Nov 15 2023
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OpiniónPolítica

Pinochet versus Pinochet

Son muchos los chilenos que se preguntan qu√© pasara en diciembre pr√≥ximo cuando la ciudadan√≠a tenga que resolver entre aprobar un nuevo texto constitucional o darle continuidad a la Carta Magna heredada de la dictadura. Sin embargo, las dudas al respecto son muy d√©biles si se considera que, despu√©s de largos a√Īos de deliberaciones y desacuerdos pol√≠ticos el pa√≠s enfrenta dos opciones que no difieren mucho entre s√≠, despu√©s de que el oficialismo y la izquierda no fueran capaces de reunir un apoyo popular necesario para fundar un nuevo orden institucional que pusiera fin a la larga posdictadura.

Lo curioso es que la derecha, esto es los sectores herederos del R√©gimen Militar, que se opuso largamente a la posibilidad de dar por clausurada la Constituci√≥n de 1980, se vio de la noche a la ma√Īana con el respaldo ciudadano para liderar el √ļltimo intento constitucional, dejando completamente abatidas las posiciones que reclamaban un cambio de orden y sistema. De ello se deriv√≥ la propuesta que ser√° plebiscitada a fin de a√Īo, en que muy probablemente una nueva mayor√≠a electoral termine por rechazarla y con ello volver a fojas cero. Esto es legitimar en las urnas el modelo institucional pinochetista con los votos de quienes fueron por tanto tiempo los principales detractores pol√≠ticos del r√©gimen militar.

Dif√≠cil entender lo que ha sucedido para concluir consolidando la democracia acotada o ‚Äúprotegida‚ÄĚ pero por sobre todo el sistema econ√≥mico social neoliberal causante de las profundas inequidades sociales que nos llevaron al Estallido Social del 2019. Esa masiva y violenta protesta que estuvo a punto de echar abajo toda nuestra institucionalidad de no haber mediado la pandemia del Coronavirus que oblig√≥ al pa√≠s a enclaustrarse.

De lo que nadie tendr√° dudas a fin de a√Īo es del profundo fracaso de la clase pol√≠tica chilena, de la puerilidad de tantos partidos y dirigentes pol√≠ticos incapaces de arribar a una salida pol√≠tica que significara profundizar nuestra democracia y abrir los cauces para la soluci√≥n de las agudas demandas sociales. Cuando, de nuevo, la inequidad en el ingreso campea, crece la cesant√≠a, los √≠ndices econ√≥micos se mantienen estancados y el pa√≠s observa at√≥nito la ineptitud de gobernantes y legisladores para implementar la reforma tributaria y de pensiones, ponerle fin a un sistema de salud profundamente desigual, resolver los agudos d√©ficits de vivienda y educaci√≥n, entre las demandas consideradas m√°s emblem√°ticas.

El gobierno de Gabriel Boric se encamina a cumplir dos a√Īos de muy pobre desempe√Īo, habida cuenta los bloqueos de la oposici√≥n en el Parlamento y el estallido de nuevos y grav√≠simos episodios de corrupci√≥n que han comprometido a los sectores que se supon√≠a m√°s l√≠mpidos y probos de quienes est√°n en el Gobierno. Sumando a ello, por cierto, las inestabilidades provocadas en la econom√≠a por las guerras y otros fen√≥menos globales.

Ya nadie puede dudar que la oposición electoral al cambio institucional expresó, mucho más que la radicalidad del texto propuesto por la izquierda, el descontento político y social con las nuevas autoridades. Materializando un voto de rechazo que ahora pudiera afectar a la derecha que busca aprobar un nuevo texto. Porque claro está que el descontento es general respecto de toda la política y de quienes se aferran a sus cargos, sin que siquiera un solo ministro, parlamentario, alcalde o autoridad elegida haya tenido hasta aquí el coraje de reconocer su fracaso y dar un paso al costado. Renuencia que confirma que el principal afán de la política y de los partidos es retener sus cargos, corromperse en los mismos y, con su completa indolencia, arriesgar que se vuelva a expresar una ruptura social de graves consecuencias.

Como lo repiten insistentemente los dirigentes sociales, es poco o nada lo que les importa a los chilenos el contenido de una nueva Carta Magna. Menos todavía, cuando se constata que los dos textos que se plebiscitarán no ofrecen mayores diferencias entre sí, puesto que ambos han sido redactados, finalmente, por las mismas manos de la derecha que ahora ha venido desplazando el liderazgo de los sectores autoproclamados democráticos y progresistas. Y que hoy suman a su descrédito el desarrollo de la criminalidad, el arribo a Chile de las más peligrosas bandas delictuales, el empoderamiento del delito y la inseguridad ciudadana. Así como la impunidad judicial, la corrupción y la falta de probidad que tanto irrita al conjunto de la población.

No hay duda que en este cuadro le resulta mucho m√°s f√°cil a la derecha agitar el descontento social y abrirse a la posibilidad que siempre guarda bajo de la manga: la intervenci√≥n de las Fuerzas Armadas y policiales en caso de que el pueblo se soliviante. De hecho, y pese al tr√°gico recorrido de los Derechos Humanos en Chile, son cada vez m√°s numerosos los que le declaran haberle perdido confianza a la democracia, empezando a a√Īorar un r√©gimen de fuerza.

Aunque el Partido Republicano y sus socios de la derecha aseguran que su propuesta constitucional es sólida y ha sido legitimada por las distintas instancias que participaron en su redacción, tal parece que confían más en que los chilenos la voten favorablemente más en repudio a los actuales moradores de La Moneda que por sus contenidos. Así como desde el oficialismo, la confianza del Gobierno y sus referentes es apostar a que en el pueblo pueda seguir gravitando su oposición al pinochetismo.

Pero tal parece que en uno u otro caso ser√° la sombra del Dictador la que resulte airosa. Algo nada de encomiable, por supuesto, despu√©s de todo lo vivido en 50 a√Īos de historia.

 

* Periodista y profesor universitario chileno. En el 2005 recibió el premio nacional de Periodismo y, antes, la Pluma de Oro de la Libertad, otorgada por la Federación Mundial de la Prensa.

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