“Menos impuestos, más penas de muerte”: el retorno del discurso de mano dura

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"En cada hombre hay algo de valor"

La segunda característica por la que puede comprobarse cómo se abre paso una imagen social maniquea cuando se refiere a las penas por delitos de violencia o sexuales es el retorno del pensamiento biológico, que se creía superado, en la sociedad, la política y —especialmente deplorable— en una parte de la ciencia para la "explicación" del hecho criminal y sus autores.

El Spiegel encabezó su reportaje sobre "Los disturbios en las ciudades inglesas" preguntándose —acaso retóricamente, quizá no tan errónea desde el punto de vista del sentido común— si lo que había sucedido no era el "estallido de un virus terrorífico hasta ahora desconocido y que afecta al cerebro y convierte a las personas normales en monstruos y —de un momento a otro— se apodera de todo: la voz interior, la moral, el efecto represor de los instintos que tiene la civilización".

La lógica de la biología es estática, determina a los hombres, los fija en el reino del mal, del cual no sólo no hay ninguna escapatoria, sino que además se nace en él. Las ideas de reintegración social, sobre todo las de educación, desarrollo y constitución, no tienen aquí ningún lugar.  

Todavía hay más. El pensamiento biológico en la criminología está encaminado a la figura artificial del individuo aislado y, en consecuencia, destruye el concepto de sociedad. Que esta perspectiva tiene enormes consecuencias políticas puede verse ante todo en el desdén hacia el caldo cultivo que permite en última instancia la comisión de actos criminales: ¿se trata de autores individuales, posiblemente de alguien que debiera ser tratado psiquiátricamente, o de un autor que tiene relaciones sociales y, posiblemente, políticas?

El "autor individual" es en última instancia benigno: no supone una amenaza seria para la sociedad. Que el autor individual haya "llegado a serlo" es posible sólo presentando el telón de fondo sobre el que se hilvanaron múltiples experiencias ganadas a lo largo de toda una vida, algo que debiera valer como lugar común en la investigación criminológica.

La misma concepción de los autores individuales la veía de manera muy diferente uno de los mayores políticos y estadistas del pasado siglo: Winston Churchill. Churchill dijo en una ocasión en la Cámara de los Comunes que el cómo una sociedad lidia con criminalidad y criminales es "una muestra sólida de la civilización de cada país" y reclamó al estado y a la sociedad emplear la rehabilitación y confiar en que "en cada hombre hay algo de valor, si uno se toma el coraje de encontrarlo."

¿Qué político de hoy no movería la cabeza con preocupación al oír estas palabras?

* Sociólogo, catedrático en criminología en la Universidad de Hamburgo. Dirige el Instituto para la Investigación Social en Criminología.
En www.sinpermiso.info — traducción de Àngel Ferrero.

 

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