Mar 11 2008
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Política

MUJERES DE LA TIERRA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El mito var√≠a seg√ļn el territorio, pero algo se mantiene inalterable: el rol de Wanglen, la estrella que se transform√≥ en mujer y que llen√≥ de vida con sus pasos el mundo mapuche. Y es que la mujer, desde tiempos inmemoriales, ha cumplido un rol primordial en la persistencia y lucha de este pueblo originario en Chile. En tiempos de paz alimentando a los suyos y cobij√°ndolos con su calor de madre; en tiempos de guerra, luchando en el frente de batalla, codo a codo con aquellos hombres que Wenumapu Chao, en vista de su soledad, envi√≥ en el origen de los tiempos con la misi√≥n de acompa√Īarla.

Quidora, Tegualda, Guacolda y Fresia son algunas de las m√≠ticas guerreras que en tiempos de la conquista espa√Īola enarbolaron las banderas de la libertad mapuche. Todas ellas, seg√ļn consignan cronistas de la √©poca, destacaron en el campo de batalla por su valent√≠a y fiereza, siendo protagonistas de memorables episodios que el poeta-soldado Alonso de Ercilla no dud√≥ en inmortalizar en su canto √©pico La Araucana, un cl√°sico de la literatura universal.

Han transcurrido m√°s de 500 a√Īos y nuevas tegualgas y quidoras siguen alzando la voz de la dignidad. Esta vez frente a un estado chileno que ha transformado el territorio mapuche en fuente inagotable de extracci√≥n de recursos forestales, mineros, pesqueros y energ√©ticos, pilar donde se sustenta el desigual modelo econ√≥mico imperante, atropellando con su avance arrollador derechos hist√≥ricos y, de ser necesario, la propia vida.

Patricia Troncoso Robles, la prisionera pol√≠tica que con su dram√°tica huelga de hambre de 112 d√≠as puso en la mira internacional al gobierno chileno, forma parte de este nuevo contingente de guerreras contempor√°neas. Ni√Īas como Daniela √Ďancupil, secuestrada y amedrentada por agentes del estado el a√Īo 2001; j√≥venes como Andrea Reuca, dirigente estudiantil golpeada por la polic√≠a el a√Īo 2003; ancianas como Berta y Nicolasa Quintreman, f√©rreas defensoras por d√©cadas de su tierra en la soledad del Alto Bio Bio. A ellas se suman cientos de mujeres, miles de mujeres, que d√≠a tras d√≠a, ya sea en el campo o en la ciudad, en la lucha territorial o en la b√ļsqueda de nuevos espacios de participaci√≥n pol√≠tica, en el √°mbito organizacional o en la vida cotidiana, depositan con su transitar nuevas semillas de vida sobre el territorio.

Millaray, flor de oro

Millaray Painemal es una destacada líder. Miembro de la comunidad Coiwe de Chol Chol e hija de uno de los más importantes dirigentes mapuche de la segunda mitad del siglo XX, don Eusebio Painemal, Millaray despuntó a temprana edad como una dirigenta social y activista incansable. Profesional universitaria, con estudios en la ex URSS, ha participado de numerosas organizaciones donde confluyen mujeres indígenas y campesinas.

Por largos a√Īos en la dirigencia de la Asociaci√≥n Nacional de Mujeres Rurales e Ind√≠genas, ANAMURI, cursa por estos d√≠as una maestr√≠a en G√©nero en FLACSO-Ecuador, donde busca adquirir nuevas capacidades para volcarlas al trabajo social. A su juicio, ¬ęla mujer mapuche siempre ha tenido un rol importante en la sociedad mapuche, aunque muchas veces ha sido invisibilizado y donde se ha acentuado s√≥lo su rol como m√°s ligado a la cultura y a las tradiciones. Sin embargo, las mujeres mapuche han jugado y jugamos un rol importante en los procesos de recuperaci√≥n de territorios y en el aporte de la lucha por la autonom√≠a y autodeterminaci√≥n de nuestro pueblo¬Ľ.

¬ęSin embargo, nuestro posicionamiento al interior de las comunidades como en el mundo urbano no ha estado exento de tensiones y conflictos, especialmente con los hombres dirigentes¬Ľ, aclara de entrada Millaray. ¬ęEsta situaci√≥n ‚Äďnos dice‚Äď se puede ver en las actuales organizaciones mixtas, donde no se observa un mayor posicionamiento pol√≠tico de las mujeres y donde son los hombres quienes tienen el poder en la toma de decisiones y donde las mujeres van quedando marginadas de estos espacios. Lo anterior deriva en que las mujeres comiencen a organizarse instancias propias de mujeres y que lleva luego a decir que las mujeres mapuche estamos siendo influenciadas por corrientes feministas y que estamos dividiendo al movimiento.

¬ęOtra de las cosas que he visto es que existe un doble discurso en muchos de los hombres dirigentes que hablan de la importancia de las mujeres en nuestra cultura, pero que en la pr√°ctica no ocurre y es cosa de echar una mirada a su vida personal para ver que el discurso se diluye r√°pidamente y como una mujer mapuche me dijo hace poco ?hay machistas enmascarados? Creo que esta situaci√≥n, es necesario que cambie y donde se debe analizar como son las relaciones de g√©nero en nuestra sociedad y que obviamente no son igualitarias¬Ľ.

Un contrasentido no solo mapuche, agrega Millaray, toda vez que estas muestras de machismo ¬ęcruzan por igual a todo el movimiento ind√≠gena del continente¬Ľ. Ello, pese al importante rol jugado por numerosas l√≠deres a nivel regional. ¬ęPuedo destacar a las mujeres del movimiento zapatista en M√©xico. En Ecuador el aporte de mujeres como Lourdes Tiban y Teresa Zimba√Īa. En la sociedad mapuche admiro a Zoila Quintremil, primera mujer en presentar su candidatura a diputada el a√Īo 1953. Asimismo el aporte de Elvira Paine, fundadora de la Asociaci√≥n Rayen Voygue de Ca√Īete y a mi hermana Hilda Huenteo de la Asociaci√≥n de Mujeres Williche de la comunidad de Wequetrumao en Chilo√©, todas luchadoras incansables¬Ľ, se√Īala.

Pese a este panorama, Millaray es optimista en el futuro. Por ello orienta su trabajo y reflexiones hacia las nuevas generaciones. ¬ęExisten en ellos una mayor apertura para que las mujeres se integren a las organizaciones mixtas y donde su voz se expresa de manera m√°s pol√≠tica. De igual manera, las mujeres se apoyan y rescatan elementos de la cosmovisi√≥n mapuche como es la dualidad y la complementariedad y donde se√Īalan que este es un elemento que est√° ayudando a posicionar a las mujeres en igualdad con sus pares masculinos. Es indudable que las mujeres mapuche cada d√≠a ganan mayores espacios en las organizaciones mixtas y hoy muchas de ellas se encuentran al frente de las organizaciones. Poco a poco se est√° valorando su aporte y sus diversos roles que les toca desempe√Īar¬Ľ.

Nuevos brotes

Celeste Carilao es parte de esta nueva generaci√≥n que entusiasma a Millaray. Joven pewenche, miembro de una comunidad de Lonkimay, complementa a sus 26 a√Īos su rol de madre (Likan, de 3 a√Īos; en camino una ni√Īa), su trabajo como profesora de historia y su rol como responsable del √°rea ling√ľ√≠stica del Partido Mapuche Wallmapuwen. Destacada hablante de mapuzugun, Celestina ha representado a su organizaci√≥n en diversas instancias y pa√≠ses.

El 2007, si ir m√°s lejos, visit√≥ el Pais Vasco, Galicia y Breta√Īa invitada por instituciones y colectividades pol√≠ticas locales a conocer experiencia de revitalizaci√≥n ling√ľ√≠stica, un periplo que la llena de orgullo: ¬ęHist√≥ricamente las mujeres hemos sido transmisoras de conocimiento en nuestro pueblo. La transmisi√≥n de la lengua, de la cultura, de los conocimientos tradicionales ha sido fundamentalmente obra de mujeres, abuelas, madres que han transmitido el mapuzugun con palabras de cari√Īo, con retos, con juegos, etc. All√≠ ha estado el sustento de nuestra cultura, de lo que a√ļn nos queda y debemos rescatar, en la lucha de mujeres que participan de la pol√≠tica, pero tambi√©n en aquellas otras que se sacrifican por mantener sus hogares unidos y en esas madres solteras que contra toda adversidad sacan adelante a sus hijos¬Ľ.

Si bien comparte con Millaray que no ha sido para ellas un camino f√°cil ‚ÄלּTenemos que luchar el doble, pues tenemos que hacernos cargo de los hijos, de educarlos, de la familia y los quehaceres propios de una madre¬Ľ‚Äď, reconoce que los tiempos han ido cambiando. ¬ęYo veo a las j√≥venes hoy mejor preparadas. Creo que hay un despertar m√°s temprano a la conciencia y la identidad. Creo que tambi√©n hay una mayor capacidad de cuestionamiento a los moldes que nos han prefabricado de lo que se supone somos los mapuche; me refiero a las t√≠picas im√°genes folcklorizadas, ese supuesto rechazo que deber√≠amos tenerle a lo ‘moderno’. En lo personal, me gusta ver y saber que existe lamngenes (hermanas) que hacen hip hop en mapuzugun, rock en nuestra lengua, gente que est√° chateando en mapuzugun sin ning√ļn complejo, eso es potente¬Ľ, se√Īala.

¬ęNo se puede negar ‚Äďagrega‚Äď que la llegada de Michelle Bachelet ha provocado un cierto cambio cultural en el tema de g√©nero, ello independiente de que no comparto en absoluto ni su gobierno ni sus ideas pol√≠ticas¬Ľ. A su juicio es en el √°mbito profesional y estudiantil mapuche donde este cambio se observa con mayor claridad. ¬ęEsto se nota harto en las organizaciones estudiantiles, federaciones, etc. y un poco menos en las organizaciones rurales. Pero el cambio est√° ah√≠, est√° en marcha¬Ľ, asegura confiada.

Andrea Reuca es parte de ese cambio. Originaria de una comunidad lafkenche de Huapi, comuna de Puerto Saavedra, por estos días finaliza su tesis de grado para titularse como profesora de Historia. Egresada de la Universidad de La Frontera de Temuco, a su corta edad ha destacado como dirigenta estudiantil, registrando en su curriculum varios mandatos como dirigenta del Hogar Pelontuwe, emblemático centro de organización juvenil mapuche.

No le ha tocado f√°cil, reconoce. Muchos de los vicios de la sociedad occidental, ¬ęuno de ellos el machismo¬Ľ, subraya, tambi√©n se manifiestan a nivel juvenil. Pese a ello, los tiempos que corren no son para callarse, asegura. ¬ęLamento lo del machismo, pero lo entiendo como un proceso habitual en sociedades occidentales con largas tradiciones patriarcales emanadas de los sistemas religiosos, econ√≥micos y que han mantenido a las mujeres en condiciones de subordinaci√≥n¬Ľ. Lo entiende, pero no lo justifica, menos aun al interior de su gente: ¬ęEntre los mapuche parece una incongruencia que sean los mismos hombres quienes en nombre de un culturalismo mal entendido promuevan ideas tan retrogradas como la inferioridad o incapacidad de la mujer en aspectos de la vida que nos son comunes. Tengo la esperanza de que esto cambie. Y no que las mujeres mapuche, adem√°s de tener que pelear por derechos de nuestro pueblo frente al estado, tengamos que pelear frente a nuestros hombres. Espero que no tenga que suceder algo as√≠¬Ľ.

Andrea reivindica con fuerza el rol de la mujer en la lucha mapuche. Y en igualdad de condiciones con los pe√Īi, sus hermanos. ¬ęEl rol de las mujeres en esta lucha es tan igual a la de los hombres, con la excepci√≥n de que quiz√°s las mujeres sean quienes conllevan cargas de responsabilidad y roles, como la maternidad. Si a esos le sumas las desigualdades propias de la diferencias de genero y econ√≥micas, encontrar√°s que el rol de la mujer en la lucha es bastante sacrificado, pero imprescindible por cuanto hist√≥ricamente la mujeres han sido el pilar b√°sico de la familia y son quienes a trav√©s de la transmisi√≥n cultural y la fortaleza propia de la identidad mapuche han dado continuidad a nuestro pueblo.

¬ęY no he mencionado a las muchas mujeres dirigentes de base que tambi√©n son parte de las trincheras de resistencia, A todas ellas que hoy cumplen un rol en la lucha mapuche falta visibilizarlas y valorar su trabajo, esto por parte de los hombres y sobre todo de parte de las mismas mujeres¬Ľ. A su juicio, el tit√°nico esfuerzo por liberar a un pueblo no merece mezquindades de ning√ļn tipo, menos aun basadas en el g√©nero. ¬ęLa lucha del pueblo mapuche por revindicar, reconstruir y proyectar a su sociedad al futuro, frente a una estructura de poder tan grande como el estado chileno, requiere de todos los esfuerzos colectivos e individuales que sean posibles¬Ľ.

Destaca Andrea la trayectoria y notoriedad medi√°tica lograda por liderazgos femeninos como Patricia Troncoso y la dirigenta Juana Calfunao, ambas encarceladas por su compromiso con la defensa del territorio, pero lamenta que m√°s all√° de esos nombres no existan ¬ęfiguras p√ļblicas que podamos establecer como representantes pol√≠ticas de nuestro pueblo. Creo que es una de las deficiencias del movimiento mapuche en la actualidad.

¬ęExiste muy poco trabajo en el establecimiento de liderazgos pol√≠ticos femeninos para la causa mapuche. Entiendo que el machismo puede ser una tranca para ello, pero tambi√©n pasa por el desaf√≠o que las mujeres mapuche nos fijemos en cuanto a enfrentar ese ambiente adverso y ponernos a opinar, a proponer, a actuar en pol√≠tica a la par con los hombres. No podemos aceptar que a la mujer mapuche se le contin√ļe viendo como una especie de sujeto folcl√≥rico, relegada a su rol de madre, pero sin aspiraciones cuanto participar e incidir pol√≠ticamente en la contingencia¬Ľ, se√Īala.

Al igual que Millaray y Celeste, Andrea tambi√©n apuesta por un recambio generacional. ¬ęExiste un desencanto con las antiguas dirigencias y pociones pol√≠ticas que dejaron de representarnos de manera integral como pueblo. Veo a las nuevas generaciones de mujeres mapuches buscando alternativas, aportando en la construcci√≥n de nuevos espacios de participaci√≥n pol√≠tica. Hay un sentimiento global de auto-reconocimiento mapuche que tambi√©n tiene sus efectos a nivel del empoderamiento de nosotras las mujeres. Creo que los discursos tradicionales sobre participaci√≥n est√°n dando un giro y se impregnan hoy del valor que conlleva la autonom√≠a por la cual estamos luchando¬Ľ, finaliza.

Voz aymara

Hortensia Hidalgo no es mapuche. Ella es aymara, pero comparte con sus hermanas de lucha los mismos anhelos y un similar diagn√≥stico. ¬ęLas mujeres jugamos un rol fundamental en las reivindicaciones de nuestros pueblos. Hemos luchado durantes siglos contra el genocidio, el desplazamiento, la colonizaci√≥n, la asimilaci√≥n forzada, la militarizaci√≥n. Y somos quienes asumimos el rol de la lucha para proteger, respetar y ejercer, tanto los derechos colectivos de nuestros pueblos, as√≠ como nuestros derechos de mujeres dentro de nuestras comunidades¬Ľ. Hortensia es una joven mujer de armas tomar. Vocera del Consejo Aut√≥nomo Aymara, es adem√°s presidenta de la Coordinadora de la Mujer Ind√≠gena Rural y Urbana de la regi√≥n de Arica. Forma parte tambi√©n del Foro Internacional Ind√≠gena sobre Biodiversidad, instancia de la cual es encargada de comunicaci√≥n para Latinoam√©rica. Por si no bastara, participa activamente del Centro de Comunicaci√≥n e Investigaci√≥n Ind√≠gena Chaskinayrampi de Arica.

¬ęA lo largo de los a√Īos he conocido muchas mujeres a nivel local, nacional e internacional que merecen toda mi admiraci√≥n. Considero que todas las mujeres son un ejemplo, desde la abuela que te ense√Īa a escoger las semillas o las papas en la comunidad, hasta las compa√Īeras que encuentras en las reuniones de Naciones Unidas defendiendo los derechos de nuestros pueblos¬Ľ, afirma orgullosa. ¬ęPero esto no quiere decir ‚Äďaclara de inmediato‚Äď que el hombre no tenga importancia, al contrario, dentro de nuestra cosmovisi√≥n aymara existe la dualidad y complementariedad como principio fundamental de la cosmovisi√≥n tradicional. Y mientras no exista esa dualidad no eres jaqi (persona). Jaqi es una persona social, que prevalece ante el individuo y se establece una unidad social y colectiva¬Ľ. Sin embargo, Hortensia sabe que una cosa es la tradici√≥n y otra la realidad. Y es que al igual que sus hermanas mapuches, las mujeres aymara no han recorrido un camino f√°cil.

¬ęDentro de esta sociedad tradicionalmente machista y donde el aporte de las mujeres en lo social, cultural y pol√≠tico se invisibiliza, ha sido complejo y paulatino nuestro avance¬Ľ, reconoce. ¬ęHoy podemos decir que hemos avanzado en el empoderamiento de medios y herramientas para aumentar el posicionamiento en distintos niveles. Pero aun falta por hacer, principalmente seguir potenciando las capacidades en nuestras hermanas de las nuevas generaciones, algo que es fundamental¬Ľ.

¬ęHoy podemos distinguir organizaciones de j√≥venes ind√≠genas organizadas que como objetivo primero comienzan en el aspecto cultural. Aqu√≠ en el norte existen muchas organizaciones de j√≥venes que comienzan, por ejemplo, atra√≠dos primero por los bailes caracter√≠sticos aymaras, lo que es bueno. El problema es cuando solo se quedan entre el baile y canto. Y el gobierno de Chile fomenta y contribuye en esto √ļltimo¬Ľ.

Para Hortensia, una cuota importante de responsabilidad en el machismo que a ratos pareciera caracterizar a la sociedad ind√≠gena seria del gobierno y sus pol√≠ticas de colonialismo interno. ¬ęLa situaci√≥n que vivimos las mujeres ind√≠genas se debe tambi√©n a la aplicaci√≥n de pol√≠ticas colonizadoras y neoliberales contra los pueblos ind√≠genas. Cabe destacar que el Estado chileno no valoriza a la mujer ind√≠gena, la cual es invisible en su aporte a los distintos √°mbitos de la vida social. Basta decir que no hay pol√≠ticas p√ļblicas espec√≠ficas que de manera eficaz promuevan la participaci√≥n plena y efectiva de las mujeres en la toma de decisiones¬Ľ, subraya. ¬ęNo se nos reconoce, al contrario, cada d√≠a pareciera ser mayor la discriminaci√≥n. Las mujeres ind√≠genas resistimos hoy una triple condici√≥n de exclusi√≥n: por ser mujeres, ind√≠genas y adem√°s pobres¬Ľ.

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* Periodista.

Publicado originalmente en la revista Punto Final.

Publicado en Punto Final N¬ļ 657 (5 de marzo de 2008).

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