Ene 23 2007
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Cultura

Panoramas. – CUANDO LOS MUROS CRECEN COMO SI FUERAN PUENTES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Un hervidero de ideas sobre la mesa, el aire, la espesa espuma de los acontecimientos. Digo Bagdad y la garganta arrastra sólo escombros, ruinas, cadáveres. En el tercer aniversario de su invasión, el mundo ha perdido. La ilusión del triunfo se le ha pegado al paladar del Number One, como un chicle podrido. El país mesopotámico vive una situación de verdadera guerra civil, los miles de muertos hablan por si solos que la vida allí es un ejercicio peligroso, llegar a casa sano y salvo, es un espejismo en el desierto.

Occidente descubre la gran noticia que invent√≥: la muerte es moneda corriente en Iraq. A la verdad se le salen los ojos de tanto mentir. Cruzan mensajes en la redacci√≥n, el editor caza ideas para su editorial, la guerra es noticia vieja ‚Äďpasan protestando por las medidas laborales arbitrarias millares de j√≥venes por la TV, en toda Francia‚Äď, pero es lo que mantiene en un hilo de suspenso el alma cavern√≠cola y antrop√≥faga de quienes dirigen los intestinos, perd√≥n, destinos de la naci√≥n. Una mesa de redacci√≥n son todas las ideas juntas para obtener algunas cuantas l√≠neas con la cabeza editorial y tambi√©n para pautar algo que la televisi√≥n y los dem√°s no ven, o no les importa y consideran que no forma parte del mundo noticioso e inter√©s de los lectores.

La Gran Prensa busca la Gran Noticia, cazar el caimán de la ciénaga, pero olvidan toda la información, historias contenidas en sus fauces desde que comenzó a tragarse a los distraídos visitantes del lugar. La atmósfera, lo que alguien vio en los ojos del caimán alguna vez, el silencio pavoroso que dejaron sus víctimas.

Un reportero debe competir con el olfato, instinto del animal, ser parte de la bestia noticiosa. El lagarto no busca excusas para atacar, lo hace para robarse el √ļltimo aliento de su presa, que algunos llaman su v√≠ctima. Todo hecho noticioso, informaci√≥n que se ve y no deja ver, debe tambi√©n quedar sin aliento, absolutamente transparente, desnuda. Tres, cuatro frases, un gesto de satisfacci√≥n contenida, como cuando se atrapa algo que huye, escapa, esconde, juega a perderse.

Sientes los cabellos en tus manos, el olor de la piel, todo el tacto en ese encuentro deseado. Es un encuentro de atm√≥sferas. La pulsada real, definitiva, el aliento que anuncia la pantera. Su huella puede llegar a ser tan feroz como su ausencia. Puede ser la mirada tard√≠a de la paloma que alguien deg√ľella. Despu√©s de un trasiego verbal de puerto en una redacci√≥n, comienza a vagar un silencio sepulcral. Se ha dicho casi todo.

Se recogen velas, la red ya est√° en el mar. Peces que las manos adivinan bajo el agua. Peces que se resbalan, dorados peces que siempre vuelven a desovar. Peces de un solo r√≠o, de un solo mar. Peces de una sola agua. Peces de una misma pecera. Peces que una red ignora. S√≥lo las ¬ęlaptop¬Ľ sin manivelas tienen la palabra a partir de ahora. El tiempo apremia, es como el ejercicio de una fertilizaci√≥n que debe producirse en un tiempo preciso. Las teclas se desplazan solitarias al movimiento t√°ctil. Las cabezas sobre la pantalla, las cabezas sobre el teclado, las manos sobre su peque√Īo piano.

fotoLa noche es un perro triste

No hay m√ļsica. S√≥lo un peque√Īo espacio que cada cual ha separado para esta ma√Īana. Se sentir√°n los pasos, primero, sobre la peque√Īa cancha de golf, unos cuantos golpes, y el editor volver√° a su oficio. Ahincar el diente a la memoria, revisar√° los papeles escritos de la competencia, dejar√° correr los dedos hacia lo desconocido, sin freno, no hay paradero en los primeros tramos, s√≥lo el impulso, el vac√≠o. Cada quien frente a su historia y ma√Īana al atardecer volver√° a ser historia de su pasado, s√≥lo recuerdo. Ni una urgencia es m√°s r√°pida que la otra. Los muertos esperan su turno. Saben que vienen por m√°s vivos. La √ļltima noche trae un sue√Īo largo, tibio.

Dejo las cabezas inclinadas sobre el teclado. Tomo unas notas antes de traspasar la √ļltima puerta. Se han dicho tantas cosas y ha desfilado el mundo contra la guerra. Estos fogonazos verbales, silencios medioevales, pr√©dicas, mon√≥logos, di√°logos abiertos, se atraviesan en tus notas, la p√°gina en blanco se satura de un rumor intenso, ruidos, interrogantes, dudas, la hoja cruje, se acomoda, se siente tensa, el papel se hace compacto como una gota de aceite. La p√°gina se siente saturada.. La informaci√≥n le ha sido literalmente inyectada.

La repaso con la yema de los dedos, como pidiéndole perdón, se le ha subido el mundo a su pobre papel receptor. Yo ya estoy en la motivación de la memoria del tiempo de Dana D, los pasajes del diario del poeta, sus palabras que siempre me rescatan de esta aventura ciega, solitaria, abandonada a su suerte. Hay inviernos peores que otros y ese era uno de ellos, bajo la nieve y el lodo de la carretera, un tiempo para no recordar, pero los días se graban cuando mutilan las cosas buenas y tuercen la ruta del corazón.

S√≥lo una dosis muy vasta de estupidez, me impedir√≠a no reconocer cuando alguien est√° atrapado y al mismo tiempo se miente. Era mejor ver volar un cometa o seguir el tr√°nsito de una nube. Huir en una palabra, para no llegar, o ir m√°s lejos de donde se debiera estar. Ese punto blando de la nada. Ca√≠a la nieve, cruj√≠an las ca√Īer√≠as, se lastimaba el tiempo con tanto fr√≠o, la nariz pertenec√≠a a otra cara, el rostro feliz del pasado.

En ese tiempo viajaba por no estar en ninguna parte. Sal√≠a como una carta de un buz√≥n. Paso expedito, pero sin destinatario. ¬ŅC√≥mo me equivoqu√© tanto en ese tiempo? La nieve sepultaba hasta mis intenciones. La noche era literalmente un perro triste, lastimado, con su mirada abandonada. La tristeza se contagia, se convierte en perro sin amo(¬ģ). El cuerpo se abandona al sof√° chocolate y nadie sabe si est√° ah√≠ como otro mueble. El d√≠a se abandona a su sombra y el cuerpo le acompa√Īa mansamente.

No seré feliz, pero tengo marido

En medio de esta guerra y mar de mentiras, recuerdo el comentario ir√≥nico, punzante, leg√≠timo, del poeta sobre esa obra de teatro, el mon√≥logo titulado: No ser√© feliz, pero tengo marido . Un ¬ęstand up comedy¬Ľ, canto, m√ļsica y baile. Se habla de amor eterno, se jura nada m√°s, pero es imposible cumplir con el dichoso pacto.

‚ÄúHay mujeres que apostamos todo rom√°nticamente a la instituci√≥n menos rom√°ntica del mundo: el matrimonio ‚ÄĚ. Le√≠ en alguna parte esa frase como anillo al dedo, que se termina resbalando. Rueda, rueda el anillo, lo m√°s que puedas. Sol√≠a entonar una amiga y se re√≠a. Fue la que me comento acerca de la famosa edad met√°lica en los hombres. Me dec√≠a y preguntaba yo, que significaba esa sugestiva frase. S√≠, la de los cabellos grises, los dientes de oro, el coraz√≥n de hierro y el culo de plomo.

Se sientan a ver la TV y no hay quien los pare de ah√≠. Ya sab√≠a lo que era la edad met√°lica, toda una filosof√≠a muy conocida. Se sentaba frente al televisor con un diario adem√°s en las manos, un rostro de buey cansado, o m√°s bien de trasero distra√≠do. No ser√© feliz, pero tengo marido es una obra escrita por la periodista argentina Viviana G√≥mez Thorpe, por all√° en el 2001. Debido a su √©xito en las ventas, ese a√Īo fue llevada por primera vez al teatro, en el pa√≠s conosure√Īo, donde tiene cinco temporadas seguidas. Ese montaje se adapt√≥ posteriormente en Venezuela, Uruguay, Chile, M√©xico, Espa√Īa y recientemente Brasil.

Es un tema universal. La obra es una comedia presentada como mon√≥logo, donde la protagonista, en la intimidad de su estudio, cuenta lo que ha sido su historia durante 20 a√Īos de casada ‚Äďla obra original est√° basada en las bodas de plata, que celebran los matrimonios en sus 25 a√Īos‚Äď. Cada uno de los 10 sketches en los que se divide,¬° finaliza con una voz en off de su abuela, la conciencia y sabidur√≠a, tipo: ‚ÄúAy hija, la parte m√°s insensible del pene es el hombre‚ÄĚ. El poeta lo contaba con gracia y picante. Toda una ense√Īanza el mon√≥logo para no persistir en √©l. Me dijo un d√≠a, un cad√°ver no puede seguir coqueteando dos veces con la muerte.

Y eso me oli√≥ a epitafio, m√°s que a met√°fora. El amor, o se realiza o degrada. La frustraci√≥n que al final deja es tanto mayor cuanto m√°s abortado resulte. Esta no es una frase suya, estaba anotada con una letra prolija en su diario. Camus, dec√≠a al final. El desd√©n acumulaba puntos por esos d√≠as, esas respuestas que nada dicen, como si no se hubiese escuchado al otro, el limbo personal, una suerte de autismo con el perd√≥n de ese mundo real y aut√©ntico. El vouyerismo epistolar en todas sus expresiones, s√≥lo ver, leer a la distancia, con el resorte de la fuga a mano, sin palpar m√°s que el silencio sobre el silencio, y seguir hilando un verbo in√ļtil, est√©ril, vac√≠o.

Dana D era más simple, me confesó, como si yo necesitara saberlo. La vida es el arte de no torcer el verdadero camino. O si quieres, no torcer por el lado equivocado. Me hacía sentir la orilla de las cosas. Palpar la documentación de lo ilegal. Eran actos supremos de sinceridad y coraje. En un mundo de simulacros, había que saber valorizar las cosas verdaderas y las palabras también.

Todo caminaba a contra v√≠a por esos d√≠as. No era una excusa o si se hab√≠a convertido, lo justificaban las circunstancias. Yo tambi√©n le√≠a a Camus y me gust√≥ una frase suya porque cre√≠ vivirla. ‚ÄúHasta que todo estuvo cubierto de nieve me di cuenta de que las puertas y las ventanas eran azules‚ÄĚ. Yo le interpreto de acuerdo con mi realidad aplastada sobre mis solitarias s√°banas. Lo sorprendente de las palabras me reforzaba la imaginaci√≥n que se me congelaba.

Son desencuentros consigo misma

Dana ten√≠a grandes desencuentros consigo misma. Una enorme insatisfacci√≥n como un iceberg escondido, punzante en el centro del coraz√≥n que la pon√≠a a girar sin destino, ni br√ļjula y en eso nos parec√≠amos. Se anuncian 37 a 40 nudos de viento Norte. Habr√° que atarse a las paredes, sol√≠a describir el tiempo.

Fue un tiempo en que me quise ir a vivir a Bridgeville, al norte de California, un pueblo que había estado en un par de subastas por Internet. Si en eso de e Bay, en el comercio on line. Casi todo está ocurriendo en la red o al menos da la impresión. Eran días bárbaros en que permanecía bajo la feroz nieve y un lodo que me convertía el alma en una masa gelatinosa, fría, alarmante fuera del cuerpo y de sí misma.

Un lugar m√°s lejano que yo misma. Un sitio para apartarme del hueco del aire. ¬ŅC√≥mo sostener un la peque√Īa flama de un f√≥sforo cuando est√°s bajo el fuego cruzado de los vientos del olvido?

La edad de plomo pesaba en el que estaba frente de m√≠, no s√≥lo en el mon√≥logo, que es su propio vac√≠o, sino en la fuerza de una ausencia implacable. Siempre dije que deb√≠a salir de all√≠, donde el futuro no fuera pasado antes de comenzar. Bridgeville me sonaba a un puente que deb√≠a cruzar de alguna manera, sentirme al otro lado. Bruce K., un agente de la bolsa, como el que dorm√≠a a mi lado compr√≥ ese pueblito por 700 mil d√≥lares hace tres a√Īos. Re√ļne algunas curiosidades el sitio y no se trata del Ed√©n, pero es un lugar particularmente ubicado en el centro del olvido.

Cuenta con tres vacas, una oficina de correos, una cafeter√≠a y un cementerio donde, dicen, guarda la tumba del √ļltimo hombre blanco muerto a manos de los indios en el condado de Humboldt. Toda una historia. Viven 25 personas, justo para mantener un encuentro de f√ļtbol con un √°rbitro. Est√° ubicado el sitio al lado del r√≠o Van Duzen, un nombre que podr√≠a identificarse con alg√ļn lugar que existi√≥ en la Segunda Guerra Mundial en la vieja Europa. Pero, todo pueblo o lugar que tiene un r√≠o, para m√≠ es importante.

Es el punto ideal para so√Īar y dejar correr el tiempo, las palabras que alguna vez alguien dir√° o podr√≠a llegar a so√Īar. Un r√≠o es la memoria del presente y de todo lo que llevar√° en el curso de su vida. Mirar un r√≠o es confesarse con el futuro. Bridgeville un paso en la memoria. Nada m√°s all√° o ac√°. Es justo lugar de la nada. Qu√© m√°s exacto para emprender algo nuevo, en b√ļsqueda de la felicidad.

Bridgeville, antes de la niebla

El pueblito, a la espera de su tercera subasta, pareciera despreciado por la fortuna. K, el hombre de la bolsa, hab√≠a encontrado una respuesta halagadora de la gente, al proyecto que hab√≠a emprendido para salvar su inversi√≥n. Hab√≠a encontrado con mucho esfuerzo un destino a la propiedad: un centro de retiro, pero, asuntos familiares le fuerzan a abandonar la empresa justo cuando comienza a despegar, de acuerdo con una versi√≥n del diario Los √Āngeles Times.

El anuncio en eBay se√Īala que Bridgeville podr√≠a convertirse en un campus universitario ‚Äďrevela el diario-, en un rancho o un peque√Īo complejo hotelero, ya que est√° ¬ęen un lugar verdaderamente bonito, justo fuera de la zona de nieblas¬Ľ. La zona de nieblas, para los m√°s aventureros, les podr√≠a recordar los parajes del Conde Dr√°cula, lo que atraer√≠a un turismo adicional.

Elizabeth Lapple, una marchante de antig√ľedades, fue quien inici√≥ la saga de adquisiciones de Bridgeville hace tres d√©cadas, cuando compr√≥ el pueblito por 150 mil d√≥lares luego de leer un anuncio en ¬ęLos Angeles Times. Posteriormente, un grupo religioso compr√≥ la propiedad, pero tuvo que abandonarla por falta de pago.

Hubo en el pasado otras ofertas tentadoras procedentes de empresarios u hombres ricos de Islandia, Texas y Alemania. Tra√≠an en mente convertir el lugar en un burdel. El astuto Bruce Krall, el agente de bolsa del condado de Orange, actual due√Īo de Bridgeville y que compr√≥ el pueblecito por 700 mil d√≥lares hace tres a√Īos, pedir√° 1,75 millones de d√≥lares por la propiedad cuando ponga su aviso en la Web de eBay, el 4 de abril pr√≥ximo.

La suerte volver√° a estar echada en la m√°s grande red de la imaginaci√≥n humana: internet. ¬ŅCu√°l ser√° la suerte de Bridgville? ¬ŅLo comprar√° un predicador para crear una comunidad modelo con patente directa al cielo? Alguien quiz√°s tenga en mente construir un conjunto de casinos estilo Las Vegas y darlo en concesi√≥n a los damnificados del hurac√°n Katrina y de todos los ciclones que vayan sucediendo en esa √©poca infernal. Una especie de refugio permanente para soportar las tragedias naturales.

Debe renacer la creatividad, el ejercicio privado de un nuevo sue√Īo, la construcci√≥n de un puente alternativo donde la bruma no desvanezca la esperanza de Bridgeville, para mitigar tanta torpeza, frivolidad, banalidad, y olvidar en el olvido, al sepulturero del ¬ęSue√Īo Americano¬Ľ. Prohibir√≠amos la entrada de CNN, de los vendedores de seguros, a los cazadores de torcazas, jugadores de golf, a los cazadores de torcazas, jugadores de golf, corredores de bolsa, cero pol√≠ticos, publicidad, avisos luminosos, cero locales de comida r√°pida, nada de tiendas de souvenir, ning√ļn producto de moda, cosm√©tico, de pasarela, nada que el mercado imponga como la mantequilla al pan.

Prohibir el ingreso de cualquier profeta del management, las palabras que busquen alguna rentabilidad, que lleven impl√≠cita una ventaja, cualquier rumor que se base en el despojo. Bridgville, s√≥lo un puente para cruzarlo contigo ‚Äďdetr√°s de la niebla‚Äď donde nace un nuevo camino. Puente del aire suspendido/orilla de otra orilla/vamos a caminar/cruza, s√≥lo cruza, no hay final. Siempre habr√° un camino m√°s all√° del puente.

Sin puentes y con muros

El mundo ha cortado miles de puentes y erigido nuevos muros. ¬ŅDe qu√© podemos lamentarnos, si hoy los muros son m√°s largos? Y prefiere cruzar r√≠os de sangre antes de buscar la verdad o de promover el respeto de otros pueblos sobre la base del desarrollo mutuo, de relaciones estables, confiables, con objetivos compartidos. El viejo truco de la conquista, del poder, dominio, la bota y el plomo, antigua nostalgia colonial, suprimir a los pueblos de toda libertad y esperanza.

Nunca el discurso y las promesas fueron m√°s vac√≠as que en esta √©poca. La banalidad y la frivolidad de las declaraciones sin respaldo moral, real, garantizadas por el apoyo de los hechos, se turnan en los titulares de la Gran Prensa para desmentirse cada cierto tiempo. El papel resiste todo, a√ļn, hasta que las personas comiencen a quemar los diarios a manera de protesta, para purificar las noticias de alguna manera. Tal vez veamos ese humo negro de tinta a la salida de los ¬ęsub way¬Ľ, en los parques solitarios, en las azoteas de los edificios, esquinas, callejones, en los lugares m√°s incre√≠bles, visibles e invisibles de la ciudad.

De alguna manera los ¬ęBlogs¬Ľ son esas peque√Īas chimeneas que se instalaron en internet para quemar las noticias falsas, encender los esp√≠ritus de credibilidad y verdad, una pasi√≥n ya olvidada. El mundo segu√≠a girando en otra esfera para Dana D. Est√° remarcado en el Diario del Poeta, y pareciera que le asignaba una connotaci√≥n especial a esa afirmaci√≥n. No era una frase apadrinada por la ret√≥rica. Menos una met√°fora.

Ella amarraba sus propios nudos al viento de sus d√≠as. Se soplaba en el tiempo, sobre el mar, en esos lejanos d√≠as, en el conf√≠n de las soledades. Todo un tiempo para aguardar. Hab√≠a escogido ese otro extremo, el Sur, una costumbre de estar. No siempre se puede escoger y decidir. La libertad es un perro asustado, lastimado, que mira triste en una noche fr√≠a. Cu√°ntas veces vi a Ranger entrar a la casa ausente, descompuesto por el hielo, sin afectos. As√≠ es la libertad para algunos. Sociedad Limitada. Hu√≠ en ese tiempo todo lo que pude. Pero, ¬Ņad√≥nde me llevaba la fuga inm√≥vil?

Mi tiempo era de espanto. Las orejas grises, la nariz como un cristal, las manos, el cuerpo, carne de hielo morada. Una playa de arenas blancas me robaba el sue√Īo. Esa era otra historia y se me cruzaba la idea de volver a mis pagos, cenar una noche en La Taberna de Lomas de Zamora en Buenos Aires. Dejar correr los ayeres, y mirarte a los ojos llenos de futuro. Entrar en una dimensi√≥n realmente conocida, pero m√°s ac√°, en el centro de nuestra propia tormenta.

El mundo se reflejaba en un potente espejo de soldados y civiles muertos. Sab√≠amos y no, hacia donde se inclinaba la desesperanza, ese aire pesado, de tractor, que suele pasar sobre el viento de la historia. Y a prop√≥sito del fin anunciado por Francis Fukuyama, a la historia, que sigue repiti√©ndose, ahora se desvincula al gobierno conservador con un libro donde llama a fortalecer el Estado. En uno de sus √ļltimos libros, La construcci√≥n del Estado. Hacia un nuevo orden mundial en el siglo XXI, hace estos planteamientos. El Neo liberal de liberales, F.F. ha dado un giro y se ha mostrado pesimista con el futuro de Iraq y la pol√≠tica de George Bush.

Responsabiliza a la guerra de Iraq de la p√©rdida de credibilidad y autoridad moral de Estados Unidos, as√≠ como del ¬ęantiamericanismo¬Ľ imperante en el mundo. En su m√°s reciente libro ¬ęAmerica At The Crossroads: Democracy, Power, and the Neoconservative Legacy (Estados Unidos en la encrucijada: Democracia, poder y el legado neoconservador), dice: la Casa Blanca se ha metido en un avispero, al tiempo que no da soluciones para un mundo en crisis. ‚ÄúNo hay un plan para estabilizar Iraq, sostiene F.F. entre otras cosas, en su distanciamiento de la Casa Blanca.

No es el √ļnico intelectual conservador que abandona el barco en pleno diluvio. Esa es una parte del mundo, cuyo callej√≥n sin salida, se adentra a√ļn m√°s en su laberinto. Resulta ya bizantina la discusi√≥n sobre si Iraq est√° o no viviendo una guerra civil, porque el pa√≠s vive una espiral infinita de violencia y muerte desde hace tres a√Īos. Si eso no es suficiente para alarmarse, ya ning√ļn an√°lisis es suficiente.

Su reconstrucci√≥n ha resultado el mismo enga√Īo de la existencia de las armas de exterminio masivo. Desastre es la palabra correcta para nombrar con exactitud lo que ha hecho la pol√≠tica exterior norteamericana en ese pa√≠s √°rabe. El tema de la Seguridad Nacional sigue ocupando la atenci√≥n de W√°shington y ha emitido un documento al respecto: Estrategia de la Seguridad Nacional. En tal sentido se refiere a sus vecinos, quienes, asegura, deben gozar de estabilidad, para garantizar la seguridad de Estados Unidos.

El documento opina sobre diversos países del mundo, estigmatiza a los ya conocidos en el triángulo del mal, a los malvados también de América latina y subraya que las políticas norteamericanas son para formar el mundo. Denuncia el abuso de los derechos humanos (sic). América latina sigue siendo el patio trasero para Wáshington y su preocupación real son los inmigrantes, además de prohibir su entrada, criminalizar su presencia en su territorio, hasta normar a 12 millones de indocumentados para ir deshaciéndose de ellos.

La nueva ley para inmigrantes ha sido rechazada por unos 500 mil manifestantes en Los √Āngeles, California. Es la punta del iceberg. La protesta se extendi√≥ hacia otros estados y ciudades de la uni√≥n, Chicago, Denver, Milwaukee, Atlanta, Phoenix, Sacramento, Charlotte, Kansas City, Cleveland, Carolina del Norte. Chicago realiz√≥ la manifestaci√≥n m√°s grande del siglo XX y Los √Āngeles de toda su historia. Los mojados han salido a la calle, de cara frente al sol de la historia, a enfrentar el aniquilamiento civil del Estado norteamericano que tanto promueve la inmigraci√≥n a trav√©s de su publicidad y Greencard , esa loter√≠a de los mil infiernos.

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Los correos electr√≥nicos se estremecen segundo a segundo con esa invitaci√≥n a vivir en los Estados Unidos. El primer paso es resolver definitivamente la suerte de 12 millones de indocumentados, de los cuales un 50 por ciento es de origen mexicano. El 10 de abril se realizar√°n masivas movilizaciones por la defensa de los derechos de los inmigrantes y para condenar medidas racistas y xenof√≥bicas. Las marchas se coordinar√°n en 10 ciudades, Los Angeles, Nueva York, Chicago y el D.F, entre otras. Los l√≠deres, las emisoras, diarios, ya comentan que se ha iniciado la marcha ascendente de un movimiento sin precedentes en el mundo latino en defensa de los derechos civiles en Estados Unidos. Est√° presente en la fecha, el 26 de marzo de 1911, el 95 aniversario de los m√°rtires de Chicago y de esos 146 trabajadores ‚Äďen su mayor√≠a mujeres y todav√≠a se desconoce cu√°ntos menores de edad‚Äď de la maquiladora de costura Triangle Waist Company .

El muro de ojos muertos/se levanta en la serpiente/y arrastra la piel venenosa/por Arizona, el desierto/sol de perros hu√©rfanos/alguien alza la muerte/unos pasos m√°s/el R√≠o Bravo arrastra los cuerpos/Se viaja al Norte, al Sur/ carretera de los muertos/sin muro no hay lamento./Levanta EL polvo el viento/El muro de ojos muertos./crece el pelo del tiempo/vuela el sue√Īo/somos la noche americana/el sue√Īo del sue√Īo/la muerte.

Y Francia sigue convulsionada, con un tema que fue advertido antes que cayera el siglo XX, por la escritora francesa Viviane Forrester, en un libro prof√©tico: El Horror Econ√≥mico. No se trata de una crisis recurrente, se√Īalaba, de la cual saldremos como de una pesadilla de acuerdo con los analistas, sino de una mutaci√≥n brutal de toda una civilizaci√≥n. Vivimos una nueva era, pero no la visualizamos, ni reconocemos que la anterior, concluy√≥, sentenci√≥ Forrester, sin equivocarse.

El desempleo est√° atrapado por una implosi√≥n general, nos e trata de una marginaci√≥n transitoria, es un fen√≥meno comparable con esos maremotos, huracanes o tornados que no respetan a nadie y que nadie puede resistir. Es una suerte de l√≥gica planetaria, suprimir el trabajo, se√Īalaba la escritora francesa como si tuviera una bola de cristal. Y se interrogaba, mucho antes del diluvio franc√©s, de esta agitaci√≥n innecesaria promovida por un estado pat√©tico, ciego, insensible, supremamente eg√≥latra y vac√≠o de autoridad.

Tres millones de franceses en las calles, no es una cifra para ignorar. Los universitarios y trabajadores franceses han salido masivamente a la calle para rechazar el llamado Contrato del primer Empleo, que permite despedir al empresario sin justificaci√≥n en un per√≠odo de 24 meses a j√≥venes menores de 26 a√Īos. El desempleo para esos j√≥venes se estima en un 25 por ciento y en las zonas pobres de hasta un 40 por ciento.

La nave ya naufrag√≥, hab√≠a vaticinado Viviane Forrester, porque resalta c√≥mico o siniestro, que se obligue a las personas a salir a buscar un trabajo inexistente. ‚ÄúPorque hacerse rechazar cada d√≠a laborable de cada semana, mes e incluso a√Īo ¬Ņno ser√≠a un empleo un oficio, una profesi√≥n? ¬ŅNo ser√≠a un puesto, un trabajo, incluso un aprendizaje?, ironiza la escritora. Es √ļtil, se vuelve a interrogar, una vida que no le da ganancias a la ganancia. Todo se organiza, prev√©, proh√≠be y realiza en funci√≥n de la ganancia, que por lo tanto parece insoslayable.

La verg√ľenza, apunta, creo deber√≠a cotizarse en la bolsa. La verg√ľenza es un valor constante y sonante, como el sufrimiento que provoca o que ella suscita Y contin√ļan las preguntas de la Ferrer: ¬ŅEs necesario merecer el derecho de vivir? Una √≠nfima minor√≠a, provista de poderes excepcionales, propiedades y derechos considerados naturales, posee de oficio ese derecho. En cambio, el resto de la humanidad, para merecer el derecho de vivir, debe demostrar que es √ļtil para la sociedad, es decir, para aquello que la rige y domina: la econom√≠a m√°s confundida que nunca con los negocios, a la econom√≠a de mercado‚ÄĚ.

Está abierta una gran incógnita en Francia. En los días venideros sabremos el camino que recorrerán estos acontecimientos. El Estado ha declarado legal el controvertido contrato del empleo. Comienza un nuevo capítulo, la vez en las calles.

Del ¬ęgreen¬Ľ freudiano epilogar

Tal vez todas estas pol√≠ticas podr√≠an discutirse en un campo de golf. Y dejar que ruede la pelotita sobre el c√©sped. Aunque no todo es exitoso para los golfistas. El viejo agente OO7, que nunca perdi√≥ una batalla, ha sido estafado por el Club de Golf en California, quien ha usado su nombre, marca, prestigio para reclutar a nuevos inversores, sin devolverle su inversi√≥n a Sean Connery. Son gajes del golf, un oficio de peque√Īos huecos con una bola y un palo. Pero detr√°s de esos instrumentos y sobre el green, est√°n los negocios, la vida en paralelo, el soberano pretexto de una tarde deportiva.

Es como vivir en Green City, pero todo lo que se ve es nieve, hielo, lodo, agua, olvido. Y en este div√°n de la vida, nos acercamos a un natalicio importante, los 150 a√Īos del hombre que interpret√≥ los sue√Īos ‚Äďy qui√©n no ha tenido uno, me pregunto‚Äď. Sigmund Freud tendr√≠a menos trabajo ahora, por lo oneroso de esas consultas, el tiempo que demandan.

Mucho se discute y aprueba acerca de las teorías del vienés que influyó decididamente el siglo XX más allá de la psicología, porque el hombre, la literatura, la sociología, el sexo, todo fue de su incumbencia.

Que los eruditos vuelvan a preguntarse si la mujer sigue teniendo envidia del pene masculino o es al rev√©s. Pienso en el Danubio Azul…

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* Periodista. Escribe en Estados Unidos. Sus columnas aparecen en distintos medios del mundo-red.

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