Jun 18 2021
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Cultura

Silvia Mazar: Proust es como entrar en una habitaci贸n, cerrar la puerta y quedar a solas con 茅l

Susana Th茅non y yo tuvimos gran afinidad por el humor: disparatado, par贸dico y burl贸n鈥, manifiesta en esta entrevista la poeta Silvia Mazar, quien tambi茅n, contundentemente, declara: 鈥淥scar Tacca me alent贸 a publicar mi nouvelle, pero no, como dir铆a Idea Vilari帽o: YA NO鈥.

聽鈥 Naciste en un barrio ubicado m谩s o menos en el centro geogr谩fico de nuestra ciudad.

Tal cual. En Caballito. Resid铆amos en una bell铆sima casa que hab铆a construido mi padre, arquitecto, en un refinado estilo art d茅co. En su enorme jard铆n yo desplegaba toda mi imaginaci贸n de ni帽a solitaria. All铆 observaba, adem谩s de las plantas, a las hormigas, el accionar de los insectos, y los relacionaba con la conducta de los adultos y las similitudes en algunas de sus reacciones. Me encantaba leer los cuentos cl谩sicos y mirar mil veces los libros de pintura de pap谩: conoc铆a detalle por detalle cada cuadro de Goya. A mis nueve a帽os, vendida esa casa, nos mudamos a un departamento en el barrio Recoleta.

All铆 mi trascurrir se torn贸 a煤n m谩s solitario, extra帽aba el jard铆n. Aunque era un piso enorme no ten铆a recovecos donde esconderme. Me marc贸 profundamente ser hija de un matrimonio mixto: mam谩 era cat贸lica y pap谩, jud铆o. Yo era la 煤nica nena del grado que no iba a misa y no hab铆a tomado la comuni贸n: comportamiento inusual, residiendo en un barrio de clase alta y en los a帽os 鈥40.Antes de terminar la escuela primaria empec茅 a escribir: poemas y peque帽as historias que guardaba en libretas y anotadores.

Despu茅s lleg贸 el secundario, en el Liceo de Se帽oritas N潞 1. All铆 aterric茅 sin conocer a nadie y bastante perdida. Algo habr谩n visto en m铆 desde el primer d铆a un grupo de tres chicas, compa帽eras de la primaria: me sentaron con ellas y me adoptaron. Una era 鈥攜 lleg贸 a ser, notable poeta鈥 Susana Th茅non. Siempre juntas las cuatro, divirti茅ndonos en nuestras diferencias y estudiando poco. En el Liceo hab铆a muchas chicas jud铆as, se separaban las materias Moral y Religi贸n.

La madre de Susana era jud铆a y su padre, cat贸lico. Tuvimos gran afinidad, porque escrib铆amos poes铆a y, sobre todo, por el humor: disparatado, par贸dico y burl贸n con el que satiriz谩bamos el universo escolar; ella poniendo el cuerpo y todo su histrionismo; yo, en cambio, discreta y de bajo perfil. Y as铆 seguimos hasta que falleci贸, recordar谩s, en 1991.

鈥 Discreta y de bajo perfil, aunque escribiendo.

De un modo m谩s dram谩tico, m谩s comprometido. Y al tiempo que lleg贸 mi primer novio, que luego ser铆a el primer marido. Tuve una actuaci贸n muy breve en mi profesi贸n: abandon茅 a los veintitr茅s a帽os para dedicarme a mi primer beb茅. Profesi贸n la m铆a que, aunque no me diera cuenta, tambi茅n estaba ligada a la palabra. Tuve dos hijos m谩s, el primer divorcio, un segundo marido, la muerte de mis padres y la literatura siempre, cobij谩ndome, ampar谩ndome, dando a mi existencia el sentido po茅tico del que carec铆a. En marzo de 1982 empez贸 todo: en serio, de verdad. Me inscribo en mi primer taller literario con Jorge Hacker, director de teatro y traductor. 脡l supo revelarme.

Hacia fin de a帽o organic茅 una publicaci贸n con los textos producidos por el grupo. Hacker confi贸 tanto en m铆 que me propuso participar en una muestra suya encarnando a Yerma en una escena del drama hom贸nimo de Federico Garc铆a Lorca. Con esta representaci贸n mi entusiasmo creci贸 al punto de inscribirme en 1983 en la escuela del uruguayo Villanueva Cosse, pero鈥 no era lo m铆o: fracaso total. No obstante, el profesor que tuve, N茅stor Romero (s铆, qui茅n dirigiera la pieza teatral de Harold Pinter en la que vos debutaste como actor), advirti贸 que yo ten铆a aptitudes para armar los textos de las improvisaciones y ah铆 me fui afirmando.

Lleg贸 la democracia, y esas enormes puertas que se abrieron para el pa铆s tambi茅n se abrieron para m铆. El Centro Cultural General San Mart铆n promovi贸 cursos y talleres por doquier y mi vida dio una vuelta de 180 grados. Acced铆 a la felicidad. Curs茅 con Silvia Plager, Rodolfo Alonso, Orfilia Polemann, Nicol谩s Bratosevich, Elsa Osorio, Ignacio Xurxo, Jorge Santiago Perednik y Roberto Cignoni. Con estos dos 煤ltimos poetas y ensayistas pas茅 luego al Centro Cultural Ricardo Rojas, donde perdur茅 en poes铆a escrita y vivida por m谩s de una d茅cada.

Son m谩s de treinta a帽os de integrar grupos de estudio, de creaci贸n, de aprendizaje; si tuviera que elegir uno en el que me haya sentido m谩s feliz, ser铆a sin dudarlo el de Roberto Cignoni; he conocido pocas personas con la calidad humana que 茅l irradia, y como poeta y maestro acompa帽a suavemente a los que se acercan a 茅l. Lo conoc铆 en el CCGSM haciendo una suplencia en el taller de Perednik.

Durante los meses que dur贸 la suplencia consolidamos una amistad honda y divertida, la que prolong谩bamos en caf茅s y pizzer铆as. Fue tan firme el lazo que establecimos, que, junto a otros compa帽eros, al regresar Perednik, continuamos con Roberto el taller en mi casa.Cuando con Norma Fumero, Gladis M谩rquez y Norma Soccol formamos el grupo 鈥淩ojas de Verg眉enza鈥, nos apoy贸, estuvo cerca con su proverbial ternura y buen humor. Hicimos una performance, dirigida por 茅l, en el Centro Cultural Ricardo Rojas, que consist铆a en responder con un poema improvisado a las preguntas que nos iban formulando las personas del p煤blico a cada una de nosotras.

Fue algo inolvidable; el mejor recuerdo que atesoro de la gran cantidad de presentaciones en las que intervine. Creo tambi茅n que la apertura que obtuve en mi poes铆a, la libertad y el desapego a toda forma preestablecida que adquir铆, se lo debo a esa etapa de mi vida y a la profunda reflexi贸n. Mucho de ese esp铆ritu tuve la suerte de poder aplicarlo en los diecis茅is a帽os que llevo coordinando 鈥淕ente de Lunes鈥, a partir de que el director de la Casa de la Poes铆a, Daniel Garc铆a Helder, me lo propusiera. Se trata de un grupo abierto que pierde unos integrantes y se enriquece con otros en forma constante.

鈥 Ten茅s una an茅cdota que has contado infinidad de veces.

De los noventa. Modific贸 la forma de plantarme en el mundo. En una excursi贸n a la ciudad de La Plata, veo en el 贸mnibus al narrador y periodista Ignacio Xurxo. Cuando llegamos, me acerco a saludarlo y 茅l confiesa: 鈥淣o s茅 qui茅n sos鈥, pero cuando le digo c贸mo me llamo peg贸 un grito de alegr铆a y emoci贸n. Pocas personas entendieron el significado de esa respuesta, de esa reacci贸n: no recordaba mi rostro: recordaba mi obra. Luego fuimos a almorzar y hablaba de m铆 con los compa帽eros de excursi贸n como si fu茅ramos colegas. No volv铆 a verlo y 茅l nunca supo que esa actitud suya me dio el espaldarazo que yo no encontraba.

鈥 Xurxo muri贸 a fines de 2010, a los ochenta a帽os.

Y no es el 煤nico de mis maestros que ha fallecido. Tambi茅n he tenido grandes p茅rdidas de seres queridos en mi familia, grandes ganancias de amigos, alumnos, compa帽eros de la vida y dos nietos: un muchacho de catorce a帽os con el que comparto cuentos de Osvaldo Soriano, adem谩s de haikus y alg煤n juego en Red. Y una hermosa chilena de veintis茅is que reside en Isla de Pascua, es Licenciada en Educaci贸n F铆sica y campeona de f煤tbol femenino, a la que un d铆a le expres茅: 鈥淣o s贸lo sos mi nieta amada: sos la mujer que m谩s admiro, por tu libertad. Sos la mujer que yo hubiera querido ser.鈥

鈥 Susana Th茅non. Te has mantenido en contacto con ella durante cuatro d茅cadas.

Como yo me cas茅 muy joven pasamos a vernos poco: de vez en cuando en casa de alguna amiga, alejadas ambas de aquella complicidad inicial. Fue reci茅n en 1979, con motivo de celebrar los veinticinco a帽os de egresadas, que organic茅 un encuentro con las compa帽eras; la llam茅 por tel茅fono a su casa de siempre y hablamos por m谩s de una hora como si nos hubi茅ramos visto el d铆a anterior. Desde ese momento no nos separamos m谩s. Se hizo amiga de mi segundo marido, trat贸 a mis hijos, ya adolescentes, y le铆amos juntas, con frecuencia, nuestros poemas. No s贸lo he admirado su obra po茅tica, de una fuerza, una profundidad y una osad铆a 煤nicas: tambi茅n su obra fotogr谩fica, en la que se alternaban el humor desopilante con la sutil delicadeza de las im谩genes.

聽鈥 Llama la atenci贸n que tus dos poemarios hayan aparecido hace m谩s de veinticinco a帽os.聽

鈥淎muletos鈥 es fruto del entusiasmo; Daniel Rub茅n Mourelle hab铆a publicado poemas m铆os en su revista 鈥淐lepsidra鈥. Ya llevaba tantos a帽os escribiendo, contaba con la aprobaci贸n de los amigos y pens茅 que era el momento. El libro, quiz谩, es algo ca贸tico; yo no sab铆a muy bien que era preciso sostener una coherencia tem谩tica; eso me lo hizo notar Jorge Santiago Perednik en una charla que mantuvimos despu茅s de publicado. Aduje que no se lo hab铆a dado a leer para no ponerlo en el compromiso de no cobrarme, a lo que me respondi贸 que 茅l me hubiera cobrado sin problemas y el poemario habr铆a quedado mejor.

鈥淥tras son de arena鈥 se lo pas茅 antes de entregarlo a la imprenta de la Universidad de Buenos Aires: lo ley贸, 鈥渟in cargo鈥, lo aprob贸 y as铆 fue editado. 驴Si hay diferencias notables entre ambos?: no lo s茅, no lo advierto. Lo que s铆 s茅 es que publicar no es mi anhelo. Tengo un libro listo, corregido, numerado, muy querido: son cincuenta poemas y su t铆tulo es鈥淗ilos de entonces鈥. No lo publicar茅, me da infinidad de alegr铆as cada vez que los leo en encuentros, en ciclos a los que me invitan, en programas de radio. Eso es m谩s que suficiente.

鈥 A seis lustros de aquel primer premio que te concediera la prestigiosa revista que dirigiera Mempo Giardinelli, podr铆as evocar algo del concurso de 鈥淧uro Cuento鈥.

Cuando realizaba talleres literarios en el CCGSM me enter茅 de que se abr铆a un concurso en esa revista. Yo era muy amiga de dos compa帽eros del taller de Silvia Plager: Alejandro Manrique (alias Paco) y Jos茅 Losada: 茅ramos inseparables. Una tarde, en un caf茅 de la avenida 9 de Julio, tras haber estado observando las grandes tiendas de los alrededores, Jos茅 me desafi贸 a que escribiera un cuento que se titulara 鈥淟as tiendas鈥. Cuando llegu茅 a casa lo escrib铆 de una sentada.

A los pocos d铆as lo mand茅 al concurso. Eso fue en el mes de diciembre; a fines de enero me lleg贸 una carta de la redacci贸n, comunic谩ndome que hab铆a obtenido el primer premio, me felicitaban, me llenaban de elogios y me dec铆an que hab铆a ganado $ 25. El cuento se publicar铆a en el n煤mero de marzo. Yo, como siempre, exageradamente discreta, llam茅 a la redacci贸n el 1潞 de marzo; la persona que atendi贸 el tel茅fono peg贸 un grito: 鈥溌empo, por fin apareci贸 la mujer que gan贸 el premio!鈥: cre铆an que yo no exist铆a…

Fue muy emocionante; con los $25 me compr茅 un chal para envolverme en mi gloria y todav铆a lo uso. Adem谩s de publicar mi texto en la revista, lo leyeron por radio en el programa del poeta Horacio Salas, y unos chicos guitarristas le pusieron m煤sica y lo interpretaron en el m铆tico bar Oliverio.

鈥 Sigamos con tu narrativa.

Tengo cerca de setenta cuentos in茅ditos que me gustan y que me dio placer escribir, y una nouvelle, 鈥淟a mitad de arriba鈥, cuya protagonista se llama Mechita Cohen y es mi alter ego, aunque absolutamente ficcionado. La ley贸 una sola persona: Oscar Tacca; 茅l me alent贸 a publicarlo, pero no, como dir铆a Idea Vilari帽o: YA NO.

鈥 Con el escritor Oscar Tacca, creo, estuviste casada.

No en la forma tradicional. En la primavera de 2001 me inscrib铆 en un taller de expresi贸n corporal. En una oportunidad, a mi lado se sent贸 un se帽or de voz pausada y ojos grises; nos toc贸 efectuar juntos todos los ejercicios. A la salida revel贸 que no ten铆a ninguna intenci贸n de hacer esa actividad, pero como en un folleto de propaganda invitaban a 鈥渃oncurrir con ropa c贸moda鈥 para una clase sin cargo, entr贸 sin inscribirse. Era Oscar Tacca. A partir de entonces fuimos, por muchos a帽os, una feliz pareja de personas mayores.

Ambos ven铆amos de dos matrimonios anteriores, nunca se nos ocurri贸 casarnos, pero compart铆amos la mitad de los d铆as de la semana en su casa. A Oscar le hab铆an concedido el Premio Nacional de Ensayo por su obra 鈥淟as voces de la novela鈥, fue profesor de Teor铆a Literaria y luego decano de la Universidad Nacional del Nordeste, y miembro de n煤mero de la Academia Argentina de Letras. Su prosa es notable. En 2008 ley贸 una cantidad de relatos m铆os y juntos seleccionamos veintitr茅s, los que conforman 鈥淐uentos del loco amor鈥, para publicarlos a pedido suyo; acept茅 con la condici贸n de que 茅l socializara una a帽osa novela in茅dita que yo hab铆a disfrutado: as铆 se hizo. Con el t铆tulo de 鈥淐r贸nica de Santibana鈥 fue impresa, luciendo en su primera p谩gina la conmovedora dedicatoria de A Silvia.

鈥 驴C贸mo encar谩s la correcci贸n de textos?

En narrativa procuro que el texto tenga fluidez, que vaya desliz谩ndose junto a lo que cuenta con suavidad y con firmeza; privilegio el 鈥渃贸mo鈥 se dice por sobre el 鈥渜u茅鈥 se dice. En poes铆a es diferente porque el poema surge de un lugar del cuerpo que desconocemos, entonces lo dejo que viva por s铆 mismo; all铆 la correcci贸n es meramente est茅tica, que no sobre ni falte nada y que la disposici贸n de los versos tambi茅n hable. Cuando corrijo a mis alumnos es complicado, pues hay que llevarlos de la mano por un camino que s贸lo ellos conocen, hacerles ver con objetividad lo que es perfectible, pero sin alterar la propia voz.

鈥 驴Qu茅 es lo que m谩s apreci谩s en un narrador y qu茅 en un poeta?

En un narrador, el buen momento que me hace pasar por medio de una trama inquietante o de un humor sutil. En un poeta, en cambio, la emoci贸n, la sinceridad, el despojamiento y el que no trate de seducirme con malas artes.

聽鈥 驴Has escrito poemas o cuentos inspirados en an茅cdotas que otros te contaran?

No, nunca, con mi imaginaci贸n y todo lo visto y vivido me alcanza. Considero que los relatos no surgen de una an茅cdota, sino de la piel estremecida en un momento que, en mi caso, es mucho m谩s rico imaginarla.

聽鈥 Cito a Arnaldo Calveyra: 鈥淐osas que me pasaron durante la infancia me est谩n sucediendo reci茅n ahora.鈥 驴Dir铆as que te han pasado durante la infancia cosas que te est茅n sucediendo reci茅n ahora?…

Lo que yo dir铆a sin dudarlo es que me suceden ahora las cosas que hubiera querido que me sucedieran en la infancia, como ser: jugar con otros, tener amigos afines, compartir momentos de risa, de canto, de no temer, de gozar con frescura de ciertas instancias.

En 1952

聽鈥 Animales legendarios: 驴centauro, minotauro, unicornio, ave F茅nix o esfinge?

El ave F茅nix, siempre; incluso es el mote que me han puesto varias personas que conocen mi vida. Me niego al golpe bajo, pero s茅 de qu茅 estoy hablando: por eso el ave que, calcinada, vuelve a renacer con un plumaje nuevo.

聽鈥 El escritor argentino H茅ctor Germ谩n Oesterheld, a sus microficciones las denominaba simplemente 鈥渟upercortos鈥. A las tuyas, Silvia, 驴c贸mo las denomin谩s? 驴Qu茅 microficcionista est谩 en lo m谩s alto de tu podio?

Se las llama microficciones, mini relatos, no s茅, para m铆 es el formato casi ideal y lo practico desde mucho antes de que se pusiera 鈥渄e moda鈥, por intuici贸n o porque soy de aliento corto. Shakespeare dice: 鈥淟a brevedad es el alma del ingenio鈥. Bueno, vuelvo, yo los llamo textos breves, porque no siempre relatan algo y tambi茅n pueden ficcionar una realidad. El texto breve tiene el encanto de la pincelada. Hace varios a帽os se me ocurri贸 reunir una serie de textos brev铆simos bajo el t铆tulo de 鈥淓scritos para ojo izquierdo鈥; se la mostr茅 a Perednik y le gust贸 mucho, incluso me inst贸 a que la publicara. Ah铆 est谩, en una de las decenas de carpetas que guardo. Comparto con vos y los lectores el m谩s breve de todos, con hechura de di谩logo teatral:

Ni帽o: 鈥 驴A qu茅 jugamos?

Con Oscar Tacca

Ni帽a: 鈥旳 nada,

Ni帽o: 鈥旹ntonces preparo todo.

Son tantos los autores que, en alg煤n momento, han incursionado en el g茅nero. Mi podio estar铆a encabezado por el guatemalteco Augusto Monterroso.

鈥 驴Has fantaseado alguna vez con la organizaci贸n de un caf茅 literario? 驴Qu茅 aspectos mejorar铆as?

No, no me interes贸 nunca. Incluso en dos oportunidades me ofrecieron coordinar en conjunto. A los caf茅s literarios que he asistido y a los que sigo asistiendo, muy pocos hoy, les mejorar铆a el tema del micr贸fono abierto; hay poco rigor en la extensi贸n de lo que se lee y eso los torna aburridos. Los encuentros con s贸lo escritores invitados son m谩s llevaderos, cuidando el nivel de los convocados. Agregar m煤sica siempre es atractivo y matiza.

聽鈥 驴Temas musicales maravillosos y temas musicales que detest谩s? 驴Libros que valor谩s pero que no te hayan entusiasmado?

La m煤sica es para m铆 insoslayable. El Concierto n掳 1 para piano y orquesta de Tchaikovski lo escucho con la misma emoci贸n desde

1955: con Susana Theron

los seis a帽os. Luego, mis preferencias van por Joan Manuel Serrat, el gran Astor Piazzola, Chico Buarque, Ney Matogrosso, las sonatas de Beethoven, m谩s de un bolero, Frank Sinatra, la Sinfon铆a inconclusa de Franz Schubert, el Chango Spasiuk, Charles Aznavour, los Beatles鈥

No llego a detestar ninguna m煤sica; lo que no me gusta es el rock pesado 鈥攃reo que se llama heavy metal鈥, esa m煤sica no. Lo de los libros es dif铆cil, porque cuando alguno no me atrapa lo dejo y no me da tiempo a efectuar una valoraci贸n; casi siempre se trata de una novela. Lo que s铆 admito es que Jorge Luis Borges (qui茅n se atrever铆a a discutirlo) en varios de sus cuentos no logra engancharme.

鈥 驴Cu谩les son tus g茅neros y autores favoritos?

Mis g茅neros favoritos siempre han sido el cuento y la poes铆a. Aunque con lo que voy a decir pareciera contradecirme: le铆 los siete tomos de 鈥淓n busca del tiempo perdido鈥 y desde hace ocho a帽os integro un grupo de lectura 鈥攔euni茅ndonos una vez por mes鈥 de Marcel Proust. Pero Proust no es clasificable: es el ser humano, es la vida, es todo. Uno puede releerlo y siempre le estar谩 diciendo algo nuevo; me produce una sensaci贸n que va m谩s all谩 de la literatura. Proust para m铆 es como entrar en una habitaci贸n, cerrar la puerta y quedar a solas con 茅l.

Siguiendo con los autores, yo soy muy de releer, me enamoro de ellos y los sigo a trav茅s de los a帽os. Mis preferidos son el uruguayo Felisberto Hern谩ndez, Julio Cort谩zar, Clarice Lispector, el gran John Cheever, al que vuelvo y vuelvo, lo mismo que a 鈥淒ublineses鈥 de James Joyce. Con los poetas me pasa lo mismo: Federico Garc铆a Lorca es el m谩s grande; Ra煤l Gonz谩lez Tu帽贸n, Juan Gelman, Olga Orozco, E.E. Cummings, Marosa di Giorgio, s贸lo por citar los m谩s entra帽ables.

聽鈥 驴Qu茅 es lo que principalmente te escandaliza? 驴Sobre cu谩l 鈥減ersonaje inolvidable鈥 escribir铆as?

Me escandaliza el mal gusto. La falta de discreci贸n. El creerse superior. El no respetar las propias limitaciones. Esto me hace sonrojar verdaderamente.

Nunca se me hubiera ocurrido escribir sobre un personaje que admire. Para eso se necesita una capacidad que yo no tengo. Mi personaje 鈥渋nolvidable鈥 es Sor Juana In茅s de la Cruz. S茅 de ella, por ejemplo, a trav茅s de la pel铆cula 鈥淵o, la peor de todas鈥, dirigida por Maria Luisa Bemberg, basada en el ensayo 鈥淪or Juana o las trampas de la fe鈥, de Octavio Paz; me conmueve, sobre todo, por su libertad, conseguida aun a costa de su paradojal p茅rdida, y por c贸mo defendi贸 su amor por la belleza del saber. Si se me ocurriera escribir sobre ella, cosa m谩s que dudosa, elegir铆a narrar un d铆a entero de su vida desde los ojos de 驴quiz谩? la persona que limpia su habitaci贸n.

Silvia Mazar selecciona poemas de su autor铆a para acompa帽ar esta entrevista:

Los ojos (glaucos dir铆a mi madre)

ser谩n heredados de abuelos y los pasaremos

como bolitas a otros hijos de hijos que

encontrar谩n este poema en este cuaderno

un d铆a

Estaremos ah铆, en cajones de c贸modas, en

cajones de cedro bajo la tierra h煤meda

Habremos dejado un dibujo junto al anotador

del tel茅fono que nos diera alguna noticia

habr谩 rombos cruzados con trapecios (porque

nos gustaba la geometr铆a, pero s贸lo en estos casos)

Nuestro aire suspirado ser谩 el aire de los otros

el quejido suave del suspiro

nos lo habremos llevado

*

Jaula oscura de palabras

pieza de un ajedrez jugado con el diablo

sentada de este lado de la mesa

pienso

c贸mo mover la reina, el pe贸n, el caballo

para no perder una vez m谩s la partida

 

Quisiera irme m谩s lejos de lo lejos

quiz谩 eso sea morirse

no hay lejos intermedio

la vida atenaza con sus horas

sin rampa de emergencia

 

Bob Dylan me susurr贸 al o铆do

no te afanes

hasta los p谩jaros est谩n encadenados al cielo

*

El cielo es de cerezas

en el aire se ti帽eron todas

de su jugo de vida

cayeron del 谩rbol hasta nosotros

y es de cerezas

el cuerpo tibio de la melancol铆a

Juntadas en las manos

como un cuenco

rojas de labios

atardecer derramado en los sentidos

Ramas cuajadas y las risas abajo

ca铆an, se pisaban, se perd铆an

Hoy vuelven a m铆

y casi nada importa

s贸lo es un cielo todo lo vivido

un cielo de cerezas

en medio de la vida

*

Olas verdes como una leche ingenua

colmando la memoria

que se fija en los muslos salpicados

y se entretiene en el irse y volver

por los arpegios de todo lo perdido

 

Olas tiernas de caracoles

infladas en su fuerza descarnada

se arrojan y nos llevan

para despu茅s abandonarnos

 

La orilla ha quedado sin tiempo

el sol acompa帽a la m煤sica celeste

 

Somos un ni帽o en presencia de la furia

Ficha

Silvia Mazar naci贸 el 2 de abril de 1937 en Buenos Aires, ciudad en la que reside, la Argentina. En 1957 se recibi贸 de T茅cnica en Fonoaudiolog铆a por la Universidad de Buenos Aires. Colabor贸, entre otros medios gr谩ficos, con el diario 鈥淟a Capital鈥 de Rosario, Santa Fe, en su pa铆s, y en las revistas 鈥淟a Espada Rota鈥 de Venezuela y 鈥淣orte鈥 de M茅xico. A partir de 1982 ha sido incluida en antolog铆as de poes铆a y de narrativa: 鈥淗ojas nuevas鈥, 鈥淐uentos encogidos鈥 (I y II), 鈥淎ntolog铆a del taller literario de la Casa de la Poes铆a鈥 (I y II), 鈥淩ojas de verg眉enza鈥, 鈥淎ntolog铆a del empedrado鈥 (I y II), 鈥淟a poes铆a entra en casa鈥, 鈥淓l amor en todas sus formas鈥, etc. En 1987 obtuvo el Primer Premio del Concurso de Microrrelatos organizado por la revista 鈥淧uro Cuento鈥. Adem谩s de una decena de plaquetas public贸 los poemarios 鈥淎muletos鈥 (Ediciones Filofals铆a, 1989), 鈥淥tras son de arena鈥 (Libretas del Rojas, 1990) y el volumen de narrativa 鈥淐uentos del loco amor鈥 (2008).

*Entrevista realizada a trav茅s del correo electr贸nico: en la Ciudad Aut贸noma de Buenos Aires, Silvia Mazar y Rolando Revagliatti.

 

 

 

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