Dic 5 2007
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Opinión

Reflexiones. – LA PROTESTAS SOCIALES EN FRANCIA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Ese es el resultado del vac√≠o dejado a la izquierda por el Partido Socialista, que hace a√Īos abandon√≥ toda veleidad, ya no de transformaci√≥n social sino siquiera de reformas sociales m√°s o menos profundas1, de la virtual desaparici√≥n del Partido Comunista (1.93% en las elecciones presidenciales) reconvertido al reformismo hace decenios y del sectarismo de los grupos y grupitos de izquierda, incapaces de concertarse para una pol√≠tica com√ļn.

Es as√≠ que las protestas actuales se generaron en los grupos m√°s radicalizados ‚Äďo si se quiere m√°s concientes‚Äď de los trabajadores y los estudiantes.

Si estos grupos no hubieran tomado la iniciativa, probablemente las reformas se hubieran concretado despu√©s de algunos concili√°bulos de gabinete ‚Äďsalpicadas de concesiones menores‚Äď con las direcciones sindicales en lo que se refiere a las reformas del r√©gimen de jubilaciones y con la Uni√≥n de Estudiantes de Francia (UNEF) ‚Äďcuya direcci√≥n est√° bajo la influencia del PS‚Äď en el tema de las reformas del r√©gimen de las Universidades.

Pero los grupos radicalizados lanzaron la protesta y encontraron enseguida eco en las bases , lo que oblig√≥ a las direcciones sindicales y estudiantil a seguir la corriente para no perder totalmente el control de los acontecimientos y para tratar de evitar la aceleraci√≥n del ‚Äúgoteo‚ÄĚ de sus militantes hacia los sindicatos y grupos de izquierda.

La movilizaci√≥n fue fuerte pero la determinaci√≥n de Sarkozy fue inquebrantable y aguant√≥ a pie firme (sin aparecer en p√ļblico, contrariamente a su costumbre) nueve d√≠as de paro en los transportes.

Sarkozy tuvo varias cartas a su favor.

La primera, que utiliza continuamente, el argumento del ‚Äúmandato popular‚ÄĚ.

La segunda, en el tema de la reforma del r√©gimen jubilatorio, atac√≥ primero el eslab√≥n m√°s d√©bil: el r√©gimen especial de los funcionarios p√ļblicos y de los trabajadores del transporte, del gas y la electricidad, de jubilaci√≥n a los 37 a√Īos y medio de servicios frente al r√©gimen general de jubilaciones a los 40 a√Īos de servicios.

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Contra el r√©gimen especial, Sarkozy esgrimi√≥ el argumento ‚Äďque tuvo un eco favorable en buena parte de la poblaci√≥n‚Äď de que hay que restablecer la ‚Äúigualdad‚ÄĚ y terminar con los ‚Äúprivilegios‚ÄĚ.

Ese supuesto privilegio, que data de la posguerra, responde en buena medida a las condiciones penosas de trabajo, sobre todo en el transporte (fuertes tensiones, horarios nocturnos frecuentes, etc.).

La tercera carta que tuvo a su favor Sarkozy fue el desgaste de los trabajadores del transporte en huelga que perd√≠an jornales indispensables para vivir y cierto grado de impopularidad del paro entre los usuarios, que los medios de comunicaci√≥n presentaron como m√°rtires y ‚Äúrehenes‚ÄĚ de los huelguistas.

La cuarta carta de Sarkozy fue el estridente silencio del Partido Socialista, principal partido opositor, que criticó al Gobierno por no haber abierto antes las negociaciones con los sindicatos, pero que se abstuvo de manifestar su solidaridad con los huelguistas y de pronunciarse sobre las cuestiones de fondo. La razón de ese silencio es que la gran mayoría de los dirigentes del PS están de acuerdo con las reformas emprendidas por el gobierno.

Y la quinta carta de Sarkozy fue la falta de firmeza de las direcciones sindicales. El Secretario de la CGT ofreci√≥ negociar con el Gobierno y las empresas de transporte dos horas antes de comenzar la huelga, actitud que sembr√≥ el desconcierto entre los trabajadores. Por su parte, el Secretario de la CFDT llam√≥ a levantar la huelga antes de que se cumpliera el objetivo de hacerla coincidir con el paro nacional de un d√≠a de todos los funcionarios p√ļblicos.

Cual debe ser el papel del movimiento sindical en la sociedad es un tema controvertido desde hace más de un siglo: si debe limitarse a defender las reivindicaciones inmediatas de los trabajadores o si además debe ser copartícipe de un proyecto de transformación social.

En todo caso en Francia los sindicatos relativamente mayoritarios (CGT, CFDT, FO) están en la primera postura y sólo las nuevas formaciones sindicales como SUD Rail, que están creciendo significativamente a expensas de las formaciones tradicionales, hacen planteos más radicales.

Decimos relativamente mayoritarios porque la tasa media de sindicalizaci√≥n en Francia es actualmente del ocho al nueve por ciento. Es mayor en el sector p√ļblico, donde llega al 15 por ciento y menor en el sector privado, donde apenas sobrepasa el cinco por ciento. En el t√©rmino de 15 a√Īos la tasa de sindicalizaci√≥n se ha reducido a la mitad, si bien en los √ļltimos a√Īos se mantiene estable.

Pero la influencia de los sindicatos es mucho mayor que la que permite suponer esa baja sindicalización. Por ejemplo en las elecciones para Comités de Empresa y de delegados del personal, las organizaciones sindicales suman alrededor del 78 por ciento de los votos.

Como resultado de su postura ideol√≥gica, ninguno de los sindicatos relativamente mayoritarios cuestiona la generalizaci√≥n de la jubilaci√≥n a los 40 a√Īos de servicios, que consideran inevitable, como dice el Secretario General de la CFDT. S√≥lo SUD Rail reivindica 37 a√Īos y medio de servicios para todos los trabajadores.

De modo que las actuales negociaciones de los sindicatos con el Gobierno y con las empresas de transporte se limitan a algunas mejoras salariales. El tema de los a√Īos de servicios para la jubilaci√≥n est√° excluido, pues el Gobierno no acepta discutirlo.

Quiz√°s ese es el ‚Äúplafond‚ÄĚ que pueden alcanzar los sindicatos, teniendo en cuenta la actual relaci√≥n de fuerzas.

¬ŅCu√°l es el papel de los partidos pol√≠ticos que se dicen de izquierda frente al conflicto?

El Partido Socialista no objeta la generalizaci√≥n de los 40 a√Īos de servicios y no denuncia el proyecto gubernamental de comenzar por la abrogaci√≥n de los 37 a√Īos y medio en el sector p√ļblico para reformar despu√©s en sentido negativo el r√©gimen jubilatorio general, aumentando los a√Īos de servicios a m√°s de 40.

El Partido Comunista es muy discreto sobre estos temas que sin embargo son cruciales, aunque cuantifica bien ‚Äúlos da√Īos colaterales‚ÄĚ del proyecto gubernamental sobre los montos de las jubilaciones.

S√≥lo SUD Rail, el sindicato ferroviario de izquierda y los partidos de extrema izquierda, la Liga Comunista Revolucionaria y Lucha Obrera, se pronuncian claramente a favor de la reducci√≥n generalizada de los a√Īos de servicios.

En un comunicado conjunto (hecho poco frecuente) del 15 de noviembre de ambos partidos de izquierda se puede leer:

‚ÄúLucha Obrera y la Liga Comunista Revolucionaria manifiestan su solidaridad con los huelguistas que tienen raz√≥n en oponerse a trabajar m√°s tiempo para tener una jubilaci√≥n menor. Pretender que no es posible asegurar una jubilaci√≥n adecuada para todos…sobre la base de 37 a√Īos y medio de cotizaci√≥n como m√°ximo, es una estafa. Si hay menos activos y m√°s jubilados, la productividad de cada activo se ha incrementado suficientemente como para asegurar una jubilaci√≥n correcta para todos los trabajadores sin prolongar el tiempo de trabajo. El ataque contra los reg√≠menes especiales anuncia otros contra el conjunto de los trabajadores‚ÄĚ.

Dicho de otra manera, si el n√ļmero de activos es menor pero el tama√Īo de la torta sigue aumentando, como ocurre en los hechos2, el problema no es el tama√Īo de la torta sino c√≥mo √©sta se reparte.

El ‚Äúslogan‚ÄĚ preferido de Sarkozy ‚Äútrabajar m√°s para ganar m√°s‚ÄĚ es totalmente falso e irrealista. Si al aumento de la productividad se agregan jornadas m√°s largas de trabajo y se aumentan los a√Īos de servicios, se acelera la disminuci√≥n de la cantidad total necesaria de trabajadores activos. La consecuencia es obvia: el aumento de la desocupaci√≥n por un lado y la disminuci√≥n de los salarios por el otro como resultado de la presi√≥n de la oferta creciente de la mano de obra desocupada.

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Pietro Basso en su libro Temps modernes, horaires antiques. La dur√©e du travail au tournant des mill√©naires3, dice que el aumento de la productividad del trabajo deber√≠a estar acompa√Īada l√≥gicamente de una reducci√≥n del tiempo de trabajo (diario, semanal y anual) y de una reducci√≥n de la intensidad del mismo. Ello efectivamente ocurri√≥ as√≠ hasta culminar, en el decenio de 1920, con la jornada hebdomadaria de 48 horas, como resultado de las luchas obreras y del temor de los capitalistas al ejemplo de la revoluci√≥n rusa.

Pero con el fordismo aumentó la intensidad del trabajo, como muestra agudamente Chaplin en el film Tiempos Modernos. Después la jornada se mantuvo estable, aunque disminuyó la jornada anual como resultado de vacaciones más prolongadas y en algunos países disminuyó también la jornada semanal.

Pero en los √ļltimos a√Īos, pese a que continu√≥ aumentando la productividad, esa tendencia a la reducci√≥n de la jornada laboral se invirti√≥ y tambi√©n aument√≥ la intensidad del trabajo.

El empeoramiento de las condiciones de trabajo y de su carga física, mental y nerviosa afecta a todos los asalariados de todas las categorías y en todos los países del mundo, desarrollados o no desarrollados, como indica Pietro Basso en su estudio.

Inclusive los empleados y los técnicos superiores sufren esa carga, víctimas de las presiones en el mismo empleo y por la angustia que les produce el temor de perderlo.

En Francia son frecuentes los suicidios de empleados y t√©cnicos superiores cuando son despedidos, sobre todo cuando han pasado los 45 / 50 a√Īos de edad, porque en ese caso sus perspectivas de obtener un nuevo trabajo son muy limitadas. Pero tambi√©n se producen suicidios entre el personal t√©cnico superior en actividad: recientemente, en el t√©rmino de seis meses, hubo tres suicidios en el ultramoderno Tecnocentro de Renault, cerca de Paris, donde se proyectan los nuevos modelos de autom√≥viles y tres en la central nuclear de Chinon.

El estado actual de desarrollo de las fuerzas productivas podría permitir vislumbrar la sociedad que previó Marx hace más un siglo y medio: el ser humano liberado de la necesidad, de los trabajos físicos y del trabajo alienado y con más tiempo libre para dedicarlo a su realización personal4.

Pero esto es incompatible con el sistema capitalista, como lo demuestran los hechos.

La pol√≠tica brutalmente antisocial de Sarkozy no es un fen√≥meno marginal del sistema sino que corresponde al estado actual del capitalismo, que pretende ‚Äď acentuando la explotaci√≥n‚Äď superar sus insalvables contradicciones.

Explicar esto, sobre todo en los momentos en que se agudizan las luchas sociales es, o debería ser, la función pedagógica y política de los partidos que se dicen de izquierda.

La mayor√≠a de la poblaci√≥n en Francia ‚Äďcomo en todo el mundo‚Äď se comporta en funci√≥n de las pautas ideol√≥gicas y culturales del sistema dominante, pero una minor√≠a creciente comienza a rechazarlas, pese a la defecci√≥n de la izquierda tradicional.

Un dato, quiz√°s anecd√≥tico: en los sondeos de opini√≥n en Francia, el l√≠der de la Liga Comunista Revolucionaria Olivier Besancenot, tiene actualmente una alta cuota de popularidad: 40 por ciento, ‚Äúcabeza a cabeza‚ÄĚ con Segol√©ne Royal. Sarkozy, que en setiembre ten√≠a 64 por ciento de opiniones favorables, perdi√≥ 15 puntos seg√ļn un sondeo publicado el 1¬ļ de diciembre y ahora s√≥lo tiene el 49 por ciento.

Notas

1 De hecho, el PS hace a√Īos que no tiene programa propio y su papel se limita a criticar los m√©todos de la derecha, pero no su pol√≠tica de fondo. No es s√≥lo el resultado de una opci√≥n subjetiva de sus dirigentes: no existen respuestas reformistas para la exacerbaci√≥n acelerada de la explotaci√≥n capitalista.

2 El PNB anual en Francia aumenta progresivamente. Por ejemplo en 2003 el PNB por habitante fue de 24500 d√≥lares y en 2007 es de 30.600 d√≥lares. Pero ese aumento del PNB anual no se ha reflejado en los salarios y en las jubilaciones, que en t√©rminos reales permanecen congelados hace ya varios a√Īos. De modo que la ‚Äútorta‚ÄĚ se reparte cada vez m√°s desigualmente en perjuicio de los asalariados y los jubilados.

3 Pietro Basso, Temps modernes, horaires antiques. La dur√©e du travail au tournant des mill√©naires, Lausanne, Editions Page deux, 2005. Basso dice que el aumento de la carga (f√≠sica, mental y nerviosa) explica en parte que el trabajo se ha hecho m√°s penoso en los √ļltimos a√Īos en los pa√≠ses capitalistas avanzados y que la flexibilidad, al mismo tiempo que el mantenimiento (y √ļltimamente el aumento de la jornada de trabajo) parasita o fagocita el tiempo fuera del trabajo, es decir aumenta su peso espec√≠fico sobre el total del empleo del tiempo de la persona que trabaja. Se est√° cada vez m√°s lejos de la prometida sociedad post industrial del tiempo libre. V√©ase una rese√Īa del libro de Basso en la revista Interrogations : /www.revue‚Äďinterrogations.org/article.php ?article.

4 Véase Carlos Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse). [Contradicción entre la base de la producción burguesa (medida del valor) y su propio desarrollo. Máquinas, etc.]. Siglo XXI Editores, 12ª edición, 1989, tomo 2, págs. 227 y ss.

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* Abogado argentino especialiosta en relaciones económicas internacionales. Representante de la Asociación Americana de Juristas ante las Naciones Unidas en Ginebra.

Despacho de la agencia argentina independiente de noticias ARGENPRESS.

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