Sep 1 2006
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Opinión

Pata’e perros. – CHILE EN LA BOCA DEL LOBO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Los chilenos siempre han querido describirse como «patas de perro», esto es: viajeros impenitentes y audaces. La historia del país prueba lo contrario. Hasta que los primeros cuadrimotores para el transporte de pasajeros llegaron a Chile la situación del país era absolutamente la de una isla. Rara isla, cierto, rodeada de mar sólo por su flanco occidental, pero isla al fin.

Recién después –allá por la segunda mitad de la década de 1951/60– que los DC 6B de la Línea Aérea Nacional –estatal, sorry– comenzaron a aterrizar en los aeropuertos de un puñado de ciudades, Chile comenzó perder su carácter isleño y a integrar verdaderamente –al menos por vía aérea– su terrirorio. La verdadera apertura del país a las corrientes del mundo debió esperar unos años; algunas décadas en verdad.

Los chilenos se dieron cuenta recién de que eran una comunidad entre otras comunidades ligadas entre sí cuando las bestias se sintieron –¡gracias USA!– libres para actuar a partir de 1970, y libérrimas luego de setiembre de 1973. Lección que no termina de aprenderse: los isleños suelen ser duros de cabeza y conservadores como el que más –como lo prueba la concertación de partidos en el gobierno–.

El único pat’e perro autóctono pasea todavía su triste carne y su mirada infinitamente infantil y doliente por las calles y las conciencias, tal como lo describió Carlos Droguett allá por 1965. Chile derrotó al tango, que dice que 20 años no es nada; en el balcón sobre el Pacífico –o espolón antártico según la no-poesía del innombrable– 41 años siguen sin pasar.

I – Solidaridad. El millón un dólares. Este viernes 1o de setiembre de 2006 comenzarán a llegar a Chile 90 toneladas de ayuda humanitaria de Venezuela destinada a los damnificados por los temporales e inundaciones de la región del Bío Bío –a juzgar por la aventura de quienes viajaron a Venezuela en el marco de la Operación Milagro, siempre y cuando el avión que las transporte no deba repostar combustible en Lima.
(Información aquí).

Escribió el periodista Ernesto Carmona que la embajada venezolana en Santiago señaló que las primeras 17 toneladas –alimentos no perecibles, elementos de abrigo, medicinas, material ligero para reparar viviendas– llegarán consignadas directamente a la Oficina Nacional de Emergencia del ministerio del Interior (ONEMI), que se hará cargo de su distribución entre los habitantes de la región afectada
(¡pobres! porque si les va como a los del terremoto en el Norte Grande…).

Informó además el periodista Ernesto Carmona que la Dirección Nacional de Protección Civil y Administración de Desastres de Venezuela, adscrita al ministerio del Interior de ese país, programó cinco vuelos –el último el 15 de setiembre– que en total transportarán 90 toneladas de ayuda humanitaria.

¿Pensarán –como pensaron, con Gútenberg Martínez a la cabeza, cuando el golpe de Estado en Caracas– los jefachos de la Organización Demócrata Cristiana de América que el gobierno de Hugo Chávez atenta contra las libertades y derechos de las personas? ¿O tal vez los camaradas del marido de la presidenta de la DC chilena piensen ahora que se trata de una «campaña electoral» de Miraflores con miras consguir el esquivo voto bacheletiano en su postulación a un simbólico asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU?

Todo es posible

II Mónica González. Con ella recibieron el Premio Nuevo Periodismo CEMEX + FNPI, el 29 de agosto de 2006 en Monterrey, Diego Goldberg, de Argentina, en fotografía, y José Carlos Paredes, de Perú, en la categoría de texto. Ella guardó el diploma concedido por su «valor y pasión».

Fue premiada –por Gabriel García Márquez– y Horacio Verbitsky señaló la «valentía, la dignidad y el coraje al ejercer un periodismo comprometido con la verdad, incluso durante la dictadura chilena, a costa de poner en riesgo su libertad y su vida». Por esa razón el jurado estimó que es ejemplo para las nuevas generaciones.
(Ver www.nuevoperiodismo.org).

III Perder por paliza. Informó el diario La Nación –propiedad del Estado, pero no un periódico gobiernista, aunque tampoco (los consensos post dictatoriales) plenamente independiente– que «los pobres siguen perdiendo por paliza. El desempleo no afloja y llega a un 16,9% en este grupo etario.

«El abandono escolar prematuro por necesidad económica y embarazos aumenta. Eso, mientras el 74% del quintil más rico accede a la universidad: el doble que el tercer quintil, casi cuatro veces el segundo quintil y seis veces más que el grupo de menores ingresos. De movilidad social ni hablar».

No es lo único a destacar: «En el período 1994-2003, el principal motivo para no estudiar en personas de entre 14 y 17 años de edad deja de ser el trabajo y las dificultades económicas, cediendo su espacio al embarazo, la maternidad y la paternidad. Aunque las tasas han disminuido considerablemente en la ultima década, un 32% de la población joven tiene hijos».

La aseveración de que no se estudia por razones en las que la economía no es la más importante, se «corrobora» a continuación: «Las cifras muestran que muchísimos jóvenes están excluidos de la educación superior. La cobertura mantiene un fuerte sesgo a favor de los jóvenes provenientes de hogares más ricos. Así mientras en el quintil más rico (V) un 74% de los jóvenes accede a educación superior, un 46% lo hace en el IV quintil, un 33% en el III quintil, un 21% en el II quintil y un 15% en el primer quintil, el de la población más pobre».

El broche: «Los recientes éxitos económicos no se han visto reflejados en materia de acceso de empleo para los jóvenes durante 1994-2003. La desocupación entre la población de 15 a 29 años (16,9%) siempre duplica a la mayor de 30 años (6,9%), diferencia que tendería a aumentar».

En cuanto a lo político, los jóvenes inscritos caen de un 58% en 1997 a un 27% en 2003. O sea: más de dos millones de jóvenes no se han inscrito en los registros electorales. Los mayores taampoco dan motivo de jolgorio cívico: de los mayores de 18 años un 44,5% no está inscrito y no estaría dispuesto a hacerlo. Pese a ello un 76% participa o ha participado en algún grupo de opinión en la base social.

Sólo un 23,8% cree que la sociedad chilena es plenamente democrática y un 55,3% que falta perfeccionarla. Un 12,3% cree que los partidos políticos lo representan, pero un 78,5% piensa que no se preocupan por los jóvenes.

Hacia fines del 2003, un 14% de la población de entre 15 y 29 años era pobre y un 5% indigente. Las regiones que presentan mayor cantidad de jóvenes viviendo bajo la línea de la pobreza son la Araucanía (31%), su vecina Biobío (29%) y la nortina Atacama (24%). Alrededor de un tercio piensa que no se da la igualdad de oportunidades y que la sociedad chilena discrimina.

IV Inserción en el mundo. La mayor parte de los chilenos dormirá bien este primer fin de semana de setiembre de 2006: Lagos Weber, del gabinete de la presidente Bachelet, señaló orgulloso que el país tiene «vocación» para integrarse a América Latina. Viniendo del vocero de un gobierno establecido en las antípodas, de seguro el comentario del señor Lagos Weber también permitió descansar reparadora y apaciblemente a los sufridos habitantes del continente.

Quizá, es una mera probabilidad, no ha sido muy buena la digestión de los pesados desayunos, almuerzos, meriendas, cenas, etc… de trabajo entre quienes, y otros comilitones, medran en los alrededores de La Moneda, ministerios y subsecretarías debido a que dos periodistas presuntamente latinoamericanos soltaron urbi et orbi que una vez el inefable Lula recordó otros tiempos, descorbatados, y dijo –habría dicho– que Chile (sus gobernantes) eran «mierda».

¿Por qué? Pues porque se dedican a ser «amigos» de Estados Unidos –cosa que todos en el país saben que es mentira– y les importa un bledo el resto de América. En rigor Chile no es amigo de EEUU, conforma su cabeza de playa. ¡Vamos Lula, la precisión!

El embajador de Planalto en Santiago desmintió terminantemente la especie. «Yo estuve ahí», dijo, «y Lula jamás usó esos téminos». Habrán sido otros, piensa uno. E inevitablemente uno también piensa en eso de in vino veritas –y si non hay vino habrá cachaça–.

V Minucias. El resto es minucia. Otro mapuche muerto, cuyo asesinato investigará la justicia militar –flor de justicia, como no lo ignora el país–.

Y un ministro, el señor Cerda, gentilmente pateado fuera de una causa; claro que la causa perturba el sueño del mas que otoñal patriarca en su «nido de águilas» de Bucalemu, ejemplo de arquitectura defensiva.

¡Cómo se le ocurrió al magistrado pensar que el «Tata» puede haber caminado malos pasos, si sólo en su casita campera tiene como US$ 6.000.000 en libros para leer. Eso sí: toditicos propios, legales. Aunque algunos estén dedicados a personas identificadas como «compañero(a)»: es que eran tan diablos esos comunistas de antaño…

Se rumorea que una coalición de empresarios pretendió organizar una marcha de repudio a Camilo Escalona –que como todo el mundo sabe no es empresario– por haberlos calificado como chupasangres. «Nosotros tenemos bastante con la plusvalía», decía uno. Pero en honor a la verdad estaba un tanto pálido por tres días de abstinencia.

Chile tuvo una semana normal.

Lo que no es minucia es que algunos especímenes obscenos –se decía en la feria libre– han comenzado a pensar las razones que pudo haber tenido la dictadura para asesinar a Frei Montalva. Eso porque si de cierto lo mataron, se trata de un sofisticado crimen típicamente mafioso, del tipo por venganza. ¿Pero de qué podían vengarse?

«Es el dolor de la famila», dijo uno del puesto de verduras, «ya se les pasará y todo volverá al silencio por respeto a los muertos».

Que así sea.

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