lo que signific√≥ Alfredo Torero Fern√°ndez de C√≥rdova para la lucha socialista en el Per√ļ: Desde el Colegio Guadalupe la organizaci√≥n partidaria lograba su filiaci√≥n en las huestes del Cambio Social y Alfredo Torero se orientaba resueltamente hacia el Socialismo Peruano.

Foro Centenario de Mari√°tegui*

Desde su c√°tedra universitaria de Ling√ļ√≠sta colabor√≥ y aport√≥ al estudio del Quechua y las lenguas precolombinas como parte del desarrollo aut√≥nomo de los pueblos originarios.

Desde su condición de Docente y Autoridad Univesitaria, tanto en la Universidad Agraria como en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, supo entender las luchas del pueblo y también participó y colaboró directamente en ellas.

El primer gobierno aprista (1985-1990) puso la punter√≠a en las Universidades P√ļblicas acusando a diestra y siniestra a todo luchador social de terrorista, persiguiendo a todos los dirigentes, encarcelando a quienes estudiaban las obras de Jos√© Carlos Mari√°tegui acusandolos de apolog√≠a y otras patra√Īas.

El gobierno ap√°trida de Fujimori (1990-2000) continu√≥ con esta persecusi√≥n y perpetr√≥ atentados para liquidarlo f√≠sicamente, por eso sin mucho que escoger eligi√≥ el exilio. Eran los tiempos en que la trampa de los ¬ęarrependitos¬Ľ y los ¬ęjueces sin rostro¬Ľ maquinaban todo el aparato represor para liquidar a los luchadores por un Per√ļ Nuevo en el Mundo Nuevo; eran los tiempos del Grupo Colina y los aniquilamientos selectivos, eran los tiempos de Fujimori y Vladimiro Montesinos.

Cuando estuvo preso los polic√≠as lo vendaron colocando piedras peque√Īas que apretaban sus ojos, ocasion√°ndole da√Īos irreversibles pues al poco tiempo perdi√≥ la capacidad visual quedando por siempre en la oscuridad.

Alfredo Torero Fernández de Córdova murió en el exilio, sin tener la oportunidad de demostrar que su pensamiento y su acción estaban junto al pueblo al cual sivió de todo corazón. Ese mismo pensamiento que enarboló José Carlos Mariátegui y que en Noviembre de 1929 el dictador Leguía y su policiá política pretendió sojuzgar sin lograr este nefasto fin, pues el Amauta al igual que Alfredo TORERO, continuaron defendiendo sus ideas.

Hoy, a pesar del tiempo, nos queda la oportunidad de recordar a Alfredo Torero Fernández de Córdova tal y como siempre lo recordaremos.

Hoy, parafraseando el Himno al Comandante Carlos Fonseca, diremos por Alfredo Torero Fernández de Córdova :

¬ęCuando los afiches del tirano sean insepultas huellas de la escoria / Cuando los traidores y cobardes sean referencia de una vieja historia / Las generaciones venideras … / Van a recordarte eternamente / Con tu carabina disparando Auroras¬Ľ.

( Firma):
Secretariado Ejecutivo.

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