Nov 7 2007
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Opini贸n

REVOLUCI脫N EN RUSIA: HAN PASADO 90 A脩OS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

I
El sentido del momento hist贸rico

De modo an谩logo a como ocurre en la naturaleza, en el desarrollo social predomina la evoluci贸n por medio de la cual se realiza una permanente e ininterrumpida acumulaci贸n de cambios cuantitativos y cualitativos que imperceptiblemente, sin que nadie lo auspicie, dan lugar al advenimiento de lo nuevo y de lo progresivo. En su magnifica combinaci贸n de evoluci贸n org谩nica y progreso cultural, ciencia y espiritualidad, materia y conciencia, la historia humana reafirma la vigencia de tales procesos.

Para su normal desenvolvimiento, los procesos evolutivos requieren de condiciones ideales y de ambientes que permitan actuar a las leyes del desarrollo. En esas circunstancias predomina la llamada 芦la paz social禄, etapas en las que, como ocurre en los pa铆ses desarrollados, las elites dominantes, aunque no pueden evitarlas, logran administrar las contradicciones de clases y las crisis para alejar, incluso excluir las explosiones sociales y la ruptura del orden vigente.

Con todo y su magnificencia, las revoluciones sociales son sucesos extraordinarios, por cierto, sumamente escasos. Nunca hubo una revoluci贸n social en la esclavitud, jam谩s se desat贸 una en 脕frica y en el Nuevo Mundo s贸lo Estados Unidos, M茅xico, Cuba y m谩s recientemente Venezuela transitaron esos caminos.

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Las revoluciones son grandes conmociones sociales, capaces de cambiar el perfil de una 茅poca, acelerar los ritmos del desarrollo de grandes regiones, incluso de todo la humanidad, modificar la secuencia de los procesos hist贸ricos y acelerar el progreso. Aunque hunden sus ra铆ces en las contradicciones y necesidades econ贸micas, las revoluciones son hechos pol铆ticos, jalones mediante los cuales las clases emergentes desplazan a los representantes del viejo orden, destruyen las estructuras que sosten铆an su poder e imponen las suyas.

Las revoluciones sociales son hechos positivos orientados en la direcci贸n del progreso y, aunque son celebradas por sus protagonistas, suelen ser traum谩ticas y violentas, no tanto por ellas mismas como por la enconada resistencia que han de vencer. La crueldad, las venganzas, los ajustes de cuentas y el terrorismo caracterizan mejor a la contrarrevoluci贸n que a la revoluci贸n.

Por la grandeza de sus metas y propuestas, las revoluciones se abren paso con dificultad, no s贸lo por lo arduo que resulta destruir el viejo orden, sino por lo complejo de construir uno nuevo.

Nada es m谩s importante para la revoluci贸n que honrar sus compromisos y satisfacer las expectativas creadas por ella misma que, cuando no son resueltas, se levantan como adversarios formidables. Con aquellas revoluciones que 鈥揷omo la norteamericana y la francesa鈥 lograron llevar al poder a una nueva clase y concretar sus programas b谩sicos, la historia se ha mostrado indulgente, sin echarle en cara que sus objetivos esenciales y sus tareas m谩s universales no hayan sido todav铆a resueltas.

Nadie desmiente a la Revoluci贸n de las 13 Colonias de Norteam茅rica por no haber cumplido lo preceptuado en la Declaraci贸n de Independencia y todav铆a se suspira por las promesas de: Igualdad, Libertad, Fraternidad de la Revoluci贸n Francesa.

El lento y zigzagueante avance de las grandes revoluciones, lejos de significar su fracaso ilustra acerca de la complejidad y trascendencia de sus tareas. La revoluci贸n norteamericana no liber贸 a los esclavos, no impidi贸 el genocidio de los pueblos originarios ni emancip贸 a la mujer y, en cambio dio lugar al nacimiento de un imperio, rasgos negativos que no anulan su significado.

Lo que convirti贸 a la independencia norteamericana en una revoluci贸n e hizo de ella un paradigma, no fueron sus carencias sino la determinaci贸n y coherencia con que la vanguardia integrada por Jefferson, Adams, Hamilton, Washington y otros, iniciaron la lucha por la independencia en el Nuevo Mundo, fueron los primeros en deshacer el dominio colonial, creando adem谩s la primera rep煤blica regida por leyes, con una Constituci贸n y por una Declaraci贸n de Derechos.

La Revoluci贸n Bolchevique no fue igualmente afortunada, no porque fuera peor, sino porque desde el hond贸n del primitivo imperio de los zares, ret贸 al capitalismo y se propuso tareas para la cuales probablemente la humanidad no estaba todav铆a lista.

Tal vez fue adecuada pero prematura. Quiz谩s el socialismo no es cosa del pasado sino del porvenir.

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II

El primer proyecto pol铆tico pensado a escala de la Humanidad

Los revolucionarios norteamericanos de 1776, los franceses de 1789 y los rusos de 1917 tuvieron en com煤n enarbolar consignas de un alcance que trascend铆a los contextos locales respectivos. La diferencia es que los primeros no lo sab铆an, mientras los bolcheviques lo hicieron conscientemente, con arreglo a una teor铆a y sobre la base de un programa.

Aunque los preceptos de la filosof铆a liberal, referentes te贸ricos de las primeras revoluciones, fueron resultado de reflexiones de calado universal, las vanguardias pol铆ticas de Norteam茅rica y Francia, no actuaron sensibilizadas por las condiciones de existencia del g茅nero humano, ni siquiera por las de sus respectivas sociedades. Ello sin embargo no rest贸 universalidad a su rol hist贸rico por el hecho de que, 芦al liberarse de las ataduras feudales, la burgues铆a libera al resto de la sociedad.鈥

Con el surgimiento del marxismo que descubri贸 regularidades y leyes capaces de explicar el devenir hist贸ricos, la sociolog铆a adopt贸 una metodolog铆a m谩s rigurosa, asumi贸 los m茅todos de las ciencias y, al elevar su cientificidad, se crearon condiciones que auspiciaron un pensamiento pol铆tico avanzado, capaz de elaborar programas a futuro con la convicci贸n y la certeza que aporta el conocimiento.

Aquellas fueron las premisas te贸ricas que permitieron a los hombres dejar de ser instrumentos de fuerzas desconocidas y convertirse en art铆fices de su propio destino. Desde entonces el pensamiento avanzado formul贸 metas y cre贸 proyectos a partir de pautas situadas fuera de la realidad. El que m谩s lejos lleg贸 fue el socialismo que se plante贸 la posibilidad de construir una nueva sociedad.

Tales desarrollos te贸ricos no pod铆an surgir como derivados de la actividad de una clase social, sino que fueron resultados de la actividad te贸rica de la vanguardia pol铆tica que produjo una nueva ideolog铆a y la inyect贸 a la que espont谩neamente generaba la clase obrera, hecho que plante贸 la necesidad de una organizaci贸n pol铆tica diferente: el partido de nuevo tipo que Lenin trat贸 de construir.

La grandeza de la Revoluci贸n Bolchevique y lo profundo de su significado hist贸rico no radica en lo que hizo, sino en lo que se propuso.

La Revoluci贸n Rusa de 1917, con sus virtudes y a pesar de su tr谩gico final, fue el primer proyecto pol铆tico pensado a escala de toda la humanidad y formulado no sobre la base de las necesidades de un pa铆s, sino a partir de la creencia de que se trataba de una demanda de la 茅poca. Marx no percibi贸 la revoluci贸n proletaria como fruto del voluntarismo de l铆deres u organizaciones, ni como resultado de contingencias pol铆ticas locales o como un evento nacional.

Para 茅l, el socialismo era una categor铆a hist贸rica, una nueva formaci贸n social que, llegado el momento, por efecto de realidades objetivas y de leyes hist贸ricas, como por gravedad, sustituir铆a al capitalismo ocupando el espacio de toda una 茅poca. En sentido estricto, para Marx, la revoluci贸n y el socialismo no fueron nunca utop铆as, sino pron贸sticos, frutos de desapasionadas reflexiones cient铆ficas.

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El m茅rito de los bolcheviques, encabezados por Lenin y Trotski fue haber intentado fusionar aquella teor铆a revolucionaria con la energ铆a y las demandas de la clase obrera en Rusia, el 煤nico espacio en que les era posible hacerlo y que los oblig贸 a intentar el milagro de machihembrar las ideas pol铆ticas y sociales m谩s avanzadas, con el primitivismo pol铆tico, el atraso econ贸mico, social, tecnol贸gico y cultural, la ruina de la industria, la agricultura, el comercio y el aislamiento ruso acentuados por la guerra mundial.

En la excepcional coyuntura hist贸rica creada por el derrumbe del zarismo y el desastre humano y socio econ贸mico provocado por la Primera Guerra Mundial, Lenin levant贸 las banderas de la revoluci贸n, asumiendo a Rusia como el comienzo de la revoluci贸n mundial.

Los esfuerzos para que las empobrecidas e incultas masas de un imperio medieval asimilaran las ideas y consignas del pensamiento pol铆tico m谩s avanzado y el intento de injertar las relaciones de producci贸n socialistas en una sociedad medieval, definen a Lenin como el l铆der pol铆tico que ante una fugaz oportunidad, no vacil贸 en intentar tomar el cielo por asalto.

Aunque no logr贸 totalmente sus objetivos y la Uni贸n Sovi茅tica no resisti贸 la prueba del tiempo, la Revoluci贸n Bolchevique que ahora cumple noventa a帽os, no es un fracaso sino un precedente.

III
El cap矛talismo puede ser trascendido

La Revoluci贸n Bolchevique es historia, no porque haya muerto sino porque ha sobrevivido. Una revoluci贸n como aquella puede ser combatida, olvidada, traicionada y silenciada y, aunque tanta evidencia parece abrumadora, no es suficiente para derrotarla. Las revoluciones no son derrotables porque el tiempo no es reversible y porque los datos de la realidad al grabarse en la historia se vuelven hitos y paradigmas.

La trascendencia de la Revoluci贸n Bolchevique radica en haber sentado el precedente de que el capitalismo puede ser trascendido. Por primera vez, una clase emergente no acaudalada impuso su voluntad. Los esclavos y los siervos nunca pudieron, los proletarios si.

Desde el primer d铆a, 7 de Noviembre de 1917, los bolcheviques fueron combatidos con todas las armas y recursos de la reacci贸n mundial, no porque occidente sintiera conmiseraci贸n por la suerte del pueblo ruso, sino por un viejo adagio: 鈥淐uando veas las barbas de tu vecino arder鈥︹

El triunfo de la Revoluci贸n Socialista de Octubre en el antiguo imperio de los zares de Rusia fue un aviso del enorme poder de la clase obrera, de la capacidad de convocatoria del socialismo, del hallazgo organizacional que signific贸 el partido de nuevo tipo y la certeza de que, a pesar de todo, el capitalismo pod铆a ser superado. En aquel minuto hist贸rico, no se trataba ya de las elaboraciones te贸ricas de Carlos Marx, difundidas entre los c铆rculos intelectuales de los socialistas europeos sino que, al empalmar con la clase obrera, aquellas ideas adquir铆an una inusitada fuerza material.

En octubre de 1917 el fantasma del comunismo de que habl贸 Carlos Marx, se transmut贸 en realidad y el escepticismo se gradu贸 de esperanza. Desde entonces fue m谩s temido y m谩s combatido.

En febrero de 1917 en Rusia tuvo lugar la m谩s tard铆a de las revoluciones burguesas europeas y ocho meses despu茅s la primog茅nita entre las revoluciones socialistas. La guerra desatada por la contrarrevoluci贸n y la agresi贸n extranjera provocaron la extrema radicalizaci贸n de un proceso obligado a cruzar sucesivas l铆neas de no retorno.

En el horizonte aparecieron nuevos problemas cuando, la enfermedad y la muerte de su conductor, Vladimir Ilich Lenin, permiti贸 que la divisi贸n se introdujera en las filas de la revoluci贸n y se expresara en la pugna de Stalin y Trotski por el poder que, a la postre, result贸 letal. En aquella pugna prevaleci贸 Stalin, no porque fuera el m谩s id贸neo sino porque abus贸 del poder de que la revoluci贸n lo invisti贸.

Debilitado por las purgas que lo privaron de militantes ejemplares, deformado por las pr谩cticas burocr谩ticas, paralizado por la manipulaci贸n de los 贸rganos dirigentes y por el miedo a las acusaciones falsas y los procesos judiciales ama帽ados, el partido fundado y educado por Lenin no pudo reaccionar.

Parad贸jicamente, cuando sobre la Uni贸n Sovi茅tica se dej贸 caer el hurac谩n de fuego de la invasi贸n nazi, el pa铆s, el pueblo y el Partido depusieron sus conflictos y acatando el liderazgo de Stalin, protagonizaron la m谩s colosal e insuperable batalla por la supervivencia nacional y el socialismo. En aquella coyuntura, ante tareas de envergadura hist贸rica que no lo absuelven, el car谩cter en茅rgico y la vocaci贸n autoritaria de Stalin, actuaron como elementos importantes.

En 1953 muri贸 Stalin y a la necesidad de la sucesi贸n se uni贸 la urgencia de la rectificaci贸n. En tan dif铆cil coyuntura el partido leninista pareci贸 renacer y con impar valent铆a, en su XX Congreso, emprendi贸 la m谩s profunda y ejemplar autocr铆tica que recuerdan los anales del movimiento revolucionario de todos los tiempos; no obstante las esperanzas no se confirmaron.

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El inmovilismo y el dogmatismo prevalecieron.

A los problemas internos, en cada momento se sumaron la Guerra de Corea y la Guerra Fr铆a, el conflicto con China e incluso los errores cometidos por los l铆deres y los partidos gobernantes en Europa Oriental, as铆 como la guerra sucia y la propaganda anticomunista, las agresiones y las conspiraciones, los sabotajes y los bloqueos que terminaron por dar al traste con la primera experiencia socialista.

Los cient铆ficos sociales saben que las leyes del desarrollo social, validas para la comprensi贸n de formaciones sociales completas y grandes per铆odos de tiempo, suelen ser ineficaces para entender an茅cdotas concretas. Derrotada y silenciada, con sus lideres demonizados y sus espacios ocupados, la Revoluci贸n Bolchevique, primera experiencia socialista, permanece en la historia, como un legado a cuyas ense帽anzas, positivas y negativas, acudir谩n los luchadores sociales de todas las 茅pocas.

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* Profesor, investigador y periodista.

Un despacho de ALTERCOM, agencia de prensa de Ecuador. Comunicaci贸n para la Libertad.

www.altercom.org.

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