Marcelo Justo: Tras la noche oscura, la superivencia durante la dictadura

21

 

Nadie ha quedado exento de los resabios de la dictadura terrorista 1976-1983, pese a que han transcurrido dos generaciones. Desde ya laten los 30.000, los ni√Īos (hoy adultos) robados a sus padres, los desaparecidos, la tortura, la represi√≥n, el exilio. Perdura el modelo de miseria neoliberal planificada, el aparato productivo nacional destruido. Asimismo secuelas m√°s sutiles: el individualismo, el s√°lvese quien pueda, las redes de solidaridad desgarradas, el mesianismo, la prepotencia, la impostura, su ruta‚Ķ Efectos hist√≥ricos, evidentes y tambi√©n de los otros, naturalizados, incorporados al acervo ideol√≥gico como si siempre hubiesen estado all√≠.

El autor, Marcelo Justo.

A√Īos que fueron siglos, transcurrieron ‚ÄĒy prosiguieron‚ÄĒ portando la carga l√ļgubre del terror inmanente. Tiempos en los que, no obstante, la vida insist√≠a en su andar, en buscar entre la hojarasca seca una brizna solidaria, acaso el amor, af√°n de reencuentro, instantes de alegr√≠a, compartir la tristeza. Algo de esta rara mixtura es la que el periodista Marcelo Justo (Buenos Aires, 1954) vuelca con precisi√≥n de cronista y excelencia de escritor en los quince relatos de su √≥pera prima, El regreso de la noche. Vuelta a la vida luego de la amenaza constante, recuento de lo perdido y lo logrado, chispas luminosas tras la oscuridad de la bruma.

El primer cuento, el m√°s extenso y t√≠tulo del libro, baraja las cartas de la historia a fin de disponer los oros con los oros y las espadas con las espadas. Dos tiempos superpuestos, con el horror solapando una incipiente democracia y el hombre que regresa temporalmente del exilio a la casa materna de donde se chuparon a dos hermanos y se salv√≥ raspando. Culpa del sobreviviente, matizada en el reencuentro con viejos amigos, el sabor del asado, un amor inconcluso. Tambi√©n el padre muerto: un coronel retirado, portavoz de todas las contradicciones: ‚Äú(Muchos de sus ex compa√Īeros de armas no lo hab√≠an recibido o le hab√≠an respondido con aire altanero, ech√°ndole en cara que criara hijos terroristas, d√°ndoselas de pr√≥ceres, la limpieza del pa√≠s no conoce excepciones ni errores, le hab√≠an dicho. Eso era tambi√©n parte de la historia. El viejo le conoc√≠a los chanchullos a todos: el infarto comenz√≥ en esos d√≠as. No me pod√©s echar eso en cara, t√≠o)‚ÄĚ.

La voz subjetiva, el porte√Īo y el castizo, corren entre par√©ntesis, en un recurso transparente que el autor no vuelve a utilizar en el resto del libro, precavido de los abusos del lenguaje. Oficio en la escritura, delicado relato de una realidad brutal, aprieta la s√≠ntesis hasta espantar cualquier desmesura tentadora. A su vez, el personaje de la madre bosqueja el delicado borde entre el retorno a un modo de vida tradicional caduco, el efecto de verdad y la demencia, ‚Äútodo eso que m√°s tarde llamar√≠an pat√©tico exhibicionismo de clase‚ÄĚ. Las cosas, los objetos, algunas personas, amistades, calles, esquinas, a√ļn est√°n ah√≠ y sin embargo algo ya no se encuentra: ‚ÄúArgentina se hab√≠a perdido en el pasado: una pasi√≥n penosa, remota, est√©ril‚ÄĚ. La melancol√≠a se escamotea entre lo que persevera por latir.

El breve relato que viene a continuaci√≥n ‚ÄĒy algunos de los que le siguen, en una selecci√≥n astuta‚ÄĒ, resulta el reverso del que abre la serie. Retornan la algarab√≠a peroncha y el mismo Per√≥n aquel 17 de noviembre de 1972 rumbo a Ezeiza, donde una parejita desencontrada en la pubertad avanza hacia la asignatura pendiente en la inesperada expectativa del consecuente revolc√≥n. Trayecto matizado por el avance de los compa√Īeros a campo traviesa, la alegr√≠a militante, el recurrente motivo del reencuentro en medio de la lluvia y la amenazante presencia del aparato represivo; un colorido lienzo de √©poca. En un punto intermedio, otra historia hace pie en una hu√≠da riesgosa marcada por la hermandad y la instancia amorosa por destino.

En su juego de contrastes diurnos y nocturnos, Justo hace lugar a la aventura en el exilio, capaz de quebrar la solipsista obsesividad del desarraigo: ‚ÄúNo hab√≠a p√≥cimas ni metamorfosis, mi cuerpo no navegaba entre racionalidad cient√≠fica y la deformidad diab√≥lica, no me acechaba el fantasma religioso del bien y del mal ni me atormentaba la desgarradora anomal√≠a ps√≠quica del romanticismo, pero la verdad es que todo se le parec√≠a mucho, cada vez m√°s‚ÄĚ.

Como contracara, el peque√Īo equipo de noveles arquitectos sumidos en el reciclaje de un mausoleo olig√°rquico con fines financieros, otros non sanctos aunque revolucionarios, tal vez lo que viniera. Y vino. Un descalabro desopilante en una festichola ostentosa y el raje urgente, de esos que, una vez en el pasado, quedan en tanto an√©cdota jocosa cuando lo peor sucedido fue clandestinidad y destierro.

Entre expediciones filipinas en pos de revoluciones ajenas, muchachitos descubiertos en el closet, el sincericidio onírico y la máquina del tiempo sin maquinaria, Marcelo Justo formula el relato más inquietante del volumen. Musicalizado con Simpatía por el demonio de los Rolling Stones, se hace presente el mismísimo ángel bajo la forma de reservorio de recuerdos.

Lindero a lo siniestro, tan ajeno, tan familiar, promueve una reivindicaci√≥n al rev√©s, con el mal como ariete y un final imprevisible que, cuando llega, el lector reci√©n masculla para s√≠ mismo que no pod√≠a ser de otra manera. Algarab√≠a en el nada obvio arte del remate literario, vuelve a manifestar la agilidad de un domador del lenguaje capaz de treparse con quien lee, de pie en una monta√Īa rusa, sin caer al vac√≠o o ser despedido por la poderosa inercia del trayecto. El regreso de la noche constituye, en este conjunto, un augural amanecer de la escritura para un escritor forjado en el furor de las redacciones period√≠sticas, sin ninguno de sus vicios recalcitrantes.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.