Oct 18 2005
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Economía

Rapto de un hijo: Isaac Bigio, un hombre en la sima

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Los hechos marcan un compás de desmesura. Son los siguientes:

1) Un abuelo con una gran fortuna quiere evitar por todos los medios que su nieto vea a su propio hijo y a sus otros 3 nietos varones (los únicos que tiene).

2) Un abuelo que usa su tremendo poder material y sus relaciones para burlarse del poder judicial quien, cuando le ordena entregar al menor a su padre bajo pena de apercibimiento, lo desaparece. Todo ello con toda impunidad.

3) Tres niños están prohibidos de ver o hablar con su propio hermano pues el abuelo paterno de ambos así lo decide al margen de la ley.

4) Un hijo está vetado de tener toda clase de contacto con su propio hijo pues su propio padre así lo ha decidido al margen y en contra de la ley de la vida, de dos cortes internacionales, de lo que la justicia y la policía ordenen, y de la opinión pública.

LA SOLIDARIDAD ESTRELLADA
CONTRA EL MURO DEL PODER
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Miles de personas vienen firmando para pedir que mi José sea liberado. La solidaridad es tan grande que todos los canales de TV del Perú (2, 4, 5, 7, 9 y 13) y varios diarios (como El Comercio, Correo, Ojo, Perú 21, El Bocón y Ajá) y radios (RPP, Ke Buena, CPN, etc.) han cubierto una o más veces la noticia y piden al público que colabore en ubicar a José Bigio.

Cientos de personas han participado en plantones y mítines pidiendo que mi hijo aparezca, vaya a su colegio (al cual no va prácticamente desde mediados de junio), pueda hablar con su padre y sus tres hermanos, y sea devuelto a su padre, tal como la ley manda. El jueves cientos corearon “¡Liberen a José!” en un encuentro en el parque Wiracocha.

LO QUE NADIE DEBERÍA VIVIR
LO QUE NADIE DEBERÏA HACER VIVIR

Explica Isaac Bigio:

José es un adolescente que no puede vivir en la clandestinidad, perdiendo clases (ya se está ausentando casi todo el actual trimestre y puede perder el año escolar si tiene un 25% de faltas) y sin ver a su padre, hermanos y el grueso de su amplia familia.

Mi hijo estuvo viviendo en la casa de mi padre Rafael Bigio, quien es el dueño en Perú de Diners Club –la primera tarjeta de crédito que hubo en el mundo y hoy parte del grupo del City Bank, uno de los mayores bancos del planeta– y también es director del Banco Financiero.

Cuando la doctora Cecilia Gonzáles, magistrado del 16 Juzgado de Familia de Lima, ejecutó la sentencia que, de común acuerdo firmé con la madre de José en 1994, afirma que el padre es quien detenta la patria potestad y la tenencia de José, mis padres decidieron desaparecerlo.

La jueza les conminó a mis padres a entregar a José en el juzgado el viernes 16. Ese día no lo llevaron y cuando la policía va a la casa de mis padres se le dice que mi hijo se fue con su madre a un lugar desconocido. Cuando el lunes a mis padres les llega una nueva notificación ampliándoles el plazo para que entreguen a José el siguientes viernes 23, de repente José vuelve a aparecer en la casa de mis padres hasta las vísperas de dicha fecha en la cual mi madre se habría comprometido a entregarlo.

Mis padres sostienen que ellos no lo tienen, sino la madre. La policía y la jueza han ido a allanar a la casa de la madre donde se nos informó que José nunca ha vivido allí. Mi padre hace 4 años no deja que mi José salga a la calle conmigo y para ello tiene a varios guachimanes contratados para cuidarlo de mi.

Si mi padre dice que no lo tiene debería colaborar para ubicarlo. Con todos sus recursos ello se lograría en minutos. La verdad es que él es el responsable de tenerlo desaparecido y viendo gastando una fortuna en contratar los abogados y servicios más caros para impedir que su hijo vea a su propio hijo y a sus otros nietos varones.

Mi padre ha llegado a un extremo nunca antes visto.

Entiendo que él quiera a su nieto mayor, peor hay una diferencia entre amor y obsesión. Un cariño no puede llevarlo a gastar cientos de miles, en empujar a su gente más cercana y en colocarse en contra de la ley para evitar que durante cuatro años José pueda ver a sus hermanos, salir con su padre y, hoy, desaparecerlo.

En todo momento le he planteado a mi padre que cumpla con la ley y que si lo hace yo le garantizo que podrá ver regularmente no sólo a su nieto mayor sino a sus tres nietos (Alex de 13 años, Carlos de ocho y Daniel de tres años y medio). El no les habla a ninguno de ellos hace 4 años. A Daniel no lo conoce ni lo quiere conocer.

En el16º Juzgado de Familia de Lima incluso le propuse que él podría seguir llevando al y trayendo del colegio a José. Su respuesta fue inmediatamente después desaparecerlo.

Hago un llamado a todos mis colegas periodistas para que apoyen la causa de mis hijos: que defiendan el derecho de mi primogénito de retornar al colegio, ser libre y poder ver a su padre y hermanos; que defiendan el derecho de mis 3 hijos menores de poder ver a su hermano mayor.

Les pido que me ayuden a luchar por que en este país todos los padres y madres puedan tener acceso a sus hijos y que no haya nadie que se atreva a pisotear la ley y poner a ningún menor en la clandestinidad.

Mi José vive bajo una de las peores dictaduras: no tiene derecho a ver o hablar con su padre, sus hermanos o sus amigos. No tiene derecho a ir a un colegio y está por perder el año escolar.

Y está permanentemente bombardeado por presiones y chantajes emocionales para decir lo que el abuelo le fabrica (algo que los psiquiátras llaman alienación parental u identificación con el opresor, que es algo más fácil que ocurra -pues son menores- que el síndrome de Estocolmo).

Les pido que difundan la nota y ayuden a que el Perú sea un país donde se cumplan las leyes de familia y no hayan niños raptados ni desaparecidos.

No permitamos que alguien que tenga tanto poder pueda despreciar tan olímpicamente a la ley y a la prensa. El drama de José Bigio es el drama de todo padre, madre o niño. Concentra el derecho humano de cada niño de poder ver a su padre, a su madre y a sus hermanos, de ser libre, y de poder ir a un colegio.

La lucha que tengo no es para destruir a nadie. En vez de querer derrumbar a mi padre lo que quiero es que él se comporte como un padre y un abuelo: un padre que protege –y no le hace la vida imposible– a su hijo y un abuelo que considere a sus 4 nietos y que los quiera como tales –y no como hoy que a uno lo poseen totalmente y al resto desconocen–.

Les pido a todos los medios hispano y latinoamericanos su solidaroidad, que puedan difundir la noticia y que envíen cartas a los Diners Club locales pidiéndoles que hagan entrar en razón a mi padre.

 
Isaac Bigio
www.bigio.org

Addenda

El periodista Álvaro Gastañaduí Ramírez escribió el siete de octubre en el diario El Comercio de Lima:

En el fondo, Isaac Bigio no entiende bien la decisión que ha tomado su padre. Sin embargo, sufre por esa actitud que considera injusta y abusiva. «Me está matando», repite de manera constante. No obstante ello, cree que todo se debe a la actitud patriarcal que tiene su padre dentro de su clan familiar. Cree que como todo patriarca árabe-judío, su padre considera a su hijo mayor como su propiedad y quiere que sea a su manera.

«Como no pudo hacer eso conmigo, puesto que yo preferí ser intelectual antes que dedicarme a los negocios, ha tomado a mi hijo para cumplir ese deseo», explica.

Asimismo, considera que por ese carácter patriarcal que tiene su padre, toda su familia –incluida su propia madre– le ha dado la espalda en su lucha.

Toda esta historia –prosigue– comenzó hace 13 años cuando Isaac aceptó quedarse con su hijo, una vez que rompió la relación con su primera esposa. Como no tenía quién lo cuidara se fue a vivir a la casa paterna, donde su padre se encariñó rápidamente con el nieto.

Cuando Isaac decidió en 1997 mudarse a Londres, tuvo que iniciar un juicio para que se le permitiera sacar a su hijo del país. Recién pudo hacerlo en 1999, pero su padre no se quedó con los brazos cruzados. En el 2000 fue hasta Londres a iniciarle un nuevo proceso para lograr la patria potestad del pequeño.

Cuenta Isaac que por no tener el dinero necesario no pudo contratar a un abogado que hiciera frente a los cuatro que había tomado su padre. La derrota fue inminente, pero el abuelo se comprometió ante el juez británico a enviar a José tres veces por año a Londres. Nunca lo hizo.

El periodista tampoco se quedó cruzado de brazos, pero ya no recurrió a la justicia británica, sino a la peruana. Tras un largo y penoso juicio, a fines de julio el Poder Judicial le dio la custodia y vino hace dos meses para hacer efectiva la sentencia.

Sin embargo, al verse perdido, y para evitar sorpresas, el abuelo habría puesto a buen recaudo a José. Incluso, desde agosto hizo que no acudiera de manera regular al colegio.

El Comercio intentó conversar con Rafael Bigio para conocer las razones por las que no entregaba a su nieto. Sin embargo, todas las respuestas fueron «no está en casa». Tampoco familiar alguno quiso responder nuestras interrogantes.

Según la abogada Rosario Sasieta, quien apoya a Isaac Bigio en su lucha, es la policía quien debe cumplir el fallo que le otorga la custodia de José. Advirtió que en el Perú no pasa nada si alguien no cumple una sentencia, aunque ello sea un delito.

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