Abr 14 2023
119 lecturas

Literatura

Rolando Revagliatti: Pas贸

Llegaron los reyes

No digo una de sesenta; o una de edad de la que se sabe que no pasar铆a de los setenta; digo de una, bien conservada, eso s铆, viuda en segundas nupcias, viuda reciente de un hombre m谩s joven, una mujer activa, actualizada, de alg煤n pico pasados los ochenta. Una mujer nada achacosa -conste-, encantadora, tolerante, incapaz de faltar un mi茅rcoles al t茅 de la confiter铆a 鈥淚deal鈥 con dos amigas pulcras y educadas, no tan expansivas, que saben arreglarse y asistir a cursos que se imparten en la Sociedad Hebraica Argentina.

Mi coprotagonista, Hebe, ocupa un departamento confortable de la avenida Las Heras, contrafrente. La hija la visita dos veces por semana, al mediod铆a. Una empleada del hijo mayor acude a las once de cada ma帽ana y realiza las compras, cocina el pollo o las lentejas, lava y limpia, mientras Hebe se lee su matutino, subraya el t铆tulo de una conferencia (鈥淣uestra Tradici贸n Hist贸rica y su Transformaci贸n Posterior鈥), cambia el long play de Brahms por el de 鈥淩omanzas Decimon贸nicas鈥, ingiere la dosis de Sibelium con su juguito de pomelos, recorta con una tijera la cr铆tica de la 煤ltima pel铆cula de Franco Zeffirelli, que no se perder铆a la sigan o no la sigan Betty y Raquel.

Hebe hab铆a reparado en fotos difundidas en revistas donde luzco indumentaria de una conocida firma de moEL RELATO禄 Chongo - Mujer es M谩s -da masculina. Explicit贸 -nos conocimos, faltando un par de semanas para el fin del a帽o, en la presentaci贸n de un libro de poemas- que mi apostura le recordaba a ese manequ茅n. La entero de que soy modelo de ropa y de comerciales gr谩ficos y filmados de todo tipo de productos, que hace seis a帽os que me he iniciado y que, sin duda, soy la persona que le ha llamado la atenci贸n en esas fotograf铆as.

Me cuenta que su bisnieta ha incursionado en publicidad. Hilamos respecto de otros temas y volvemos a encontrarnos por casualidad el seis de enero, en la vereda de su casa. Casa en la que permanezco desde hace cinco horas, desinteresado de un compromiso de cierta trascendencia.

Rellenita, Hebe, de blanqu铆sima piel y ojos glaucos, se me hab铆a aproximado en el sof谩 de estilo. Desde un ovalado retrato se esmeraban en escrutar el avance confiado de esta dama a quien roc茅 con sofocada agitaci贸n. Ella afirm贸 sus manos suaves en las m铆as. Nuestro primer abrazo, a煤n en el sof谩, nos condujo a un 茅xtasis vago. No bes茅 enseguida sus labios. No deseaba besar m谩s que sus mejillas y morder m谩s que sus hombros. Deseaba el contacto de los cuerpos, la epifan铆a. Deseaba, ardiente, que Hebe desabrochara mi camisa y acariciara, tr茅mula, mi espalda. Deseaba, claro, fui deseando, la contundencia de la uni贸n de mi sexo obstinado y el suyo desguarnecido.

Ignoramos el llamado del tel茅fono mientras oscurec铆amos el dormitorio que acoger铆a este amor fortuito. El delirio nos arras贸 cuando Hebe gem铆a como una mu帽eca desquiciada. Nos adormecimos y aqu铆 estoy, reflexionando sobre estos sentimientos que inclinan mi 谩nimo hacia lo que me place, esperando (anhelando) que Hebe despierte y me busque.

  • Compartir:
X

Env铆e a un amigo

No se guarda ninguna informaci贸n personal


A帽adir comentario

Tu direcci贸n de correo electr贸nico no ser谩 publicada. Los campos obligatorios est谩n marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende c贸mo se procesan los datos de tus comentarios.