Abr 8 2007
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Cultura

Se requiere transparencia. – CHILE: EL ASUNTO DE LA TELEVISIÓN DIGITAL

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La televisión analógica abierta permite transmitir y recibir sólo seis emisiones en VHF en un mismo lugar geográfico. Producir televisión con las antiguas tecnologías es además muy caro. Se consolidó consecuentemente, durante setenta años, un modelo que otorgaba a muy pocos actores el derecho a la emisión televisiva. Sin embargo, nadie discute hoy que la comunicación es un derecho humano básico y que comunicación implica interlocución, no emisión unidireccional de contenidos.

El profesor Manuel Calvelo definió, hace ya veinte años, a la televisión actual como el gran sordo que le habla a millones de mudos. Afortunadamente el escenario tecnológico que impulsó el actual modelo televisivo ha experimentado una profunda transformación y hoy nos ofrece una oportunidad histórica de corregir sus deficiencias.

La revolución digital, las competencias informáticas de los usuarios, el avance de las tecnologías de telecomunicación, la televisión vía servidores, el bajísimo costo comparativo de equipos de producción audiovisual, entre otros muchos factores, posibilitan una profunda democratización de la emisión televisiva y hacen posible avanzar, como nunca antes, en una mayor participación e inclusión. La Televisión Digital (TVDT) modifica casi todos los parámetros originales –caben entre 30 y 100 canales, que pueden ser interactivos, en el espacio radioeléctrico–.

En estos días está emergiendo una fuerte confrontación, hasta ahora subterránea, respecto a la norma que se elegirá para la futura televisión digital. La guerra tiene dos protagonistas aparentes: el estándar estadounidense (ATSC) y el europeo (DVB-T) –el japonés (ISDB) quedaría afuera por ser similar al europeo pero más caro–.

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Las argumentaciones son preferentemente técnicas aunque raramente la tecnología es socialmente inocente.

El estándar estadounidense privilegia la alta definición por sobre la oferta de canales –una señal de alta definición ocupa el espacio de cuatro convencionales– y no es compatible con recepción movil de señales. Es un estándar desarrollado en el mercado norteamericano, un contexto televisivo dominado por poderosos emisores privados. La ANATEL, que agrupa a los actuales grandes emisores, lo defiende en Chile.

El estándar europeo privilegia la interactividad, una mayor presencia de canales –aunque es compatible con la alta definición– y es convergente con otras ventanas tecnológicas. Fue desarrollado en un contexto donde predomina la televisión pública, en una Europa multicultural que debe atender a la expresión diversa de sus componentes.

Después de una investigación y de audiencias sectoriales, conducidas por la Subsecretaría de Telecomunicaciones, es el estándar preferido por la Plataforma Audiovisual vinculada al Consejo Nacional del Audiovisual, por entidades académicas como el ICEI de la U. de Chile y organizaciones regionales como ARETEL.

En este conflicto de intereses fue al menos inoportuno que el ministro Cortázar apareciera propiciando una reunión de ANATEL –la cual integró y presidió– con la presidenta, sin invitar a los otros actores en pugna. La resolución de la norma técnica tendrá inevitablemente fuerte implicancias sociales. No sólo deberá sopesar consideraciones tecnológicas como robustez, flexibilidad y bajo costo sino también, y prioritariamente, el derecho a expresión de numerosos sectores sociales hasta ahora excluidos de la representación televisiva.

La elección gravitará largamente sobre el futuro y será vinculante a una comunidad nacional que avanzará –o no– hacia una mayor inclusión y participación.

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* Director de la carrera de Cine y Televisión del Instituto de la Comunicación e Imagen (ICEI) de la Universidad de Chile, en cuyo portal fue publicado (www.icei.uchile.cl.

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