Oct 31 2006
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Política

Perú: – CUANDO LA DEMOCRACIA SE PARECE DEMASIADO A UNA DICTADURA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El matrimonio por conveniencia, apurado por la conciencia de la amenaza electoral nacionalista –Mario Vargas Llosa llegó incluso de un “voto con la nariz tapada” por Alan García–, entre el alanismo (la traición explícita al antiimperialismo y el anticapitalismo de Haya de la Torre, fundador del APRA), la derecha oligárquica (de Lourdes Flores), la centro derecha (de Valentín Paniagua), el rearmado fujimontesinismo, el deteriorado toledismo, y la intervención imperial norteamericana, es decir, el denominado “Frente Todos Contra Ollanta”, armado contra reloj antes de la segunda vuelta electoral presidencial, se ha convertido ya en “verdadero amor” y se ha estabilizado como un “Frente amplio” oligárquico imperial.

Muy esencialmente, se trata de un bloque bien estructurado, donde las desconfianzas iniciales han sido rápidamente superadas y cada uno hace su parte en plena coincidencia con el otro. El gobierno, con Alan a la cabeza se muestra pro activo, bombardea todos los días con mensajes, señales y anuncios de honradez, austeridad y modernización. Algunas son medidas absolutamente demagógicas, intrascendentes; otras, son eficaces, reales, y el mérito del gobierno es implementarlas mientras los anteriores no lo hicieron sólo por desidia.

La oligarquía, a través de la propiedad y control totalitario de los medios de comunicación masivos, propagandiza éstas e instala el sentido común cultural del “emprendimiento”. 24 horas al día, expertos, líderes y hasta humildes campesinos, repiten hasta el cansancio, las bondades de la apertura comercial, que trae desarrollo y progreso.

Todos podemos ser empresarios, todos lo somos, es el mensaje. Ya no existe –en el debate mediático– crítica alguna al Tratado de libre Comercio (TLC) con EEUU Sólo se debate cuánto demorará, y en qué forma conseguir, que EEUU lo apruebe. ¿Los problemas estructurales de desempleo y pobreza? La palabra justicia ha desaparecido de este mundo mediático.

Desde la totalitaria campaña “Sembrando” de la primera dama (especie de “Teletón” estatal), hasta innumerables casos individuales de gente vergonzosamente sin acceso a salud, educación, dignidad, la televisión muestra, como si nada, la “solidaridad”, es decir, el pedido público de limosna, como la nueva, legítima e incuestionable “respuesta” (no se puede hablar de solución) para los 13 millones de pobres y cerca de 28 millones de desempleados y subempleados que persisten, como resultado directo de la política neoliberal “exitosa” de Toledo que García explícitamente está profundizando.

¿Y la protesta social?

Extinguido de hecho el “terrorismo” (la violencia política de décadas pasadas), se crean nuevos “enemigos” para satanizar: Chávez y su petróleo y a los nacionalistas de Ollanta Humala, a quienes la totalidad de los periodistas se atropellan por hostilizar, tergiversar o calumniar (con escasas y honrosas excepciones como Guillermo Giacossa, el economista Humberto Campodónico y César Hildebrandt, en este mismo momento purgado y atacado una vez más). Incluso Vladimiro Montesinos, el impresentable, aparece ahora convertido en “escritor”, publicando panfletos antichavistas y antihumalistas.

En una muestra de que este éxito neoliberal está limitado todavía al ámbito político y cultural, y que las graves realidades y contradicciones económico-sociales siguen trayendo, a pesar de todo, conflictos, esta demonización mediática ha debido extenderse, al más puro estilo de las dictaduras gorilas, contra las ONGs y hasta la mismísima “Defensora del Pueblo”, acusadas también de “agitadoras” por reconocer y defender los derechos de los nativos Ashuar, de la selva oriental de Loreto, sometidos al etnocidio por la contaminación química de una petrolera trasnacional.

Del aprismo antiimperialista a la continentalidad reaccionaria

Pero no sólo en lo interno se desarrolla esta “ofensiva”; lo internacional se articula estrechamente en este “Frente” cuya principal tarea es poner al Perú a la cabeza del eje de países latinoamericanos férreamente gobernados por su oligarquía neoliberal y subordinados al poder estadounidense –que en el mismo momento abofetea a Latinoamérica con el muro fronterizo de la vergüenza–, para enfrentar a la Venezuela de Hugo Chávez y “liderar” incluso a gobiernos indecisos o titubeantes como Chile o Brasil; además de servir de “modelo” a Ecuador que enfrenta una coyuntura electoral similarmente crucial.

Queda así demostrado por los hechos que lo que estaba en juego en aquel proceso electoral era una nueva “batalla de Ayacucho” para la independencia o subordinación, no sólo del Perú, sino de todo el continente suramericano.

Deseoso de cumplir este rol para la potencia imperial, García no ha vacilado en traicionar los intereses nacionales y entregar a la oligarquía chilena el saqueo fácil de los recursos energéticos (debilitando el proceso de solución marítima a Bolivia, e integración regional que empujaban ese país, Argentina y Brasil), al tiempo que silencia “temas incómodos” como la carrera armamentista de Chile (submarinos y aviones destinados públicamente a la frontera con Perú, y sin duda destinados a imponer a futuro militarmente este saqueo actual), y el trato de ciudadanos de segunda clase a sus connacionales inmigrantes en Chile.

En una maroma ideológica, el analismo conserva la “continentalidad” del aprismo original, pero ahora para su opuesto: la reacción pro imperialista regional.

No es tanto haber perdido, sino lo que se pudo haber ganado

A la luz de este nuevo orden, impuesto por la Lima oligárquica y racista y el imperio norteamericano en las últimas elecciones, cobra nueva dimensión y reflexión lo ocurrido en ellas. Se percibe con mayor nitidez que no es tanto el hecho de que ganará la oligarquía para imponer esta realidad actual, sino lo que se pudo haber ganado, la otra realidad, perfectamente posible de alcanzar (se perdió por 5%): Asamblea Constituyente para abolir la actual Constitución Fujimontesinista, nacionalización de los recursos naturales, redistribución y derechos laborales, política latinoamericanista de independencia de EEUU, entre otras.

Esto debe ser meditado por los sectores de oposición. Primero, por el nacionalismo, que no logra aún superar su debilidad orgánica y ha sido afectado por la campaña sucia totalitaria y por la corrupción y los “tránsfugas” (desertores a sueldo), lacras políticas heredadas del fujimorato y que el alanismo ha bendecido e institucionalizado, con la clara vocación de asumir, aceitar y mejorar el andamiaje corruptor y dictatorial, condición imprescindible para sostener el modelo neoliberal y la subordinación al imperio.

Sus divisiones internas, digitadas tanto por esa maquinaria como por las propias lacras de la clase política toda en Perú, desgastan objetivamente sus posibilidades de acumular mayorías y está por verse en qué grado (hay elecciones municipales en noviembre próximo). Su principal activo sigue siendo la crisis estructural, la pobreza, el desempleo (que Alan cuenta con disminuir a buen tiempo, “copiando” el modelo chileno) y el autoritarismo; así como -paradojalmente- el odio que le profesan el imperialismo y la oligarquía que lo distingue objetivamente del resto de la clase política.

Por otro lado, la izquierda tradicional que, a pesar de ser minoritaria electoralmente –sumando a todas sus facciones, no alcanzó el 3% en las últimas elecciones presidenciales–, cuenta con cuadros y experiencias que podrían fortalecer la alternativa opositora de Humala y que, de haber sumado fuerzas (algunos, como Hugo Blanco, generosamente lo hicieron), pudo muy probablemente generar una dinámica que permitiera contar hoy con otra realidad. Le ha faltado, sin embargo, comprensión de las nuevas realidades, dejándose confundir por las artimañas oligárquicas y prestándose a sus campañas mediáticas electorales sobre Ollanta como supuesto violador de Derechos Humanos.

¿Cuándo a esa oligarquía le importaron los Derechos Humanos? ¿Y no es esa misma oligarquía con la que coincidieron la que ahora, desde el gobierno, defiende públicamente y con dineros del Estado, a los violadores de Derechos Humanos? Ni qué decir de la impresentable contribución de algunos de estos líderes de izquierda que se sumaron públicamente -por ingenuidad o por pequeñez- a la campaña oligárquica para vincular a Ollanta con Montesinos, el mismo que hoy recibe la publicidad oligárquica para sus seudo libros dedicados a satanizar a Ollanta, Evo Morales y Chávez.

Y le ha faltado también generosidad, de parte de muchos de sus líderes que prefirieron contribuir a esta realidad actual, llamando a la anulación del voto, y reclamando -egoístamente- que Ollanta les había “copiado el programa”, en vez, justamente, de reconocer que ese programa -que es en definitiva del pueblo- pudo haberse realizado, aunque bajo otra liderazgo elegido por las mayorías, de haberlo empujado con grandeza y sencillez.

Lo que queda por ver

Queda por ver si el “Frente amplio oligárquico imperial”, ya consolidado y la ofensiva, logrará a buen tiempo, como busca con sus bien definidos planes y acciones, disminuir la explosiva desigualdad, desempleo y pobreza, aminorando su expresión más nítida, dadas las actuales condiciones: la delincuencia. Al menos, en medida suficiente para evitar un creciente estallido social o la emergencia de una alternativa antineoliberal y antimperialista de mayorías, asegurando la estabilidad esencial de este orden conservador oligárquico, al menos por otras dos o tres décadas –como en el modelo chileno que públicamente dicen seguir–. Esto es perfectamente posible.

O, si por otro lado, las fuerzas de resistencia podrán, también a buen tiempo, capitalizar la crisis estructural, romper los bloqueos ideológicos y egoístas que impiden un sólido frente amplio, para cumplir su responsabilidad con la tarea histórica popular y latinoamericanista a cuya altura no supieron estar en las elecciones pasadas.

En lo que haga cada cual y las respuestas de los demás actores, se irá perfilando el desarrollo de esta segunda fase, en repliegue de esta nueva “batalla de Ayacucho”, por ahora en el escenario adverso de esta democracia que se parece tanto a una dictadura.

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* En Por la libre (www.porlalibre.org).

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