México: un marxista leninista y López Obrador

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Gabriel Castillo-Herrera.*

En días pasados entablaba una álgida —permítaseme usar el término, por la fuerza de la costumbre, aunque el significado de la palabra “álgido” es diametralmente opuesto— discusión con una persona, de la cual no importa el nombre, que se autocalifica como “comunista” y “marxista leninista”. Mi interlocutor afirmó: “Los marxistas leninistas no tenemos dudas: López Obrador es un instrumento de la burguesía en el poder…”.

En la contundencia de la oración está el problema indisoluble de muchos que se pegan en el pecho la etiqueta de “marxistas leninistas” y distan mucho de serlo. Como no se plantean dudas, hacen de sus juicios —que pertenecen al terreno de la subjetividad— dogmas de fe.

Aunque la realidad, terca como suele ser, ha demostrado —y para ello bastaría hacer un recuento de hechos que enumeré a mi oponente en la discusión, y que son del dominio público, que van desde el desafuero del político mexicano, cuando se desempeñaba como Jefe de Gobierno de la ciudad capital mexicana, hasta estas fechas— que López Obrador es por lo menos (y destaco el “por lo menos”) una “piedra en el zapato” del sistema político mexicano, de las instituciones corruptas, de la pequeña y gran burguesía parasitaria del Estado, mi contrincante ("internetiano") insiste en situar a quien fue candidato a la presidencia en el año 2006 y derrotado —en tribunales— por un señor aprendiz de militar llamado Felipe Calderón, en el estatus de “instrumento de la burguesía en el poder” cuando ésta —en contubernio con los poderes institucionales y fácticos— fue quien impidió el ascenso de López Obrador. Y está documentado.

Nuestro “comunista” y “marxista leninista” basa su antilopezobradorismo en argumentos —muy similares a los pregonados por la pequeña burguesía y los señores del gran capital— fincados en el pasado priísta de López Obrador; en que hizo —también en el pasado— un himno al PRI  (aunque para crear un himno se requiere ser músico, cosa que el señalado como autor no es; pero, bueno…) y porque “estuvo en el Grupo San Ángel”. Por tales “pecados” lo condena al patíbulo de la Historia.

¡Menuda perla! (Y aquí lo destacable es que tal juicio —o prejuicio— izquierdoso no es exclusivo de mi oponente en la polémica, sino de un sector más o menos amplio que se considera a sí como “progresista”, “de izquierda” o, como el aludido, “marxista leninista”).

Pregunto: ¿acaso mandarían al paredón a Marx y Engels por su pasado hegeliano de izquierda?, ¿por haber sido, uno, judío antes que ateo?; ¿por haber sido, el otro, administrador de los negocios de su familia (un burgués, ¿no?)? ¿Mandarían guillotinar a Lenin por su “falta de radicalismo” antes de las tesis de abril?, ¿por haber sido socialdemócrata antes que comunista?, ¿por haber defendido el capitalismo monopolista de Estado (sin que ello sea interpretado como error) cuando los demás pregonaban a favor del la “economía socialista”?

¿Colgarían del árbol más cercano a Emiliano Zapata por haber sido caballerango de prohombres del porfiriato? ¿A Benito Juárez porque, a pesar de haber minado el poder de la Iglesia Católica, profesaba una fe?

Pero ellos son contundentes; afirman: “…no tenemos dudas”. Sucede que estos señores no entienden que los seres humanos —y por ende su pensar y su actuar— también son susceptibles de procesos dialécticos. Bueno, sólo el pensamiento y el actuar de quienes sí tienen dudas y, para dilucidarlas, para encontrar la verdad, las someten a la crítica. Ello constituye la simiente del pensamiento científico y del pensamiento marxista leninista (desde luego, engelsiano) verdadero.

Quienes a priori dicen: “no tenemos dudas” no hacen sino anclarse, quedarse estáticos, estacionados en dogmas —igual que la Iglesia Católica— aunque se cuelguen gafetes de “marxistas leninistas”, lleven bajo el brazo el Qué hacer (esperando encontrar recetas para la revolución) y se coloquen en la solapa pins con la hoz y el martillo.
Y conste que todo lo anterior no es una diatriba contra el marxismo, sólo contra el “marxismo” (así, entre comillas).

La esencia del marxismo es buscar las verdades en lo concreto, no en el mundo de las ideas ni cerrando los ojos ante lo que es tangible.

* Escritor, artista visual (gabrielcastillo-herrera2.blogspot.com).

Addenda
Suele usarse álgido como sinónimo de muy caliente en tanto se lo supone un "momento cumbre"; álgido significa en verdad muy frío.

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