Abr 23 2018
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Sociedad

The Gods must be crazy (Los dioses se volvieron locos)

‚ÄúLos dioses se volvieron locos‚ÄĚ es una pel√≠cula. Una coproducci√≥n bostwano-sudafricana del a√Īo 1980 que tuvo un √©xito tremendo all√≠ donde llega buen cine. Si no la viste, te resumo el cuento: en una aislada tribu de bosquimanos del desierto de Kalahari, Xi, miembro de la tribu, ve caer a su lado una botella vac√≠a de Coca-cola. La botella hab√≠a sido arrojada por el piloto de un peque√Īo avi√≥n, pero, ignorante de su proveniencia, la tribu pens√≥ que era un regalo de los dioses.

En su sencillez de pueblo ‚Äúprimitivo‚ÄĚ, los bosquimanos se sirven de la botella como herramienta. Transparente y dura, sirve de pil√≥n. Hay quien la usa como flauta soplando en el gollete, o como rodillo para curtir pieles de serpiente. La botella resulta ser tan √ļtil que todos quieren usarla al mismo tiempo, generando querellas inhabituales en la tribu. Xi decide pues devolverle la botella a los dioses lanz√°ndola tan alto como puede. Pero la botella vuelve a caer: los dioses se niegan a recuperarla. Xi se va entonces muy lejos, para arrojar la botella a las puertas del mundo. Numerosas tribulaciones le har√°n ver que deshacerse del ‚Äúprogreso‚ÄĚ no es tan sencillo.

Los sinsabores que acarrea el ‚Äúprogreso‚ÄĚ son diversos y variados. El robo de los datos privados de casi 90 millones de usuarios de Facebook por parte de la empresa brit√°nica Cambridge Analytica (CA) es un ejemplo. Esos datos fueron utilizados para determinar el perfil psicol√≥gico de millones de electores estadounidenses, a quienes CA les hizo llegar mensajes orientados a favorecer la elecci√≥n de Donald Trump. Las consecuencias afectan hoy al mundo entero.

A veces el ‚Äúprogreso‚ÄĚ cae del cielo, como en el caso de los bosquimanos de Kalahari.

Hace unos d√≠as, Francia lanz√≥ algunos misiles sobre Siria, pa√≠s que lleva m√°s de seis a√Īos recibiendo bombas de medio mundo y cuenta ya medio mill√≥n de v√≠ctimas. Una vez m√°s, Francia hizo de furg√≥n de cola de los designios del imperio: Charles de Gaulle debe ser una pirinola en su tumba. La orgullosa independencia de la pol√≠tica exterior gala es solo un lejano recuerdo.

El ataque occidental destruy√≥ ‚Äúbuena parte del arsenal qu√≠mico‚ÄĚ sirio, declar√≥ Jean-Yves Le Drian, ministro de RREE franc√©s. Las malas lenguas se preguntan: ‚ÄúSi los EEUU, Francia y el Reino Unido sab√≠an de tal arsenal, ¬Ņporqu√© no le comunicaron la informaci√≥n a la OPAQ, organizaci√≥n para la prohibici√≥n de las armas qu√≠micas?‚ÄĚ

Se trata de la organizaci√≥n que, bajo la autoridad de la ONU, fue luego a Guta a efectuar una investigaci√≥n destinada a determinar si efectivamente hubo armas qu√≠micas, as√≠ como su proveniencia. No escapa a tu sagacidad que la investigaci√≥n tiene lugar despu√©s del ataque ‚Äúoccidental‚ÄĚ, agresi√≥n perfectamente arbitraria visto que el ataque no fue autorizado por la ONU.

Este nuevo episodio de agresivo neocolonialismo tiene, no obstante su gravedad, alg√ļn aspecto divertido que da√Īa la ‚Äúgrandeza‚ÄĚ y la reputaci√≥n del Hex√°gono.

Las fuerzas armadas galas quisieron lucir lo más granado de su tecnología militar, y en particular el estado del arte en materia misilística. Tres fragatas se acercaron al litoral sirio, con el propósito de lanzar el MdCN, la más moderna versión de los misiles de crucero de la Royale, la marina francesa. MdCN quiere decir, muy simplemente, Misil de Crucero Naval.

Ahora bien, solo una de las fragatas deb√≠a efectuar el lanzamiento. ¬ŅPorqu√© la Royale envi√≥ tres nav√≠os? Por la sencilla raz√≥n que almirante prevenido vale por dos. Cuando el capit√°n de la fragata encargada del lanzamiento orden√≥ pulsar el botoncito‚Ķ no pas√≥ nada. El sofisticado sistema hizo ¬°Plop!, y los misiles se quedaron donde estaban: en el barco.

Ni corto ni perezoso, el alto mando orden√≥ que la segunda fragata hiciese ‚Äúfuego‚ÄĚ. El ‚ÄúPach√°‚ÄĚ (as√≠ llaman en la Royale al comandante de bordo) apres√ļrose en dar la orden correspondiente. ¬ŅSabes qu√© pas√≥ entonces? Aunque no lo creas‚Ķ nada. Los benditos MdCN, el equivalente de los Tomahawk yanquis, rehusaron, tercamente, salir volando.

Uno imagina facilmente que a esas alturas más de un almirante tragaba saliva pensando en la madre que lo parió al gerente de la empresa que fabrica los dichosos misiles, cada uno de los cuales cuesta la módica suma de 2,9 millones de euros. El recuerdo de Trafalgar, la memoria del auto sabordaje de la flota en Toulon y la evocación del desastre de Mers el-Kébir se cernían sobre las cabezas de la más alta oficialidad marinera.

La tercera fragata ‚Äďllamada de ‚Äúreserva‚ÄĚ‚Äď recibi√≥ pues la orden de salvar el honor y el prestigio nacionales. No creo exagerar al suponer que el comandante cruz√≥ hasta los dedos de los pies al darle la correspondiente orden a su oficial artillero. Uuuufff‚Ķ finalmente los tres misiles partieron. ¬ŅFin de la historia? ¬°Qu√© va!

La Fuerza A√©rea gala tambi√©n particip√≥ del jolgorio. Junto a los seis nav√≠os movilizados por la Royale ‚Äďentre los cuales las tres fragatas‚Äď y el tiro de tres MdCN, Francia despleg√≥ 17 aviones: nueve cazabombarderos Rafale, algunos aviones de reabastecimiento en vuelo y al menos un Awacs, avi√≥n de alerta temprana y de control aeroportado.

Los flamantes Rafale deb√≠an lanzar nueve misiles SCALP, a 850.000 euros la unidad. Mala suerte‚Ķ cuando un piloto hizo fuego, el misil fall√≥ y se qued√≥ atascado en el sistema de fijaci√≥n del avi√≥n. Simple detalle: el avi√≥n no puede aterrizar (o apontar en un porta-aviones) con el misil en su vientre. De modo que para esos casos hay un procedimiento manual ‚Äďparecido a la manivela de los Ford T o a una suerte de Crtl-Alt-Del si prefieres‚Äď que permite liberarlo.

Jean-Marc Tanguy, periodista especializado en armamento de la revista Raid Aviation, precisa que el piloto deja caer el misil en cualquier parte, de preferencia en el mar, en aguas profundas. Y agrega: ‚ÄúLo chocante en este asunto es que las autoridades han evitado evocar este problema hasta ahora. Cuando el presidente da la orden, los operacionales deben pulsar un bot√≥n y normalmente las armas deben partir‚ÄĚ. Normalmente.

Si el misil le cae a un barco pesquero, o impacta un avi√≥n de l√≠nea (ya ocurri√≥ en Italia), solo queda o bien negar el hecho, o bien ‚Äúpedir perd√≥n por la muerte del ni√Īo‚ÄĚ.

Por esta vez los bosquimanos de Kalahari se salvaron. Pero no se puede negar que ‚ÄúLos dioses se volvieron locos‚ÄĚ.

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