Dic 11 2022
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EconomíaPolítica

 Se aceleran los tiempos en Argentina: un peligroso cruce de caminos

Gran parte de los argentinos están conmovidos por el ritual de esta religión contemporánea que es el fútbol. Estos ceremoniales llegan a tal punto que no faltan sectores minoritarios que consideren que hay argentinos que tienen a la pelota por cabeza.

Sin embargo, es imposible no tener presente el fenómeno emocional que ese deporte conlleva. Tal situación, junto a las infinitas capacidades de comunicación masiva que nos han invadido, otorga al mismo una vigencia con la que ningún otro hecho humano -ni siquiera la guerra- pueden competir.

En medio de este gigantesco fenómeno, que suele ser considerado como un hecho básicamente distractivo, hay cruces de situaciones que conmueven a la sociedad. Éstos, como caminos que se cruzan, dan la impresión que estamos atravesando dos situaciones: la lucha social y las divergencias e incapacidades en el sistema de poder, que avanzan hacia un punto de choque cuyo destino final es absolutamente impredecible.

En este diciembre, aunque absorbido por el fútbol, está detonando una larga construcción que tiene dos componentes centrales. Uno de ellos son las repercusiones de la crisis en el sistema de los que mandan. Con la condena a la dos veces presidenta y ahora vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, luego de un trámite largamente preparado, en el “Juicio de Vialidad” y su otra cara, la conspiración patagónica de los poderosos.

En otro extremo, la pobreza de un pueblo, cargado de bronca y dolor en un país sin rumbo, transitando un modelo inviable impuesto por el Fondo Monetario Internacional. Éste, en su versión actual, tiene como protagonista principal a un gobierno peronista elegido por la misma Cristina. La misma que ahora tiene que asumir una “política de ajuste” tantas veces fracasada, aplicada por ese gobierno.

La crisis del modelo inviable

La dirigencia argentina, guiada por intereses de clase, modelos y valores inadecuados, ya sea por incapacidad, falta de audacia o audacia mal aplicada, es la gran responsable de haber transformado las riquezas de nuestro país en esta decadencia sin fondo que estamos atravesando.

En la última semana se han conocido los últimos datos de la realidad socioeconómica. Ellos forman parte de los habituales Informes del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) que, aunque tengan algunas diferencias con los producidos por el oficialista INDEC, coinciden en las tendencias generales señaladas por ese organismo estatal.

Unos pocos datos certifican que la situación social sigue en retroceso, a pesar del crecimiento de las políticas sociales y en períodos donde hubo un cierto auge económico. Ello evidencia una tendencia a la concentración económica que ha transformado a estas políticas en auténticas fábricas de pobres, más allá de lo que digan o piensen sus dirigentes.

Los datos centrales reflejan la situación al final de tercer trimestre (septiembre) del año en curso. La pobreza alcanza el 43,1%, frente al 42,4% del año pasado. En cambio, la indigencia se redujo del 9% al 8,1%. Esa disminución de la indigencia es atribuida al crecimiento de los planes sociales, los que -en una reiterada repetición- demuestran no estar avanzando en la dirección correcta, de transformarse en trabajo digno.

En el Informe mencionado se destaca que, de este modo, “estamos ante la tercera generación de pobres en el país”. Los efectos prácticos de esta afirmación son obvios y ellos plantean el núcleo central del drama argentino, con sus riquezas saqueadas y mal distribuidas. Para el organismo oficial, el INDEC, para fines del primer semestre del año (junio), la pobreza se ubicaba en el 36,5% y la indigencia en el 8,8%.

Volviendo al Informe del Observatorio Social de la UCA, el 61,6 % de los niños viven en situación de pobreza. Comparado con otros momentos, el informe recuerda la evolución de la pobreza en la Argentina: en 1974 era del 6%; en 1980 era del 20%, su crecimiento ha sido y es exponencial, y todo ello a pesar del aumento de los planes sociales.

Desde el 2010 esa ayuda a los hogares se duplicó, pasó del 24,4% de los hogares en 2010 al 40,4% de los mismos en la actualidad. El informe remata con la información que, sin los planes sociales, la pobreza hoy superaría el 50% y la indigencia estaría rondando el 20%. Pareciera que la novedad no es lo mal que estamos, sino la perspectiva que -por este camino- estaremos peor.

Así estamos, con una gran parte del pueblo sumergida en la pobreza e indigencia y una dirigencia sometida a los dictados del Fondo Monetario Internacional (FMI) y al servicio del incremento de estas hirientes desigualdades.

Patear pa’lante

Desde esta realidad el gobierno se asoma al futuro. Tiene un par de principios sobre los cuales imagina construir lo que viene. Uno de ellos es la “guerra a la inflación” y el otro “patear para adelante” los problemas centrales.

En el mencionado combate a la inflación no ofrece alternativas al hecho que la inflación anual, de este 2022, llegue al simbólico 100%. El gobierno espera que, durante enero y febrero se inicie una ostensible declinación hasta llegar en el período previo a las elecciones con una inflación mensual que oscile entre el 3 y 4%.

La reciente información en el sentido que los alquileres subirían alrededor de un 80% en enero, es un indicador de las dificultades que debería sortear. Con sus ideas sobre “precios justos”, complejos sistemas de control y acuerdos sectoriales, confía alcanzar esos objetivos. Para avanzar en esa dirección, sabe que un precio a pagar -dentro de este modelo- es un cierto estancamiento del crecimiento económico.

Las serias restricciones externas (falta de divisas), es uno de los límites objetivos para tratar de llegar al proceso electoral en mejores condiciones. Para hacerlo posible su política mayor es “patear para adelante” los problemas. Para ello utiliza ingresos en divisas del año que viene, como sucede con el “Dólar soja 2”; pretende financiar el déficit fiscal con deuda externa; necesita tapar otros agujeros fiscales cubriendo, con pesos, más deudas internas.

Todo ello deriva, dentro del actual sistema, en más inflación a menos que profundice, aún más duramente, el ajuste que sigue negando. Pero como suele ocurrir el futuro siempre llega. Desde el gobierno ruegan que -al menos por esta vez- ese futuro demore un poco más.

 *Analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

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