Jul 26 2005
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Opinión

Peligro

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El poder come miedo. Sin los demonios que crea, perder√≠a sus fuentes de justificaci√≥n, impunidad y fortuna. Sus satanes -Ben Laden, Saddam Hussein o los pr√≥ximos que aparezcan- trabajan, en realidad, como gallinas de los huevos de oro: ponen miedo. ¬ŅQu√© conviene enviarles? ¬ŅVerdugos que los ejecuten o m√©dicos que los cuiden?

El miedo distrae y desvía la atención. Si no fuera por los servicios que presta, lo evidente quedaría en evidencia: en realidad, el poder se mira al espejo y nos asusta contando lo que vio. Peligro, peligro, grita el peligroso.

El patriotismo es un privilegio de los que mandan. Cuando lo ejercen los mandados, ¬Ņse reduce a mero terrorismo? ¬ŅSon terroristas y nada m√°s que eso, pongamos por caso, los actos de desesperaci√≥n suicida de los palestinos desalojados de su pa√≠s y los ataques de la resistencia nacional contra las fuerzas extranjeras que ocupan Iraq?

El mundo patas arriba nombra al rev√©s. El poder, enmascarado, niega el sentido com√ļn.

Si as√≠ no fuera, ¬Ņpodr√≠a caber alguna sombra de duda de que el actual gobierno de Israel practica el terrorismo, el terrorismo de Estado, y difunde la locura? A medida que ese gobierno devora m√°s y m√°s tierras y m√°s humillaciones inflige al pueblo palestino, m√°s respuestas criminales genera. Y esos atentados, que matan inocentes, le sirven de pretexto para matar muchos m√°s inocentes y para cometer cuantas atrocidades se le ocurran.

Si alg√ļn resto de sentido com√ļn quedara en el mundo, resultar√≠a incre√≠ble que Ariel Sharon pueda hacer lo que est√° haciendo con absoluta impunidad, como si fuera la cosa m√°s normal: invade y acribilla territorios ajenos; alza un muro que deja chico al de Berl√≠n, de triste memoria, para blindar lo que usurpa; anuncia p√ļblicamente que asesinar√° a Yasser Arafat, un jefe de Estado democr√°ticamente elegido por su pueblo; y bombardea Siria, a sabiendas de que los Estados Unidos vetar√°n, como de costumbre, cualquier condenaci√≥n del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Ocurre que en este mundo los países y las personas se cotizan en la Bolsa, y su valor depende de la geografía del poder.

¬ŅCu√°ntos inocentes volaron en pedazos, sin comerla ni beberla, en la √ļltima guerra de Iraq? Los vencedores no han tenido tiempo para contar a sus v√≠ctimas, civiles que exist√≠an y ya no existen, porque han estado ocupados buscando las armas de destrucci√≥n masiva que no exist√≠an ni existen.

No hay, pues, cifras oficiales. Los c√°lculos oficiosos m√°s serios han contado, sin embargo, no menos de siete mil setecientos muertos civiles, muchos de ellos ni√Īos, mujeres y viejos. ¬ŅCu√°nto valen esas vidas? En proporci√≥n a la poblaci√≥n, la cantidad de iraqu√≠es destripados equivale a noventa y cuatro mil estadounidenses. ¬ŅQu√© hubiera pasado si el pa√≠s invasor hubiera sido el pa√≠s invadido? Las v√≠ctimas norteamericanas de semejante carnicer√≠a seguir√≠an siendo el tema perpetuo de los medios de comunicaci√≥n masiva. Las v√≠ctimas iraqu√≠es no merecen, en cambio, nada m√°s que silencio.

De sobra se sabe que el robo fue el √ļnico m√≥vil de esta matanza, cometida con premeditaci√≥n y alevos√≠a. Pero los asesinos en serie siguen diciendo que hicieron lo que hicieron en defensa propia, y no est√°n presos ni arrepentidos. El crimen paga: desde las cumbres del poder ellos amenazan al mundo con nuevas haza√Īas, mintiendo peligros, inventando enemigos, sembrando el p√°nico.

El presidente Bush adora citar el Apocalipsis, pero más práctico sería que citara los noticieros, que son más actuales y dicen más o menos lo mismo.

Aquel espeluznante texto b√≠blico, una profec√≠a contada en tiempo pasado, era m√°s bien exagerado y se equivocaba en las cifras, pero hay que reconocer que las noticias del mundo de hoy se le parecen bastante. Dec√≠a el Apocalipsis: ‚ÄĚJunto al gran r√≠o Eufrates fue exterminada la tercera parte de los hombres por el fuego, el humo y el azufre‚ÄĚ. Y tambi√©n dec√≠a: ‚ÄúLa tercera parte de la tierra qued√≥ abrasada, la tercera parte de los √°rboles qued√≥ abrasada, toda hierba verde qued√≥ abrasada. Pereci√≥ la tercera parte de las criaturas que tienen vida en el mar. Mucha gente muri√≥ por las aguas de los r√≠os, que se hab√≠an vuelto amargas‚ÄĚ.

El autor, San Juan o quien haya sido, atribuía estas catástrofes a la ira divina. El nunca había oído hablar de las bombas inteligentes, ni del dióxido de carbono, ni de la lluvia ácida, ni de los pesticidas químicos, ni de la basura radiactiva. Y no podía imaginar que la sociedad de consumo y la tecnología de la devastación serían más temibles que la cólera de Dios.

Bombas contra la gente, bombas contra la naturaleza. ¬ŅY las bombas de dinero? ¬ŅQu√© ser√≠a de este modelo de mundo enemigo del mundo sin sus guerras financieras?

En más de medio siglo de existencia, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional han exterminado una cantidad de gente infinitamente mayor que todas las organizaciones terroristas que en el mundo son o han sido. Ellas han contribuido, de muy poderosa manera, a hacer el mundo tal cual es. Ahora este mundo, que hierve de indignación, asusta a sus autores.

‚ÄúEl Banco Mundial, ap√≥stol de la privatizaci√≥n, sufre una crisis de fe‚ÄĚ, comenta el diario The Wall Street Journal. En un informe reciente, el Banco descubre que la privatizaci√≥n de los servicios p√ļblicos, que sus funcionarios han impuesto y siguen imponiendo a los pa√≠ses d√©biles, no es exactamente un man√° del Cielo, sobre todo para los pobres abandonados a su suerte. Alarmado por las consecuencias de sus actos, el Banco dice, ahora, que habr√≠a que consultar a los pobres y que los pobres ‚Äútendr√≠an que supervisar las inversiones privadas‚ÄĚ, aunque no explica c√≥mo podr√≠an realizar esta tare√≠ta.

Y los pobres tambi√©n preocupan al Fondo Monetario, que se ha pasado la vida estrangul√°ndolos: ‚ÄúEs preciso disminuir las desigualdades sociales‚ÄĚ, concluye el director del Fondo, Horst K√∂hler, despu√©s de meditar el asunto. Los pobres no saben c√≥mo agradecer tanta gentileza…

Estos organismos, que ejercen la dictadura financiera en el orden democrático, de democráticos no tienen nada: en el Fondo, cinco países deciden todo; en el Banco, siete. Los demás ni pinchan ni cortan.

Tampoco es democrática la dictadura comercial. En la Organización Mundial de Comercio nunca se vota, aunque el voto está previsto en los estatutos. La organización colonial del planeta correría peligro si los países pobres, que suman la abrumadora mayoría, pudieran votar. Ellos están convidados al banquete, para ser comidos.

La dignidad nacional es una actividad no rentable condenada a desaparecer, como la propiedad p√ļblica, en el mundo subdesarrollado. Pero cuando las dignidades se juntan, otro gallo canta. Eso ocurri√≥ en Canc√ļn, recientemente, en la reuni√≥n de la OMC: los pa√≠ses despreciados, los mentidos, se unieron en un frente com√ļn, por primera vez despu√©s de muchos a√Īos de soledad y de miedo. Y naufrag√≥ la reuni√≥n, convocada, como de costumbre, para que la mayor√≠a ejerciera su derecho de obediencia.

Est√° ocurriendo por todas partes: resulta que el poder no es tan poderoso como dice que es.

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