Jun 12 2007
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Opini贸n

SUMAS Y RESTAS EN LA COMUNIDAD ANDINA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El Pacto Andino, fundado en los a帽os 70, inclu铆a a Venezuela, Colombia, Ecuador, Per煤, Bolivia y Chile; este 煤ltimo se retir贸 poco despu茅s, por razones pol铆ticas. Los cinco restantes avanzaron pausadamente hasta formar la CAN , aunque a煤n son escasos los signos de integraci贸n. Tan pocos, que Venezuela, recientemente, decidi贸 retirarse y, m谩s bien, ingresar al MERCOSUR, pese a los llamados que ha hecho Evo Morales, en su calidad de presidente pro tempore de la Comunidad.

Ahora bien. Si el retiro de Venezuela se compensa con el retorno de Chile, pareciera mantenerse el equilibrio. Pero, por otra parte, hay como un desgarre cuando, las negociaciones que se siguen con la UE toman caminos diferenciados para unos y otros de sus miembros.

Debilidades internas

El Acuerdo de Cartagena, con que se form贸 el Pacto Andino, tuvo como concepci贸n inicial, la organizaci贸n de una comunidad basada en criterios de producci贸n, contrapuestos a los acuerdos regionales que desde entonces se restring铆an al mero comercio con escasos resultados. Esa nueva concepci贸n fue promovida por gobiernos progresistas que, en aquellos a帽os, esperaban consolidar una ruta nueva de progreso para la regi贸n.

Muy pronto, sin embargo, aquellas esperanzas fueron aplastadas por la sucesi贸n de golpes que instalaron cruentas dictaduras en la mayor parte de nuestros pa铆ses.

En esas condiciones, la Junta de Cartagena o el Pacto Andino, como se le llamaba indistintamente, apenas era un espacio de intenciones nunca concretadas en el plano econ贸mico. Es cierto que se cre贸 la Corporaci贸n Andina de Fomento (CAF), donde puede disponerse de cr茅ditos r谩pidos, aunque a elevado costo. Funciona tambi茅n la Universidad Andina a la que debiera darse mayor atenci贸n.

Imposiciones externas

Por supuesto, esas debilidades, son utilizadas y hasta incentivadas por intereses provenientes de las potencias centrales. Primero fue el ALCA y, luego, el TLC Andino, que no prosperaron. Empero, W谩shington, no ha cejado en su intento de consolidar pactos que le aseguren mantener el control econ贸mico de la regi贸n, lo que est谩 en contra del desarrollo de una relaci贸n productiva intrarregional. Lo ha logrado a trav茅s de tratados particulares con algunos pa铆ses, los mismos que ahora insisten en hacerlo con Europa, en iguales condiciones.

La receta es inalterable: mantener y hasta aumentar el comercio con nuestra regi贸n, si aceptamos determinadas condiciones. 驴Cu谩les son?: los recursos naturales, los servicios p煤blicos, las regulaciones tributarias y la 鈥減ropiedad intelectual鈥 (en realidad, el manejo de los recursos intangibles) debe ofrecerse a las empresas transnacionales. No son las 煤nicas condiciones, pero est谩n entre las principales; hay otras que afectan incluso a las culturas de nuestros pueblos.

W谩shington ha llevado su campa帽a por la imposici贸n de estas condiciones de varios modos: el convencimiento de gobiernos que le son favorables, el aislamiento de aquellos que considera rebeldes y hasta el ultim谩tum contra quienes se mantienen reacios. En los hechos, no est谩 dispuesto a permitir que se desarrolle una relaci贸n econ贸mica entre los pa铆ses latinoamericanos.

La raz贸n es muy simple: en tanto mantenga el monopolio comercial con nuestra regi贸n, podr谩 imponer precios tanto a lo que nos vende como a lo que nos compra. De lo contrario, estar铆a obligado a competir, ofreciendo m谩s por lo que requiere y reduciendo los precios de sus productos.

La alternativa europea

La b煤squeda de mercados que hagan posible esa competencia, dirigi贸 las intenciones de negociar con la Uni贸n Europea. Pero, muy pronto, se estableci贸 que la concepci贸n no cambiaba: aparecieron las mismas condiciones como premisa para una negociaci贸n. La escena volvi贸 a repetirse: los gobiernos proclives a la globalizaci贸n avanzan en los acuerdos y hasta se atreven a conminar a los otros pa铆ses con los que, supuestamente, forman una comunidad.

As铆, la UE nos recuerda un concepto, por si acaso lo hubi茅semos olvidado: las potencias centrales imponen sus condiciones, lo mismo en el siglo XIX que en el XXI. Y nos llevan a la 煤nica conclusi贸n posible: s贸lo consolidando nuestra relaci贸n interna, podemos fortalecernos.

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* Catedr谩tico, ensayista

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