Terminar la guerra de Trump y Netanyahu en Oriente Medio

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Si no se detiene pronto, esta guerra podría convertirse fácilmente en una conflagración global, y efectivamente en la Tercera Guerra Mundial.

La guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán está envolviendo a todo Oriente Medio y podría escalar hacia una guerra mundial. Las consecuencias económicas ya son graves y podrían llegar a ser catastróficas. Por el Estrecho de Ormuz transita aproximadamente una quinta parte de todo el petróleo que se comercializa a nivel mundial, así como el 30 % del Gas Natural Licuado del mundo. Un cierre prolongado del Estrecho gatillaría una crisis energética sin precedentes en la historia moderna. Lng Liquefied Natural Gas Tanker Anchored Stock Footage Video (100% ...

Es probable que el conflicto se salga de control porque Estados Unidos e Israel están decididos a imponer su hegemonía en el mundo Árabe y en Asia Occidental, una hegemonía que combina la expansión territorial israelí con el control de los regímenes de toda la región por parte de Estados Unidos. El objetivo final es un Gran Israel que absorba toda la Palestina histórica, junto con gobiernos árabes e islámicos sumisos, desprovistos de verdaderas soberanías, incluso en lo que respecta a las decisiones sobre cómo y dónde exportar su petróleo y su gas.

Esto es una locura. Ningún país de la región quiere que Israel actúe sin control, como lo está haciendo, asesinando a civiles por toda la región, destruyendo Gaza y Cisjordania, invadiendo el Líbano, atacando a Irak y Yemen, y bombardeando Teherán sin piedad. Ningún país quiere que sus exportaciones de hidrocarburos queden bajo el control efectivo de Estados Unidos. La guerra terminará única y exclusivamente si el rechazo mundial ante la agresión de Estados Unidos e Israel obliga a estos países a detenerse. De no ser así, es probable que veamos a Oriente Medio en llamas y al mundo envuelto en una crisis energética y económica sin precedentes en la historia moderna. La guerra podría convertirse fácilmente en un conflicto mundial, es decir, en una tercera guerra mundial.

Sin embargo, existe una alternativa. La guerra podría detenerse sobre bases racionales si el resto del mundo exigiera cuentas de manera contundente a Israel y a Estados Unidos. Terminar la guerra requiere una serie de pasos interrelacionados que garanticen la seguridad básica de todas las partes y, de hecho, del mundo entero. Irán necesita un cese permanente de la agresión por parte de Estados Unidos e Israel. Los países del Golfo necesitan que cesen los ataques de Irán en represalia.

Los Palestinos necesitan un estado independiente. Israel necesita una seguridad duradera y el desarme de Hamás y Hezbolá. El mundo entero necesita que se mantenga abierto el Estrecho de Ormuz, y que se lleve a cabo una supervisión internacional del programa nuclear de Irán para garantizar que este país respete el Tratado de No Proliferación Nuclear, tal y como Irán afirma querer hacer. Y todos los países quieren, o debieran querer, una soberanía real para sí mismos y para su región.

La seguridad colectiva podría lograrse mediante cinco medidas interrelacionadas. Primero, Estados Unidos e Israel podrían cesar inmediatamente su agresión armada en toda la región y retirar sus fuerzas. Segundo, Irán cesaría sus ataques de represalia en todo el CCG y volvería a someterse a la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica en el marco de un Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) revisado, del que el presidente Trump se retiró imprudentemente en 2018.

Tercero, el estrecho de Ormuz se reabriría de común acuerdo entre Irán y el CCG. Cuarto, se implementaría de inmediato la solución de dos Estados mediante la admisión de Palestina como Estado miembro de pleno derecho de la ONU. Se exigiría a Israel que pusiera fin a su ocupación de Cisjordania y Jerusalén Este y que retirara sus fuerzas del Líbano y Siria. Quinto, el reconocimiento por parte de la ONU del Estado de Palestina sentaría las bases para un desarme regional integral de todos los actores no estatales, verificado bajo supervisión internacional. El resultado final sería el retorno al derecho internacional y a la Carta de las Naciones Unidas.

El ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben Gvir (en el centro) y el de Finanzas, Bezalel Smotrich

¿Quién saldría ganando con este plan? La población de la región: Israel, Palestina, Líbano, Siria, Irak, Irán y el resto del mundo. ¿Quién saldría perdiendo? Solo los partidarios del «Gran Israel», encabezados por Benjamin Netanyahu, Itamar Ben-Gvir, Bezalel Smotrich y Mike Huckabee, quienes han llevado al mundo al borde de la destrucción.

A continuación se detallan los cinco pasos.

Primero: Poner fin a la agresión armada de Estados Unidos e Israel.

Israel y Estados Unidos pondrían fin a su agresión y retirarían sus fuerzas. A su vez, Irán cesaría sus ataques de represalia. No se trataría de un mero alto el fuego, sino del primer paso hacia un acuerdo de paz global y un acuerdo de seguridad colectiva.

Segundo: volver al PAIC.

La cuestión nuclear se resolvería mediante una supervisión estricta por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica, y no mediante campañas de bombardeos que solo consiguen que el uranio enriquecido de Irán quede fuera del control internacional. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas restablecería de inmediato el marco básico del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC) de 2015, en virtud del cual Irán debe cumplir estrictamente con la supervisión del OIEA y los límites acordados para su programa nuclear, mientras que se levantarían las sanciones económicas impuestas a Irán.

Tercero: Reabrir el estrecho de Ormuz en un marco entre Irán y el CCG

El Estrecho de Ormuz se reabriría rápidamente, con un paso seguro garantizado conjuntamente por Irán y el CCG. Los países del CCG reafirmarían su soberanía sobre las bases militares situadas en sus territorios para garantizar que estas no se utilicen como plataformas de lanzamiento para nuevos ataques ofensivos contra Irán.

Cuarto: La solución de dos Estados.

La solución de dos Estados se llevaría a cabo admitiendo a Palestina en la ONU como el 194.º estado miembro permanente. Para ello, basta con que Estados Unidos levante su veto. La creación de un Estado palestino se ajusta al Derecho internacional y a la Iniciativa de Paz Árabe, que lleva sobre la mesa desde 2002. A su vez, los países de la región establecerían relaciones diplomáticas con Israel, y el Consejo de Seguridad de la ONU enviaría fuerzas de mantenimiento de la paz para garantizar la seguridad tanto de Palestina como de Israel.

Quinto: El fin de las hostilidades armadas.

Junto con la solución de dos Estados, cesarían de inmediato todas las hostilidades armadas en la región, incluido el desarme de Hamás, Hezbolá y otros actores armados no estatales. En el caso de Palestina, el desarme de Hamás reforzaría la autoridad del estado palestino. En el caso del Líbano, el desarme de Hezbolá restablecería la plena soberanía del país, con las Fuerzas Armadas Libanesas como única autoridad militar en el país.

El desarme sería verificado por observadores internacionales y garantizado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Lo fundamental es que la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán no se ha producido en el vacío. La estrategia Clean Break, desarrollada por Netanyahu y sus partidarios neoconservadores estadounidenses en 1996, y aplicada desde entonces, aboga por que Israel establezca su hegemonía en la región mediante guerras de cambio de régimen, con EEUU como socio ejecutor.

Tal y como reveló el Comandante Supremo de la OTAN, Wesley Clark, tras el 11-S, EEUU elaboró planes hace un cuarto de siglo para derrocar a los gobiernos de siete países: “Empezando por Irak, y luego Siria, Líbano, LibiaSomaliaSudán y, para terminar, Irán”. Por lo tanto, estamos viviendo la culminación de un plan de larga data de Israel y Estados Unidos para dominar el mundo árabe y Asia Occidental, crear un Gran Israel y bloquear de forma permanente la creación de un Estado palestino.

No somos optimistas respecto a las probabilidades de éxito de nuestro plan. El Gobierno israelí es sanguinario y Trump tiene una visión delirante del poder de Estados Unidos. Quizás ya nos encontremos en los primeros días de la Tercera Guerra Mundial. Sin embargo, dado que hay tanto en juego, merece la pena plantear soluciones reales, aunque sean poco probables. Creemos, no obstante, que el mundo no occidental —esa parte que no está sometida al poder de Estados Unidos— comprende la urgencia de la paz y la seguridad.

¿Quién podría, entonces, defender un plan de paz al que Estados Unidos e Israel se opondrán con todos los medios a su alcance, hasta que el peso de la oposición mundial y la catástrofe económica no les deje más remedio que aceptarlo?

Hay un grupo principal, y ese es el de los países del BRICS.

Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica y los nuevos miembros del bloque, que ahora incluye a los Emiratos Árabes Unidos, Irán, Egipto, Etiopía e Indonesia, representan aproximadamente la mitad de la población mundial y más del 40 % del PIB mundial (frente al 28 % de los alabados, pero sobrevalorados, países del G7).

Los países del BRICS cuentan con la credibilidad, el peso económico y la ausencia de complicidad histórica con el imperialismo de Oriente Medio necesarios para hacer entrar al mundo en razón. Los países del BRICS deberían convocar una cumbre de emergencia y presentar un marco unificado que incorpore las condiciones para la paz y la seguridad, el cual, a su vez, se plantearía ante el Consejo de Seguridad de la ONU. En ese caso, la opinión pública internacional instaría a Estados Unidos e Israel a que dejaran de empujar al mundo hacia la catástrofe, y recordaría a todos los países que deben respetar la Carta de las Naciones Unidas.

* Sachs es presidente de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible (SDSN) de las Naciones Unidas. Fares es especialista y asesora en política de Oriente Medio y desarrollo sostenible en la SDSN.

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