Oct 25 2023
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OpiniónPolítica

Palestina y los ojos en blanco frente al horror

Uno. Faltando un a√Īo para el final de la primera guerra mundial, los previsores ingleses anunciaron el establecimiento de un hogar nacional jud√≠o (sic) en Palestina. La Declaraci√≥n Balfour (2 de noviembre de 1917) fue incluida en una carta al banquero Walter Rotschild (l√≠der de la comunidad jud√≠a de Inglaterra), para su transmisi√≥n a la Federaci√≥n Sionista de Gran Breta√Īa e Irlanda.

Dos. Palestina quedó bajo el Mandato Británico, y el gobernador inglés de Jerusalén, Richard Storss, pidió consejos al primer ministro David Lloyd George para hacer frente a las críticas que recibía tanto por judíos como por árabes. El jefe giró una respuesta muy british, de formidable alcance: Muy bien. Si alguna de las dos partes deja de quejarse, será usted destituido.Mandato británico de Palestina - Wikipedia, la enciclopedia libre

Tres. Apunto el dato porque siempre, siempre, siempre, el diablo est√° en los detalles. Y para que no sigamos haci√©ndonos bolas con el eufem√≠sticamente llamado conflicto √°rabe-israel√≠. Aunque admito que el milenario debate notarial en torno a las escrituras p√ļblicas que agitan los tres pueblos elegidos (jud√≠os, cristianos, isl√°micos), goza de mayor glamur.

Cuatro. Los ingleses fueron amos y se√Īores de un vasto imperio talasocr√°tico (1487-1997). No obstante, se vieron en figurillas en dos parajes del orbe. All√≠ donde sus primos declararon el nacimiento de la nueva Jerusal√©n (Estados Unidos, 1776), y en la Jerusal√©n b√≠blica, √ļnica ciudad del cosmos que existe dos veces: en el cielo y en la tierra.

Cinco. El lector u oyente medianamente ilustrado (lo siento, especie en extinción), sabe que los grandes credos monoteístas surgieron de los que se negaban a vivir, fatalmente, en un valle de lágrimas. Empezando por el pastor hebreo Abraham, y el judío de abajo que, látigo en mano, expulsó a los mercaderes del templo, llamados fariseos.

Seis. Los fariseos eran eruditos jud√≠os que pertenec√≠an a los de arriba, y hac√≠an buenos negocios con los romanos. Y seg√ļn Jes√ļs, merec√≠an ser castigados porque reverenciaban al Dios-mercado, fing√≠an una moral o creencias que no ten√≠an y eran sumamente injustos a la hora de repartir panes, peces y‚Ķ territorios. Aunque (y ah√≠ est√° el detalle), faltaban 600 a√Īos para que Mahoma diera su opini√≥n.

Siete. Directa o indirectamente, casi todas las guerras de Occidente hicieron de Jerusalén su centro de gravedad. Una ciudad que el papá del insigne pensador palestino Edward Said odiaba, porque le hacía pensar en la muerte.

Ocho. Las razones de la guerra se piensan en elegantes despachos ministeriales donde se expiden órdenes… poco razonables. Sin embargo, bien saben los militares, obligados a ejecutarlas, que los políticos responden a intereses que condicionan tales razones. Cuando no son ellos, claro, los beneficiarios de tales intereses.

Nueve. Las bombas atómicas que cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki (1945), cambiaron la tecnología de la guerra, que no es una ciencia. Y en adelante, las potencias occidentales libraron sus guerras contra los movimientos de liberación nacional y la causa anticolonial de los pueblos.

Diez. ¬ŅResulta √©tico permanecer neutral en las guerras? Depende. Si los bandos son abrumadoramente asim√©tricos, el dilema se convierte, por omisi√≥n, en complicidad con el genocidio y las masacres. Rescato, entonces, un breve pasaje de aquella cr√≥nica aterradora contada en Judea, provincia del imperio romano: ‚ÄúTan espeluznantes eran las escenas que se desarrollaban alrededor de las murallas, que parec√≠a que el infierno hab√≠a invadido la tierra. Miles de cuerpos se pudr√≠an bajo el sol, el hedor era insoportable y manadas de perros y chacales se daban un fest√≠n de carne humana‚Ķ‚ÄĚ

Once. ¬ŅGaza, ahorita? En efecto. Gaza ahorita, y en apenas cinco l√≠neas de La guerra de los jud√≠os. Cr√≥nica de Yosef ben Matityahn (mejor conocido como Flavio Josefo), escrita durante la conquista de Jerusal√©n por el comandante militar y luego emperador Tito Flavio Vespasiano (70 d. C). Ahora bien: ¬ŅJosefo era jud√≠o o romano? En realidad, ambas cosas. Porque los emperadores de verdad necesitan de cronistas objetivos. En cambio, si Josefo estuviera narrando ahorita la tragedia de Gaza, estoy seguro de que Benjam√≠n Tito Netanyahu, sicario de Washington, lo hubiera empalado por terrorista y antisemita.

Doce. Con la imposici√≥n en Palestina del enclave terrorista llamado Israel (1948), los fariseos modernos regresaron al templo. Hechos que niegan los intelectuales, escritores y acad√©micos judeo-sionistas que presumen de reflexivos y profundos. A√Īo y medio atr√°s, nos dijeron: ¬°Todos amamos a Ucrania!. Y hoy: ¬°Todos amamos a Israel!

Trece. Bueno‚Ķ no todos. Creo que las personas conscientes nunca amaron a nazis, fascistas y mucho menos al sionismo antisemita y fariseo, √ļnica ideolog√≠a que durante 75 a√Īos consigui√≥ expandirse, chantajear y embrutecer al conjunto de los medios occidentales.

Catorce. Entre el saber absoluto y la ignorancia absoluta, la opini√≥n ocupa un escal√≥n intermedio. A m√°s de conllevar su contrario. Ense√Īanzas que nos dejaron los escribas del Talmud, cuya primera versi√≥n fue redactada en el siglo II d. C, en la actual franja de Gaza.

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