Ago 15 2022
170 lecturas

Cultura

Ofendidos por Salman Rushdie

Desde hace m√°s o menos treinta y tres a√Īos, la edad de Cristo en la cruz, Salman Rushdie se hab√≠a convertido para su desgracia en un personaje de novela, concretamente de una novela de Salman Rushdie. El narrador todopoderoso, creador de √°ngeles y demonios que caen volando desde los cielos, contempl√≥ aterrado c√≥mo el maleficio de la palabra escrita volv√≠a para alcanzarlo y convertir su vida en un infierno.

De repente, tras la publicación de Los versos satánicos, su rostro estaba en todos los periódicos y telediarios del mundo, su nombre maldecido entre los creyentes, su cabeza reclamada por legiones de fanáticos. Decía Borges que la fama siempre es un malentendido, quizá el peor, una boutade que nadie podría suscribir con más derecho que Salman Rushdie.Los versos satánicos', el libro que sentenció a muerte a Salman Rushdie

Nunca sabremos qu√© molest√≥ realmente al ayatol√° Jomeini, si la acusaci√≥n de blasfemia impl√≠cita en la idea de que, al redactar el Cor√°n inspirado por el arc√°ngel Gabriel, Mahoma habr√≠a mezclado sin querer los versos sat√°nicos con los divinos, o la descripci√≥n que hace Rushdie en uno de los cap√≠tulos del propio Jomeini, un anciano agrio y ce√Īudo exiliado en Par√≠s a√Īos antes de su regreso triunfal a Teher√°n.

Lo m√°s seguro es que Jomeini ni siquiera leyese Los versos sat√°nicos ni antes ni despu√©s de condenar a muerte a su autor, lo mismo que tampoco lo habr√°n le√≠do el agresor, Hadi Matar, quien ni siquiera hab√≠a nacido cuando se public√≥ el libro, ni los piadosos musulmanes que han aplaudido p√ļblicamente el apu√Īalamiento, ni los pol√≠ticos y cl√©rigos iran√≠es que ratificaron una y otra vez la sentencia y aumentaron la recompensa por su vida a m√°s de cuatro millones de d√≥lares.

Esa gente no son de leer mucho, eso es seguro. El libro estaba maldito desde el t√≠tulo -una bomba de relojer√≠a oculta desde el siglo XIX- hasta el rosario de prohibiciones, disturbios y atentados que hasta la fecha han costado la vida a cientos de personas, incluyendo el traductor al japon√©s, Hitoshi Iragasi. Recuerdo que compr√© Los versos sat√°nicos en la Feria del Libro de Madrid y cuando llegu√© a casa y encend√≠ la televisi√≥n no me lo pod√≠a creer; es uno de los pocos libros en los que anot√© la fecha y unas palabras: ¬ę3 de junio de 1989, el d√≠a en que muri√≥ Jomeini¬Ľ.

Hubo colegas, amigos y admiradores que defendieron a Rushdie desde el primer momento: Dalman Rushdie fue atacado el viernes pasado durante un evento literario en la ciudad de Nueva York. (Fuente: Télam)Christopher Hitchens, Kazuo Ishiguro, Norman Mailer, Susan Sontag, Vargas Llosa, Kurt Vonnegut, Martin Amis, Tom Wolfe, Edward Said, Nadine Gordimer, Carlos Fuentes, Ian McEwan, entre docenas de ellos. Stephen King anunció que la librería que retirase los libros de Rushdie de las estanterías hiciese el favor de retirar también los suyos.

Hubo tambi√©n quienes declararon que el propio Rushdie se lo hab√≠a buscado por ofender al islam: John Le Carr√©, Roald Dahl, John Berger. Cat Stevens, reci√©n convertido al credo musulm√°n, apoy√≥ p√ļblicamente la condena a muerte y, cuando le preguntaron si acudir√≠a a una protesta en la que quemaran una efigie del autor, dijo que preferir√≠a que lo quemaran en persona. La Academia Sueca del Premio Nobel, m√°s acad√©mica y m√°s sueca que nunca, tard√≥ 27 a√Īos en pronunciarse sobre la cuesti√≥n y hasta marzo de 2016 no conden√≥ la fatwa contra el escritor.

En 1989, durante una tertulia televisiva que contaba con religiosos y estudiosos del islam, un ilustre arabista explicó que, desde su punto de vista, el libro pecaba de apostasía, justo el pecado del que le acusaba Jomeini. En ese momento me froté los ojos, me rasqué los oídos y comprendí que, a pesar de la televisión, los teléfonos y los aviones, estábamos otra vez en la Edad Media.

Durante muchos a√Īos Rushdie tuvo que retirarse del mundo y vivir custodiado por la polic√≠a brit√°nica; aunque odiaba a Margaret Thatcher y la hab√≠a criticado en numerosas ocasiones, no Har√ļn y el mar de las historias" de Salman Rushdie - Ateneo Mercantil de Valenciaten√≠a m√°s remedio que confesar que le deb√≠a la vida. Lejos de su familia, cambiando de domicilio cada dos o tres d√≠as, rodeado de guardaespaldas, concibi√≥ y escribi√≥ uno de sus libros m√°s hermosos, Har√ļn y el mar de la historias, que dedic√≥ a su hijo Zafar y que admite, al menos, tres lecturas: una f√°bula infantil, una diatriba contra la censura y un canto al embrujo inagotable de la literatura.

Un librero amigo, coleccionista de libros firmados, vio una tarde a mediados de los noventa c√≥mo dos escoltas entraban a inspeccionar el local madrile√Īo donde trabajaba antes de permitir la entrada a Rushdie; as√≠ pudo conseguir un ejemplar autografiado de El √ļltimo suspiro del moro. Con el tiempo, fue apareciendo en actos, conferencias y lecturas, hasta que decidi√≥ volver a hacer vida normal: un error que le ha costado siete u ocho pu√Īaladas casi mortales.

Un cuchillo que alcanza a la víctima tres décadas después de lanzado resulta algo tan grotesco y fantástico como una sentencia de muerte global a finales del pasado siglo, una sentencia religiosa en que la promesa del paraíso se refuerza con una recompensa de millones de dólares.

Amazon.com: Hijos de la medianoche (Spanish Edition) eBook : RUSHDIE, SALMAN: Kindle StoreA mediados de los ochenta, unos a√Īos antes de que su nombre saltara a la primera plana, le√≠ fascinado Hijos de la medianoche, la extraordinaria novela que narra la historia reciente de la India a trav√©s de la odisea de mil y un ni√Īos nacidos en la √ļltima hora antes de la independencia, y comprend√≠ por qu√© algunos cr√≠ticos comparaban a Rushdie con Grass y con Garc√≠a M√°rquez: un narrador torrencial que hab√≠a trasplantado el realismo m√°gico al subcontinente indio y lo hab√≠a aderezado con curry.

Entre los muchos pasajes inolvidables que se me grabaron a fuego en la cabeza estaba el momento, casi al comienzo del libro, en que el abuelo del protagonista se inclina para rezar y una monta√Īa helada le pega un pu√Īetazo: ¬ęTres gotas de sangre cayeron de la ventanilla izquierda de su nariz haciendo plaf, se endurecieron instant√°neamente en el aire quebradizo y quedaron ante sus ojos sobre la esterilla de rezar, transformadas en rub√≠es (…) En aquel momento, mientras se sacud√≠a desde√Īosamente diamantes de las pesta√Īas, resolvi√≥ no volver a besar la tierra ante ning√ļn dios ni ning√ļn hombre¬Ľ.

La polémica desatada por Los versos satánicos lleva al límite la controversia sobre la libertad de expresión y el inexistente derecho a ofenderse. Sin necesidad de redes sociales, a Rushdie lo lincharon virtualmente muchedumbres de fanáticos antes de que un clérigo irascible pusiera precio a su cabeza. Miles, quizá millones de injuriados que ni siquiera habían leído el libro, porque, como bien dijo el propio Rushdie, hace falta mucho esfuerzo para leer 600 páginas y luego ofenderse. Nunca pensó que la religión fuese uno de los temas principales de su obra, pero ni siquiera un gran escritor llega a comprender el poder terrible de la palabra escrita.

*Escritor, guionista y columnista espa√Īol. Publicado en publico.es

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


A√Īadir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.