A horas del inicio de un Mundial de Fútbol que no siente suyo, Ciudad de México es la cara opuesta del anfitrión arrogante Donald Trump, pero tiene sus problemas. El Azteca (Estadio Banorte, según su nombre comercial, que nadie usa), que espera a casi noventa mil hinchas para la inauguración del jueves México-Sudáfrica, está rodeado de policías. México recibe con calidez, y no con la policía migratoria estadounidense de ICE, otra piedra en un Mundial que igualmente ya imantará a multitudes.

Igual que Canadá, México recibirá apenas a 13 de los 104 partidos de un Mundial inflado con 48 selecciones. Y de una candidatura tripartita que, cuando ganó la sede (en Moscú en 2018) jamás imaginó el escenario actual, con Estados Unidos, actor mayor, amenazando con convertir a Canadá en el Estado 51 y a México con enviarle marines bajo el argumento de combatir a los poderosos carteles de la droga.
Si Estados Unidos es hoy anfitrión desagradable, México, sede del Mundial de Pelé en 1970 y de Diego Maradona en 1986, abrirá por tercera vez una Copa que también es difícil para su país y, además, con una selección que despierta escasísimas ilusiones a los hinchas.
La ausencia de la presidenta Claudia Sheinbaum en la inauguración s será la señal más clara de esa incomodidad mexicana. Sheinbaum no quiere quedar pegada a la sociedad Trump-Infantino, dueños del circo y también quiere evitar abucheos de una multitud que ya rechazó al entonces presidente Miguel De la Madrid en 1986. Gran parte del centro histórico de la ciudad, incluyendo la Catedral Metropolitana y las ruinas aztecas del Templo Mayor, está cerrado al tráfico. La seguridad deberá lidiar con maestros, agricultores, activistas por los derechos de los animales y familiares de las 130.000 personas desaparecidas en México que protestan en la semana de apertura mundialista y que ya cortaron tráfico, derribaron muñecos gigantes de jugadores, prendieron fuego en el Paseo de la Reforma e invadieron edificios públicos.
El gobierno toma distancia de la FIFA, pero los manifestantes lo acusan de gastar dinero en un Mundial para VIPS y desatender en cambio a su pueblo trabajador. Hay amenazas de bloqueos a los principales accesos al Estadio para la inauguración del jueves. “Narcogobierno”, decía una pancarta gigante hoy en pleno centro. Es un reclamo que suma, además, a los dueños de los palcos del Azteca, que en estas mismas horas aguardan un fallo judicial que reconozca sus derechos plenos por 99 años, por mucho que FIFA y gobierno digan que no, tiempos también de poderes viejos y nuevos. La cadena Televisa fue Dios en los Mundiales de 1970 y 1986. Ya no.
La dupla Infantino-Trump
El Mundial que Gianni Infantino, el presidente de la FIFA le regaló a Estados Unidos arranca en un México distante y caldeado por las protestas masivas que repudian, entre otras cosas, lo que se gastó para organizar la Copa del Mundo de Infantino y Donald Trump.
Para Trump, el Mundial ha sido un tema central de su segunda presidencia. Le brinda la oportunidad ideal para proyectar su imagen a nivel mundial, junto con las celebraciones del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos el próximo año. Al elogiar el evento como una «oportunidad económica increíblemente significativa» para su país, Trump también espera que suponga un impulso bienvenido para el turismo, luego de un año de baja actividad para el sector en el país.
Para Infantino, el evento deportivo más lucrativo jamás organizado también es una fuente de ingresos muy útil. Esto le permite cumplir su compromiso de impulsar el fútbol en Estados Unidos, alimentar los ingresos comerciales de la FIFA y aumentar los pagos a las federaciones nacionales de fútbol, sin perjudicar sus posibilidades de una tercera reelección como presidente en 2027.
Los detractores consideran que Infantino y Trump tienen una relación demasiado estrecha, lo cual envía el mensaje de que el organismo rector del fútbol mundial se está alineando con el movimiento Make America Great Again (MAGA), y que respalda lo que muchos ven como una administración que fomenta la división. Y se preguntan si es sensato que la FIFA se asocie tan estrechamente con un hombre que hace continuamente comentarios despectivos sobre los migrantes, describiéndolos como «basura».
La FIFA afirma que el Mundial sirve para que EU demuestre que puede organizar un megaevento exitoso, antes de que Los Ángeles albergue los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2028. Si bien es cierto que el presidente Bill Clinton decidió no asistir al sorteo del Mundial de 1994, cuando Estados Unidos fue la última sede del evento. Pero no sorprende que Trump haya optado por desempeñar un papel destacado, dada la plataforma global que le ofrece el Mundial.
Lo que destaca la prensa es la regularidad con la que Trump e Infantino han aparecido juntos en los últimos años, incluso en eventos fuera del ámbito deportivo. Desde su primera visita al Despacho Oval en 2018, durante el primer mandato de Trump, Infantino ha sido visto con el presidente en el Foro Económico de Davos, en la firma en Washington de los Acuerdos de Abraham (un pacto entre Israel y algunos países árabes del Medio Oriente en 2020), e incluso como invitado en la segunda investidura de Trump en enero.
La FIFA celebró formalmente la estrecha amistad entre ambos tras ese evento, y el propio Infantino insistió en que era lógico, dada la importancia de que Estados Unidos acogiera tanto la Copa del Mundial de Clubes ampliada como el Mundial.

Desde que reemplazó a su predecesor Sepp Blatter hace casi una década, después de prometer que restauraría la reputación y las finanzas de la FIFA tras un enorme escándalo de corrupción, Infantino apareció cerca del presidente ruso Vladimir Putin, quien le otorgó una medalla de la Orden de la Amistad de Rusia en 2019, junto con los gobernantes de otros dos anfitriones de la Copa del Mundo en Qatar y Arabia Saudita.
Si bien la proximidad de Infantino con estos líderes inevitablemente genera controversia y críticas, pero es su relación con Trump la que ha provocado la mayor reacción negativa en el fútbol.
A principios de este año, los delegados de la UEFA, el organismo rector del fútbol europeo, abandonaron el Congreso de la FIFA en Paraguay cuando Infantino llegó horas tarde tras unirse a Trump en una gira por el Medio Oriente, acusándolo de priorizar «intereses políticos privados», lo cual «no le hace ningún favor al fútbol».
En 2018, el propio Infantino declaró: «Está muy claro que la política debe mantenerse al margen del fútbol y el fútbol debe mantenerse al margen de la política». Sin embargo, defendió el viaje con Trump, insistiendo en que había sido crucial, ya que le permitió «representar al fútbol» en «importantes debates» con «líderes mundiales de la política y la economía». Y así llegó la decisión de la FIFA de establecer una nueva oficina en la Torre Trump de Nueva York. Infantino también apareció por sorpresa en una cumbre en Egipto en octubre, donde Trump y otros líderes mundiales firmaron una declaración para instaurar la paz en Gaza y donde afirmó que el fútbol podría contribuir a los esfuerzos de paz y afirmó que la FIFA ayudaría a reconstruir las instalaciones en Gaza, pero su presencia volvió a generar controversia.
¿Un Mundial acogedor?
Más allá de la diplomacia futbolera, preocupa el impacto que algunas medidas, políticas y declaraciones de Trump puedan tener sobre el Mundial, mientras crece el nerviosismo sobre la acogida que recibirán en Estados Unidos los visitantes de algunos países. Entre tanta diplomacia futbolística, hay preocupación por el impacto que algunas políticas y declaraciones de Trump sobre la acogida que recibirán en EU los visitantes de algunos países, luego que impusiera a 19 países, principalmente de África, Medio Oriente y el Caribe, restricciones migratorias totales o parciales, haciendo referencia a la necesidad de gestionar las amenazas de seguridad.
Irán y Haití, cuyos equipos clasificaron para el Mundial, se encuentran entre los países afectados por la prohibición. La orden ejecutiva de junio exime de las restricciones de viaje a los atletas y al cuerpo técnico de las selecciones que participarán en el Mundial, pero los aficionados podrían verse afectados.

Andrew Giuliani, director ejecutivo del Grupo de Trabajo de la Copa Mundial de la Casa Blanca, no descartó las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), dirigidas contra migrantes indocumentados en las sedes de la Copa Mundial, con la excusa de que las autoridades querían garantizar que los visitantes ingresaran legalmente a Estados Unidos, para priorizar la seguridad de los estadounidenses, posición que preocupa a los defensores de las libertades civiles.
Tras elogiar a Infantino como «uno de los grandes hombres del deporte» durante una reunión en el Despacho Oval,Trump sugirió que incluso podría retirar partidos de las ciudades anfitrionas gobernadas por los demócratas si le preocupaba la seguridad. Asimismo sugirió que podría lanzar «ataques» contra México si con ello se detenía el tráfico de drogas a Estados Unidos.
Tras las fricciones que ya generaron las políticas comerciales de Trump con México y Canadá, esto no hizo más que reforzar las preocupaciones sobre el nivel de cooperación entre los tres anfitriones del Mundial en cuestiones como la seguridad del torneo.
* Periodista y politólogo, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)
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