Martín Buscaglia: «No vamos a parar nunca»

2.911

Es uno de los músicos más interesantes y talentosos este Martín Buscaglia, nacido en Uruguay, pero de verdad ciudadano de todo lugar donde se escuchan sus canciones (y consigue una pàva para su uruguayamente infaltable mate —hierba con palo, como corresponde—. Hablamos largo con él una semana después de haberlo grabado[1] en el camarín del Club Atlético Fernández Fierro: "Nos dijiste que tenías una anécdota para contarnos sobre esta canción". | JUAN MANUEL DAZA

Buscaglia: "Sí, dale. Para empezar, aclaro algo acerca del título. Al principio, la canción no se llamaba “No vamos a parar nunca”. No tenía título. Se llamó “Temporada de conejos” en un momento. Después, “No vamos a cambiar de bando”…

—Costaba decidirse, había muchas buenas frases dentro de la misma canción.

—Sí, sí, aparte, el título es importante también. Suma o resta o lo que sea. No es neutro. Es distinto si a una canción le ponés “canción número tres” que si le ponés “La verdadera historia de la lámpara salvaje”. ¿No?

—Claro que sí…

—Cambia el sentido. Entonces, mientras estaba grabando el disco, mi hija chiquita (que ahí tenía tres años y que siempre fue muy cibernauta y musical) cantaba el tema y decía: “¡No vamos a parar nunnnnca!”. Y es una frase que, hasta que ella no la cantó, jamás estuvo en la letra. Pero ella pudo entender el sentido total. Yo decía “no vamos a cambiar de bando” y ella entendió “no vamos a parar nunca”, que es lo que estaba implícito en lo que yo quería decir: que no vamos a cambiar aunque nadie siga escuchando, aunque nadie venga, etc. Entonces, ahí fue que le agregué esa frase.

"Las canciones ofrecen siempre un montón de perspectivas desde donde podés mirarlas. Tienen muchas capas de información. Vos un día escuchás a Los Beatles y te quedás con la melodía. Otro día, te fijás en el arreglo que hizo George Martin y al año descubrís un juego de palabras que no habías entendido. Y así, hasta el infinito. Porque después vos también vas cambiando y te fijás en otras cosas. Como un libro que lo lees una vez y lo lees a los diez años y, si es bueno, sigue siendo bueno. Pero te habla diferente a vos, ya no te pasa lo mismo.

"Con las canciones eso me pasa mucho. Hay mucha información metida. Y mucha data íntima también, que es importante para mí que esté implícita y que no importa si algún día es explícita o no para el que la escucha".

—Hablás de meterle data a la canción. Pero ¿no te pasa también que descubrís data en una canción tuya que no sabés cómo llegó hasta ahí?

—Sí, también. Eso es lo más lindo. Pero para eso, tenés que laburar, tenés que esforzarte para no hacer siempre lo mismo. Porque cada uno tiene una manera natural de hacer las cosas. Yo tengo una manera que es la primera en que me sale armar una frase, una rima o tocar un ritmo. Todo bien, la quiero tener. Pero después, también quiero acicatearme a mí mismo y obligarme a meterme por lugares que aún no conozco.

—Querés forzarte a prestarle atención a las preguntas…

—Claro, a ver hasta donde llego. Para sorprenderme a mí mismo. Eso lo hago muchísimo y tengo muchas técnicas para ello. Pero lo que te decía, que las canciones tienen una cosa íntima también, inevitablemente. Igualmente, yo creo que si vos hablás de vos, hablás del otro también. Cantás tu vida, cantás la vida del otro. Pintás tu aldea, pintás el mundo: es lo mismo, pero pasado a la música.

Rock & samba

"Me parece que tiene que haber una fidelidad especial con cada canción. En El Evangelio según mi jardinero [cuarto disco como solista] hay un tema que se llama Lavapiés, que tiene unos sonidos del Metro de Lavapiés (estación del Metro de Madrid). Esos sonidos, son del Metro de Lavapiés. No son unos sonidos que me bajé de cualquier metro. Entonces, aunque a un oyente le pueda parecer indistinguible, no importa que vos tengas esa información o no, pero para mí eso suma a la magia que pueda contener esa canción. Yo no podía ir a grabar en el Metro de Barcelona. Tenía que ser el de ahí, no otro metro. Es como hacerme trampa a mí mismo.

"A este tema, No vamos a parar nunca, yo le quería meter en la base el sonido del Rock and Samba, que es un juego que hay en el Parque Rodó, que es como un Ital Park uruguayo. ¿Lo conocés?"

—Sí, no fuí a los juegos. Fui a la parte de parque y árboles…

—Tá, ahí va. Es mítico el parque. Frente a la playa, bastante decadente, con una costa circense. La montaña rusa que tenés miedo de que se rompa. Y tiene un juego que se llama el Rock and Samba, que seguro tienen uno acá con otro nombre, que es como una cosa redonda en donde vos te metés, pasan música y se mueve y hace: “chssss chssss chsssss”.

—Sí, sí… acá se llama Samba directamente.

—Samba, buen… Allá se llama Rock and Samba. Entonces, yo quería usar ese ruido…

—El ruido neumático.

—El ruido neumático, exactamente. Entonces, quedamos con Nico Ibarburu, que es con quien produje Temporada de Conejos [su último disco], y con un amigo (Andrés) y dijimos: “Ta, vamos a grabar el Rock and Samba”. Y el día en que nos decidimos, llovía. Pero bueno, era muy complicado congeniar, ya estábamos terminando el disco, había que hacerlo y dijimos: “Llueve, vamos igual”. 

"Llegamos al Parque Rodó y todos los juegos estaban cerrados. Obvio, ¿llovía no? Había lonas tapando todo. Y a lo lejos escuchamos una música, como un reggaetón o algo así. Lluvia, ¿tá? Entonces vamos siguiendo el sonido: el Rock and Samba está abierto. El único juego abierto. Vamos a la casilla que está al lado, donde te venden los tickets: no había nadie. Pero el Rock and Samba estaba funcionando.

"Vemos allá otra casilla de unos autitos chocadores y vemos que hay gente adentro. Nos acercamos y ahí estaban todos los que manejan todos los juegos tomando mate, hacinados, esperando a ver si paraba o qué. Ahí vamos y les decimos: ‘Sí, hola, queremos tres para el Rock and Samba’. A pesar de la lluvia, a los tipos no les pareció para nada extraño. Nos dieron tres boletos y nos fuimos.

"Llegamos y le digo, al que manejaba el juego: ‘Bueno, mirá… queremos dar una vuelta en Rock and Samba pero sin música (porque lo que nosotros queríamos era grabar el sonido). De hecho, ni nos vamos a subir. Queremos simplemente estar al ladito y grabar’. Igual pagamos tres. Podríamos haber pagado uno, pero no. Como éramos tres los que íbamos a estar alrededor del Samba, le pagamos nuestra vuelta. Y el loco, tampooco, ni se inmutó. En ningún momento le pareció algo raro lo que le pedíamos. Y dijo: ‘Dale, perfecto’.

"Pero… ¿qué hizo?. En el Parque Rodó siempre hay unos adolescentes, medio planchas. No sé, ¿el término “planchas” acá se utiliza?

—No, no…

—Bueno, medio adolescentes… no sé… de la calle. Medio emo pero medio callejeros, medio malandrines. Medio skaters, también. Una mezcla de tribus urbanas que están ahí medio al pedo. Y había cuatro chiquilinas que pasaban en ese momento, justo cuando el loco iba a encender el Rock and Samba. Entonces, el tipo este nos dice: ‘¿Les molesta si les digo a estas chiquilinas que andan siempre por acá para que den una vuelta gratis?’. Y nosotros: ‘No, dale, dale, subilas’.

"Entonces, en la escena final… ¿qué pasó? Llovía, funcionaba el Rock and Samba sin música, pero con cuatro adolescentes adentro gritando copadas. Pero, cada vez que pasaban por al lado nuestro (que estábamos en silencio total para grabar el sonido) nos pedían: ‘¡Pongan música! ¡Pongan algo!’ Y nosotros, en silencio para no arruinar la grabación, les hacíamos gestos diciéndoles que no, que de ninguna manera. Entonces, después pensamos: ¿Te das cuenta de lo que nos sucedió? Parecíamos como unos pervertidos súper sofisticados que llevan adolescentes al Rock and Samba los días de lluvia y las miran girar pero sin música y en silencio.

"Después, en el tema ese sonido es parte de un montón de sonidos que hay. Pero toda esa historia para mí es de los momentos más potentes y más poéticos de la grabación del disco. Fue esa tarde bajo la lluvia en total silencio con unas adolescentes girando en el Rock and Samba".

Las mil posibilidades de terminar una canción

—Me interesan mucho las mil posibilidades, las mil maneras que tenés para llegar a terminar una canción.

— Tengo muchas. Casi de cada canción, de los últimos discos por lo menos, partí de una cosa diferente. A veces, de un instrumento diferente. A veces, de algún metro poético, de algún tipo de rima. A veces, de alguna premisa previa: ‘Voy a hacer un tema andando en bicicleta’, tá. Entonces lo hago pedaleando.

"Casi todos los temas tienen algo así, que es lo que me permite a mí disfrutar el proceso y llegar a un lugar nuevo. Y hay algunos temas, como es éste, que son los que salen en el momento, divagando, con unos amigos. Tocando una guitarra y simplemente dejándote llevar. En el disco hay dos o tres así nada más. Uno es este tema, que al principio decía: “No vamos a cambiar de bando, vamos a seguir tocando, aunque nadie siga bailando”. Era más, no sé, como que íbamos a seguir y no nos importaba nada. Me parece que el subconsciente, en esos momentos, funciona a pleno.

—Fueron zapando una letra, digamos…

—Claro, por eso es un tema que no tiene ni armonía. Ni un acorde es. Es una nota. Es un mantra en el que se basa. Después, lo construís todo. Este tema lo hice con Gonzalo Brown, un amigo. Y él hizo un tema después y le puso otra letra y tiene una parte que dice “no vamos a cambiar de bando”. Pero después, se va para otro lado, tiene otro rap, otra cosa. Esto fue una célula mínima.

"Y me parece a mí que la inteligencia no va en la cantidad de elementos que utilices. Una comida no es increíble por la cantidad de elementos que tenga. Vos hacés un pescado crudo con limón y puede ser riquísimo. Tiene la misma inteligencia, belleza y contemporaneidad una música de Jorge Ben que tiene tres acordes, que una música de Egberto Gismonti que tiene cien. Las dos son hermosas e inteligentes. No hay una mejor que otra, ni menor que otra".

—En la letra de No vamos a parar nunca, hay un “nosotros, los que cantamos” que representa a la parte divertida de la fiesta. Es básicamente un tema de arenga. Ustedes son los que van a seguir fumando, los que van a seguir bailando… ¿no?

—Mirá, te puedo contar varias cosas (risas). Me gusta que algo lo puedas leer de muchas maneras. Por un lado, hay una fiesta real: al final hay un viaje de gente atrás que es una fiesta en Madrid en la casa de unos amigos en donde pusimos el tema, que yo estaba mezclando en ese momento, y de paso colgamos un micrófono y nos quedamos ahí tomando unos gin tonics y divagando. Y bueno, grabamos ruido verdadero de fiesta auténtica.

"Después, hay otra cosa que me gusta mucho. Y es lo mismo que te dije con respecto a las armonías, que un tema con un acorde puede ser tan inteligente como uno con cien. Porque lo que importa es una cosa extra, que cuanta más base tengas, quizás sea más fácil lograrla, pero no necesariamente. Por eso, me gustan mucho las letras de James Brown. Vos decís: James Brown es el padrino del funk y del soul y es reconocido por los mil ritmos y grooves y combinaciones de bajo, batería y guitarra que el loco inventó. Sí, es verdad.

"Pero también esos temas funcionan y le funcionaban a él porque las letras, que eran mínimas, eran las adecuadas para lo que él quería transmitir. Entonces, canta: ‘Get up, I feel like a sex machine’. Y no es ninguna pavada, es perfecto. Si decía otra frase, no funcionaba. Por eso hay mil bandas de funk que no funcionan aunque toquen los mismos dos acordes que tocaba James Brown. Las letras de él, son increíbles. Todas son de dos frases, pero son perfectas".

—Son las que tienen…

—…Las que tienen que estar ahí. Eso también pasa en el pop más hedonista y también me gusta. Esos temas de Madonna que le hablan a la pista de baile, pero que son místicos al mismo tiempo. Me parece que el lado espiritual tiene que estar, que es lo más importante que puede tener una obra de arte y una canción. Y que puede estar en cualquier tipo de música. Puede estar en un tema de tres minutos. Puede estar en un tema para bailar. No tiene que ser una cosa colgada de quince minutos. También puede serlo, pero no necesariamente. 

"Entonces, un poquito me gustaba tomar esa temática en apariencia tan vana, ¿entendés?: ‘Vamos a seguir bailando/ porque tá, aunque nadie siga bailando’. Y después, hay un momento que marca el poder que tiene el arte de mostrarte otro mundo, de llevarte un poco más allá de tu día a día, y está en la parte que a mí más me interesa de la letra que es cuando dice: ‘Estamos en servicio/ lo nuestro es vitalicio/ esto no es un hobby ni un vicio/ siento que aprendimos algo/ no vamos a cambiar de bando’. Ahí me parece que está…

—Que ‘Estamos laburando en serio… "

—Eso, por un lado. Yo sé que estoy entregándote y que vos me estás entregando a mí. Eso me pasa cuando toco, sin duda. En disco, capaz que hay más distancia.

Estamos en servicio

—Están en servicio, lo suyo es vitalicio. ¿No serán algo así como bomberos?

—¡Pero claro, es eso! Es una misión, loco. El bombero salva gente pero también sabe que hizo una muy buena acción. O sea, que esa gente que salvó le hace bien a él también. Hay que tener conciencia de eso. Yo soy consciente de que entrego cuando toco. Pero también sé que la gente me entrega a mí. Y no sé qué fue primero. ‘No es un hobby, ni un vicio’, o sea: no estoy bobeando cuando lo hago. Me río cuando algo me gusta, está todo bien. Me río cuando algo no me gusta, está todo bien también. Con la música te pasa muchísimo.

"Y, bueno, el ‘siento que aprendimos algo’ es una frase interna que tenemos con mi banda que se dice muy de vez en cuando, sobre todo después de un concierto. Hay conciertos que marcan un escalón, un mojón. Hay conciertos en los que te pasa algo diferente. Esto puede pasar de muchas maneras: por la interrelación con el público, con los otros músicos, con el instrumento (que es otro viaje místico que yo lo tengo mucho también), etc.

"Este "show" que hago acá del ¡Llame Ya! improvisado [durante julio en el CAFF hizo una serie de shows en donde el público le pedía temas llamándolo por teléfono celular] es un viaje más allá de cómo lo tome la gente, para mí es ya muy enriquecedor.

—¿Hoy lo vas a hacer de nuevo?

—Sí. Es una sensación nueva que, si me hace bien a mí, le hace bien a mi música. Y si le hace bien a mi música, no sé.

—¿Y lo hiciste por primera vez el jueves pasado?

—El jueves pasado. Sí, funcionó bárbaro la verdad.

—¿Cuándo se te ocurrió?

—Tiene dos antecedentes. Uno muy cercano, que es un concierto online que hice en Madrid hace un mes y medio, en donde la gente me iba pidiendo por el Facebook los temas y yo los iba tocando. Hice todo así. Estaba frente a una camarita. Y el otro antecedente viene de cuando era más chico.

"A los 20 años hacía un espectáculo con mi padre [Horacio Buscaglia], mi hermano y un par de músicos más: Urbano Moraes y Pato Rovés. Era un espectáculo que se llamaba Pan, tuco y lotería. Vos llegabas y en cada mesa había una cazuela con tuco y pan para mojar. Tuco que habíamos preparado nosotros mismos esa tarde. Y tenías un cartón de lotería en donde los números estaban suplantados por íconos que significaban canciones, momentos teatrales, charlas o lecturas. Entonces, íbamos sacando bolillas y el show se armaba al azar hasta llenar un cartón.

—¿Y se ganaba algo si hacías línea?

—Sí, se ganaba algo poético también. Variaba, pero te ganabas un pedazo de letra de un tema, por ejemplo. Estaba interesante eso. Me gustaba.

Todo el mundo haciendo la ola

—’Todo el mundo haciendo la ola’: en tus letras siempre, y en ésta en particular, hay imágenes muy fuertes. También hay juegos de palabras. Veo que eso te divierte mucho. Y a veces hay juegos de palabras que generan imágenes. Entonces, ¿qué viene primero, la imagen o el juego de palabras?

—Depende, en ese caso en particular ya es una cosa más de la métrica. Me interesaba que hubiera una rima que no te dieses cuenta de que estaba ahí. Entonces dice… ¿cómo dice?…

—Una noche más en la Tierra…

—Una noche más en la Tierra/ dentro de la bola de espejos / todo el mundo haciendo la olaaa”… Ola rima con bola, que está a la mitad del verso anterior. Entonces, vos decís: ¿“tierra” con “ola”?, no rima nada. Pero no, está ahí. Lo que pasa es que hay algo que te va haciendo correrte un poquitito.

—Sin embargo, más allá de que la rima no entre justo, hay un sentido…

—Lo que pasa es que si vos encontrás la palabra adecuada, encontrás el sentido también. Entonces, podés llegar ahí porque querés hablar de algo y después ves cómo lo decís. Pero también las formas, las métricas poéticas y todo eso, son, están y existen porque el hombre pasó mucho tiempo para llegar a esas formas. No por nada, una décima te hace decir las cosas de esa manera y te hace llegar a un lado espiritual y poético.

"No es por azar. Es porque el lenguaje español llegó a que el octosílabo fuera la frase que más natural te sale. Lo mismo con un soneto. Si vos te encasillás en esas maneras, estás tomando fuerza en realidad. Es como si fueras el viento. Si lo hacés totalmente libre, lo podés hacer pero quizás tiendas a convertirte en una brisa. El viento, si lo dejás libre, es una brisa. Ahora, si lo hacés pasar entre dos montañas, ahí toma una potencia mucho más fuerte".

Los Bochamakers

—En el tema, tirás una arenga: ¡Bochamakers! ¿Existía tu banda, Los Bochamakers, antes de grabar este tema?

—La banda, sí. Pero éste (Temporada de Conejos) no es un disco tocado por Los Bochamakers. Ahora ya cambiaron los integrantes, pero en ese entonces eran Nico Ibarburu en guitarra, Mateo Moreno en el bajo, Martín Ibarburu y yo. Mateo no toca ningún bajo en el disco, pero canta coros en varios temas.

—¿Y cómo es la historia de ese nombre?

—Tiene una historia súper simple el nombre. Es muy simple y es así:

"Yo vivía en Madrid y volví a Uruguay en el 2006. Recién había grabado El Evangelio… y armé una banda nueva para presentarlo. Una banda con Nico y con Martín, que son amigos míos de hace mucho tiempo, y con Mateo, con el que tuvimos un feeling absoluto. Él tocaba en No te va a gustar, ¿tá? O sea, era una mega estrella, súper famoso e igual yo dije: ‘Tengo que llamarlo. Me encanta como toca. Es un virtuoso pero se copa con el dub y con Paul Mc Cartney. Eso es lo que yo necesito’.

"Y me parece importante también tocar con músicos que estén salados, que toquen mucho. Siempre lo hice y me parece fundamental para tocar mejor y para hacer más certeras las cosas. Lo llamé y justo Mateo se estaba yendo de la banda. Tuvimos un timing perfecto.

"Debutamos en el Planetario de Montevideo y al día siguiente tocamos en La Trastienda [en Buenos Aires]. Era el segundo show que hacíamos con la banda. Y con Mateo, era la primera vez que tocábamos en vivo juntos. Entonces, estábamos esperando para entrar y en las paredes estaban grafitteados muchos nombres de bandas que habían tocado ahí. “Divididos”, me acuerdo que decía y había un montón más. Y ahí, Mateo dijo: “buen, tenemos que escribir algo”. Y yo le dije: ‘Sí, pero no vamos a poner Martín Buscaglia. Es horrible’. Eso es lo malo de ser un solista, que uno no puede salir a grafittear su nombre por la ciudad".

—¿Y acá nacen Los Bochamakers?

—Bochamaker, era una palabra que Mateo utilizaba permanentemente. Cuando se acabó el primer toque en el Planetario y vio todo el despliegue y el cariz que tomaban las canciones en vivo, me dijo: ‘¡Boh, pero vos sos un bochamaker!’. Como que fue toda una revelación para él ese concierto y entendió un montón de cosas que yo tenía como músico. Recién las pudo ver cuando tocamos en vivo.

"Y al día siguiente, estábamos ahí en La Trastienda y había que ponerle un nombre a la banda. Y ahí, Mateo dijo: ‘Tá, Los Bochamakers’. Y así fue como nos bautizamos.

—Se podía pensar que vos estabas componiendo el tema y metiste ‘bochamakers’ porque te salió y después cuando salieron a tocar, elegiste ese nombre.

—Mirá, si te cuento la historia real, tiene un pasito más. Es íntimo, pero bueno, no pasa nada. Esa frase, esa parte del tema que dice Bochamakers, en la letra original, en esa fiesta, en esa jam donde nació el tema y por ciertos sucesos que le habían sucedido a alguno de los que estuvimos en esa pieza (no importa a quién), la letra decía: ‘¡Psycho groupie!, ¡Vade retro!’. Eso, no puedo hablar más, pero habían pasado cosas que hacían que cantar eso tuviera sentido.

—¿Y no lo metieron nunca en un show?

—En algún show sí, lo metemos. Pero en el disco, se iba para otro lado. Me gustaba más lo de auto arengarnos. Esta sola parte incluía ya más información y la canción ya tenía suficiente.

Para levitar, para extrapolar

—Hay en tus letras, de vez en cuando, referencias a la marihuana. Hay una muy linda en Trivial Polonio, donde decís: ‘yo los miro colocado, colgando bajo el alero’. Y es un tópico que en esta canción se repite…

—Todo lo que vos hagas en tu vida y los elementos que vos manejes en tu vida pueden ser objeto de inspiración. Entonces, a mí en particular me pasa que veo gente consumiendo algunas sustancias y me pega muy mal, no me gusta para nada. La gente dura, por ejemplo. La gente que toma merca en general. Es muy feo hablar con alguien duro para mí. Pero, al mismo tiempo considero que otras sustancias como los hongos o los ácidos te pueden dar momentos pedagógicos, de enseñanza. Y también de diversión, porque la diversión es tan noble como el misticismo. Ambos tienen validez.

"No es menos una cosa que la otra. La diversión es un acorde y el misticismo es Egberto Gismonti tocando un piano de cola. Pero ambos pueden tener el mismo poderío. 

"Y después, con la marihuana y eso, a mí me parece que dentro de algunos años (espero que no tantos) se va a ver como una reliquia vintage a todas esas bandas de reggae que le cantan al porro y nada más. Van a ser una rareza. Va a ser como que ahora vieras que en 1910 había todo un género musical que le cantaba a los sillones de cuero porque eran ilegales. Y vos ahora lo escuchás y te parece un absurdo y decís: ‘¡Mirá! Discos enteros acerca de los sillones de cuero. Revistas con fotos de sillones de cuero’. Me parece que va a pasar lo mismo. Entonces, simplemente es un elemento más con el que me manejo. Por eso, eventualmente puede aparecer en una canción.

—Es bueno que lo metas y que no estés haciendo ningún reclamo. Construís una frase casual, normal, tanto en Trivial Polonio como en esta canción, en la arenga de “vamos a seguir fumando, vamos a armar, para levitar, para extrapolar”…

—Yo creo que es algo cotidiano. Y también creo que la naturaleza es sabia y le tomó millones de años crear el planeta y la vida en el planeta. Entonces, si la naturaleza creó un honguito que te hace la cabeza, por algo será. No es boba. Inventó a las abejas, entre otras cosas, para que hagan miel para que el oso vaya y se la coma. Está todo pensando.

"Me parece de una arrogancia extrema por parte del propio ser humano, que se pueda prohibir una planta. ¡Pará!, ¿Quién sos? ¿Buda, dios? ¿Cómo vas a prohibir una planta? Va más allá de vos. Te vas a morir, vas a volar y a los siglos va a salir de nuevo la planta.

La hora del te

—Hay algo loco en que aquí (en el camarín del CAFF) todo esté dispuesto como la semana pasada. En la filmación salió esta misma taza de té y este mismo pote de miel. ¿Siempre tomás té? ¿Mate no?

—El mate también lo curto. Pero el mate es más para un ensayo, viste. Y por ejemplo, cuando toco como hombre orquesta, como hoy, siempre toco muy sanito, muy de la cara. Ni fumo, ni tomo alcohol. Tomo agua natural sin gas y me tomo un té con miel. Me gusta estar lo más claro y leve posible. Me gusta que después mucha gente vea el show como algo extravagante o alocado y yo esté tomando sólo agua. Lo puedo hacer así porque eso me permite tener el control de lo que pasa y, a partir de ese control, volar hacia el infinito y más allá. Pero me gusta esa sensación, de estar re de la cara. Me encanta, la curto mucho. Te pega.

—¿En banda?

—En banda es más relajado porque no estoy yo solo. Entonces no recae sobre mí el sostener todo un show. Para eso están la batería y el bajo. Puedo divagar, puedo cantar, puedo bailar. Es otro tipo de predisposición. Pero con el hombre orquesta, soy súper estricto en eso y encuentro un disfrute grande. Sabés que vas a subir al escenario solo y va a haber trescientas personas que te van a pedir temas.

—Ya eso te pega…

—Claro, no quiero perderme ningún detalle de ese pegue. Quiero sentirlo perfectamente como es: con lo bueno y con el nervio que te trae.

—¿Y el whisky que te bajaste la otra vez en escena?

—De eso no puedo hablar.

¿Era whisky de verdad?

—Es que si hubiéramos elegido la canción Jim Bean, que fue donde yo me tomé el whisky, te lo podría contar. Pero como elegiste otra, no puedo hablar sobre este tema.

Juan Manuel Daza es periodista.
Publicado en www.retroperiodismo.com

[1] El vídeo fue registrado por Gonzalo Villanueva para Retroperiodismo el día Jueves 14 de Julio del 2011 en el camarín del Club Atlético Fernández Fierro (CAFF).
Agradecimientos: Mailén Césari, Gonzalo Villanueva, Jorgela Argañarás, María Zago, Javier Tenenbaum.     

La grabación puede verse aquí.

Addenda
Canción: No vamos a parar nunca
Compositores: M.Buscaglia / Gonzalo Brown
Intérprete: Martín Buscaglia

Letra:
"No vamos a cambiar de bando / vamos a seguir bailando / aunque nadie siga bailando / esto es así / una noche más en la tierra / dentro de la bola de espejos / todo el mundo haciendo la ola / temporada de conejos / no vamos a cambiar de bando / vamos a seguir bailando / aunque nadie siga tocando / en nueva york o en pando / soy martuán en el microfono / eme a erre te u a ene / ja, me descojono / soy el archidiácono / aprovecho este momento para mandar un saludo desde acá para yoko ono / hoy siento que puedo atravesar todos los semitonos / claro que esto es un sinsentido / moviéndome así abducido por el sonido / esto es aikido cupido libido / estamos en las antípodas del ruido nocivo / hermanos: esto es sano / todavía no sé lo que hicimos el verano pasado / un día nos vamos a morir / hoy no, mejor pienso seguir / todos en sincro / como con velcro / croando / sacándole la lengua a los insectos que se la pasan zumbando / vamos a seguir desmorrugando / vamos a seguir armando / porque vamos a seguir fumando / para levitar, para extrapolar, para despegar, para desplegarnos / como un atlas, como un albatros, como un mandala / quiero escuchar el rugido del koala / yo quiero tener un millón de amígdalas / y así más fuerte poder cantar / yo quiero tener un millón de amígdalas / y así más fuerte poder cantar / no estamos exagerando / estamos musicalizando / esto no se baila pensando / vamos a seguir bailando / estamos en servicio / lo nuestro es vitalicio / esto no es un hobby ni un vicio / siento que aprendimos algo: / no vamos a cambiar de bando / estamos elongando / la casa se está embrujando / la casa se está embrujando / bochamaker / bochamaker / bochamaker / bochamaker / moon walk"
 

También podría gustarte
Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.