Jul 29 2005
776 lecturas

Econom铆a

Televisi贸n Educaci贸n e Imagen (final).

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

MAGIA DE LA IMAGEN
Podemos se帽alar adem谩s, el poder cautivador tenido desde siempre sobre el hombre por dicha imagen, la magia del adorno, de la moda, del vestido, de la decoraci贸n, por no mencionar las artes mayores, ni las grandes construcciones imaginarias. Cabe asimismo se帽alar que esta figura siempre ha sido m谩s di谩fana para tomar lo feo,聽 vil, 聽descarado, que lo bello y lo bueno, y esto se observa tambi茅n hoy en la televisi贸n.

Acerca de la imagen visual es preciso tener en cuenta que gracias a ella nos identificamos a nosotros mismos y a los dem谩s. El ser humano, en suma, no conoce su figura corporal externa, es decir:聽la manera, como lo ven los otros, sino mirando su figura en un espejo.

Si no hubiera visto jam谩s su cara reflejada y se basara en la mera descripci贸n de quienes le miran, nunca sabr铆a c贸mo es su forma corp贸rea, su cara, su cuerpo, su presencia. As铆, la persona no se identifica sino a trav茅s de su propia efigie visual tomada en un espejo donde es puro retrato, pues l贸gicamente en el cristal no esta la completitud real de su聽 vida. Dentro de sus dos dimensiones, el espejo a trav茅s de un modelo visual, le da su individualizaci贸n y con ello su identidad y conciencia, adem谩s el saber c贸mo lo ven los otros, cuesti贸n fundamental para darse cuenta de quien es frente a ellos en cualquier relaci贸n social.

Hasta el advenimiento del cine y de la televisi贸n, los individuos no sab铆an sin embargo cu谩l era su manera de caminar, comer, conversar, dormir; en cambio ahora puede ser captado inadvertidamente, antes de adoptar poses artificiales deformadoras, lo que ocurrir铆a al mirarse al espejo.

El valor de la imagen visual como parte esencial de la propia identificaci贸n es lo que le otorga su car谩cter de algo m谩gico, atractivo, necesario. Por ello, cualquier presencia de nuestra figura en una gr谩fica, en la pantalla y hasta en la propia sombra, nunca es algo trivial, repetido, mon贸tono, nunca nos deja absolutamente indiferentes.

El cine 鈥搚 sobre todo la televisi贸n鈥 han agregado aquello ausente de nuestra antigua individualizaci贸n con el espejo: cual es el rostro que se tiene聽en el momento de la alegr铆a, la angustia, el dolor, de cualquier persona. Incluso en la fisonom铆a corriente del pr贸jimo nos permite mirar con detalle, cara a cara, cada uno de sus gestos y actitudes, y por lo tanto tener un testimonio de los modos expresivos, precisos de su cuerpo, en la vida real, donde toda mirada es fugaz o de soslayo, para no caer en la impertinencia de convertir en objeto de observaci贸n a quien se tiene por delante. Adem谩s en la vida cotidiana se introducen otros elementos emotivos, gratos o ingratos en el observador, venidos del acaecer del instante, lo cual perturba toda observaci贸n neutra.

El permitirnos saber c贸mo somos en nuestro aspecto y comportamiento corporal y el poder compararlo con el de otros es suficiente ya para dar un privilegio a la imagen proyectada. Fen贸menos como imitaci贸n o repudio de modos de comportarse o vestirse ajenos no podr铆an darse si no tuvi茅semos una imagen visual clara de c贸mo nos vemos nosotros mismos en cuanto a distinci贸n, sencillez, se帽or铆o, comparados por ejemplo聽esos aspectos con otras personas. Quiz谩s s铆 habr铆a envidias, resentimientos, sentimientos de inferioridad, si cada ser observase a los otros bellos o feos, graciosos o insulsos, pero sin entrar a compararse porque se diera聽a la inversa, el caso de carecer de un saber de c贸mo es la propia figura.

La nobleza y la seducci贸n de la imagen visual derivan entonces del viejo y honorable oficio聽聽de auto identificar a la figura personal聽y ubicarla 鈥揼racias a eso鈥 en una cierta escala comparativa聽 frente a la de los otros; el cine y la televisi贸n, le han entregado un goce pleno a la vista, al permitirle realizar聽 su mayor deseo: mirar sin inhibici贸n el cuerpo propio y el ajeno.

Un atractivo sutil de la imagen es el de reproducirlo, de convertirlo en su doble id茅ntico: el hombre tiene conciencia, por vaga que sea, de su individualidad y le producir铆a un gran desconcierto ver a otro semejante,聽que piensa, mira, se mueve de igual manera que 茅l.

La fotograf铆a, el cine y sobre todo la televisi贸n, demuestran su doble imaginario a trav茅s de su propia imagen reproducidas por las c谩maras. El telespectador se ve all铆 con curiosidad y algo parecido le ocurre al observar 鈥渓os dobles鈥 de otros, incluso el poder retrotraer el espacio y el tiempo, proyectando como si sucediera en el presente.

En la vida cotidiana personas y objetos a煤n presentes, pueden pasar inadvertidos, como ocurre de hecho casi siempre; no obstante, al ser humano no s贸lo le gusta estar en el presente sino que sea notoria su existencia. Al aparecer en la pantalla se consigue eso en abundancia, su aparici贸n se vuelve de inmediato tangible para multitudes y, como tener audiencia es lo dador de consistencia el mero hecho de ser un espectador sin presencia, la televisi贸n colma con creces esta profunda ansia interna.

El hecho de aparecer聽 en pantalla 聽un instante, aunque sea a prop贸sito de una encuesta, es tener la suerte de adquirir individualidad, de salvarse de la masa an贸nima, de ser聽alguien en quien tienen que fijar la atenci贸n, casi por fuerza, parientes, amigos, y el p煤blico en general. Por eso, dentro de un mundo masificado hay en muchos la vehemencia por presentarse en televisi贸n, siendo lo importante, lo gratificador, el mero hecho de aparecer y no tanto lo que se diga, salvo si lo 煤ltimo realza la aparici贸n misma.

foto
FUERZA DE LA IMAGEN

Marshall Mc Luhan, investigador del influjo de la imagen televisiva en relaci贸n, con la violencia, sostiene que la fuerza de los modelos televisivos sobre la conducta radica en que el telespectador la toma 铆ntegra desde al principio al fin; en cambio las figuras del cine y la fotograf铆a ser铆an m谩s d茅biles en su influencia聽 sobre la conducta, pues su constituci贸n misma hacen que se agarren en su parte final. Sin embargo, sea cual fuere聽 la fuerza de la imagen televisiva, ella no es suficiente para modificar o cambiar el conocimiento real de un suceso o persona. As铆, cuando se conoce a alguien y este aparece desfavorecido por la televisi贸n se acusa a 茅sta y no a la persona de la mala imagen, lo mismo ocurre a la inversa.

En cuanto a informativa, la televisi贸n no es un medio neutro descriptivo sino persuasivo, y en tal聽sentido depende聽de quien la maneje, pudiendo ser deformadora聽o encubridora de la realidad, sobre todo en materias que sean objetivos naturales de las ideolog铆as o de los intereses econ贸micos: por eso tanto la televisi贸n estatal como comercial son manipuladoras de opiniones, ideas, deseos necesidades, sin dejar abierto el camino a la libertad de opci贸n en base a datos objetivos exactos; de la misma manera distorsionan la radio, las revistas, los peri贸dicos. La diferencia es que hay m谩s medios de comunicaci贸n聽de este orden capaces de contrarrestarse entre s铆 que canales televisivos.

La televisi贸n tiene la ventaja que llega a todas partes y sobre todo donde los diarios no se leen, y eso obliga a mucha gente a quedar entregada sin remedio a ese solo arbitrio.

Junto a las posibles deformaciones de los datos entregados por los noticiarios enervan en ellos, la extensi贸n聽 de algunas informaciones, la ausencia de otras importantes, la exaltaci贸n de personajes secundarios a quienes se les pide opini贸n sobre una serie de materias ante las cuales revelan escasa competitividad, moviendo a equ铆vocos y a un nivel de pensamiento de baja calidad. No se trata, por cierto, que para tales entrevistas se busque a individuos complicados, sino a gente inteligente que, en la medida en que lo sean, se expresar谩n siempre de un modo sencillo y transparente聽que incite a la reflexi贸n.

Estimular hacia el sexo y el dinero a trav茅s de anuncios espl茅ndidamente realizados, donde adem谩s se deja ver impl铆citamente que la felicidad depende de la riqueza material y la belleza y juventud del cuerpo es algo propio de la televisi贸n actual, que de un modo u otro horada de manera imperceptible aquella 茅tica superior que ve el bien del hombre en el amor al pr贸jimo, en el desprendimiento de los intereses ego铆stas, en el salir adelante cualquiera sea la figura corporal y la edad, en聽 ver en el otro sexo un sujeto聽y no un objeto.

Se dice de la televisi贸n que es la universidad de un pueblo. Ahora, si universidad es un camino de estudio, reflexi贸n, sensibilizaci贸n del gusto, transformaci贸n 铆ntima hacia lo mejor, este medio no ha mostrado serlo. Por el contrario, a trav茅s de la mayor铆a de los programas, solo adula y refuerza aquella atm贸sfera de escaso vuelo en que se mueve el hombre de hoy.

foto
Una televisi贸n h谩bilmente manejada podr铆a facilitar la ense帽anza en materias te贸ricas o pr谩cticas, cuyos elementos concretos demostrativos no son accesibles, como ocurre, por ejemplo, con los fen贸menos de la reproducci贸n humana y la visi贸n de cat谩strofes geol贸gicas. Tales programas deben ser producidos, a su vez, por personas dotadas de ingenio creador, capaces de poner a la vista lo mejor, desde el folclore y los cuentos hasta las manifestaciones cient铆ficas, po茅ticas y filos贸ficas, cumpliendo con el fin de ense帽ar y recrear.

Omitir esto es uno de los pecados de nuestra televisi贸n que afortunadamente en algunos espacios, ha experimentado un meritorio progreso.

————————–

* Periodista venezolana. El art铆culo anterior puede leerse en Piel de Leopardo Aqu铆.

  • Compartir:
X

Env铆e a un amigo

No se guarda ninguna informaci贸n personal


A帽adir comentario

Tu direcci贸n de correo electr贸nico no ser谩 publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende c贸mo se procesan los datos de tus comentarios.