Oct 22 2004
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Economía

Pedro Rosas Aravena, historia prisionera

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

fotoCada ma√Īana, apenas se libera el cerrojo de la gruesa puerta met√°lica de su celda, Pedro Rosas Aravena cumple la primera rutina diaria de las peque√Īas grandes batallas: encola un trozo de papel de diario con stick fix y lo aplica sin miramientos a la lente de la c√°mara de vigilancia ubicada en el pasillo de su piso, el tercero en este pabell√≥n de la C√°rcel de Alta Seguridad. Cada anochecer, a la hora en que los presos pol√≠ticos quedan por fin del otro lado de las gruesas puertas met√°licas, encerrados en sus diminutas celdas y los pasillos son un sitio l√ļgubre y seguro, alg√ļn gendarme cumple la primera rutina nocturna de su triste encomienda: raspar con ah√≠nco los papeles encolados que obstruyen la mirada impertinente de la c√°mara de vigilancia. Y √©sta, que suena a una guerra insignificante, es s√≥lo un detalle que, en toda su grandeza, refleja la gran lucha permanente de esos que, casi olvidados, sobreviven en la CAS (C√°rcel de Alta Seguridad de Santiago), batallando d√≠a a d√≠a por su dignidad, por conquistar su libertad.

A comienzos del mes de octubre del 2004, logramos lo que hasta la fecha había sido imposible: ingresar a la Cárcel de Alta Seguridad con una cámara de video, micrófonos y luces, para entrevistar a un preso político: Pedro Rosas Aravena, militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR.

Muy delgado, de larga cabellera rizada y una sonrisa nerviosa que no se le despinta ni cuando habla, ni cuando bebe un caf√© tras otro, ha cumplido ya diez a√Īos y medio de encierro en una condena total de veintiocho, en la que se suman penas parciales por infracci√≥n al c√≥digo militar y civil, a la ley de control de armas y a la Seguridad Interior del Estado. Ocho a√Īos despu√©s de su detenci√≥n realizada en marzo de 1994, fue absuelto de la condena por violaci√≥n a la Seguridad Interior del Estado y de aquella que le sindicaba como responsable de Asociaci√≥n Il√≠cita Terrorista.

Pedro Rosas era estudiante de Licenciatura en Historia en la Universidad de Los Lagos cuando a los 27 a√Īos de edad fue capturado en la sure√Īa ciudad de Osorno. Desde entonces y hasta la fecha, en el curso de una d√©cada, ha salido de la c√°rcel s√≥lo por tres motivos: para comparecer, engrillado, ante los jueces que le condenaron; para ser diagnosticado, operado y sometido a un duro tratamiento m√©dico contra un c√°ncer que los informes del Servicio M√©dico Legal aseguran le dejar√° vivir s√≥lo hasta el a√Īo 2006; y para presentar el d√≠a 11 de agosto de este a√Īo, por primera vez sin esposas ni cadenas, su libro titulado ¬ęDerechos Humanos en la Transici√≥n¬Ľ, lanzado en el Museo Nacional Benjam√≠n Vicu√Īa Mackenna de Santiago. Y es que Pedro Rosas Aravena se recibi√≥ profesionalmente como Profesor de Historia con una tesis de grado titulada ¬ęRebeld√≠a, Subversi√≥n y Prisi√≥n Pol√≠tica¬Ľ, que fuera dirigida por los historiadores Gabriel Salazar y Sergio Grez y que pronto ser√° puesta a disposici√≥n de los lectores por la Editorial LOM. El peso espec√≠fico de Pedro Rosas como investigador de la historia de las luchas populares de nuestro pa√≠s ha sido ampliamente reconocido por sus pares y por los acad√©micos de la Universidad ARCIS que cada semana se dan cita en la celda de Pedro para guiar su Mag√≠ster en Historia y Ciencias Sociales.

Pero alguien ha decidido que Pedro Rosas no merece el indulto presidencial que solicitara al Presidente Ricardo Lagos en 2003; alguien considera que Pedro Rosas, el historiador, el académico, no es un aporte para nuestra sociedad; alguien tendrá que preguntarse porqué es preferible que Pedro Rosas muera en la Cárcel de Alta Seguridad. La Ley de Indulto Presidencial existe y con ella Pedro Rosas quedaría en libertad, pero alguien parece haber decidido otro destino para él.

Razones para ser un prisionero político

Trasponemos una decena de gruesas rejas con cerrojos magn√©ticos (una por cada a√Īo que Pedro Rosas ha pasado encerrado, pensamos), conducidos por un gendarme hasta la sala en que pronto aparece Pedro con su tetera el√©ctrica, su bolsa de nylon con tazas, caf√©, az√ļcar, cigarrillos. Y su sonrisa. Tambi√©n trae Pedro un mantel, porque por muy preso que se est√©, nada justifica el descuido en la atenci√≥n a las visitas. Los focos est√°n instalados, la c√°mara encendida, pero antes conversaremos un caf√©, bajo la atenta mirada del oficial que nos custodia, y del enviado de la Direcci√≥n Nacional de Gendarmer√≠a. El ambiente no es propicio para las palabras libres, pero a√ļn as√≠ surgen.

¬ęHasta ahora el indulto presidencial ha sido negado, a pesar de que es un proyecto de ley votado favorablemente en el Senado, a pesar que fue promulgado y que ya permiti√≥ la libertad de 5 prisioneros pol√≠ticos y la salida regulada y parcial de otros 6 compa√Īeros¬Ľ, explica Pedro Rosas. ¬ęEl resto de nosotros estamos esperando que se nos entreguen ‘beneficios carcelarios’, o que se nos indulte la totalidad o la parcialidad de nuestras condenas¬Ľ.

-¬ŅC√≥mo se explica que la mayor parte de los presos pol√≠ticos que hoy est√°n aqu√≠ hayan sido condenados por delitos cometidos cuando ya el pa√≠s se encontraba en el per√≠odo de transici√≥n a la democracia?

¬ęNosotros ca√≠mos detenidos en el contexto del t√©rmino de una dictadura larga, sangrienta, que producto de presiones internacionales, de presiones internas, de acomodaci√≥n del capitalismo en Chile, se vio obligada a ‘transitar’ hacia espacios de mayores libertades democr√°ticas y p√ļblicas que permitieran favorecer el proceso de acumulaci√≥n capitalista; permitir niveles eficientes de control social, ya no a trav√©s de la presi√≥n, sino mediante el repliegue del movimiento social de masas, de su retirada, de su desmovilizaci√≥n.

Entonces, nosotros ca√≠mos en un momento en que se encontraba en plena vigencia la constituci√≥n de Pinochet, su institucionalidad; en que se encontraba en plena vigencia su modelo econ√≥mico, que favorece la acumulaci√≥n de capital para las transnacionales y el capital nacional, que desarticula 60 a√Īos de conquistas sociales a trav√©s de la venta de las empresas del Estado; con un Plan Laboral dise√Īado para favorecer al empresariado y que impide la libre asociaci√≥n de los trabajadores; con una legislaci√≥n antiterrorista que actualmente nos tiene presos a nosotros, los revolucionarios, que ha perseguido al movimiento mapuche, que ha perseguido a los trabajadores.

Y todo sumado a un cuadro de impunidad generalizada en que los violadores de los derechos humanos no son juzgados ni castigados, a la vez que se mantiene la utilizaci√≥n de la tortura y de la violencia del Estado contra expresiones de organizaci√≥n y movilizaci√≥n popular¬Ľ.

-Entonces, ante ese an√°lisis, ¬Ņjustificaron mantener el uso de violencia pol√≠tica?

¬ęDecidimos mantener nuestras formas de lucha. Desarrollamos acciones de sabotaje, de propaganda, que apuntaban en ese per√≠odo contra los s√≠mbolos del poder f√°ctico, contra quienes hubiesen estado asociados al r√©gimen dictatorial o que representasen la permanencia y avance del modelo neoliberal en Chile y de una democracia pol√≠tica controlada por la esfera militar.

Nosotros jam√°s actuamos contra la poblaci√≥n civil; el tipo de acci√≥n que se desarroll√≥ entre 1990 y 1994 fue de corte propagand√≠stico militar, orientada a manifestar un desacuerdo profundo, una forma de lucha de resistencia alternativa a la transici√≥n que se estaba viviendo en ese momento¬Ľ.

-Desde entonces han pasado m√°s de 10 a√Īos. ¬ŅC√≥mo percibes a ese Chile que se desarrolla all√° afuera, m√°s all√° de estos muros y estas rejas?

foto¬ęAqu√≠ termin√© muchos procesos personales que hab√≠an quedado inconclusos como resultado de la detenci√≥n, pues cuando ca√≠ estudiaba el √ļltimo a√Īo de la carrera de historia, proceso que he terminado aqu√≠, en la c√°rcel. He desarrollado un trabajo de investigaci√≥n social, sin salir de la CAS, y desde esa perspectiva me he mantenido vinculado tanto a acad√©micos e historiadores, como a los procesos que se han venido desarrollando en la sociedad chilena durante estos a√Īos. No me qued√© estancado en la visi√≥n de pa√≠s que ten√≠a cuando fui detenido; he estado atento a los procesos sociales que se han desarrollado, a la desagregaci√≥n social, a la atomizaci√≥n, a la incomunicaci√≥n social.

Soy sensible al cambio que el neoliberalismo ha forzado en nuestra cultura, fundamentalmente en el mundo popular. La inmovilidad ante cuestiones que son de orden colectivo -y que no pueden sino resolverse colectivamente-, y que lleva a la gente a permanecer en estados de soledad, de angustia, buscando fren√©ticamente la satisfacci√≥n de sus necesidades espirituales por la v√≠a del consumo. Despu√©s de 10 a√Īos de c√°rcel, soy muy sensible a ese proceso, por supuesto que s√≠¬Ľ.

-Desde la perspectiva de un historiador, de un investigador social que lleva una d√©cada apartado del desarrollo diario de la sociedad chilena, ¬Ņen qu√© plano consideras la existencia o ausencia de conceptos tales como la solidaridad, la intransigencia, la soledad, la dignidad?

¬ęMe parece que los conceptos que nosotros podr√≠amos evaluar como presentes o ausentes de la sociedad chilena de hoy son el resultado de una historia larga de lucha. En esa larga historia hay que entender los conceptos como la solidaridad, como la dignidad, o incluso un poquito m√°s complicados desde el punto de vista de las ciencias sociales, como la historicidad (que es esa sensaci√≥n o esa capacidad de sentirse parte de una colectividad, para sentir que la vida particular tiene un sentido en el movimiento que se logra cuando muchos otros hombres y mujeres comparten ese sentido).

¬ęSostengo entonces que la existencia de esos conceptos y valores es el resultado de d√©cadas de organizaci√≥n, de movilizaci√≥n, de lucha, de reflexi√≥n en el mundo popular, de reflexi√≥n en las organizaciones pol√≠ticas y sociales. Ese universo simb√≥lico es precisamente el que intent√≥ ser destruido y desarticulado por la dictadura militar.

Parad√≥jicamente, no fue la dictadura quien termin√≥ por sellar el entierro de este tipo de sensibilidades, sino los sucesivos gobiernos de la Concertaci√≥n. Pero finalmente la dignidad, la solidaridad, el compromiso social, son cuestiones que surgen al interior de las relaciones sociales y que no dependen ni de un grupo de revolucionarios, ni de las organizaciones pol√≠ticas, pues se dan en el mundo popular cuando √©ste lucha por su supervivencia, cuando enfrenta los rigores que le son impuestos desde el mercado, desde una sociedad que est√° mutando hacia el individualismo, que favorece √ļnicamente los procesos de acumulaci√≥n de capital¬Ľ.

-¬ŅEntonces, esos conceptos y valores est√°n m√°s ausentes que presentes en el Chile de hoy, cuando comparado con el Chile que conociste mientras fuiste un hombre libre?

¬ęEntiendo que la atomizaci√≥n y la desintegraci√≥n de los tejidos sociales es claramente m√°s notoria y mucho m√°s fuertes que la que exist√≠a en 1985, por ejemplo, y que es muy distinta a lo que exist√≠a durante la d√©cada del 70, cuando la historia en Chile claramente ten√≠a otro sentido, cuando la gente se sent√≠a arrastrada por la fuerza de esa historia a aunarse en objetivos comunes, a marchar junta, a mirar los mismos horizontes, donde no solamente hab√≠a un programa pol√≠tico sino que hab√≠a un horizonte de vida com√ļn… Claro, eso nosotros no lo encontramos hoy, pero s√≠ encontramos bolsones de resistencia¬Ľ.

-¬ŅA qu√© te refieres con ‘bolsones de resistencia’?

¬ęA que esa misma esperanza y esa misma expectativa de la que hablo se encuentra hoy presente en los j√≥venes que se juntan a recordar, en los j√≥venes que se juntan a hacer rap, en los j√≥venes que se juntan a hacer hip hop; en las mujeres que se juntan a producir los elementos materiales que les permiten llegar al fin del d√≠a y al final del mes; en los trabajadores que se juntan en colectivos cuando ven que el mundo sindical ya no tiene la capacidad para resolver sus problemas; en los j√≥venes y los adultos que se juntan en colectivos de reflexi√≥n y acci√≥n pol√≠tica; en los acad√©micos que sin recursos se juntan para rehacer nuestra historia; en los prisioneros pol√≠ticos que, cercados, golpeados, aislados del exterior, rotos en sus lazos comunicativos o pol√≠ticos con aquel que los contuvo, resisten con sus cuerpos en la solidaridad, en la empat√≠a que se produce en la resistencia compartida, y con esa resistencia, con esa experiencia que apela a esta √©tica que persiste en nosotros como revolucionarios, y que est√° dada por nuestra pertenencia al mundo popular.

¬ęPor eso creo que podemos decir que en Chile no todo est√° perdido. En Chile existen estos bolsones de resistencia, existen lugares donde se est√° pensando, donde se est√° sobreviviendo en una sensibilidad que est√° mirando m√°s all√° de la particularidad, y mas all√° de la pobre individualidad¬Ľ.

-El cinco de octubre reci√©n pasado se conmemoraron los 30 a√Īos de la ca√≠da en combate de Miguel Enr√≠quez. Como ‘mirista’, ¬Ņqu√© te evoca su figura?

¬ęA mi me parece que Miguel habla desde dos planos. Miguel habla, y habl√≥ a mi generaci√≥n en el plano de la inteligencia, en el plano de la racionalidad de occidente, en el plano de la idea de progreso que se anid√≥ en la cultura de la izquierda, pero tambi√©n habla en el plano de las emociones. Yo tengo la fortuna de conocer los textos de Miguel Enr√≠quez, textos inteligentes, severos y rigurosos desde el punto de vista te√≥rico, exigentes y maduros desde el punto de vista pol√≠tico.

Pero también Miguel habla a través de su vida; habla a través de la experiencia de los grupos fundadores del MIR, esta gente que viajaba de ciudad en ciudad, de ciudad al campo, que no dormía, que hacía política en las más rigurosas condiciones, que hizo política en la clandestinidad pero también supo hacer política en las condiciones de una democracia avanzada como fue el gobierno de la Unidad Popular, que hizo en esas condiciones una aporte tremendamente significativo (desde el punto de vista de pensar un poder que fuera realmente popular, que no dependiera de los espacios otorgados desde la institucionalidad del Estado, sino un poder que fuera expresión de la generación de la voluntad popular, un poder que es capaz de organizar las necesidades cotidianas, la autodefensa, la creatividad, el pensamiento, la regeneración de la vida).

-En el plano de la simbolog√≠a al que te refieres, y visto desde la experiencia carcelaria, ¬Ņc√≥mo se entiende la resistencia?

¬ęEs que, mira… cuando todos los elementos racionales dicen que no es posible sobrevivir, cuando todos los elementos l√≥gicos y racionales dicen que es mejor entregarse, que es mejor aceptar lo que te dan, esos otros elementos simb√≥licos que tienen que ver con el valor, con la esperanza esperanza, te dicen a ti ‘bueno, es posible mantener la resistencia, es posible mantener la identidad bajo presi√≥n, es posible mantener los sue√Īos, , la esperanza en una vida mejor, m√°s all√° de las circunstancias concretas por las cuales tengamos que atravesar para poder realizar esa esperanza'¬Ľ.

De la Visibilización a la Libertad

¬ęLa lucha de los prisioneros pol√≠ticos ha sido muy larga -explica Pedro Rozas ante la atenta mirada de los funcionarios de Gendarmer√≠a de Chile que se encuentran a pocos metros de distancia en este estrecho espacio enjaulado-. Ha sido una lucha que primero ten√≠a como objetivo lo que llamamos la ‘visibilizaci√≥n’, pues durante a√Īos, en el Chile de la transici√≥n a la democracia no exist√≠an ‘prisioneros pol√≠ticos’, ese era el discurso oficial. La por entonces Ministro de Justicia, Soledad Alvear, dijo alguna vez que ‘en Chile no hay presos pol√≠ticos, hay unas personas que est√°n presas en la c√°rcel de alta seguridad que tienen agua caliente, que no pueden estar mejor’.

Eran los momentos en que la existencia nuestra no ten√≠a reconocimiento en la sociedad chilena; √©ramos delincuentes terroristas, est√°bamos estigmatizados, no ten√≠amos derecho a la palabra, no ten√≠amos derecho a la presencia p√ļblica, no ten√≠amos derecho a decir que nuestros derechos procesales y humanos m√°s elementales hab√≠an sido violados por el Estado chileno.

La primera tarea fue entonces resistir ese aislamiento, y el concepto que se manej√≥ en ese per√≠odo fue el concepto de la dignidad: a pesar de estar presos ten√≠amos que luchar por vivir dignamente, por tener derecho al estudio -que estaba negado-, por tener derecho a trabajo -que estaba negado-, por tener derecho a ver y a tocar a nuestros hijos y a nuestras compa√Īeras, y eso tambi√©n estaba negado. Es notable constatar que somos los √ļnicos presos -en Chile y quiz√°s en el mundo-, que a trav√©s de nuestra lucha, y la lucha de nuestros familiares, logramos romper las medidas f√©rreas de seguridad, romper esas pol√≠ticas que buscaban aislarnos de nuestros seres queridos y de nuestro pueblo.

Esa es una gran victoria nuestra: poder abrazar a nuestros familiares, poder estar con nuestros hijos, poder estar con nuestras compa√Īeras, poder seguir viviendo como seres humanos dignos, y nuestra lucha se centr√≥ durante mucho tiempo en ese escenario, en el escenario de la resistencia y en el escenario de la dignidad¬Ľ.

-¬ŅY en qu√© momento se transita desde la ‘lucha por la visibilidad’ a la ‘lucha por la libertad’?

¬ęBueno, en la √©poca a la que me acabo de referir ve√≠amos la libertad como un objetivo lejano, intangible. Pero con la ‘operaci√≥n vuelo de justicia’ y con la salida de nuestros compa√Īeros frentistas, cambi√≥ por completo la perspectiva de nuestra resistencia. Para nosotros, a partir de ese hecho, la libertad se hizo posible, tangible… ya, ahora. Por supuesto que entend√≠amos que no hab√≠a posibilidad alguna de otra salida a trav√©s de esa v√≠a, pero roto el cerco informativo, roto el cerco de invisibilidad a trav√©s de ese ‘vuelo de justicia’, accedimos a la posibilidad de empezar a so√Īar la libertad a trav√©s de un camino pol√≠tico¬Ľ.

-¬ŅQu√© gatill√≥ esa operaci√≥n de rescate que pueda haber significado un cambio tan profundo en la perspectiva de ustedes como presos?

¬ęEs que, en primer lugar, la gente comprendi√≥ que los que est√°bamos en la c√°rcel por razones pol√≠ticas lo est√°bamos producto de un conflicto social en Chile; se entendi√≥ la existencia de una c√°rcel pol√≠tica y que los que ah√≠ est√°bamos encerrados hab√≠amos sido perseguidos, criminalizados, torturados por instituciones del Estado, sin acceso al debido proceso, sin la posibilidad de contar con una defensa jur√≠dica, sometidos a dobles procesamientos, recibiendo condenas alt√≠simas si las comparamos con las que tienen los delincuentes comunes o los militares procesados por delitos de violaciones a los derechos humanos.

¬ęEntonces, el rescate permite que empecemos a pensar que a trav√©s de nuestra movilizaci√≥n, a trav√©s de nuestra gesti√≥n, a trav√©s de la presi√≥n internacional, a trav√©s de la sensibilizaci√≥n de ciertos actores pol√≠ticos significativos en Chile, nosotros podemos abrir un espacio que nos permita lograr la libertad por la v√≠a pol√≠tico jur√≠dica.

Por eso sostengo que la ‘operaci√≥n vuelo de justicia’ nos hizo pensar en la libertad como algo posible. Y en t√©rminos subjetivos y simb√≥licos para nosotros fue estar un poco en libertad. ¬°No solo se fueron cuatro compa√Īeros del Frente… en alguna medida tambi√©n nos fuimos todos nosotros, todos volamos en esos tres inmensos minutos, fuimos todos nosotros los que en esos tres gigantescos minutos fuimos completamente libres!¬Ľ.

-¬ŅY c√≥mo fue la respuesta del Estado? Porque imagino que desde ah√≠ tambi√©n surgieron evaluaciones…

¬ęLa respuesta fue feroz. Un castigo largo… casi cincuenta d√≠as encerrados, hacinados en las celdas, aislados, con una huelga de hambre largu√≠sima para que se restituyera la plataforma de derechos conquistados con tanto esfuerzo hasta ese momento -y que iba a ser eliminada como represalia por la fuga de los compa√Īeros-. Pero en realidad no importaba nada, no importaban los cuarenta y siete d√≠as de encierro, no importaban los cuarenta y cinco d√≠as de huelga de hambre, no importaba el tipo de movilizaciones que tuvi√©ramos que hacer despu√©s, lo importante en ese momento era solamente que cuatro compa√Īeros nuestros, y nosotros con ellos, hab√≠amos volado y est√°bamos libres¬Ľ.

Para una historia de los rebeldes

Durante los √ļltimos cuatro a√Īos, adem√°s de participar activamente en las luchas y movilizaciones de los presos pol√≠ticos por sus derechos y libertad; adem√°s de entregarse a lo que √©l mismo denomina su propia ¬ęlucha pol√≠tica¬Ľ contra el c√°ncer terminal que lo aqueja, Pedro Rosas Aravena ha dedicado sus mayores esfuerzos a la investigaci√≥n social, amparado por el respeto y reconocimiento de sus colegas y profesores de la Universidad ARCIS. Y este esfuerzo se ha materializado en sus dos libros.

¬ęSon dos libros de historia¬Ľ, explica Pedro Rosas, ¬ępero de historia particular; son dos libros de historia que est√°n hechos desde la marginalidad, desde la invisibilidad de los actores sociales¬Ľ.

-¬ŅPor qu√© una historia desde la ‘marginalidad sin poder’ para quedar plasmada en la historia misma?

¬ęEs que estoy haciendo un ejercicio de historia que se inscribe en una tradici√≥n historiogr√°fica presente en Chile y en Europa, que ve a los actores populares, a los trabajadores, a los marginales, a las mujeres, a los ni√Īos, a las minor√≠as sexuales, a las minor√≠as √©tnicas, como los actores de la historia, como la gente que construye el mundo en que vivimos, trabajadores que fabrican las calles por las que andamos, mujeres que sirven los caf√©s que los hombres beben.

¬ęMi compromiso profesional y pol√≠tico es con esa historia, con la historia de ‘los de abajo’, de los que no tienen la posibilidad de escribir un libro de historia, y aunque a m√≠ en alg√ļn momento me fue negada la posibilidad de la palabra, gracias a la lucha del conjunto de los prisioneros pol√≠ticos pude recuperarla y darle a la palabra misma un nuevo significado.

Entonces, se trata de convertir a esa palabra, como lo han hecho otros historiadores sociales, en un instrumento de lucha, en un instrumento de reflexi√≥n, de pensamiento, de realizaci√≥n personal -por cierto- pero tambi√©n en un instrumento que pretende llegar a plantear una subjetividad social mucho m√°s amplia¬Ľ.

-¬ŅDe qu√© tratan espec√≠ficamente tus textos?

¬ęDe la existencia de condiciones sociales en Chile que favorecen la marginalidad, que favorecen el sufrimiento humano, la acumulaci√≥n de capital y de riqueza, pero que tambi√©n generan la existencia de resistencia, la existencia de una dignidad en el mundo popular para sobrevivir, para luchar, para recordar, para erigirse en s√≠ misma como identidad, y que en determinados momentos se organiza, se estructura, realiza acciones de resistencia, de supervivencia, de contestaci√≥n al r√©gimen y al sistema econ√≥mico, social y cultural que las oprimen¬Ľ.

-¬ŅHistorias de rebeldes y de rebeld√≠as?

¬ęLa historia de los rebeldes chilenos que lucharon contra la dictadura, que transitaron el per√≠odo de la transici√≥n pol√≠tica en Chile enfrentando un r√©gimen que consideraban continuista, que consideraban garantizaba la impunidad de los responsables de las violaciones a los derechos humanos, y que como resultado de esa opci√≥n -que es una opci√≥n compartida por muchos durante muchos a√Īos-, vinieron a dar a una c√°rcel.

¬ęYo hago la historia de estos rebeldes, pero no es s√≥lo una historia del sufrimiento. Sin dejar de hablar de la forma en que el Estado viola nuestros derechos humanos, o de la forma en que los organismos represivos torturaron y aniquilaron a compa√Īeros nuestros, tambi√©n doy cuenta de nuestra simbolog√≠a, de nuestra historia, del c√≥mo se ha construido nuestra identidad; de los lugares de donde venimos, de nuestra memoria, de nuestras poblaciones. Los lugares desde donde nosotros nos hemos hecho. Y escudri√Īo en las formas que ha adquirido nuestra organizaci√≥n, nuestra acci√≥n pol√≠tica, tanto en libertad como luego en prisi√≥n, y la resistencia que se ha dado desde una c√°rcel ante un r√©gimen de aniquilamiento¬Ľ.

-Es decir, el recuento de una historia de rebeld√≠as…

¬ęEso es un plano, pero tambi√©n hay un plano m√°s historiogr√°fico, donde pretendo dar a estos rebeldes, a estos militantes, una categor√≠a de historicidad. Quiero decir en estos libros que estos rebeldes y este movimiento popular tambi√©n hacen historia; que estos rebeldes y este movimiento popular tienen derecho a tener una historia, y yo me ocupo bastante en estos textos de afirmar te√≥ricamente este derecho a tener una historia.

Dir√≠a que es un ejercicio de la palabra que se encuentra marginada y que lucha por tener una visibilidad, pero que tambi√©n se arroga una autoridad √©tica, moral, pol√≠tica y tambi√©n intelectual, para poder ser dicha… de eso se trata¬Ľ.

-Desde esa mirada hist√≥rica, ¬Ņc√≥mo se perciben las luchas y los rebeldes de ma√Īana?

¬ęEs que la revoluci√≥n hoy pasa por muchos caminos, quiz√°s por caminos que ayer no se imaginaron y que nosotros no somos capaces de imaginar; la revoluci√≥n pasa por un pensamiento mucho m√°s cr√≠tico, por una autocr√≠tica m√°s profunda de nosotros como revolucionarios, por la necesidad de comprender cabalmente al pa√≠s donde vivimos; por la necesidad de comprender el sentido y el significado de estos procesos de desagregaci√≥n social, donde unos globalizan y otros son globalizados; donde tenemos que comprender cu√°l es el valor que tienen las experiencias grupales y colectivas que se viven a nivel local, a nivel barrial, a nivel comunitario; donde se tiene que pensar a√ļn m√°s cu√°l es el papel que juegan las organizaciones, los partidos.

¬ęYo dir√≠a que la experiencia nuestra como presos pol√≠ticos ha servido para ver c√≥mo es posible resistir el acoso extraordinario, el aislamiento extraordinario, el castigo extraordinario vivido en soledad. Porque aqu√≠ existe una comunidad humana, un grupo de compa√Īeros que mantiene la identidad bajo presi√≥n extrema, y que tiene como norte la mantenci√≥n de una esperanza¬Ľ.

-¬ŅEs posible hacer historia desde el aislamiento?

¬ęLlevo m√°s de diez a√Īos en la c√°rcel, por lo tanto hay mucho que no conozco y que est√° m√°s all√° de estos muros. Mi relaci√≥n con el mundo se da a trav√©s de la gente que viene, que me visita, a trav√©s de los textos que leo, a trav√©s de los ejercicios de historia social que realizo… pero comprendo que desde hace mucho m√°s de un siglo, desde las organizaciones de artesanos, desde las organizaciones mutuales, desde las organizaciones de resistencia en la zona central y del norte de Chile, desde los primeros sindicatos, desde los primeros partidos pol√≠ticos, viene existiendo una l√≠nea de continuidad en la generaci√≥n de identidad popular en el camino de la realizaci√≥n de su dignidad; una dignidad o una dignificaci√≥n de la condici√≥n social de su existencia, que necesariamente est√° dada por lazos de asociatividad, de encuentro, de comunicaci√≥n en el mundo popular.

Pero hay un vasto mundo popular que no tiene rostro y que no alcanzó a quedar registrado en organizaciones o en simbologías que hoy pueden ser revisadas como vestigios arqueológicos del mundo popular.

Hay todo un vasto mundo que se encuentra en las zonas de frontera, en los campamentos mineros; el mundo que habita en el conventillo urbano; que habita en las barriadas marginales; este mundo popular que habita en las mujeres trabajadoras, en las lavanderas, en las mujeres que trabajan en las chinganas. Este mundo de pobres tiene una cultura, una organizaci√≥n para sobrevivir, y en esa sobrevivencia ha creado lazos, lenguaje, ha creado palabras; ha construido desde su propia sensualidad un universo simb√≥lico alternativo. Nosotros podemos preguntar a nuestros compa√Īeros y a nuestros hermanos marginales c√≥mo viven, y c√≥mo vivieron sus padres y los padres de sus padres, y esa tambi√©n es una forma de hacer historia.

¬ęY nosotros podemos preguntar ac√°, en una c√°rcel, a nuestros compa√Īeros, de d√≥nde vienen, de d√≥nde ven√≠an sus padres, porqu√© migraron del norte a la ciudad, porqu√© migraron del campo a la ciudad, cu√°l era la vida que sus abuelos y sus padres ten√≠an en el campo, c√≥mo viv√≠a ese inquilino, porqu√© se produce ese tr√°nsito humano que puebla las ciudades y las construye. Los pobres en Chile han construido las ciudades que hoy nosotros habitamos, pero ellos viven en los m√°rgenes, sufriendo la misma miseria que sufrieron sus abuelos y los abuelos de sus abuelos¬Ľ.

A la salida, a nuestras espaldas se cerraron diez cerrojos magn√©ticos. Uno por cada a√Īo que Pedro Rosas Aravena ha pasado encerrado.

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* Cineasta

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