Sep 28 2014
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Ciencia y Tecnolog铆aPol铆tica

Rusia y Occidente aceleran su ciberguerra

Seg煤n un comandante de EE.UU., la anexi贸n de Crimea por parte de Rusia y el posterior conflicto que estall贸 en Ucrania demostraron que Rusia supo integrar en su operativo militar una estrategia ciberofensiva que result贸 muy eficaz.

La confrontaci贸n en curso entre Rusia y Occidente reactiv贸 una disciplina cuyo imaginario ha sido alimentado por la inform谩tica, el cine, la literatura, los rumores y un pu帽ado de hechos constatados: la ciberguerra. El desplazamiento de un conflicto desde un territorio al ciberespacio lleva a帽os generando especulaciones y, en algunos casos, enfrentamientos reales como el ciberataque masivo de que fue objeto Estonia en 2007, el ataque contra los sistemas de misiles aire-tierra de Siria en el mismo a帽o, los operativos en Georgia, el permanente hostigamiento digital que protagonizan China y Estados Unidos, o la operaci贸n (2010) contra el programa nuclear iran铆 urdida por Estados Unidos e Israel mediante el virus Stuxnet. Este dispositivo es el descendiente del programa Olympic Games desarrollado por la NSA norteamericana y la unidad 8200 de Israel. La crisis que se desat贸 con Rusia aceler贸 el recurso a la ciberguerra. Durante la 煤ltima cumbre 鈥4 y 5 de septiembre鈥 celebrada en plena crisis con Mosc煤, la OTAN actualiz贸 sus est谩ndares de defensa de Europa por medio de un programa llamado pol铆tica de ciberdefensa reforzada. Seg煤n el comandante norteamericano de las fuerzas aliadas en Europa, la anexi贸n de Crimea por parte de Rusia y el posterior conflicto que estall贸 en Ucrania demostraron que Rusia supo integrar en su operativo militar una estrategia ciberofensiva que result贸 muy eficaz. Mosc煤 habr铆a conseguido interrumpir todas las comunicaciones electr贸nicas entre las tropas ucranianas estacionadas en la pen铆nsula y los centros de comando repetidos en el resto de Ucrania. Este es el argumento de Occidente para desarrollar en el ciberespacio un frente de conflicto.

El documento elaborado por la OTAN sobre la ciberguerra es de hecho una postura amenazante. La Alianza Atl谩ntica extendi贸 al ciberespacio todas las garant铆as del Tratado. Ello quiere decir que cualquier ataque contra las redes inform谩ticas de un pa铆s miembro ser谩 considerado como un ataque contra todos, o sea, equivalente a una agresi贸n cl谩sica. Occidente crea con este texto un ciberespacio 鈥渋ndivisible鈥. La consecuencia es evidente: si un Estado exterior a la Alianza Atl谩ntica aparece como responsable de un ciberataque ser谩 objeto de represalias que pueden incluir incluso los medios cl谩sicos. Con su recurrente cinismo hambriento de confrontaciones, la Alianza Atl谩ntica hace el papel de futura v铆ctima como si la OTAN o sus miembros m谩s poderosos, Estados Unidos por ejemplo, nunca hubiesen lanzado ciberataques contra alguno de sus adversarios, o espiado la intimidad de cada ser humano del planeta mediante el dispositivo Prism montado por la Agencia Nacional de Seguridad, la NSA, con la servil colaboraci贸n de empresas privadas 鈥揋oogle, Yahoo, Facebook, Microsoft, etc.鈥. Sorin Ducaru, adjunto al secretario general de la OTAN y encargado de los 鈥渄esaf铆os emergentes鈥 aclar贸 que el organismo se limitar谩 a defenderse. Seg煤n Ducaru, est谩 鈥渆xcluido lanzar operaciones ciberofensivas. Est谩s son del dominio de cada pa铆s miembro鈥.

La ciberguerra se convierte as铆, y ahora a nivel colectivo, en el nuevo El Dorado de los ej茅rcitos. La Alianza Atl谩ntica ya cuenta con una infraestructura, el Ccdcoe (Cooperative Cyber Defence Centre of Excellence), situado en Estonia y en plena fase de desarrollo y ejercicios de 鈥減irateo鈥 de servidores civiles, vigilancia de las redes y ataques reales. Todo parece estar listo para una gran confrontaci贸n deslocalizada hacia el ciberespacio. La ret贸rica occidental est谩 ampliamente dominada por la idea de que es la 煤nica soluci贸n para defenderse del gran enemigo ruso. El general Keith Alexander 鈥揺x director de la NSA鈥 acus贸 a Mosc煤 de haber pirateado hace unos meses el banco JP Morgan para robar datos sensibles como una forma de represalia, luego las sanciones financieras adoptadas por Washington contra Rusia a ra铆z del conflicto en Ucrania. El primer expoliador mundial de datos privados planetarios se presenta ahora con el perfil de un gatito inocente, v铆ctima de un ciberataque organizado por una potencia repentinamente enemiga. El otro gran acusado es China. Beijing aparece regularmente citado como responsable de contaminar el ciberespacio con ataques destinados a hurtar los secretos de Europa y los Estados Unidos. ciberactivismo1Sin embargo, tal y como lo demuestran los documentos revelados por el ex analista de la NSA y de la CIA Edward Snowden, Estados Unidos tiene ojos y o铆dos enchufados en cada casa, incluidas las de sus aliados como Francia y Alemania. Washington espi贸 a decenas de responsables alemanes y lleg贸 a pinchar el tel茅fono celular de Angela Merkel. En represalias, a mediados de julio, el jefe de los servicios secretos norteamericanos en Alemania fue invitado por la canciller alemana a dejar el territorio. En una entrevista publicada por la revista Wired, Edward Snowden cont贸 que la NSA ten铆a entre su arsenal un arma orientada hacia los ciberconflictos. Se trata de MasterMind. Seg煤n Snowden, este dispositivo est谩 totalmente dedicado a la ciberguerra. MasterMind fue construido para analizar el tr谩fico en la red, detectar y detener los ciberataques contra Estados Unidos. Sin embargo, el ex analista de la CIA y la NSA, hoy exiliado en Rusia, revel贸 que MasterMind tambi茅n est谩 dotado de 鈥渦n aspecto ofensivo autom谩tico, sin intervenci贸n humana鈥.

Los analistas militares no siempre est谩n de acuerdo con lo que encierra el concepto de ciberguerra. Por ejemplo, Maxime Pinard, director de Ciberestrategia en el Instituto de Relaciones Internacionales y Estrat茅gicas (IRIS), anota con pertinencia que el t茅rmino de ciberguerra no est谩 sustentado por ninguna realidad concreta. Pinard resalta que 鈥渃iertamente hay ciberataques, pero no ciberguerra en el sentido de un conflicto entre, al menos, dos protagonistas identificados que causan da帽os humanos y econ贸micos el uno contra el otro鈥. El investigador franc茅s tambi茅n pone de relieve otra incoherencia en el uso excesivo del t茅rmino ciberguerra: 鈥淟os ciberataques parecen nuevos cuando en realidad s贸lo corresponden a t茅cnicas cl谩sicas de sabotaje y perturbaci贸n de las comunicaciones del enemigo鈥. En suma, un mero espionaje digital o la costosa pero simple contaminaci贸n de servidores con un virus. Esto no le quita pertinencia a otra idea muy extendida en estos tiempos de nuevas guerras: la carrera armamentista digital. Hasta ahora, sus principales actores eran Estados Unidos y China. Sin embargo, la inclusi贸n de la OTAN y su 鈥減ol铆tica de ciberdefensa reforzada鈥 agregan un protagonista suplementario y aumenta el riesgo de que, efectivamente, se plasme una ciberguerra generalizada, mucho m谩s aguda que las ciberestrategias nacionales de defensa y contraataque actualmente en curso. El contraalmirante Arnaud Coustilli猫re, responsable de la ciberdefensa en el Ministerio franc茅s de Defensa, asegura con realismo: 鈥淪i podemos neutralizar los radares con el arma inform谩tica antes que con un misil, es mucho mejor鈥. El contraalmirante franc茅s no cree que pueda darse alg煤n d铆a una suerte de Hiroshima inform谩tico: 鈥淓stamos tan globalizados que no lo creo. Sin embargo, un ataque catastr贸fico contra las infraestructuras vitales s铆 puede producirse鈥. Para Maxime Pinard, el resultado de estas nuevas pol铆ticas carece de secretos: 鈥淣os dirigimos hacia una militarizaci贸n reforzada del ciberespacio con un riesgo certero de engranaje donde los cibernautas (simple usuarios) ser谩n las principales v铆ctimas鈥.

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