Dic 19 2006
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Sociedad

MUJERES EN LA MEMORIA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

foto ¡Qué experiencia la que estamos viviendo hoy!

Es una mezcla de tiempos y de espacios concentrados aqu√≠. Es el tiempo de una hija con sus primeras sonrisas y preguntas. Es la hora de la joven esposa, quiz√°s con el √ļltimo te quiero en la voz. Es la hermana mayor o menor, con su consejo o su juego. Es la amiga entra√Īable, una prima querida. Es la madre que se eterniz√≥, simplemente por todo. Desde qu√© ventana, de cu√°l casa, en qu√© ciudad del pa√≠s o de otro pa√≠s, vino la luz que te recuerda su mirada la primera vez o la √ļltima vez. Sin embargo, hoy s√≥lo puede ser hoy, y este lugar es s√≥lo aqu√≠.

Son las memorias de estas mujeres, desaparecidas, ejecutadas, que traspasan el tiempo buscando un sitio, y ese sitio es la historia.

Porque las memorias, como hecho normal en nuestras vidas, se van configurando con las peque√Īas y grandes cosas que hacemos cotidianamente, con los sentimientos y emociones que poseemos como seres humanos, con los sentidos, que nos permiten nombrar y comprender nuestra vida y su entorno.

Pero estas memorias, estas particulares memorias, son especiales, porque tienen una parte que no es humanamente comprensible. El grito que sali√≥ desde lo m√°s hondo, preguntando ¬°¬Ņpor qu√©?! o ¬°¬Ņd√≥nde est√°n?! y cuya respuesta, m√°s de una vez ha sido verdad mentida, justicia c√≥mplice, no encuentra paz.

La historia, esa historia que nos negó siempre y que, sin embargo, las propias mujeres nos encargamos de develar, ya consignó las grandes batallas que libraron las mujeres de fines del siglo XIX y comienzos del XX, junto a los obreros del salitre, del carbón, de ferrocarriles, por mejores condiciones de vida. Las luchas de las mujeres por el acceso a la educación superior y por el derecho a voto.

La historia, tambi√©n nos recuerda la dif√≠cil integraci√≥n de las mujeres a los partidos pol√≠ticos en los a√Īos 50, esas mujeres que tra√≠an el impulso de haber conquistado el derecho a elegir, pero se les mezquinaba el derecho a ser elegidas. Pasaron d√©cadas, en que ni siquiera fuimos minor√≠a en los cargos de decisi√≥n pol√≠tica. Una mujer en instancias de decisi√≥n era siempre una excepci√≥n. Y ahora, hemos elegido a una mujer presidenta de Chile.

Cómo no vivir nuevamente el recuerdo del vigoroso movimiento de mujeres que emergió durante la dictadura militar; las infatigables jornadas de organización y movilización, en que lográbamos unirnos mujeres de tan distinta procedencia social y tendencias políticas.

Ese movimiento que tenía rostros y pasión: de mujeres que buscaban a sus familiares entre los detenidos; de mujeres que suplieron con creatividad y dignidad los recursos para el sustento diario; de las que se organizaron, por razones éticas, religiosas, ideológicas o políticas para la defensa de los derechos humanos y la recuperación democrática;
de las detenidas, torturadas, exilia das. De las 118 mujeres que fueron ejecutadas y las 72 mujeres que permanecen desaparecidas.

Cómo no recordar que recién ahora, en el proceso de construcción de este Monumento, dos hechos nos remecieron:

Uno, fue que a ra√≠z del Informe Valech, se empez√≥ a develar el tipo de tortura sufrida por la mayor√≠a de las mujeres, y omitida en sus relatos por pudor. Supimos que la represi√≥n pol√≠tica tuvo el mismo sello de la violencia de g√©nero contra las mujeres, que sucede tanto en guerras y dictaduras, como en ¬ętiempos de paz¬Ľ. A las mujeres se las viol√≥ como forma de tortura, as√≠ como en tiempos de paz se viola, se agrede, se acosa sexualmente, se controla los cuerpos y las vidas de las mujeres, y a veces se las mata, por el s√≥lo hecho de serlo.

Partimos denunciando la represión política por parte de agentes del Estado, y nos encontramos con que ello representó el sentir de otras mujeres agredidas, antes y ahora, y en cualquier lugar. Democracia en el país y en la casa, fue la consigna del Movimiento Feminista chileno que recorrió el mundo durante la dictadura, y que nos sigue interrogando sobre cuánto nos queda por hacer todavía.

Otro, fue que cuando nos aprest√°bamos a sentir orgullo de que este Monumento fuera el √ļnico de su tipo en Am√©rica Latina, supimos del femicidio en Ciudad Ju√°rez en M√©xico, y el de Guatemala y el de El Salvador, sin que se supiera cabalmente qui√©n los cometi√≥. Entonces, nos dimos cuenta que era el √ļnico por la peor de las razones, porque en otros lugares de Am√©rica Latina a√ļn no han terminado los cr√≠menes contra las mujeres, atribuibles al aparato estatal.

Por eso, el Monumento es también para las mujeres latinoamericanas, para aquellas que estuvieron detenidas junto a nosotras en Villa Grimaldi, en el Estadio Nacional y otros lugares, para las que dieron la vida luchando contra la dictadura en nuestro país, y para todas sus compatriotas, que seguro encontrarán en él, el espíritu de las luchas que hemos librado las mujeres por una vida mejor en el Continente.

El Monumento ¬ęMujeres en la Memoria¬Ľ es una contribuci√≥n cultural contra el olvido, pero trasciende su propio fin, y se convierte en expresi√≥n pol√≠tica de las mujeres, en la memoria que nos impulsa como colectivo a transformar la sociedad en que vivimos.

Aquí está el espíritu de Nalvia Rosa, de Cecilia, de Carolina, de todas nuestras Marías, de todas esas vidas que ya tienen un lugar en nuestro corazón y que encontrarán un lugar en la historia de Chile.

Aquí está el espíritu de ellas, que nos legaron tanto, y de quienes decidimos no callar ante la injusticia, la violencia, la corrupción; las que dicidimos valorarnos y apoyarnos así nomás tal como somos; las que decidimos vivir cada día con ganas, para que sepan los que quisieron doblegarnos que no lo lograron; para que sepan nuestras hijas e hijos
que en gran medida la fuerza y el coraje de las mujeres, han hecho un poco m√°s democr√°tica, un poco m√°s libre, un poco m√°s amable la sociedad en que les ha tocado vivir.

El tirano, que murió traidor, cobarde, asesino y ladrón, se hará cenizas, mantenidas ocultas o lanzadas en lo desconocido, porque ya lo saben ellos, no hay ni habrá lugar de descanso para él.

En cambio aqu√≠, en el sitio m√°s visible, se levanta un s√≠mbolo de los cuerpos desaparecidos, de las vidas segadas con tanta crueldad. Aqu√≠, justo aqu√≠, donde se cruza la Carretera Panamericana que recorre nuestro pa√≠s de Norte a Sur, y la Alameda Bernardo O’Higgins que lo atraviesa de Cordillera a Mar.

La carretera que une a nuestro pa√≠s‚Ķ ¬ęlargo como lazo de arriero y angosto como catre de pobre¬Ľ ‚Äďcomo dijera nuestro poeta Pablo de Rokha‚Äď y la Alameda, ¬ęlas grandes Alamedas, por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor¬Ľ, que nos legara Salvador Allende.

Este es un lugar para ustedes queridas compa√Īeras. Un muro de cristal que nos permite verlas al trasluz de la Historia.

Muchas Gracias

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* Luchadora y dirigente social. Integró el Comité Monumento Mujeres en la Memoria.

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