Dic 22 2017
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OpiniónPolítica

Savio| Abandonando la diplomacia: el miedo como instrumento de poder

Para empezar mi agradecimiento a Hanif Hassan Ali Al Kassim y al embajador Idriss Jazairy, quienes encabezan el Centro para el Avance de los Derechos Humanos y el Diálogo Global, por organizar este panel de discusión en un momento crítico de la historia. El Centro es uno de los pocos actores que trabajan por la paz y la cooperación entre el mundo árabe y Europa. Como representante de la sociedad civil, creo que será más significativo que hable sin las limitantes de la diplomacia y que haga reflexiones francas y sin trabas.

El mal uso de la religión, del populismo y de la xenofobia es una triste realidad, que no se atiende más, sino que se observa con hipocresía y sin una denuncia directa.Resultado de imagen para xenofobia

Reci√©n ahora los brit√°nicos se dan cuenta de que votaron el brexit a partir de una campa√Īa de mentiras. Pero nadie increp√≥ p√ļblicamente a Johnson y Farage, los l√≠deres del brexit, despu√©s de que Gran Breta√Īa aceptara pagar, como uno de los muchos costos del divorcio, por lo menos 45.000 millones de euros, en vez de ahorrarse 20.000 millones, como sosten√≠an sus promotores. Y hay pocos an√°lisis sobre por qu√© el comportamiento pol√≠tico es cada vez m√°s un mero c√°lculo, sin ninguna preocupaci√≥n por la verdad ni por el bien del pa√≠s.

El presidente estadounidense Donald Trump puede ser un buen caso de estudio sobre las relaciones entre política y populismo. Hace unos días, Estados Unidos declaró que se retiraba del Pacto Mundial sobre Migración de la ONU (Organización de las Naciones Unidas). Eso no tiene nada que ver con intereses ni con la identidad de Estados Unidos, un país de inmigrantes. Sino con el hecho de que esa decisión es popular entre los sectores de la población estadounidense que votaron a Trump, como los evangélicos.

Tengo aqu√≠ el mensaje que difundieron tras la declaraci√≥n de Jerusal√©n como capital de Israel. Esto es lo que dice la Biblia. Si recreamos el mundo creado en ella, Jesus retornar√° por segunda vez a la Tierra y solo los justos ser√°n recompensados. Y por ello creen que Trump acerca al mundo al regreso de Cristo y, por lo tanto, act√ļan por el bien de sus creencias.

Los evang√©licos son cerca de 30 millones de personas y creen firmemente que cuando Jes√ļs retorne por segunda vez, solo los reconocer√° a ellos como los creyentes que est√°n en el camino correcto.

Trump no es evang√©lico ni ha demostrado inter√©s en la religi√≥n. Pero como cada una de sus acciones, es coherente con la visi√≥n de su campa√Īa de reunir a todas las personas insatisfechas que lo catapultaron a la Casa Blanca. Todo lo que hace, no es en inter√©s del mundo o de Estados Unidos, solo se concentra en mantener el apoyo de sus electores, quienes no vienen de grandes ciudades ni de la academia ni de los medios ni de Silicon Valley.

Proceden principalmente de sectores empobrecidos y desinformados, que se sienten marginados de la globalizaci√≥n. Creen que los beneficios quedaron en la √©lite, en las grandes ciudades y en unos pocos ganadores y creen que hay un complot internacional para humillar a Estados Unidos. De ah√≠ que el cambio clim√°tico sea para ellos y para Trump un cuento chino. En su primer a√Īo, Trump podr√≠a bien reunir 32 por ciento de aprobaci√≥n, la m√°s baja para un presidente de Estados Unidos. Pero 92 por ciento de sus votantes lo reelegir√≠an. Y como solo votan 50 por ciento de los estadounidenses, Trump puede ignorar con comodidad a la opini√≥n p√ļblica general. No es este el espacio para profundizar en las tendencias pol√≠ticas estadounidenses. Pero Trump es un perfecto ejemplo de por qu√© un gran n√ļmero de europeos, o incluso de pa√≠ses como Polonia, Hungr√≠a y Rep√ļblica Checa, ignoran las decisiones de la Uni√≥n Europea en materia de migraciones, y por qu√© crecen el populismo, la xenofobia y el nacionalismo en todas partes.Resultado de imagen para el miedo como instrumento de poder

El miedo se convirtió en el instrumento para llegar al poder.

Los historiadores concuerdan en que los dos motores del cambio en la historia son la codicia y el miedo.

Bueno, nos entrenaron desde el colapso del comunismo a considerar a la codicia como un valor positivo. Los mercados (no los hombres ni las ideas) se convirtieron en el nuevo paradigma. Los Estados se convirtieron en un obst√°culo para el libre mercado.

La globalizaci√≥n, sol√≠a decirse, pondr√° a todos de pie y beneficiar√° a todos. Pero los mercados sin reglas resultaron autodestructivos y no todos quedaron de pie, sino que los m√°s ricos quedaron mejor. El proceso fue tan r√°pido que, hace 10 a√Īos, las 528 personas m√°s ricas concentraban la misma riqueza que 2.300 millones de personas. Este a√Īo, se transformaron en ocho, y ese n√ļmero probablemente se achique pronto. Las estad√≠sticas son claras, y la globalizaci√≥n basada en el libre mercado pierde parte de su brillo.

Mientras, perdimos muchos códigos de comunicación. En el debate político ya no se hace referencia a la justicia social, la solidaridad, la participación, la igualdad, los valores en las constituciones modernas, sobre las cuales construimos las relaciones internacionales. Ahora, los códigos son competencia, éxito, beneficio y logros individuales.

En mis conferencias universitarias, me aterra ver una generaci√≥n materialista, a la que no le interesa votar ni cambiar el mundo. Y la distancia entre los ciudadanos y las instituciones pol√≠ticas aumenta cada d√≠a. Las √ļnicas voces que nos recuerdan la justicia y la solidaridad son las de l√≠deres religiosos como el papa Francisco, el Dalai Lama, Desmond Tutu y el gran muft√≠ Muhammad Hussein, por nombrar a los m√°s destacados. Y con los medios ahora tambi√©n basados en el mercado como √ļnico criterio, esas voces se vuelven cada vez m√°s d√©biles.

Despu√©s de una generaci√≥n de codicia, pasamos a una generaci√≥n de miedo. Hay que se√Īalar que antes de la gran crisis econ√≥mica de 2009, (provocada por la codicia: los bancos pagaron hasta ahora 280.000 millones de d√≥lares en penalizaciones y multas), los partidos xen√≥fobos y populistas siempre eran minor√≠a (con la excepci√≥n de Le Pen en Francia). La crisis cre√≥ miedo e incertidumbres y las migraciones comenzaron a aumentar, en especial tras la invasi√≥n de Iraq en 2001 y de Libia en 2013.

Estamos en el s√©ptimo a√Īo del drama sirio, que desplaz√≥ al 45 por ciento de su poblaci√≥n. Merkel paga el precio por aceptar refugiados sirios, y es interesante se√Īalar que las dos terceras partes de los votos de Alternativa para Alemania, el partido xen√≥fobo y populista, procedieron de la ex Alemania oriental, que tiene pocos refugiados, pero donde los ingresos son casi 25 por ciento inferiores. El miedo, otra vez, fue el motor del cambio de la historia de Alemania.

Europa es responsable directa de esas migraciones. El famoso caricaturista El Roto, del El Pa√≠s, hizo una caricatura de bombas volando por el aire y de barcos con inmigrantes llegando por mar. ‚ÄúLes mandamos bombas y ellos nos mandan migrantes‚ÄĚ. Pero eso no se reconoce. Los que escaparon del hambre y de la guerra ahora son considerados invasores. Los pa√≠ses que hasta hace unos a√Īos se consideraban sin√≥nimo de virtudes civiles, como los n√≥rdicos, y que gastaban una proporci√≥n considerable del presupuesto en cooperaci√≥n internacional, ahora erigen muros y alambres de p√ļa.

La codicia y el miedo fueron muy bien explotados por los nuevos partidos nacionalistas, populistas y xen√≥fobos, que ahora crecen en cada elecci√≥n, desde Austria a Holanda, de Rep√ļblica Checa a Gran Breta√Īa (donde se dio el brexit), luego Alemania y, en unos meses, Italia. Los tres Jinetes del Apocalipsis, que en los a√Īos 30 fueron la base de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945): nacionalismo, populismo y xenofobia, regresaron con un mayor apoyo popular y con dirigentes pol√≠ticos que los usan.

Resultado de imagen para marcha en varsoviaPero lo sorprendente es que ahora tenemos un nuevo elemento de divisi√≥n: la religi√≥n, ampliamente utilizada contra los inmigrantes, cuando deber√≠a unirnos. La religi√≥n siempre se us√≥ para lograr poder y legitimidad. La gente com√ļn nunca empez√≥ las guerras de religiones en Europa, sino los pr√≠ncipes y los reyes. Hace unos a√Īos, conmemoramos la expulsi√≥n de los jud√≠os, primero, y de los moros, despu√©s, de Espa√Īa, donde viv√≠an en armon√≠a y paz con los cristianos, formando una civilizaci√≥n de tres culturas. Hace unas semanas, hubo una gran marcha en Varsovia, ignorada por los medios, con 40.000 personas, muchas procedentes de distintas partes de Europa y de Estados Unidos. Marcharon en nombre de Dios, reclamando la muerte de jud√≠os y musulmanes.

Pero mientras l√≠deres religiosos protestantes, cat√≥licos, musulmanes y jud√≠os participan de un di√°logo positivo por la paz y la cooperaci√≥n, numerosos autoproclamados defensores de la fe instalan el miedo, el sufrimiento y la muerte. Y seamos claros, no hay choque de religiones. Es un choque entre quienes usan la religi√≥n para conseguir poder y legitimidad, y promueven un sue√Īo hist√≥rico irreal. Retornar a un mundo que ya no existe, en el que se reabran las minas, el pa√≠s retorne a su antigua gloria: un mundo que no sue√Īa un mundo mejor, sino un pasado mejor. √Āfrica duplicar√° su poblaci√≥n, con 80 por ciento de menores de 35 a√Īos, mientras en Europa solo ser√° el 20 por ciento. No hay esperanza de que Europa sea viable en una econom√≠a global y en un mundo competitivo sin una inmigraci√≥n sustancial. Y, sin embargo, hablar de eso en el debate pol√≠tico es ahora un beso de la muerte.

En conclusión, debo subrayar que enfrentamos una triste realidad, que ya no se puede ignorar más, aun si no es políticamente correcto. Siempre se usaron los ideales para conseguir apoyo, aun para quienes no creen en ellos.

Y los historiadores nos ense√Īan de que en los tiempos modernos, la humanidad cay√≥ en tres trampas:

En nombre de Dios, dividir y no dialogar; en nombre de la naci√≥n, a menudo reunir apoyo y llevar a los ciudadanos a la guerra; y ahora, en nombre del beneficio. Creo que es hora de realizar nuevas alianzas y de lanzar una gran campa√Īa poderosa de concienciaci√≥n sobre profetas falsos, con movilizaciones de medios, sociedad civil y pol√≠ticos leg√≠timos con el fin de educar a la ciudadan√≠a sobre que la inmigraci√≥n debe regularse, pues es una necesidad con la que Europa debe vivir.

Debemos crear pol√≠ticas, y aun despu√©s de que Trump se vaya del Pacto Global, como dej√≥ el Acuerdo de Par√≠s sobre cambio clim√°tico, seguir√° siendo una voz aislada, mientras los ciudadanos luchar√°n por un mundo mejor, sin miedos, basados en valores comunes. Debemos emprender acciones impopulares, pero vitales, para la educaci√≥n y la participaci√≥n. Ser√°n impopulares y dif√≠ciles, lo sabemos. Pero si no tomamos ese camino, los seres humanos, los √ļnicos ‚Äúanimales‚ÄĚ que no aprenden de sus errores, volver√°n a pasar por la sangre, el sufrimiento y la destrucci√≥n.

*Esta columna de Roberto Savio -periodista argentino-italiano, fundador de IPS y de Other News, es una adaptaci√≥n de su presentaci√≥n en el panel sobre migraciones y solidaridad humana, ‚Äúun desaf√≠o y una oportunidad para Europa, Medio Oriente y √Āfrica del Norte‚ÄĚ, realizado el 14 de diciembre en el Centro de Ginebra para el Avance de los Derechos Humanos y el Di√°logo Global.

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